Sinopsis

Viernes 13, un 28 es un monólogo profundamente introspectivo y simbólico que explora las supersticiones, el destino y la lucha interna de un hombre llamado Germán Cruzado. En un escenario oscuro, rodeado de amuletos y símbolos de protección, Germán se presenta como un hombre que, frente a la fatalidad y las creencias populares, busca desafiar las fuerzas del mal. Viste completamente de blanco, con un collar que lleva amuletos de protección y recita oraciones yorubas para alejar las malas influencias, mientras avanza por el escenario dispersando incienso y poniendo objetos sagrados sobre un altar. El monólogo profundiza en las supersticiones asociadas al viernes 13, el día que la sociedad considera de mala suerte, un día en el que la gente teme lo peor. Germán no teme este día, sino que lo enfrenta con una actitud desafiante, creyendo que las supersticiones solo tienen poder si uno les permite controlarlo. A lo largo de su invocación, recurre a rituales de protección, pero también reflexiona sobre lo que significa creer en el mal de ojo, los gatos negros y las escaleras, entre otros temores. Cada símbolo, cada acción tiene un propósito: reafirmar su poder sobre la suerte y sobre su destino.
A medida que el monólogo avanza, Germán expone una lucha constante entre la fe y la razón, entre las creencias heredadas y la búsqueda de libertad. Desafía las reglas impuestas por la superstición, pero se enfrenta a la realidad de su propia mente, que finalmente lo arrastra hacia la locura. La escena culmina en un giro inesperado, después de realizar varios rituales de protección y reafirmar su libertad frente a lo que otros temen, es recluido por su locura, mostrándose como una víctima de sus propias creencias y simbolismos. La obra, cargada de simbolismo y cuestionamiento, desafía la noción de que el mal está afuera, mostrándonos que, en realidad, el verdadero enfrentamiento es con nuestros propios miedos y creencias. Al final, Germán, rodeado de sus amuletos y símbolos, es llevado a la fuerza, dejando al público con una reflexión sobre lo que realmente significa estar atrapado por las supersticiones y cómo, en última instancia, somos los dueños de nuestra suerte.
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El escenario está iluminado tenuemente. En el centro, hay un altar rodeado de velas, algunos símbolos pintados en el suelo y varios espejos dispersos a lo largo del escenario. Una escalera parece estar situada en un rincón, mientras que en las paredes hay símbolos de buena suerte pintados. Entra Germán Cruzado, vestido completamente de blanco, con un collar que tiene el ojo turco, herraduras, el ankh y colmillos de animales. Lleva un incienso encendido y comienza a caminar por el escenario, dispersando el humo mientras recita una oración yoruba en voz baja.

Germán Cruzado: (Recita en voz baja) «Olúwa, soy tu hijo, un hijo que lucha. El mal de ojo se cierne sobre mi alma, pero me protejo. La envidia no podrá alcanzarme, ni el fuego del odio consumirme. (Cae de rodillas y se da tres golpes en el pecho, se pone de pie y continúa) Sal de mi camino, demonio del mal, que yo soy hijo del sol y de la luna. Que tu bendición caiga sobre mí» (Hace una pausa, y luego se detiene frente al altar. Enciende una vela en el altar mientras sigue hablando, esta vez con más fuerza.)
«Soy el guardián de este espacio. El ojo turco me observa, el ankh me protege, la herradura me cuida, los colmillos me guían… La mala suerte no será mi destino.» (Mira al público, como si esperara una respuesta que nunca llega.)
«Nos dijeron que nacimos para sufrir. Pero ¿quién dijo que sufrir es nuestro único destino? Aquí estoy, rodeado de supersticiones, de símbolos que nos dan esperanza. Símbolos que intentan alejarnos del mal. (Sigue regando incienso) Pero ¿qué es el mal? ¿Es algo tangible, algo que podemos ver o solo lo que creemos que es real?» (Hace un gesto con la mano hacia el espejo.)
Dicen que romper un espejo trae siete años de mala suerte, pero… ¿qué pasa cuando no miramos nuestro reflejo? ¿Nos convertimos en sombras, en algo que no existe? (Comienza a caminar alrededor del altar, con la mirada fija en el público.) ¿Qué harías si una escalera aparece en tu camino? Muchos dicen que pasar por debajo trae mala suerte. ¡Yo me río de eso! La geometría de la fe, la Trinidad divina, me lo dicen… pero a mí no me importa. Yo paso. Porque la suerte no la define una escalera. La suerte, mi gente, se define en el alma.

