El frío es más que una sensación. El frío es el vacío que deja en el alma esas experiencias extenuantes del pasado, la falta de calor emocional, la pérdida, la soledad, el miedo; es adentrarse en el pasado que tanto costó dejar atrás. Con esto en mente, Carmen Imbert Brugal, periodista y autora dominicana, nos narra una historia cargada de temas profundos y emociones confusas a través de su obra Volver al frío (2003). De este modo, explora la identidad, la diversidad, el trauma y la búsqueda de sentido de David Winter Junior, un niño asustado en el cuerpo de un hombre.
El eje central de esta novela es la relación de Junior con su madre, Dalia Cruceta, caracterizada con la ausencia y el maltrato. Junior, ya marcado por su pasado, se ve revictimizado al regresar a la República Dominicana y encontrarse con la noticia de la muerte de su madre. Mientras la historia avanza, se revela que las heridas emocionales del personaje principal nunca terminan de cicatrizar y lo moldearon en un adulto emocionalmente constipado. Para retratar lo anterior, Imbert Brugal utiliza diversos simbolismos para conectar al lector con el protagonista y sus sentimientos. Por tanto, este escrito nos sumerge en una trama compleja que no solo nos describe los hechos, sino que nos detalla las luchas internas de los personajes y sus vidas.

La soledad y el miedo son temas recurrentes en la obra. Incapaz de relacionarse con los demás por la sombra de su pasado, David se siente aislado y, sobre todo, desconectado de la gente que lo rodea. En la página 12 se explica que —David— siempre tiene frío cuando debe tener miedo porque ha confundido esas dos sensaciones, lo que nos demuestra la complejidad de su infancia. Asimismo, la violencia que sufrió la mayor parte de su vida le dificulta comprender realmente quién es en el presente, lo cual no es extraño. A menudo, las personas que han experimentado este tipo de traumas desarrollan mecanismos de defensa poco saludables. Junior no es la excepción, pues él mismo describe cómo tomaba alcohol desmedidamente y consumía sustancias ilícitas para aplacar su pesar.
El estilo de narración de esta novela es retrospectivo, es decir, siempre nos muestra el pasado. Al utilizar esta forma de escritura, casi parece que David es una identidad fragmentada, lo cual podría explicar por qué nuestro protagonista lucha por recordar los detalles de su pasado. No obstante, al mismo tiempo, Junior intenta olvidar, lo cual crea una necesidad de buscar un equilibrio entre la necesidad de rememorar y el deseo de no acordarse. Así, por muy confuso que suene, el pasado es el presente de David. Los recuerdos de su infancia, sus traumas no resueltos y las complicadas relaciones familiares lo acompañan en cada paso que da y condicionan su vida.
Considero, por otro lado, que la manera en que la autora logra adentrarnos en la mente de David y sus razones de ser es bien acertada y conmovedora. Al no excusarlo ni justificar a la gente que le hizo daño, Imbert nos permite observar el mundo desde diferentes perspectivas y cómo nuestras acciones impactan las vidas ajenas. Igualmente, a través de los ojos de David, se nos muestra cómo las experiencias traumáticas pueden dañar la autopercepción y el modo en el cual nos relacionamos. En conclusión, leer Volver al frío es un punto de reflexión sobre nuestro pasado, por lo cual favorece cuestionarnos acerca de si hoy somos nuestra propia persona o solo el resultado de nuestro ambiente.
Compartir esta nota