CALGARY, Canadá.-El cineasta especializado en diseño digital Guillermo Molina Mueses reconstruyó las ocho esculturas monumentales creadas por el maestro Antonio Prats Ventós para el Palacio de Bellas Artes, destruidas en 1969 en uno de los episodios más controvertidos del patrimonio artístico dominicano.
Guillermo Molina Mueses publicó en El Impreso Digital una reconstrucción tridimensional de las esculturas que permite apreciarlas en formato 3D y en recorridos de 360 grados. (El Impreso Digital — Por un mejor periodismo).
Las ocho figuras, de aproximadamente ocho metros y medio de altura, representaban las artes clásicas y fueron concebidas como arte integral del proyecto arquitectónico de edificio. Fueron instaladas en 1955 por disposición del dictador Rafael Leónidas Trujillo con motivo de la inauguración del Palacio de Bellas Artes. Desde el diseño original del edificio —realizado por el arquitecto Francisco Manuel «Cuqui» Batista Bisonó y construido por el ingeniero Bienvenido Martínez Brea («Bebecito»)—, las obras de Prats Ventós formaban parte inseparable de las cuatro fachadas del edificio neoclásico, inspirado en el templo de Apolo en Delfos.
El arquitecto Francisco Manuel Batista Bisonó (Cuqui Batista), fallecido a los 101 años de edad, fue uno de los más destacados profesionales de su generación. Su desaparición física pasó casi inadvertida para la opinión pública, pese al extraordinario legado arquitectónico que dejó al país. Bellas Artes le rindió un homenaje en 2025. Residía en Santiago.

Molina es animador 3D egresado de Animation Mentor (EE. UU.), estudió Animateur 3D Gobelins en Gobelins l’école de l’image (Francia).
Como parte del proyecto, desarrolla además un código QR metálico que podría instalarse junto a las actuales esculturas de mármol para que los usuarios observen en sus teléfonos móviles las obras originales tal como fueron concebidas por Prats Ventós en 1955. Además, se encuentra en la postproducción de un documental sobre la historia del Palacio de Bellas Artes que incluye una perspectiva de las estatuas restituidas digitalmente.
Molina Mueses indica que, si la familia de Prats Ventós y las autoridades del Ministerio de Cultura lo autorizan, las esculturas pueden ser reconstruidas físicamente a partir del modelo 3D y producidas incluso en concreto.
La reconstrucción digital constituye, por ello, el primer esfuerzo tecnológico para devolver al patrimonio nacional la memoria visual de aquellas obras desaparecidas, permitiendo apreciar nuevamente su calidad artística y comprender la magnitud de la pérdida sufrida por la cultura dominicana.
El zarpazo de 1969

En 1969, las esculturas fueron retiradas y posteriormente destruidas durante el gobierno del presidente Joaquín Balaguer, para ser sustituidas por copias de mármol de Carrara importadas desde Italia. Como protesta, Prats Ventós renunció a su cargo de profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes, puesto que ocupaba desde 1951.
Años después, el propio escultor sostuvo que las piezas habían sido encargadas originalmente por el presidente Joaquín Balaguer (en los años 50) y afirmó que fueron retiradas para sustituirlas por copias italianas, decisión que calificó como uno de los primeros actos de corrupción en el arte público del país.
Aunque no existe evidencia documental que atribuya la decisión directamente a Balaguer, la responsabilidad política recae sobre su administración, cuyos funcionarios culturales y técnicos ejecutaron la sustitución.
El rechazo a las estatuas

La aversión contra las esculturas, al contrario de lo que se cree popularmente, no provino directamente del presidente. Fue el secretario de Educación en 1969, el doctor Luis Alfredo Duvergé Mejía (así como la posterior gestión de la doctora Altagracia Bautista de Suárez), quien se pronunció en contra.
Diversos historiadores del arte y sueltos de prensa de la época resaltan que se pidió el retiro de las esculturas argumentando que no armonizaban con la arquitectura del Palacio de Bellas Artes, cuestionando su valor estético y calificándolas en términos despectivos.
En el fondo, la percepción de algunos sectores vinculados al poder era enfatizar el clasicismo europeo, fruto de una postura culturalmente colonialista que miraba hacia lo «puro».
Sin embargo, dentro del gobierno hubo quienes salieron al paso a ese planteamiento, incluyendo al doctor Horacio Vicioso Soto, director general de Bellas Artes, quien sostuvo que se trataba de obras de arte que sumaban valor al edificio.
Balaguer, según ha revelado Raffi Prats —también nieto del artista—, fue quien en persona pidió en 1953 a Prats Ventós que produjera las estatuas por instrucciones de Estado.

