Esta semana en “Libertad bajo palabra”, nuestra invitada es Abril Troncoso, quien es poeta, artista multidisciplinaria y gestora cultural dominicana, cuya obra se sitúa en el cruce entre arte, territorio y desarrollo comunitario, con énfasis en ecología, identidad y cuerpos en tránsito. Es autora del poemario UANABI (Isla Negra Editores, 2012) y de casi una decena de obras, entre ellas una antología internacional, y fundadora de la Fundación Cultura para el Desarrollo (FUCULDE), así como creadora del Festival Internacional de Poesía en la Playa de Miches, plataforma que articula poesía, performance y formación cultural en contextos rurales del Caribe. Se desempeña como Encargada de Formación en Gestión Cultural del Ministerio de Cultura de la República Dominicana y ha ejercido la docencia artística en el Ministerio de Educación por casi una década. Ha participado en eventos culturales en América y Europa y actualmente cursa la Licenciatura en Psicología Educativa en UNICARIBE.
Los poemas que presentamos a continuación muestran a una creadora que convierte la poesía en territorio de exploración, pensamiento y cuestionamiento, donde la identidad, la memoria, la ecología y la experiencia comunitaria dialogan con una mirada crítica sobre la realidad dominicana. Su escritura se mueve con libertad entre lo íntimo y lo colectivo, entre la reflexión cultural y la vivencia cotidiana, incorporando el humor, la sensualidad, la intertextualidad y el lenguaje popular como recursos de una poética deliberadamente híbrida. Abril Troncoso construye así una poesía inquieta y mestiza, capaz de transitar entre Miches, el Caribe y otros espacios culturales sin perder el arraigo, mientras convierte el paisaje y el cuerpo en lugares desde los cuales pensar la identidad y las transformaciones de nuestro tiempo. En sus versos se percibe, finalmente, una voluntad de romper fronteras y de hacer de la palabra un espacio de oposición, encuentro y reinvención.

UNO
Desde “De Él
Helado de Agua
de Mar Caribe”
de Quisqueya Henríquez,
pasando por “They
Come From Water”
de Hulda Guzmán,
“Fragilidad de una
Estructura” de Raquel
Paeiwonsky, hasta “La
Palmera” de Karma
Davis, el arte
Dominicano abre fisuras
en narrativas heredadas.
Identidad y cuerpo
trashumante. Ecología y
espacio. Práctica situada.
Una alquimia lenta
reconfigura la isla
RD: esporas que
activan un arte atento
a estructuras en tensión.
Gesto que desplaza
la mirada, un
acto curatorial que
ensaya formas de
ocupar el mundo
desde lo situado.
La lectura está
ocurriendo aquí
en dominicano.
DOS
El día en
que un michero
me enseñó a
comer peje era
sábado. Esperábamos con
expectación al Premio
de Literatura Infantil
y Juvenil. Un
agasajo sencillo: chocolate
orgánico michero y
claro; peje, gesto
mínimo para un
proyecto mayor: Miches
como territorio de
palabras. Al sentarnos
en la mesa:
—Suelta esos tenedores
— dijo.
Acto seguido, se
arremangó la fina
camisa y devoró,
sin ceremonia, hasta
las espinas, del
exquisito dorado que
abundaba en la
mesa.
Alrededor, hacedores
del culto a las
bellas artes observaban
la escena bajo
un sol nítido,
con playas que
saludan regias a
la entrada de Miches,
El Seibo, República
Dominicana.
Mi vida cambió
ese día: por
fin aprendí a
degustar la gastronomía
del mar michero.
La sorpresa fue
doble. Aquel miembro
del jet set
de la literatura
dominicana resultó ser
cercano, conversador —como
todo buen cuentista—
y, sobre todo,
michero. Ese día
pasé, como se
dice en latín,
ex fabula, civis:
del personaje al
ciudadano.
En un país
donde menos del
20 % de los
hábitos lectores se
consolidan en la
niñez, la literatura
infantil no es
menor: es infraestructura
cultural.
Dicho simple para
el Fanfo de Miches,
escribir para la
niñez no es un
género menor. Es
una forma de país.
Conviene insistir: en
la República Dominicana,
menos del 35 % de
los niños consolida
hábitos lectores antes
de los 12 años.
La literatura infantil
no entretiene solamente:
estructura cognición, lenguaje
y ciudadanía.
Ese es el peso
real de cultivar
reconocer a figuras
insignes del país
que relatan con
sus hechos el
mundo mágico de
la lectura.
Nombrar una trayectoria
así y darse
el lujo de
conocer a un miembro
de la real academia
de la lengua
con más de
treinta obras publicadas
es un acto
de gratitud cultural.
Rafael Peralta Romero,
farol de la cultura
dominicana, referente y
honra viva de
nuestro Grupo Juvenil
de Literatura RPR
de Miches, para
nosotros premio nacional
de literatura.
A quien reconocemos
—desde Miches—
Como gloria viva
de la cultura
dominicana.
Porque, si no es
ahora, ¿cuándo?
Y si no es él,
¿quién?
TRES
Por las mañanas
al atestiguar el
alba, sopla sutil
un viento con
rumores de este
fecundo, una suerte
de amor cuya
ausencia pesa, como
una gotera en
el zinc que
techa una casa
caribeña de todos,
lastan como unas
botas apretadas a
usar, por ausencias
de unas nuevas.
Hay trabajo que
no puede esperar,
hay trabajo que
tenemos que hacer:
liberar de la cincha
las comunas rurales
de la isla
Kiskaya, matiz que
da, sostiene y
resiste.
CUATRO
Ayer me acordé
De las Meditaciones
de Marco Aurelio.
Recomiendo
encarecidamente
a los estoicos
uanabí, su
lectura.
Ayer tuve un
dilema, si contemplarte
extasiada, rumiar con
fantasías eróticas, clavar
sobre tu piel mis dientes
o cabalgar por tus picos,
tanto como Greta
habla del medio
ambiente.
Ayer jugué a
aprender del
humor borgiano
ya que con sonrisas
“se pué torea al destino”.
En fin, que, ayer
soñando, te encontré
hoy en la
Neue National Gallerie
viendo a Lygia Clark,
en Berlín.
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