El matrimonio, sin importar las razones que lo motiven, resulta placentero, inolvidable y, sobre todo, maravilloso, en tanto posibilita situaciones propicias para el intercambio de sueños, caricias, proyectos, ilusiones, deseos, quejidos, suspiros y placeres carnales.

Diríase, sin más, que la convivencia matrimonial es la apertura para pegar ombligos, saborear la saliva de cada beso cargado de pasión.

Consciente de ello, Mario Vargas Llosa se casaría, primeramente, con Julia Urquidi, su tía política.

Dicho matrimonio se realizaría en 1955.

Después de no pocas experiencias agradables y algunas fricciones insuperables, se divorciarían en 1964.

Un año después de tan dolorosa ruptura, volvería a casarse.

Lo haría nueva vez con Patricia Llosa, la cual, de suyo, sentiría gran pasión amorosa por él y se convertiría en su gran amor y sostén inspirador de su fructífera trayectoria literaria.

A pesar de la ardiente pasión entre ellos, la familia Llosa no vería con buenos ojos dicha relación.

En 1965, Vargas Llosa contraería nupcias con Patricia Llosa.

Durante el matrimonio procrearon tres hijos: Álvaro, Gonzalo y Morgana.

Dicha unión parecía eterna.

Sin embargo, decidieron el divorcio luego de no más de 50 años de relación matrimonial.

La separación irreconciliable ocurriría por la atracción química (a lo mejor instantánea) entre Vargas Llosa e Isabel Preysler (llamada "reina de corazones").

Ese vínculo amoroso duraría cerca de siete años y algo más.

Aunque se quisieron hasta lo indecible, no permanecieron como tal vez habrían querido: juntos para siempre.

No obstante, por las razones que fuesen, uno y otro, probablemente por diferencias de roles y falta de amor, se distanciarían definitivamente.

Alguien, cuyo nombre no recuerdo, habría dicho alguna vez que el amor, aunque fuese fuerte y profundo, rara vez perduraría para toda la vida.

En la brillante obra La felicidad conyugal, León Tolstói aconseja que lo más conveniente entre parejas que no se comprenden es el divorcio.

San Agustín no está de acuerdo con ello, ya que concibe el matrimonio como algo digno, sagrado, natural y sin afecciones.

El destacado filósofo escocés David Hume asumiría el divorcio como lo más razonable entre cónyuges decepcionados y desentendidos entre sí.

Ahora bien, como se ha de saber, la lógica funcional del matrimonio dependería, en gran medida, de la capacidad, lucidez y habilidad de los cónyuges para manejar situaciones conflictivas.

Cabría decir, pues, que el amor auténtico viene dado, principalmente, por las siguientes razones:

  • El respeto.
  • La sinceridad.
  • La renovación.
  • La buena comunicación.
  • La transparencia.
  • La tolerancia.
  • La libertad de ser.
  • El bien común.
  • La mesura.
  • La admiración.
  • El agrado oportuno.
  • Y el cumplimiento de obligaciones y deberes.

Vargas Llosa, gran conocedor de ello, se casaría y luego se divorciaría.

No obstante, seguiría leyendo y escribiendo literatura con inusitada pasión.

Por tanto, sería lícito decir, no sin razón, que contrajo matrimonio sin divorcio —de por vida— con la literatura.

Ella sería, al parecer, la mejor compañera de su vida.

Joseph Mendoza

Joseph Mendoza. Comunicador social y filósofo con postgrado en Educación Superior, obtenidos en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Magister en filosofía en un Mundo Global en la Universidad del País Vasco (UPU) y la UASD. Además, es profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Tiene varios libros, artículos y ensayos publicados y dictados conferencias en la Academia de Ciencias de la República Dominicana.

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