(Se detiene un momento, mira un gato negro que parece cruzar el escenario, invisible, pero su gesto lo muestra asustado) ¡Un gato negro, Un gato negro! Vamos a morir. (Sujetando las herraduras en las manos) Vine preparado para eso. Y si un gato negro cruza mi camino, ¿qué? ¿El mal me sigue o soy yo el que persigue al mal?
(Con una respiración profunda, como si estuviera tomando fuerzas para lo que sigue, toma una palangana de metal, le echa agua florida y la enciende, comienza a tocar tambores y a danzar al rededor realizando una invocación)
Obbá, Oduduwá, Olokun, Orisha oko.
Oyá, Yemayá, Oshun, Shangó, Obbatalá.
Eshu, Elegguá, Oggún, Oshosi, Osún.
Salga el mal y entre en bien. (En ese momento cayó al suelo, la escena está más oscura. El hombre se levanta y coloca más objetos en el altar: una cruz, una vela encendida y algunos trozos de sal sobre la mesa. Se encuentra frente a un espejo grande. Su rostro refleja un profundo cansancio)
Viernes 13. El día maldito, dicen. Muchos lo temen. La gente no sale de sus casas, evita las citas, no firma contratos. Las mujeres se ponen los pantis al revés. Dicen que es el día del mal, el día en que todo lo negativo se vuelve tangible. El día en que las fuerzas oscuras cobran vida. (Pausa, mirando al espejo con desconfianza.) Pero yo… yo no temo al viernes 13. (Destapando una chata y dándose un trago) Es el día en que el ciclo se cierra, en que las puertas del destino se abren o se cierran. Y yo aquí, con mi altar, con mis amuletos… esperándote, esperando que el mal venga a mí. Porque he aprendido algo, algo que muchos no saben. (Camina lentamente hacia el altar) El mal de ojo… esa mirada envidiosa, ese deseo de vernos caer. Todos tememos a los demás, a sus pensamientos malévolos. Pero yo me protejo. La sal, el incienso… mi fuerza. Porque si derramo sal, lo haré con intención. Si cruzo los dedos, será para aferrarme a mi fe. (Toma un poco de sal y la tira al suelo, luego la recoge y la tira por encima de su hombro izquierdo.)
Y si algo me amenaza, tocaré madera, porque las supersticiones se convierten en realidades cuando las dejamos entrar. (Se detiene un momento frente a un espejo en el fondo. Mueve la cabeza lentamente de un lado a otro)
Y el espejo… dicen que trae mala suerte. ¡Si supieran! ¿Qué pasa si nos reflejamos y nos vemos tal como somos? No hay escapatoria. Pero si miramos demasiado, si nos absorbemos en nuestro reflejo, nos convertimos en lo que vemos… nos convertimos en lo que tememos. (Levanta una herradura y la coloca en el altar) El hierro trae suerte, o eso dicen. Yo confío en los símbolos, en lo que me han enseñado. El ojo turco, la cruz egipcia… y esta herradura. Lo único que tengo. Lo único que me mantiene firme. (El hombre camina al centro del escenario, mirando directamente al público, con los ojos cansados pero decididos)
Y aquí estamos, el viernes 13. El día que todos temen, el día que marca el destino de los más débiles. Las supersticiones… son como cadenas, como esas sombras que nos acechan. Pero al final, ¿qué son? ¿Qué es el mal si no creemos en él? (Se mueve hacia la escalera y comienza a subir lentamente) Dicen que no se debe pasar por debajo de una escalera, que el triángulo que forma es sagrado. La Trinidad… el padre, el hijo y el espíritu. Yo no tengo miedo a los triángulos ni a las escaleras. (Llega a la cima de la escalera y se queda allí, mirando hacia abajo)
El viernes 13… el número 666. La luna llena. Todos esos miedos. Pero aquí estoy, aquí estamos, enfrentando el miedo cara a cara. Porque nacimos para sufrir, sí, pero también nacimos para desafiar, para destruir esas cadenas invisibles. Lo que el mundo llama mala suerte, yo lo llamo fuerza. (Hace una última mirada al espejo. Da un paso atrás, como si estuviera rompiendo con la superstición de los espejos rotos, y luego baja de la escalera)
No somos víctimas de nada. No somos prisioneros de nuestras creencias. Yo soy libre. Soy libre porque mis símbolos no me dominan, sino que me guían. (Hace un gesto hacia el altar y se detiene en silencio, respirando profundo) Hoy, el viernes 13, el mal no puede tocarme. La suerte es lo que yo decido.
(Entran unos enfermeros el hombre permanece inmóvil levantando una cruz, observando el altar, con una sonrisa que muestra locura y liberación y comienza a recitar)
Crux Sancti Patris Benedicti
Cruz del Santo Padre Benito
Crux Sacra Sit Mihi Lux
Mi luz sea la cruz santa,
Non Draco Sit Mihi Dux
No sea el demonio mi guía
Vade Retro Satana
¡Apártate, Satanás!
Numquam Suade Mihi Vana
No sugieras cosas vanas,
Sunt Mala Quae Libas
Pues maldad es lo que brindas
Ipse Venena Bibas
Bebe tú mismo el veneno.

(Los enfermeros le colocan una camisa de fuerza y uno de ellos levanta una pancarta al público con el siguiente letrero)
¡Perdónenlo, el pobre está loco!
(Mientras se lo llevan las luces bajan lentamente)
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