Reflexiones

VLA.

En un escrito anterior sobre los ecos del inconsciente, expresamos que se podrían definir como “las imágenes, representaciones, símbolos y códigos, producidos por el inconsciente, que pueden ser articulados con el dominio de los fundamentos del arte, de la síntesis o elasticidad del pensamiento consciente”. En una reciente reflexión expusimos que “desde nosotros se esparcen los ecos como seres en plena dispersión, que se enlazan, rebotan y retumban en la memoria, en los vacíos insondables de la acción universal”. También, que: “la creación artística es la suma de los ecos del lenguaje”. Lo que se rezuma de los ecos del inconsciente son los ecos del lenguaje, y lo que se rezuma de los ecos del lenguaje es lo poético o artístico, conceptos que desarrollaremos más adelante.

Decíamos también que la expresión metafórica ecos del lenguaje alude a “aquellas voces constituidas en todo el espectro mental de la naturaleza”. Es la unión de manifestaciones, representaciones, códigos y símbolos, que generan un contenido cohesionado, coherente y terminado con cualidades de significación en un momento dado.

Todos los seres, animados e inanimados de la naturaleza, poseen sus propios lenguajes y sus formas de expresión, representación, conexión y, en muchos casos, de comunicación. (Estas conceptualizaciones siguen en plena evolución).

La creación artística más allá de los ecos del lenguaje

Lenguajes artísticos y el ser

Los lenguajes literarios tienen sus propios ecos. Veamos estos ejemplos: Consciente, cuando se escribe o habla en estado de vigilia; inconsciente, cuando se “compone” un texto en estado de sueño lúcido. Se tienen referencias de autores que elaboraron textos mientras dormían y luego, conscientemente, los escribían como lo hicieron en su experiencia onírica de lo inconsciente. Recordar que las experiencias oníricas se dan tanto en lo consciente como en lo inconsciente, pero en este texto no profundizaremos sobre la producción poética desde los sueños lúcidos u otros estados de la mente porque ameritan análisis más especializados.

¿Cuándo los lenguajes son artísticos o poéticos? El lenguaje consciente se alimenta del inconsciente en su articulación, condiciona estados poéticos en la contemplación del ser, en sus propios e insondables vacíos, en su comprensión, su consumación y recursividad. Aquí debe reflexionarse si el estado poético se produce a partir del sujeto o del propio lenguaje. Me inclino a pensar que el lenguaje poético en gran medida lo determina el sujeto, lo mismo que el orden y el caos, aunque estos conceptos son debatibles entre expertos. Hay algunas personas que experimentan el estado poético, sin importar el tipo de lenguaje. Otros perciben el orden donde hay caos o caos donde hay orden. En los individuos humanos, el estado poético es una construcción expresiva a partir de las experiencias, lejanas (huellas genéticas) y actuales, rescatadas desde nuestros propios vacíos o plenitudes, tal vez.

La rezumación a lo poético literario

Quizá sintetizaríamos lo poético literario como la rezumación de las experiencias humanas —lejanas y cercanas— del lenguaje y de la naturaleza, mediante el uso consciente e inconsciente de las palabras, colores, sonidos…, donde pueden brotar la esencia y la verdad de las cosas. De ahí la frase que reza “En un verso cabe el universo” y “Una imagen dice más que mil palabras”.

Si es rezumación, ¿cómo lo rezuma el creador y cuándo lo que hace es arte? Ya entramos en conceptos más complejos. Lo poético es como el “sudor” del lenguaje, que se convierte en rayo. El sujeto creador expele sus furores después de una fusión con el lenguaje. Se convierte en un ser esencialmente lingüístico, todo lenguaje.

Como se aprecia, esta versión es figurada. Atribuye propiedades materialistas a la creación poética: lo del rayo —que de por sí es un fenómeno material y natural— y lo lingüístico, que es considerado materialista (inseparable de las condiciones materiales de existencia) por su naturaleza y función según la perspectiva o disciplina académica con que se trate. Aquí se enfoca en la materialidad física, como si apartara las interpretaciones puramente idealistas o espirituales. Sin embargo, lo metafórico de la comparación lo vincula con cierto idealismo filosófico, porque por medio de palabras se puede moldear o crear realidades extralingüísticas.