¿Qué ocurrió?
Los registros patrimoniales y el catálogo razonado de la obra de Antonio Prats Ventós indican que las ocho esculturas originales fueron destruidas durante los trabajos de remodelación de 1969. Al tratarse de piezas monumentales vaciadas en cemento, fueron demolidas y convertidas en escombros, sin aplicarse los procedimientos de conservación propios de un bien patrimonial.
Tito Prats, nieto del artista, ha escrito en Facebook:
«Después de leer algunos de estos comentarios y para ser verdaderamente justos, la verdad es que el que se ganó la verdadera comisión no fue mencionado en este artículo… Dicen que al dedo malo todo se le pega… Pero aparte de la verdad de este artículo (porque lo más importante no se menciona aquí), hay más cosas que no se saben… Lo más triste de todo es que estas esculturas de mi abuelo que fueron retiradas, fueron guardadas en un almacén, no sé con qué fin… Lo cierto es que fueron destruidas por hombres que ni sabían cuál era el significado de estas; es posible que muchos de los funcionarios de la época tampoco lo supieran… Para corregir a alguien que comentó que estas piezas eran talladas, no es así… Se hicieron de barro y después fueron vaciadas en concreto… Tengo que revelar algo importante: el mismo Balaguer fue quien encargó las esculturas a mi abuelo… lo demás ya es más complicado… Esta situación causó el disgusto de por vida de una gran parte de la plástica dominicana con Balaguer”.
No sobrevivió ninguna de las esculturas. Solamente permanecen fotografías tomadas durante su elaboración en el taller del artista y en la inauguración del Palacio de Bellas Artes en 1955.
Estas imágenes han sido publicadas en libros como el de la artista y curadora Mirya Guerrero, titulado El Palacio de Bellas Artes, 1956-2008, con prólogo de José Rafael Lantigua (2008), la investigación más completa sobre la historia del edificio.
El período 1969-2008 y deudas pendientes
Entre la remoción y destrucción de las estatuas, el Palacio de Bellas Artes permaneció con sus portales vacíos.
Fue en 2008, con motivo de la dedicatoria de Santo Domingo como Capital Americana de la Cultura para el año 2010, cuando el gobierno de Leonel Fernández instruyó al ministro de Cultura, José Rafael Lantigua, a disponer la remodelación de la estructura, incluyendo una nueva intervención escultórica en los pórticos.
El escultor dominicano Félix Paula Martínez estuvo a cargo de las dos estatuas del lado sur (La Musa de la Música y La Musa del Teatro, instaladas frente a la avenida Independencia). Para ello recibió una comunicación firmada por José Rafael Lantigua, y se ocupó de convocar a José Ramón Rotellini (otro maestro de la escultura dominicana) y a Moisés Félix.
Félix Paula Martínez y otros escultores entregaron sus piezas, aunque señala que algunos colegas no completaron el encargo. Sin embargo, el artista denuncia que el Ministerio de Cultura todavía le adeuda 300 mil pesos por su trabajo, indicando que conserva los documentos que demuestran este pago pendiente.
Advierte, además, que la remodelación del Palacio de Bellas Artes nunca se concluyó por completo y que en tres de las puertas de entrada aún faltan las estatuas proyectadas.
Un llamado a la justicia histórica
La reconstrucción virtual de Guillermo Molina Mueses no es un simple ejercicio de nostalgia tecnológica; es un espejo que nos confronta con el peor de nuestros olvidos y nos ofrece, al mismo tiempo, la oportunidad de una redención cultural.
Durante más de medio siglo, la ausencia de las ocho musas modernas de Anonio Prats Ventós ha dejado una herida abierta en la fachada y en el alma del Palacio de Bellas Artes, sustituida por una estética impuesta que pretendió borrar la vanguardia de nuestra propia identidad plástica.
Hoy, la tecnología ha tendido el puente. El modelo tridimensional está listo y la posibilidad técnica de devolver estas monumentales piezas en concreto al entorno para el cual fueron esculpidas es una realidad palpable.
Más allá del código QR y las pantallas móviles, el Estado dominicano, a través del Ministerio de Cultura y en sagrada alianza con los herederos del maestro, asume el desafío histórico de pasar de la simulación digital a la restitución física.
Devolver las estatuas de Prats Ventós a sus pedestales originales no es solo reparar un atropello del pasado; es un acto de soberanía artística, un tributo necesario a la audacia creativa de nuestra historia y el retorno definitivo del esplendor original al mayor templo de la cultura dominicana.
El trabajo original de Guillermo Molina:
El Impreso Digital — Por un mejor periodismo
Bibliografía:
Instante dramático de la remoción de una de las estatuas de Prats Ventós en Bellas Artes. Foto Diario El Caribe, reproducida en el libro de Myrna Guerrero.
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