Hay personas con las que una conversación no termina cuando acaba la conversación; algunas palabras permanecen, algunas preguntas continúan trabajando dentro de nosotros y algunas presencias se vuelven más comprensibles con el paso del tiempo. Pienso en Johan Mijail (1990-2026) desde ese lugar: desde las conversaciones mantenidas, la lectura atenta de su obra y esa particular manera de convertir el cuerpo, la palabra y la experiencia encarnada en verdaderos territorios de pensamiento crítico. Su reciente partida física deja un vacío profundo y fecundo en la literatura, la performance y el pensamiento afrocaribeño contemporáneo. Sin embargo, ante el fallecimiento de figuras tan disruptivas, la crítica cultural y la intelectualidad comprometida se hallan ante un deber ético y epistémico imperativo: esquivar las trampas del homenaje protocolar, la edulcoración póstuma y los juicios superficiales para aproximarse a su figura con la altura teórica, el respeto conceptual y el rigor analítico que exige una praxis vital asentada en el antirracismo y la decolonialidad (Quijano, 2000).
Su nacimiento en Santo Domingo y crianza en el corazón cultural de la Sabana del Espiritu Santo en Villa Mella, Mijail escribió, hizo, arte de performance y gesto proyectos editoriales independientes. Su prolífica producción literaria que comprende obras fundamentales como Metaficción, Pordioseros del Caribe, Manifiesto Antirracista, Santo Domingo is Burning y Chapeo, culminó de manera magistral en su libro cúspide para mí: Ánima sola. (Mijail, 2025). En esta última obra, Mijal como siempre le decía, no se limitó a interrogar las estructuras hegemónicas de poder y saber, sino que fue mucho más lejos: creó sus propias categorías de análisis dentro de los procesos de investigación y postuló definiciones teóricas originales a partir de sus líneas de investigación. Desde este rigor analítico, asumió la etnoeducación no como un mero contenido curricular, sino como un campo pedagógico emancipatorio y transformador donde el cuerpo se reconfigura en territorio, archivo e inscripción de la memoria histórica viva encontrándose y desencontrándose desde su territorio caribeño.
Esta densa arquitectura intelectual y vital trasciende el mérito académico convencional para inscribirse en la categoría de «seres mayores», una distinción ontológica otorgada en el Caribe popular por la profundidad de los conocimientos encarnados, la coherencia inquebrantable de la praxis y la dignidad del linaje ancestral. Tal jerarquía fue solemnemente ratificada cuando su padre, al tomar la palabra durante las honras fúnebres el pasado miércoles, estableció públicamente la altura intelectual, humana y espiritual de su estirpe. La cosmovisión de Mijail estuvo indisolublemente entrelazada con los sistemas de creencias y prácticas religiosas de matriz africana, una herencia espiritual transmitida por sus ancestras villamelleras en este caso su abuela. Al situar las figuras del panteón afrocaribeño la metresa, el altar, el tambor y la alegoría del Ánima Sola en el centro de su reflexión y categoría analítica, desbordando la dimensión devocional o el folclorismo pintoresco para erigirlas en claves hermenéuticas e instrumentales de análisis sobre los márgenes, la permanencia y la capacidad insobornable de interpelar a los centros dominantes de poder, como fue su praxis.
Su labor al frente de Catinga Ediciones plataforma dedicada a la circulación de escrituras negras, afrodescendientes y disidentes y su proyección en escenarios internacionales de Alemania, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Estados Unidos, Uruguay y España (donde gana de la Beca Migrante del Museo Nacional de Bellas Artes de Chile y la Beca Catalizadora de TEOR/éTica en Costa Rica) demostraron que su investigación situada era, en sí misma, una pedagogía de la resistencia estética, existencial pero sobre todo política.
En el plano metodológico si analizamos su la propuesta la misma trasciende las fronteras disciplinares rígidas al estructurar una perspectiva decolonial refinada donde la vivencia encarnada dialoga horizontalmente con las epistemologías del Sur (Lugones, 2007; Santos, 2009). Su categoría del «sentir estando» desarticula la distancia objetivante y eurocéntrica del positivismo académico, devolviendo al sujeto popular, travesti y afrodescendiente su densidad histórica y su soberanía discursiva.
La investigación etnográfica y poética que atraviesa su obra visibiliza de manera incansable la herencia afroatlántica de la Sabana del Espíritu Santo, territorio originario que Mijail proyectó al escenario global a través de sus escribanías, discursos y performances en sus andares por el mundo. Este cuidado teórico nos permite abordar su vida sin caer en terminologías descompuestas ni reduccionismos simplistas, reconociendo la validez científica y el alcance conceptual de un proyecto etnocultural que colocó su experiencia de vida, la marginalidad urbana y la herencia cimarrona en el núcleo mismo del debate académico y artístico del Caribe contemporáneo.