Materialidad e idealismo

En el Movimiento Literario Efluvismo, analizamos los llamados “efluvios” a partir de su conceptualización originaria como un fenómeno existente en una dimensión espiritual, inmaterial. Pero no se descarta si el fenómeno posee una estructura material o en transición a la materia. Se concibe como “un rayo que desde el todo (conciencia universal) desprende sus furores”. Analizado desde la neuroteología. ¿Qué permite los cambios en las ondas cerebrales, la disminución de la actividad del lóbulo cerebral mientras se reza o medita? ¿Será que lo espiritual, siendo considerado como fenómeno de la existencia humana, funciona como si fuera algo material? Los fenómenos abstractos, mediante el uso de la metáfora, los traducimos en fenómenos materiales; se les da cuerpo, dentro de las ansias en la búsqueda de sentido que posee el individuo humano. Esa búsqueda de sentido impulsa lo espiritual.

Rescate de conceptos

Rescatamos los “ecos del inconsciente” que son articulados como lenguaje en lo consciente. Jacques Lacan aseguraba que el inconsciente está estructurado como lenguaje, operando mediante significantes: símbolos, imágenes, palabras…, “los cuales siguen reglas combinatorias automáticas”. (La frase entre comillas es mía). Ahí está la clave, en la palabra que resulta automática (o quizá algorítmica), en la dinámica más profunda de la mente. Ese lenguaje resultaría artístico o poético si brota de la llamada mente vacía, producto, no de un trance inspiracional o mente en blanco, sino de una eclosión de la materia inexplorada del todo universal. Nos referimos al lenguaje como producto de la comprensión de la mente en sí misma, despojada de toda la experiencia en la huella genética, anclada en el pasado, y los episodios del futuro, creados por la imaginación. Es aquella experiencia intemporal, autoconociéndose y autoevolucionando, desprendiéndose de sí misma para volverse a congregar en la perturbación de un presente, después de sus propios estallidos.

La creación artística más allá de los ecos del lenguaje

¿De dónde vienen las palabras?

Crear no es recrear. Se crea en lo muerto, en las “cenizas de la mente o de la nada”. En ese sentido, la generalidad de los literatos, pintores, músicos, escultores y artistas en sentido general se desliza en una simple recreación, en una mimesis como fin esencial del arte. Quizá ese pensamiento griego, en gran medida, interpreta la esencia creativa humana que ha perdurado y se ha hecho arquetipo. Posiblemente habría hecho falta una rebelión contra esa manera de pensar. Aunque bastó para construir y reconstruir esencias artísticas, no es menos cierto que el artista humano está limitado por su lenguaje, pendiente de explorar los grandes vacíos de la mente, las zonas infinitamente inalcanzadas por la escasa reflexión del lenguaje del lenguaje, o sea, de hacer uso de un metalenguaje. Entonces, formularé esta pregunta de nuevo, para ampliar la respuesta: ¿De dónde nos vienen las palabras? Vienen de los ecos del lenguaje, que a su vez vienen de los ecos del inconsciente y del consciente, los cuales son estados de la mente en plena fusión, integrados y superpuestos a la vez, que producen lo nuevo. Lo poético, esencial o verdadero debería proceder de la individuación, que fusiona la conciencia personal y social. Surgiría apartando lastres, abrojos, códigos, símbolos y palabras, recuerdos, episodios y traumas, que peregrinan en el cosmos de la mente. Estos impiden ver con claridad el cristal diamantino del ser.

Límites de la creación artística

¿Dónde está el límite de la creación artística? Está en el lenguaje, en el inconsciente automático y en el consciente reflexivo, en el yo articulado. Si no hubiera límites para el lenguaje artístico, este no podría ser superado en una mente en constante reflexión, concentración, desprendimiento y comprensión de sí misma.

Quizá la construcción artística desde el inconsciente automático, al ser reflejada en el llamado consciente reflexivo (que son capas de la mente), se desarticule en su propio lenguaje; ya sea por el nivel del dominio de la lengua, la actividad cerebral o por el rastro de las experiencias humanas, los miedos, temores, sentimientos y emociones que influyen en el pensamiento consciente.

Los artistas de las palabras, los colores, los sonidos y otras manifestaciones deben despojarse de los agregados psicológicos, de los símbolos, códigos y significados, como bien lo trató Jiddu Krishnamurti en su texto El estado creativo de la mente (1961), y hacer que la mente no solo se contemple, sino que se comprenda a sí misma, como ya habíamos referido.

