La Confederación Nacional de Productores Agropecuarios (Confenagro) lanzó una advertencia directa al Gobierno: en medio de la crisis internacional que presiona los costos de producción y amenaza la estabilidad de precios, abrir las puertas a la importación masiva de arroz y pollo sería un error que podría desmantelar años de construcción de autosuficiencia alimentaria. El llamado llega apenas meses después de que el propio Gobierno autorizara importaciones de pollo en enero de 2026, una decisión que generó una tormenta política y que el gremio no quiere ver repetida.
El campo dominicano en alerta, pero en pie
En las últimas semanas, Confenagro ha intensificado su interlocución con las autoridades del sector agropecuario para coordinar respuestas ante el choque externo que sacude los mercados globales. El gremio, que agrupa a productores de todo el territorio nacional, asegura que el campo dominicano está respondiendo y que los niveles de producción se mantienen, aunque bajo una presión creciente por el encarecimiento de los insumos importados, especialmente los fertilizantes.
La posición del gremio no es nueva. En marzo, cuando el presidente Luis Abinader anunció un subsidio inicial de RD$ 1,000 millones para fertilizantes, Confenagro respaldó la medida pero advirtió que era insuficiente sin un enfoque más integral que abordara los costos de producción en su conjunto. Ahora, con la crisis profundizada, el gremio vuelve a la carga con una propuesta concreta: fomentar el uso de abonos orgánicos como alternativa para reducir la dependencia de insumos importados y bajar los costos de producción.
La línea roja: arroz y pollo no se tocan
El punto más sensible del pronunciamiento de Confenagro es su oposición explícita a cualquier apertura de importaciones en dos rubros estratégicos: el arroz y el pollo. El argumento es sólido: la República Dominicana ha alcanzado niveles de autosuficiencia en ambos productos que pocos países de la región pueden exhibir, y abrirlos a la competencia externa en un momento de vulnerabilidad podría tener consecuencias irreversibles para los productores nacionales.
El antecedente del pollo: una herida aún fresca
El llamado de Confenagro no es abstracto. En enero de 2026, el Gobierno autorizó la importación de pollo para enfrentar una escasez y una escalada de precios que las autoridades no anticiparon. La decisión desató una reacción en cadena: el PLD calificó la medida de "insólita" y la atribuyó a "incapacidad e improvisación" de las autoridades agropecuarias, mientras que la Fuerza del Pueblo denunció que las importaciones agropecuarias se duplicaron en 2025 hasta alcanzar los US$ 6,000 millones, desplazando la producción nacional y llevando a la quiebra a miles de pequeños productores.
El Gobierno, por su parte, salió a defender la medida: más de 40 organizaciones del comercio detallista respaldaron al ministro de Agricultura y negaron que existiera escasez real, señalando que algunos sectores intentaban "pescar en mar revuelto". Pero el daño político ya estaba hecho, y Confenagro no quiere que ese escenario se repita con la crisis actual.
La dependencia importadora: el espejo que incomoda
El debate sobre el arroz y el pollo no puede leerse en aislamiento. Un análisis de la balanza comercial agrícola publicado por Acento en marzo de 2026 revela la doble cara del sector: mientras República Dominicana se consolida como exportador de cacao, banano y tabaco, depende de importaciones masivas para suplir maíz, trigo, carnes y aceite de soya. En 2025, el maíz encabezó la lista de productos agrícolas importados con 1,877,625 toneladas métricas.
Esa dependencia estructural en el maíz es exactamente la trampa que Confenagro quiere evitar con el arroz y el pollo: una vez que la producción local se desincentiva por la competencia de importaciones baratas, reconstruirla toma años y cuesta mucho más.
Diálogo con el Gobierno: la apuesta por la coordinación
Frente a ese historial tenso, Confenagro apuesta esta vez por la coordinación antes que por el conflicto. El gremio mantiene contacto permanente con las autoridades del sector y ha planteado sus propuestas en el marco del diálogo, no de la confrontación. La designación reciente de un nuevo director ejecutivo apunta a fortalecer la capacidad institucional del gremio para incidir con más peso en las decisiones que se tomen en las próximas semanas.
La propuesta de abonos orgánicos como sustituto de fertilizantes importados también se inscribe en esa lógica: no solo reduce costos, sino que alinea al sector con las iniciativas de producción sostenible que el propio Gobierno ha impulsado, como la siembra de arroz con prácticas sostenibles en el Bajo Yuna, desarrollada junto al Ministerio de Medio Ambiente con apoyo del Banco Mundial.
Compartir esta nota