La permanente interpelación desde el borde y la reescritura del canon
Comprender la dimensión cimarrona e irreverente de Johan Mijail exige observar la manera en que intervino el canon de la literatura dominicana contemporánea y le doy categoría de anticanon. Un ejemplo magistral de lo que yo llamo como pedagogía de la incomodidad, ocurre en su libro Pordioseros del Caribe (Editorial Desbordes, 2014) con el texto «Una de las «Postales» mentía». En esta pieza, Mijail toma como referencia directa el célebre poema «La Marilyn Monroe de Santo Domingo», escrito por nuestro querido escritor Frank Báez y publicado en el libro Postales (Ediciones De a Poco, 2009). Lejos de la contemplación pasiva, Mijail realiza un ejercicio lúdico de reescritura, apropiación y confrontación epistémica: desarticulando la mirada del poeta para reclamar la voz, el cuerpo y la vivencia real de esa Marilyn Monroe dominicana, convirtiéndola en una experiencia encarnada, convulsa y soberana, por eso refiere en la obra:
«Soy aclamada, deseada, venerada. Salgo en la prensa, salgo al escenario con ropa nueva, siempre. Me idolatran, glorifican mis poemas, me publican libros. Conocí a un moreno y me chivatio. Me apresaron y me deportaron. Soy la auténtica Marilyn Monroe de Santo Domingo. Soy la auténtica Marilyn Monroe de Santo Domingo. Soy la auténtica Marilyn Monroe de Santo Domingo. Y entonces Frank, ¿qué se va a hacer?»
Con este gesto, Mijail demuestra que la reescritura no es un simple divertimento formal, sino una estrategia política de cimarronaje discursivo donde el margen le exige cuentas al centro, cuestionando la ficción poética masculina para colocar en su lugar la verdad dura, dolorosa y gozosa de la vida travesti urbana de la isla.
Ahora que ya no está físicamente, el mayor peligro radica en domesticar su memoria: convertir la incomodidad en un homenaje protocolar o reducir una obra compleja a una etiqueta inofensiva. La mejor manera de honrar a alguien que hizo del cuerpo un archivo y una cartografía viva y del margen un territorio de creación es mantener abiertas las preguntas que formuló: ¿Qué cuerpos consideramos legítimos para producir conocimiento? ¿Quién decide qué escrituras entran al canon? ¿Podemos pensar el Caribe a partir de sus propias categorías simbólicas y ancestrales?
El cierre del ciclo terrenal de Johan Mijail estuvo impregnado por esa misma mística sagrada y comunitaria que alimentó su creación. Tras la conmovedora resonancia de los atabales, el toque solemne de los congos de Villa Mella y la elevación de los cantos de salve que retumbaron como homenaje a su estirpe, me sentí profundamente motivado a romper la pausada compostura del duelo y pronunciar unas palabras de despedida en su honor en el funeral.
En ese instante de colectiva trascendencia, expresé que Mijail no había sucumbido a la muerte, sino que iniciaba su vuelo sagrado al encuentro con Kalunga, la divinidad tutelar de la vida, los ancestros y las profundidades marinas en la cosmovisión de matriz africana practicada en la Sabana del Espíritu Santo y en la que el creyó. Su tránsito físico sella la trayectoria de estos seres especiales que llegan a este plano a cumplir un propósito y convierten su existencia en una lección de dignidad e irreverencia, legándonos un marco epistemológico propio e imprescindible para continuar pensando este Caribe desde las entrañas de sus memorias ancestrales. Buen retorno al encuentro con Kalunga a la de los rituales, la incomprendida, la que prende velas a los santos, la cimarrona, la del tigueraje, la irreverente y libre. Hasta la próxima semana
Referencias
Báez, F. (2009). Postales. Ediciones De a Poco.
Lugones, M. (2007). Heterosexualism and the Colonial / Modern Gender System. Hypatia, 22(1), 186–209.
Mijail, J. (2014). Pordioseros del Caribe. Editorial Desbordes. («Una de las «Postales» mentía»).
Mijail, J. (2025). ánima sola. Apuntes para una epistemología travesti del sentir estando. Catinga Ediciones.
Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En E. Lander (Ed.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales (pp. 201-246). CLACSO.
Santos, B. de S. (2009). Una epistemología del Sur: la reinvención del conocimiento y la emancipación social. Siglo XXI / CLACSO.
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