La narrativa breve dominicana ha sido un espacio privilegiado para representar la vida rural, las tensiones sociales y las tradiciones culturales del país. Desde los cuentos de Juan Bosch, los de Ángel Hernández Acosta y Sócrates Nolasco hasta la obra de Ramón Marrero Aristy entre otros autores contemporáneos, el cuento, el relato y la novela ha servido como un medio para explorar la experiencia humana dentro del contexto sociocultural dominicano.
En esta tradición literaria se inscriben y desandan los relatos del libro Lomas y llanos cuentos y ayeres de siempre del escritor dominicano Iván Morla, la obra reúne relatos donde la memoria es recogida con la gracia y sutileza de una pluma experimentada y de un autor conocedor de las temáticas tratadas. Aquí la observación social, la reflexión moral y ética se entrelazan para construir una narrativa que combina la evocación autobiográfica con el retrato cultural como un soporte para dejar de manera sutil lecciones educativas, mismas que van permeando la vida de cada uno de sus escritos. Morla, deja con sutileza al lector una mirada al pasado sin que este deje de lado el presente visto en las mismas moralejas que inserta como punto nodal de recreación espiritual.
Entre los textos más representativos del libro se encuentran los relatos Amoríos, Cegueras y Apuntes de ayeres, los cuales abordan diferentes dimensiones de la experiencia y convivencia humana tal es la seducción, la vanidad, la envidia, la frustración social y la memoria de las tradiciones pueblerinas.

Por eso, me lanzó al agua turbulento de estos relatos con el propósito de ver si podemos examinar sus estrategias narrativas, su dimensión simbólica y su relación con la cultura rural dominicana o me ahogo en el intento.
Buscaremos poder demostrar que la narrativa de Iván Morla constituye una forma de representación literaria donde la vida cotidiana se convierte en un espacio de reflexión moral y cultural.
En ellos podemos ver dese ya el asomo de vanidad e imponencia masculina en el relato Amoríos, este relato introduce al leyente en un universo rural donde la identidad masculina se construye a partir de los estándares tradicionales de la apariencia física, la reputación y el reconocimiento social, sin dudas una descripción del machismo dominicano.
Nos presenta el autor al protagonista Antonio como un hombre que se percibe a sí mismo como el más atractivo del paraje o la comarca, veamos: Antonio se creía el hombre más atractivo del paraje y a decir del relato condiciones para ello tenía Morla, págs. 31-32.
Esta afirmación inicial introduce uno de los elementos centrales del relato como lo es la distancia entre la autopercepción del personaje y la realidad que lo rodea, vemos como aquí, el narrador adopta un tono si se quiere cuestionador cuando sugiere que la seguridad del protagonista está sustentada más en la vanidad que en una verdadera conciencia de sí mismo.
La descripción física del personaje —cuerpo fornido, mirada seductora y hablar pausado — contribuye a construir una imagen de masculinidad que responde a ciertos modelos culturales presentes en el mundo rural y citadino dominicano y de cualquier país del área.
Sin embargo, el relato sugiere que esta masculinidad se encuentra atravesada por la fragilidad emocional y por la necesidad constante de reconocimiento del don Juan o hombre mujeriego quien en mucha de las veces es padre irresponsable en nuestras cotidianidades. El escritor tras el aporte de matices psicológicos perfila una descripción homogénea de los falsos valores que se nos han vendido o inculcados a través de los medios persuasivos de la sociedad.
Desde el punto de vista literario, el relato explora el tema del deseo y la seducción, pero lo hace desde una perspectiva crítica que revela las limitaciones de una identidad construida únicamente sobre la apariencia del querer ser y es que la figura de Antonio representa en sí un tipo de personaje que vive atrapado en la burbuja ilusoria de su propia imagen.

Este tipo de construcción narrativa recuerda la tradición del cuento psicológico latinoamericano, donde el narrador examina las contradicciones internas de los personajes y revela las tensiones entre su identidad pública y su vida interior, aunque es un texto homenaje alojado en un curtido de recuerdos que dentro de todo el andamiaje también denuncia la infidelidad y la desgracia a que nos expone el machismo arraigado en nuestras sociedades tal y como podemos verlo en estas líneas: Cosa extraña, en tres meses, él siempre tuvo que esperar a Margó, pero, hoy ella le esperaba.
Como podemos ver, el autor en el fondo lo que busca es denunciar de manera sucinta el armazón fundente del machismo, cardo de cultivo de muchas desgracias en las sociedades nuestras, nos muestra como esos hilos arraigados que los sostienen y lo cosen desde el altar memorial de las propias mujeres en una sociedad que para la época era poco liberal.
