(Rafael Menoscal Reynoso. Presentación llevada a cabo en Centro Cuesta del Libro, el 25 de febrero de 2026)

 'Waldo en el mundo que quiso vivir', novela de José Espinosa Feliz

 No hay mayor honor que compartir mesa con amigos escritores como Julio Cuevas, Isael Pérez, Xiomara Domínguez y nuestro anfitrión y autor de las dos obras, José Espinosa Feliz, a quien agradezco sinceramente la confianza para presentarle una de sus novelas: La quinta coincidencia, que presentará Julio Cuevas, y a mí me corresponde Waldo en el mundo que quiso vivir. 

Espinosa ha logrado plasmar en sus textos emociones que todos sentimos, pero que muchas veces no sabemos expresar. Su poética se desliza muy sutilmente por sus narrativas, invitándonos a soñar, reflexionar y sentir. Nos recuerda que la literatura es más que un simple entretenimiento; es una forma de vida, una manera de conectarnos con nosotros mismos y con los demás.

El lenguaje, como bien se ha planteado, fue posiblemente el primer instrumento que nos separó de otros seres vivos. Mario Vargas Llosa lo dijo de la siguiente manera: “La literatura… humanizó a la especie, la refinó, convirtió el acto intuitivo de la reproducción en acto de placer… disparó a los humanos por la ruta de la civilización, una forma sutil y elevada que solo fue posible con la escritura, que surge miles de años después de que aparece el lenguaje”.

José Espinosa.

Milán Kundera se refirió a esa transformación de la estructura narrativa de la novela, destacando que no son solo importantes los elementos propios de la novela tradicional, sino también todas las otras incursiones escriturales que han poblado la novela moderna. Les comparto solo un ejemplo de algunos de los pareceres de Kundera sobre este particular:

“En la forma novelesca hay una enorme libertad latente. Es un error considerar una determinada estructura estereotipada como la esencia inviolable de la novela […]. El poder sintético de la novela es capaz de combinar todo en un todo unificado, como las voces de la música polifónica. La unidad de un libro no tiene por qué surgir de la trama, sino que puede proporcionarla el tema”.

Mientras que el escritor Charles Baxter resalta que “una novela no es un resumen de su trama, sino una colección de instancias que nos llevan hacia lo no dicho y lo no visto”.

La historia de una saga 

 'Waldo en el mundo que quiso vivir', novela de José Espinosa Feliz

Creo que este reto de innovar es una invitación a los escritores a explorar nuevas formas de contar y conectar, ya que a través de la narración los humanos buscamos escapar de nuestros miedos y fantasmas, apropiándonos de acciones y estilos de vida que la realidad a veces no nos permite.

La primera obra de esta saga de Espinosa —La extraña obsesión de Waldo Tenerife— me atrapó desde el inicio y me recordó series televisivas de mi infancia, como Perdidos en el espacio y El túnel del tiempo. Algunos de ustedes quizás conozcan Caballo de Troya, de J. J. Benítez, cuya trama gira también en torno a un viaje en el tiempo que permite a un equipo de hombres presenciar la vida de Jesucristo y los acontecimientos que rodeaban su ministerio, que, al igual que nuestro amigo autor, entrelaza la ciencia ficción con reflexiones profundas sobre la humanidad.

Un libro que considero también guarda una estrecha relación con la obra de Espinosa es la novela La máquina del tiempo, escrita en 1895 por el escritor británico Herbert George Wells, quien narra la historia de un viajero en el tiempo, luego de inventar un artefacto que permitía trasladarse a otra dimensión.

Waldo en el mundo que quiso vivir es una novela que, aunque forma parte de una saga, se sostiene por sí sola, brindando al lector una experiencia completa, en cuya historia se plantea una pregunta poderosa: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar un ser humano por amor? Waldo, el protagonista, busca a su difunta esposa Melfy no solo por deseo, sino como una necesidad existencial.

La obra —al igual que las otras dos partes: La extraña obsesión de Waldo Tenerife y Decisiones extremas— también explora elementos de ciencia ficción y plantea preguntas éticas sobre biotecnología y la vida misma. Waldo regresa a un mundo que ha avanzado sin él, enfrentándose a un dilema sobre su lugar en la sociedad contemporánea, donde los lazos familiares son puentes hacia la autenticidad.

La transformación de Waldo, quien comienza —en el primer libro— como un hombre desesperado por reunirse con su amada y termina siendo un símbolo de esperanza, nos habla de la complejidad del ser humano ante situaciones extremas. Para ilustrar esto, les comparto un pasaje de la obra que esta noche estoy presentando, en donde Waldo recuerda una acalorada discusión con su hijo Enmanuel sobre su decisión de someterse a un experimento de hibernación. Ese diálogo entre padre e hijo, es recordado por Waldo:

«¿Y qué ganarías con esa locura? ¿Meterte en un experimento antinatural, alejado del orden divino? No aprobaré jamás tal absurdo —le había dicho Enmanuel».

Recordaba tantas cosas que lloró, reprimió los gritos y evocó ese momento, sorprendiéndose de recordar con exactitud las mismas palabras.

«¿Creen que estoy loco? —respondió él—. Puede ser. Pero loco de amor. Dios conoce la pureza del alma, las congojas del corazón, la integridad de los sentimientos. Quien pueda demostrar eso, entrará en su reino. Yo busco un sueño. Y si la muerte me encuentra en el camino… bien llegada sea».

Waldo no podía arrancarse esos pensamientos que lo atormentaban.

«No me importa mucho que crean que estoy loco. Ando buscando un sueño. Son los ´locos´ los que han revolucionado al mundo, porque imponen sus ideas sin importar lo que digan los demás. Muchas veces la vida se va sin ninguna razón, sin que nadie esté buscando la muerte… sucedió y ya, todo acabó; entonces, ¿qué pierdo yo? Creo que nada, y gano en busca de mis sueños, en busca de lo que quiero, y si la muerte me llega, bien llegada».

Ese momento resalta no solo su amor, sino su determinación y su deseo de perseguir un sueño, a pesar de los dilemas morales que enfrenta.

Además, el personaje de Wilber, su otro hijo, representa la nueva generación que lidia con las sombras del pasado, profundizando en su propia búsqueda de identidad. Su carácter se desarrolla a medida que avanza la narrativa, mostrándose como un espejo de la evolución del pensamiento científico contemporáneo.

Mientras que el amor de Waldo por su difunta esposa Melfy se convierte en su fuerza motriz, un ideal que trasciende la muerte y que impulsa toda su aventura. Su recuerdo representa esa conexión vital que todos buscamos y que, en ocasiones, nos guía a través de los desafíos de la vida.

En definitiva, es evidente que Waldo en el mundo que quiso vivir es más que una historia de ciencia ficción, ya que nos invita a reflexionar sobre la vida, el amor y la ética, planteando preguntas sobre el sentido mismo de nuestra existencia.

La novela consta de 141 páginas, con 23 capítulos cortos que hacen que su lectura sea ágil y entretenida, con una introducción y un epílogo en los que el autor procura poner en contexto al lector, en vista de que se trata de la tercera parte de una trilogía. Los animo a adquirir la obra, porque nadie debería irse de este salón sin tener Waldo en el mundo que quiso vivir en las manos.

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