Los ecos del lenguaje poético

Los ecos del lenguaje poético son diferentes a los ecos solo del lenguaje, que son símbolos, imágenes, códigos y significados adquiridos por la interacción humana desde el estado primigenio. Los del lenguaje poético van más allá de las palabras y los sonidos, de lo estable y la vibración. Es anterior y posterior a las palabras; es un sentimiento de inasible belleza; es la belleza hecha sentimiento. Es recursividad, fractalidad, estado de pureza que se repite en un pálpito intemporal, captado por el consciente. Lo resultante es un acto creativo, un fulgor de la esencia, del ser que ha creado conciencia de sí mismo. Es un rayo del estado poético, es el arte en su manifestación prístina.

En literatura, las palabras son ropajes de lo poético, trajes que a veces el sujeto creador confecciona grandes o chicos, con retazos descritos de ideologías, creencias y memorias; una exhibición del yo, formado por grandes pasiones, deseos y espíritu de trascendencia.

En el acto creativo, el sujeto creador, imbuido en un lenguaje, se fusiona y crea un lenguaje nuevo, capaz de estremecer, conmover y revolucionar sus propios estados poéticos y los de los lectores. ¿Sería ese un lenguaje de la verdad, de Dios o de la esencia? Este lenguaje también puede ser estremecido por sus propios límites. Quizá el lector pudo haber pensado en la existencia de una consagración entre el sujeto creador y el lenguaje poético al descubrir “la verdad”. ¿Por ese camino se conduciría a una especie de divinidad y consigo a lo eterno? Si se aplica una reflexión filosófica de la estética, quizá nos encontraríamos en las fronteras del miedo y el terror, por recordarnos nuestra propia mortalidad. De ahí entonces que auscultar la verdad o lo divino siempre sería un propósito idealista, una acción potencial de la conciencia. Quizá otros pensarían que se estaría en la plenitud consagrada de la conciencia cósmica, en el espacio-tiempo, reintegrado al todo y su infinitud omnisapiente.

No desconocemos que la idea anterior esté sujeta a sus propias limitaciones porque la unidad sujeto creador y lenguaje parte de una reflexión donde prima el idealismo lingüístico. Entra en el marco de una conciencia idealista. Recordemos que a partir de finales del siglo XX es que realmente eclosionan en el pensamiento humano las múltiples conceptualizaciones de la conciencia, habiendo cientos de concepciones, que van desde perspectivas idealistas y materialistas, entre las que se encuentran la cuántica, lingüística, primacía de la mente, conciencia creadora, entre otras.

La creación artística más allá de los ecos del lenguaje

Ampliando el tema

Pensaríamos que es divino el lenguaje, el logos; que es “maravilla de la creación”, un concepto fundamental de la filosofía griega; que se traduce en inteligencia divina, orden cósmico o el todo universal… Esa fusión entre el sujeto creador y el lenguaje poético traería consigo una especie de “peligro de lo estético”. El acto contemplativo se traduciría en uno concéntrico y se perdería la capacidad de auscultar el todo, acceder a la conciencia plena de las cosas en relación unas con otras, en armonía, en los mares calmados y cerúleos del ser.

En el lenguaje de humanos, lo poético lo condiciona el individuo que lo percibe y lo crea. Para ello debe despojarse de todo, de los abrojos que cubren la vida, de la estructura mental que moldea los arquetipos estructurados con y desde la conciencia y el imaginario colectivo. Desde la mente vacía, no desde la mente en blanco, se producirá la agitación del ser expresando su áureo florecer. Allí quizá, el sujeto creador con el lenguaje haría brotar lo poético y la belleza perdería la condición de “zona de peligro estético”.

Publicación para Acento No. 176

Domingo 8 de febrero de 2026

Virgilio López Azuán

Escritor y académico

Virgilio López Azuán es escritor y académico, exrector de la Universidad Tecnológica del Sur –UTESUR- y ex director general de Educación -MINERD-. Ha cursado maestrías y especialidades en Educación, Lingüística, Estudios Afroiberomericanos y Participación Comunitaria. López Azuán es fundador del Movimiento Literario Efluvismo y ha obtenido diversos premios nacionales de literatura en los géneros, cuento, poesía y teatro. Ha publicado una veintena de libros entre los que se destacan: La pretendida de Verapaz (Novela), Sumer: Poética de los números, Paraísos de la nada, Incendios del Agua, Paraísos de la imagen, Unicornio, Ladran los Huesos, Cuando la mar bota peces, entre otros.

Ver más