Tomé el micrófono esa tarde de septiembre de 2016 en la Cámara de Comercio de La Romana y hablé sobre el nacimiento de un nuevo libro de poemas: El hombre sin corazón, de Víctor Guerrero, con el sello de Editorial Santuario.
Víctor era un joven contador y profesor de inglés, coetáneo mío, que escribía poesía lejos de los círculos literarios y a quien había conocido porque ninguna señal de vida libresca en mi provincia me era ajena, al menos no por mucho tiempo.
El nuevo poeta de La Romana apostó más por la audiencia global en redes sociales que por la validación de los viejos robles de la literatura doméstica. Creó una página en Facebook con el mismo nombre de su libro y en pocos meses ganó más de cien mil seguidores. Decidió entonces no solo publicar sus poemas, sino abrirla para que sus seguidores compartieran también sus creaciones. Ocurrió un aluvión: gente de muchos países de América Latina, que nunca había compartido sus poemas, que no pertenecía a capillas literarias, que abrazaba el verso desde el anonimato y las urgencias cotidianas, se dio a conocer en la página «El hombre sin corazón». Víctor creó un concurso de poemas, cuyos ganadores verían publicados sus textos en una antología compilada por él. Fui jurado en esa premiación. Andando el tiempo, se publicó la antología internacional El hombre sin corazón, con el sello Círculo Rojo, de España. Transitábamos el año 2024. En esa antología figuran poemas inéditos de Víctor, del ganador del concurso, el colombiano Cristian Pava, de quien escribe y de muchos poetas latinoamericanos hasta entonces invisibles.
Evidentemente «El hombre sin corazón» era ya una marca: primero había sido un libro individual, luego una página en redes sociales y finalmente un libro antológico. Fiel a su marca, el segundo libro de Víctor Guererro tiene como título Crónicas de un descorazonado (Santuario, 2019).

La poesía de Víctor Guerrero
Víctor es un gran lector de poesía. Andábamos en librerías de Bogotá y Medellín y él buscaba desesperadamente algún libro de Adonis, el gran poeta sirio, y no lo encontró en ninguna parte. Nosotros debatimos sobre Vallejo o Mieses Burgos como quien le cuenta un chisme al otro. Pese a esa elevada formación literaria, Guerrero, muy deliberadamente, apuesta a una concepción de la poesía que privilegie la sencillez léxica y sintáctica.
¿He dicho que hacíamos en Bogotá y Medellín?
Como reseñó este diario en su momento, agotamos una agenda literaria en Colombia en septiembre de 2025. La Embajada de la República Dominicana en ese país, con sede en Bogotá, tuvo la gentileza de celebrar conmigo y Víctor junto a Martina Soriano el «Encuentro literario Quisqueya en tres voces», un recital de poemas donde los tres poetas dominicanos compartimos con un público maravilloso conformado por diplomáticos y demás compatriotas dominicanos, así como por bogotanos. En Medellín Víctor y yo participamos en varios eventos de la Fiesta del Libro y la Cultura Medellín 2025, celebrada en el Jardín Botánico de esa ciudad. Ya habíamos visitado esa ciudad unos meses antes, en mayo, cuando presentamos la antología El hombre sin corazón en la gala internacional de Premios La Flor, que organiza nuestro gran amigo Henry Rijo.
En esas experiencias me acerqué nuevamente con detenimiento a la poesía de Víctor.

En su primer libro, El hombre sin corazón todos los poemas aluden al amor y lo hacen desde la óptica de los años mozos, desde la ternura, la inocencia y la espontaneidad de los sentimientos. Estos avanzan desde esa pureza prístina hasta un despertar envenenado: el amor, como todo en la vida, reviste una lucha de poder. Poemas como «Inocente atracción», «Rival», «Desilusión» y «Maldito» dan cuenta de ello: «De pocas memorias eran esos días»; «Ella quiere a otro niño, / me dice, / Y ese es tu rival». Luego: «Maldigo, mi pobreza, / de su casta no soy, / Maldigo, mi pelo,/ sedoso no es». Otros poemas tratan de la timidez juvenil, la vida escolar, los cumpleaños, las relaciones amistosas, todo un fresco de la pubertad y la adolescencia. Los poemas cuentan, en conjunto, una historia, y pueden leerse en un hilo de continuidad, donde presenciamos las heridas del yo poético, sus zigzagueantes planes para conseguir el amor de su musa (en el poema final conocemos su nombre: Priscilla), y su descubrimiento progresivo del dolor, puente hacia el desengaño y la madurez.
En Crónicas de un descorazonado, nuevamente con el amor como tema y desde una estructura rimada, se percibe una evolución en el discurso: «de su néctar atiborro mi apetito»; «Mi remordimiento es ceniza de una pira consumida»; «Con los lentes de la luna vi esta historia». Priscilla, esa Dulcinea contemporánea, regresa triunfal en la quinta parte del libro, donde el poeta le dedica estrofas elogiosas a su belleza inaudita: «tus ojos han sido elaborados con soles»; «creas miel del veneno»; «estás en toda musicalidad». Sale al escenario una tal Nicole, que merecerá otros poemas de similar intensidad emotiva. El poeta romanense prefiere contar historias en sus versos, desclasificar nombres propios, conceder al lector una entrevista a su corazón zaherido, ya no desde los arrebatos infantiles, sino desde las torturas y desvaríos a que le han sometido las desgracias de los amores.

Entre la tecnología, la poesía y la gestión cultural
Víctor Guerrero ha jugado un rol importante en la gestión cultural en La Romana. Su apoyo ha sido clave para la celebración de la Feria del Libro de La Romana, que fundé en 2018, y la puesta en escena de obras teatrales en nuestra provincia natal. Ha impulsado espacios culturales en medios de comunicación. Ha participado en innumerables eventos relativos a la cultura y la educación en el país y en el extranjero. Estos méritos fueron recientemente reconocidos en Estados Unidos, donde se le concedió el Excellence Award en el quinto aniversario de Genica Magazine.
Es también llamativo que combine su sensibilidad poética con el trabajo como director tecnológico para una multinacional estadounidense.
Víctor Guerrero es una voz que se abre paso en la escena internacional porque ha buscado sus propios cauces estilísticos.
Me complace dedicarle estas líneas en homenaje a la amistad y, sobre todo, a su multifacético talento que cada vez brilla con mayor fulgor.
Compartir esta nota