"Llamé una vez a la visión y vino". Ricardo Jaimes Freyre ("Lustral")

En el año 2020, en Argentina, la Fundación Cultural Esteros,  publicó la Colección Internacional "Flor del espinillo", una antología poética que contiene la poesía de la destacada poeta uruguaya Mariella Nigro(Montevideo, 1957) y del gran poeta y periodista boliviano Gabriel Chávez Casazola (Sucre, 1972), cuya primera edición digital está disponible para su libre descarga. Esta vez  el objetivo de éste artículo será la excelente poesía de Chávez Casazola, que aparece en esta prestigiosa publicación.

Allí, el autor, desliza su mirada más allá de la  obra poética consumada, hacia su concepción, creación y hacia lo que podríamos llamar el prefacio del tiempo y la luz misma, el copular de la poesía.

El autor se coloca justo al pie de la nada, donde no se conoce, sin embargo, se cuece, lo que pronto dejará  de ser desconocido:

"Nosotros somos luz.

Ahora la oscuridad es un afuera

que reinará cuando nos apaguemos.


¿Y, cuando nos apaguemos,

volveremos hacia la luz primera?

¿Nos envolverá la oscuridad temprana?

¿Seremos luz, seremos nada?" (" De la procedencia de la luz") Fragmento. Pág.68

Casazola,  define lo indefinible, dirige los designios de un poeta interior que le reclama y que le vocifera los más íntimos instintos de su yo poético:

"Si yo fuera panteísta —me decías—

escogería venerar a los dioses domésticos,

los dioses del hogar, pequeños y sencillos,

que se esconden tras una planta del jardín,

en la corteza de un mueble de madera

o dentro de un jarrón de cerámica

que alguna vez una muchacha aborigen portó sobre su cabeza

—cómo ondeaba su cintura en equilibrio, su cabello

negrísimo". ("Elemental") Fragmento. Pág.47

Y mientras esa voz circula por cada ápice de sus adentros, lo foráneo de su cuerpo gesticula en un recital de verdades inciertas los versos que salen del mover de su tacto y sigue creando luz y sigue creando oscuridad en partes iguales como uno de esos dioses que habitan su poesía:

"Los dioses diminutos y traviesos

de la lluvia en verano o del agua cayendo desde la regadera,

la diosa de la acequia en una vieja huerta

que aún frecuenta mi infancia,

las diosas del estanque o de la alberca

—siempre hay algo divino entre las aguas—,

el dios de la puerta, el dios de las almohadas, el dios de los

jabones,
el dios de las ventanas,

la turbulenta deidad de la caldera que hierve,

el dios mayor del hogar, escondido (y revelado) en el fuego.

Si yo fuera panteísta, me decías, creería en todos esos dioses.

O en la porción secreta de Dios que hay en todos los

elementos

—repuse". ("Elemental ") Fragmento, Pág.48

El autor de "El agua iluminada", dibuja una línea de tiempo atemporal,  donde  lo complejo del espacio-tiempo, deviene en una estructurada sencillez, que nos permite acceder a su poesía desde múltiples dimensiones lógicas e ilógicas, donde el hombre es centro y no lo es:

"No creo en el hombre. Apenas

en la chispa de luz adentro suyo

que un soplido de codicia extingue

como apaga un pequeño pabilo la tormenta.


He visto demasiado y no creo en el hombre.


Amo los árboles. Los animales.


He viajado y vivido demasiado y el

único deporte de riesgo que todavía me interesa


es caminar por el campo sintiendo el vértigo del tiempo

en las hojas que caen


o la feliz adrenalina de las hojas nuevas"
. ("Declaración") Pág.31

Prefacio de la luz y el tiempo: Gabriel Chávez Casazola, poeta

Gabriel Chávez Casazola, en su búsqueda inexplicable de la inexactitud de las cosas, despliega el fuselaje impresionante de su pluma como un  cóndor andino que muestra con bríos su gran  envergadura poética y mística:

"Una mariposa de tinta se ha posado en la espalda de esa muchacha.

Una mariposa de tinta que durará más que la lozanía de la piel donde habita.

Cuando la muchacha sea una anciana, allí estará, joven aún, la mariposa". ("Tatuaje") Pág.32

En "La canción de la sopa", que ha sido recitada de forma coreada por poetas bolivianos y de otros países, el espíritu imperecedero de la poesía se hace presente. Lo infinito de lo finito. Lo grande de lo chico. Lo extenso de lo breve. La luz y su ausencia, revisten el poema con su caos y normas, con sus leyes y desafueros. El poema deja de ser para de un modo u otro prevalecer:

"Entonces pensó en los tiempos de su abuelo o del mío

o del tuyo, cuando las familias eran grandes

vivían en grandes casas —grandes o chicas, pero grandes,

inclusive diminutas, pero grandes

y veían sucederse a los hijos y a los nietos

en un ininterrumpido y gran bordado

con enormes hilos invisibles abrazándolos a todos en el aire". Fragmento. Pág.58.

En opinión de la crítica literaria Mónica Velázquez (La Paz, 1972) considerada una de las voces más importantes de la literatura boliviana (1), sobre la obra de Chávez Casazola, afirma: "que sus palabras son hilos que, invisiblemente, iluminan la cotidianidad por medio de la ternura lúcida, la mirada, la memoria. El mundo de las cosas a la mano, de los  enseres inmediatos, se abre a la comprensión cuando un idioma olvidado, 'arcano' se deja entrever en los objetos". Y es que  esa sensibilidad "infrapoética" que asciende desde lo más profundo de su quehacer literario, hilvanando versos que, entre metáforas y figuras retóricas casi imperceptibles, provocan un parto poético como el del siguiente poema:

"Los patios son para la lluvia

cuando ella cae despiertan sus baldosas,

abren los ojos del tiempo sus aljibes.


Y entonces los patios cantan.


Un canto hondo,

en un idioma arcano

que hemos olvidado pero que comprendemos

cuando cae la lluvia sobre los patios

y volvemos a ser niños que oyen llover.


Bajo la lluvia todas las cosas son renovadas en los patios y cuando escampa el mundo huele a recién hecho, a sábado de Dios, a primavera.


El canto de los patios en la lluvia borra el dolor del universo y susurra el dolor del universo

por las lluvias perdidas, por los patios perdidos,  por los cantos perdidos,


por ti y por mí que bailamos

bajo la lluvia de Bizancio

arcanas danzas

con movimientos hondos e indescifrables

en los patios de la memoria.


Por ti y por mí que bailamos

que llovemos

que despertamos las estaciones mientras el patio canta


porque la lluvia es para los patios,

esos indescifrables".(" Los patios son para la lluvia"). Pág.41

Gabriel Chávez Casazola, un gran poeta latinoamericano que cultiva poesía en el espacio mismo dónde comienza el tiempo, en un prefacio que, como en el Génesis, la luz aún espera para ser creada.

Nota:

(1)Mónica Velásquez Guzmán: “Quien mira, ordena según sus ojos”, Opinión, 16/11/2013.

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

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