Desde aquí, un abrazo de agradecimiento a los académicos e investigadores, poetas y narradores Ramón Núñez y Eladio de los Santos, por sus aportes

Con esta mirada al canto intimista y melancólico de Mélida García, cierro estos trabajos transcríticos sobre la pragmática escritural de este fenómeno, no casual, de nuestra literatura dominicana contemporánea.

En esta ocasión, estamos frente a la novela titulada Oro, sulfuro y muerte, impresa por Editora Manatí, colección Serie Literatura Caribeña. Santo Domingo, República Dominicana. La primera edición de esta obra es de 1999. Estoy usando la segunda edición del año 2000. El diseño de la portada es de Miguel Decamps. La diagramación fue realizada por Yissel Casado, de Editora Manatí, miembro de la Cámara Dominicana del Libro, Inc. La obra consta de 190 páginas.

En su estructura temática, esta novela consta de una dedicatoria, una nota de agradecimientos, veintiséis (26) capítulos y un epílogo. En la dedicatoria, la autora expresa su agradecimiento a Miguel Decamps, el editor.

Hay agradecimientos a Ricardo Hernández, Tahina Lafranco, Roberto Santos, Magdalisa Rondón, José María Fernández y Tina Acosta, por su valiosa contribución (ver pág. 7, obra citada). (…) «Óiganme bien: nunca, nunca, confíen en un escritor y menos si es mujer». (Ver pág. 14, obra citada).

Así termina el capítulo 0, con el que la autora abre el escenario narrativo de su novela y, de entrada, expone el panorama de participación en esta obra, donde el editor, en este caso «Miguel Campos» (Miguel Decamps), su amigo español y la misma autora (Mélida García) entran como personajes activos.

Ellos se convierten en sujetos-actantes y escuchas de aquel personaje que se convierte en narrador central, desde la voz de aquel anciano que, con su relato, va construyendo el acontecer en cada escena sobre el escenario narrativo de esta novela.

Desde una narración en tiempo pasado, un narrador omnisciente configura la acción de esta novela, basada en el ambiente de la realidad de aquel pueblo (Cotuí), convertido en escenario de este contexto dramático, propio de las vivencias que han sido convertidas en símbolos de experiencia del narrador y de la autora, como una forma de escribir, desde aquí, su historia.

Más que una defensa de la diversidad medioambiental a nivel del país, es un firme manifiesto estético-narrativo contra la explotación indiscriminada de la naturaleza, en este caso encabezada por «La Barrigol» o la Rosario Dominicana, con el apoyo estatal del doctor Joaquín Balaguer.

Es esta la novela que pone en escena los estragos que deja a los pueblos la explotación a cielo abierto de nuestras tierras, bajo la falsa consigna de que enriquece las arcas del país, cuando la dura y quemante realidad es que convierte a nuestros pueblos en espacios de hombres y mujeres infectados, convertidos en sujetos paralíticos.

Mélida García.

La autora se vale de su potencial imaginativo para ir recreando, escena por escena, aquella ardiente realidad que se desparrama por las páginas de Oro, sulfuro y muerte, la novela contra el poder, basada en las vivencias de la autora desde las entrañas mismas de los burócratas, los mineros y los residentes infectados por el cianuro y el sulfuro.

«La Mejorada Villa» no es aquí el espacio donde la gente interactúa y se expone al viento contra la misma muerte, sino el lugar del vivir junto a la muerte y en contrapunto con los sueños de gente que, en su desvivir, suelen cavar la tierra y con sus propias manos construir sus tumbas.

«La Mejorada» es un pueblo de vivos muertos, convertido en escenario gris de estos personajes que transitan por él, convertidos en famélicos fantasmas, sin más destino que su propio infierno terrenal.

En esta novela, la fantasía y la realidad conviven desde una misma actitud participativa, a merced de la autora, quien, recogiendo las tradiciones folclóricas de su pueblo, se junta con los ancianos, recoge sus vivencias y no solo las escucha, sino que las vive, hasta convertirlas en soporte de su razón creativa, darles sentido y, desde la palabra, hacerlas fuente de su narrar.

Personajes folclóricos de las tradiciones de Cotuí salen del parque y de los caminos de «La Mejorada Villa» para dejarse sentir en las escenas de esta novela, por lo que «Mejo», «JañaJaña» y «Diodomiro Juan Colón» retoman vida y participan en los entramados narrativos y dramáticos de esta obra.

Otro de los personajes populares de Cotuí presentados en esta novela es el famoso «Buche», reconocido no porque era ciego y veía y leía con los sentidos, sino porque era miembro de la «Hermandad del Espíritu Santo».

Y como parte de la tradición del mortuorio, cuando muere un miembro de esa congregación se le rinde homenaje tocando atabales, tanto en el velorio, en el entierro y en el último de los «nueve días» (ver pág. 54, obra citada).Y es que la autora, desde el imaginario, deja ondear su bandera ideológica para situarse en el barrio «Los Españoles», «lugar donde vivían los altos funcionarios de AGROMAN, compañía española constructora de la Presa de Hatillo» (ver pág. 60, obra citada).

En este narrar no solo fluye la explotación indiscriminada de las montañas y llanos de Cotuí, sino que también se expone al público el vicio de los sacerdotes y los embarazos a mujeres creyentes y no creyentes en Cristo, en el santo nombre del rosario cristiano, apostólico y dominicano.

El canto intimista y melancólico de Mélida García (VII)

Las acciones de corrupción en las iglesias católicas del país por parte de los curas o sacerdotes entran a escena y se incorporan como parte del narrar denunciante y reivindicativo que se proyecta en esta novela.

¿Y quién negaría que, en este entrelazamiento discursivo dado entre la fantasía y la realidad que fluye en estos cuadros dramático-narrativos, esta mujer llamada en la novela María Magdalena Encarnación del Espíritu Santo es la representación espiritual y terrenal de la autora de esta novela, declarada como Fulgencia García Reyes (Mélida García Reyes)?

Aquí queda consignado el canto angustioso, intimista, sentencioso y melancólico de una escritora que supo poetizarse y narrarse desde la lengua, asumida como manifestación del Ser, ritualizada en su voz… o en su decir… más allá de su obra, de su aparente muerte y de su innegable existir.

Julio Cuevas

Poeta

Poeta, ensayista y crítico literario. Licenciatura en Educación, mención Filosofía y Letras-UASD. Maestria en Lingüística Aplicada-INTEC. Doctor en Derecho-O&M, con Maestria en Relaciones Internacionales, para el Área del Caribe-FLACSO-INTEC. Administración Cultural en Venezuela-OEA-CLACDEC. Fue Embajador, Encargado de Asuntos Culturales de la Cancillería dominicana. Ex-Secretario General de la Comisión Dominicana para la UNESCO. Es egresado de la Escuela Diplomática y Consular del Ministerio de Relaciones Exteriores. Actual Embajador Adscrito. Doctorado en Filosofía para un Mundo Global, Universidad País Vasco. OBRAS: ¨Epistolario del Crepúsculo¨, (poemas, 1974), ¨Visión Critica en Torno a la Poesía de Víctor Villegas¨, (Ensayo, 1975), ¨Testimonio del Tiempo¨ (poemas, 1986), ¨Homenaje en Tono Oblicuo¨ (poemas, 1992), ¨Los Cantos del Hierofante¨ (poemas, 1997),¨Poemas Tierra Adentro¨ (poema, 2008) y Literatura Infantil para el Desarrollo de la Creatividad y el Pensamiento Crítico (Ensayo,2013). Profesor Escuela de Letras UASD.

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