Sobre el personaje Antonio, no importa si existió o no, si el lector recuerda de su entorno en la comunidad de Lena a Panchito Silveria o en Yuma yo recuerdo a mi abuelo paterno Juanico Paniagua, ya el autor tiene logrado su cometido.
En otro de sus relatos se puede olfatear la envidia y autodestrucción espiritual desde el diván de la frustración mostrado en el relato Cegueras, el cuan es un relato corto pero contundente que, si bien en el relato Amoríos aborda el tema de la vanidad masculina y el machismo, entre otros vicios sociales, en el relato Cegueras se centra en la figura de Facunda, un personaje dominado por la insatisfacción y el resentimiento social, un ser de amargo vivir, digamos que enferma en desequilibrios emocionales y espirituales.
Desde el inicio del relato, I. Morla como narrador define la condición espiritual de la protagonista, realiza de ella un mapa psicológico en el que el leyente sin dudas se aproxima a desentrañar el ser atrapado en un mundo interno de emociones reprimidas, el rencor a la otredad, la envidia, los celos enfermizos hacia el humano que le rodea.
Es que, en su submundo, Facunda se levantó en el medio social con todos los bríos de sus pobrezas espirituales…tal y como lo dice el autor en esta frase: corazón resentido, juicio ligero y contienda. Morla, Pág. 37.
La expresión pobrezas espirituales constituye una clave interpretativa del relato con tintes psicológicos, describe a un Ser que peca en penas su vivir y es que la protagonista no está definida por la carencia material, sino por una actitud existencial marcada por la comparación constante con los demás, en otros palabras Facunda para el autor es un espejo donde con tintura y brocha gorda va dando trazos de seres que han vivido, viven y vivirán en lo que muchas tratadistas de la conductas denominan daño atribuidos a la energía negativa.
Uno de los símbolos más importantes del relato es el vestido blanco de Amelia, una joven que vive en la casa más próspera del pueblo, en el cual nos dice el autor que Facunda… Siempre quiso con enojos el vestido blanco de lino que cubría el cuerpo de Amelia. Morla, pág. 37.
Pero OJO que no es solo a Facunda que el autor denuncia o describe…cuidado que, son muchos de los leyentes que el autor lo desvela en ese interior gris que solo de cuando en vez le deja a muchos poder vivir, si es que se puede usar la expresión…vivir, porque, ¿cuántos como Facunda?… en estas sociedades, no necesitan cirugías psíquicas para extraer esos daños emocionales y espirituales que nos habitan.
Por lo que la vestimenta causa de la envidia, tan solo representa el objeto de deseo que alimenta la frustración de Facunda, sin embargo, el narrador deja claro que el problema del personaje no radica en la desigualdad social, sino en su incapacidad para asumir su propia realidad, es la denuncia de como muchos se han quedado enanos espirituales, de cómo, millones de seres humanos no han superado limitaciones materiales o colapsos psicológicos y aunque le vemos andando son locos o locas con certificaciones médicas.
La protagonista prefiere atribuir sus fracasos a su pasado y a sus antepasados antes que reconocer su responsabilidad personal, esta actitud conduce a un estado de alienación interior que culmina en el desenlace simbólico del relato cuando nos dice: Facunda quiso sacudir al sol sus resacas…estaba sola y muerta por dentro. Morla, pág. 38.
La frase final sugiere una muerte espiritual, un suicidio psicológico resultado de vivir nadando en el mar de la envidia y el resentimiento. En este sentido, el relato puede interpretarse como una parábola moral y ética que advierte sobre las consecuencias de vivir desde un querer ser, sin poder ser y desde un rencor huidizo y desandante en sus entrañas.
Pero este autor, sigue sorprendiendo en torno a la memoria cultural y recogimiento de tradición que se leen en Apuntes de ayeres, este relato adopta una estructura distinta a los anteriores. En lugar de centrarse en un personaje específico, el narrador construye y reconstruye una serie de recuerdos vinculados a su infancia en el Higüey que lo vio nacer durante la década de 1960 del siglo pasado.
El texto funciona como una crónica literaria donde se registran diversas prácticas culturales de la vida rural dominicana, entre ellas, se encuentran los rituales y cávalas asociados al ceremonial de los entierros o la muerte de un ciudadano y nos dice al respecto: Al pasar un entierro, si en una casa había un enfermo en lecho, se le ayudaba a levantarse de la cama. Morla, pág. 45.
Este tipo de costumbres revela una relación profundamente ritualizada con la muerte, donde la comunidad reconoce el tránsito del difunto mediante gestos de respeto y solidaridad… pero también, describe como el imaginario colectivo tenía pendiente que esto había que hacerlo para que la muerte no se quede o se devuelva por el enfermo en lecho de muerte.
El relato también recoge creencias populares relacionadas con el nacimiento, como la práctica de dar tres vueltas a la casa para facilitar el parto, así como diversas expresiones de religiosidad y el sincretismo popular dominicano bien impregnado en los campos dominicanos para la época.
Estas prácticas se encuentran vinculadas con la devoción religiosa que caracteriza a nuestros pequeños pueblos y en el caso de Sanvaleón de Higüey que es la ciudad donde está la Basílica Nuestra Señora de la Altagracia, uno de los principales centros de peregrinación del país, todos estos mitos y creencias pululan en sus habitantes.
Se puede ver que más allá de la descripción de costumbres, el texto resalta el valor de la solidaridad comunitaria en el ambiente campesino, el narrador recuerda que los vecinos organizaban juntas o combites para arreglar caminos, hacer la sembrar y cosecha, fortaleciendo así los vínculos sociales a través de cofradías que aún hoy muchas de ellas perduran en el espacio y el tiempo.
Esta forma de cooperación refleja un modelo de convivencia basado en el trabajo colectivo y la reciprocidad, elementos que el narrador identifica como parte de una experiencia de buen vivir y un exaltamiento de la otredad… y por supuesto recoge como memoria la tradición traída y dejadas aquí por nuestros ancestros como parte de una tradición costumbrista y memoria ruralista.
Si vemos los tres relatos analizados estos comparten una característica fundamental que está dada en la representación del universo rural dominicano como un espacio donde la vida cotidiana adquiere significado literario. En esta perspectiva se relaciona con la tradición del Costumbrismo, corriente literaria que busca retratar las prácticas sociales y culturales de una comunidad o sociedad.
En la literatura dominicana, este enfoque ha sido desarrollado en sus cuentos por autores como Juan Bosch y Sócrates Nolasco (para solo mencionar dos entre otros tantos) cuyos cuentos rurales exploran las tensiones sociales y morales del campo nuestro.
En el caso de Iván Morla, el costumbrismo se combina con una dimensión reflexiva que convierte los relatos en espacios de interpretación moral y ética, sí, a través de ellos va dejando sedimentos educativos, tanto en lo personal como en lo colectivo. Los personajes y las escenas narradas no solo representan la vida rural, sino que también invitan al lector a reflexionar sobre las actitudes humanas y los valores comunitarios ya hoy en extinción en la interacción societaria.
Por lo que, estos relatos escogidos Amoríos, Cegueras y Apuntes de ayeres para darle una mirada al narrar de este autor, muestran diferentes facetas de la narrativa breve de Iván Morla y es que, a través de sus personajes y recuerdos vinculados al vivir rural dominicano, el autor explora temas como la vanidad, la envidia, el rencor, la recuperación memórica y la solidaridad pueblerina.
Estos textos demuestran que la literatura puede funcionar simultáneamente como expresión estética, reflexión sobre el ser y registros culturales que permiten adentrarse en la vida cotidiana del campo dominicano, el autor contribuye a preservar por medio de sus escritos una memoria colectiva que formó parte esencial de la identidad nacional y podríamos decir de la que ya queda muy poco a no ser en este rescate hecho desde la literatura de Iván y otros escritores nacionales.
En este sentido, el libro Lomas y llanos cuentos y ayeres de siempre se inscribe dentro de una tradición narrativa que reconoce el valor literario de las experiencias cotidianas y de las prácticas culturales que han definido la vida rural dominicana.
En la narrativa folclórica, de recuerdos y memorias del Higüey de ayer que todos los Altagracianos vivimos, unos más que otros, deja ver un Iván Morla el poeta que vive en él, tanto, que aunque lo vemos más revelado como narrador, en sus textos, él, el autor no puede ocultar en la buena fluidez del contar, el arremolinamiento de recuerdos que provoca en cada relato el don presente de la poética morleriana…miremos esta perla del relato La Meretriz … Martina lava en el río las sábanas del burdel. Sacarle el sucio es como darle golpes a la vida. Pág. -18.
O cuando nos dice: Eligió un rincón de la última hilera de asientos para mirar la vida que pasa desde una ventana, esto en el relato El Autobús, pág. 33.
Y qué decir del relato los Colores del Barrio, bueno. Solo diré…ahora tú Iván Morla sabes con el nabo que pagaba Fulana.
Bibliografía consultada
Iván, M. 2025. Lomas y llanos (cuentos y ayeres de siempre). Tiempo de Nosotros Editores. República Dominicana.
Bosch, J. 2009. Cuentos escritos antes del exilio. Comisión Nacional Centenario J. Bosch. Santo Domingo.
Mir, P. 2023. Tres leyendas de colores. Ediciones Alcoiris. Santo Domingo.
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