Toda conversación con un artista posee un momento en que deja de hablar del oficio para comenzar a revelar una manera de comprender la existencia. 

Con Inés Tolentino ese instante llegó cuando la conversación abandonó la biografía y entró en el territorio donde nacen realmente sus pinturas. 

Hasta ese momento habíamos recorrido la infancia, los años de formación, Bellas Artes, la Sorbona y el nacimiento de una vocación. 

Ahora aparecía la artista. 

Y, detrás de ella, una mujer que ha dedicado décadas a preguntarse cómo la memoria construye la identidad y cómo el arte puede transformar una experiencia íntima en un lenguaje capaz de hablarnos a todos. 

Comprendí entonces que su pintura no busca ilustrar una realidad. 

Busca descubrir lo que permanece oculto bajo ella. 

La memoria como patria 

El hijo. 2023.

Le pregunté de dónde nacen los temas que atraviesan toda su obra. 

Su respuesta comenzó con una confesión inesperada. 

"He pensado varias veces que mi padre, siendo neurólogo, influyó de una manera muy sutil en mi trabajo, en particular en lo que concierne a la memoria, sus mecanismos y la asociación de ideas." 

Hace una pausa. 

Y continúa. 

"Mi exilio de oro en Francia me aferró a mi cultura de origen. Cuentos, historias del campo, personas y personajes del encuentro de mundos, las expresiones de la religiosidad popular, la tradición y su almanaque… También la historia propia de la isla: la erradicación de un pueblo, la colonización, las independencias, las ocupaciones… Todo surgía como una reivindicación. La reivindicación de pertenecer a un lugar." 

Mientras la escuchaba comprendí que para Inés el exilio nunca significó una ruptura. 

Fue exactamente lo contrario. 

La distancia convirtió la memoria en una forma de regreso. 

Pintar terminó siendo otra manera de volver al país. 

No geográficamente. 

Espiritualmente. 

De lo íntimo a lo universal 

Con el paso de los años, nuevos temas fueron entrando en su pintura. 

Le pedí que describiera esa evolución. 

Respondió con la serenidad de quien ha visto crecer su propio lenguaje. 

"Con el tiempo, temas más íntimos se sumaron: el amor, el desamor, el miedo, el desarraigo, la devoción, la infancia, la violencia, la mujer… Un lenguaje personal se fue edificando; un lenguaje que deseaba pasar de lo personal a lo colectivo, de lo íntimo a lo universal." 

Esa frase resume toda una poética. 

Porque la gran obra de arte nunca permanece encerrada en la experiencia individual del artista. 

Comienza allí. 

Pero termina hablándonos a todos. 

Quizá por eso los cuadros de Inés nunca parecen ilustraciones de una historia privada. 

Cada uno invita al espectador a reconocer también sus propias memorias. 

Cuando los objetos comienzan a hablar 

Monte adentro. 2021.

Uno de los rasgos más originales de su pintura es la utilización de objetos cotidianos convertidos en símbolos. 

Quise saber cómo nace ese proceso. 

Su explicación revela una extraordinaria lucidez. 

"Varias corrientes artísticas me lo permitieron, dando un valor simbólico al objeto más anodino; el Pop Art, donde el objeto cristaliza los anhelos de una sociedad de consumo; el Arte Conceptual, donde la yuxtaposición de elementos disímiles revela un discurso." 

Y añade un ejemplo conmovedor. 

"Cuando comienzo a tratar el tema de la violencia hacia la mujer escojo elementos asociados a lo femenino: hilos, encajes, bordados; pero con ellos represento armas, heridas, animales, sangre." 

Confieso que esa respuesta permaneció largo tiempo en mi memoria. 

Porque demuestra que el arte no necesita recurrir al grito para denunciar. 

A veces basta un hilo. 

Un bordado. 

Un objeto cotidiano. 

Para revelar una herida colectiva. 

La belleza también tiene espinas 

No me desampares. 2025.

Hay una frase de Inés Tolentino que considero una de las más luminosas de toda nuestra conversación. 

Le pregunté qué significa para ella la belleza. 

Respondió con una claridad admirable. 

"Yo le digo a mis estudiantes: una cosa es lo bonito y otra la belleza." 

Y desarrolla esa idea. 

"En la belleza hay algo extraño, casi enigmático. Y, si bien puede ser relativa, puede imponerse como una verdad. La belleza es el primer paso hacia la atracción que produce una obra y luego hacia su comprensión. Es envolvente." 

Mientras hablaba comprendí que toda su pintura nace precisamente de esa tensión. 

Primero seduce. 

Después inquieta. 

Finalmente obliga a pensar. 

Ella misma lo explica. 

"Realizo una obra atractiva visualmente. Trato de crear un universo aparentemente ordenado y agradable. A ello agrego elementos inesperados, curiosos o irónicos. Y en ese encuentro o desencuentro nace realmente mi trabajo." 

Quizá ahí resida uno de los grandes secretos de su pintura. 

La belleza no adormece. 

Despierta. 

El equilibrio entre emoción y pensamiento 

Comején II. 2025.

Le pregunté cómo logra equilibrar la emoción con el rigor formal. 

Su respuesta vuelve a unir Santo Domingo y París. 

"En mi obra, dos elementos son fundamentalmente equilibrados. El fondo y la forma. Mi tierra, sus historias y sucesos son la base, el fondo. Todo nace de ahí. La academia en París, su rigor cartesiano, construyó la manera de expresar, de canalizar la emoción y los sentimientos lo más formal y hábilmente posible." 

Mientras la escuchaba pensé que pocas definiciones explican mejor toda una trayectoria artística. 

República Dominicana le dio la memoria. 

París le dio el método. 

La pintura hizo dialogar ambas. 

Entre el milagro y la tragedia 

La cita 2026. Inés Tolentino.

Antes de despedirnos le formulé una de las preguntas más difíciles. 

¿Qué le ha enseñado la pintura acerca del ser humano? 

No necesitó largos rodeos. 

Respondió con una frase que parece un aforismo. 

"El ser humano, entre el milagro y la tragedia." 

Después añadió. 

"Hay que realizar este oficio lo más seriamente posible para estar en paz. Es un compromiso consigo mismo. El tiempo hará su obra." 

No habla del éxito. 

Habla de la fidelidad. 

Como si el verdadero reconocimiento consistiera, antes que nada, en poder mirar la propia obra sin traicionar las propias convicciones. 

La obra que siempre está por venir 

Le pregunté cuál considera su mejor pintura. 

Sonrió. 

Y respondió con la humildad de los grandes creadores. 

"Pienso que la mejor obra es la que está por venir. Crear es un cuestionamiento constante. Un desafío a todos los niveles." 

Después añadió algo que me conmovió especialmente. 

"Las diversas técnicas actuales me facilitan muchísimos procesos y tiempo. Tengo, no obstante, la necesidad de crear con mis manos y de repetir ese vaivén constante entre mente, corazón y mano." 

Esa imagen resume toda una vida. 

La inteligencia. 

La emoción. 

El oficio. 

Las tres trabajando al mismo tiempo. 

Epílogo 

Antes de concluir nuestra conversación le pedí que definiera toda su obra. 

Pensó unos segundos. 

Y respondió tomando prestadas dos palabras de Pablo Neruda. 

"Florida y espinuda." 

No encontré una definición mejor. 

Porque sus cuadros seducen primero por la armonía de sus formas. 

Pero muy pronto aparecen las espinas. 

La historia. 

La memoria. 

La violencia. 

El desarraigo. 

La mujer. 

La infancia. 

El tiempo. 

Y comprendí entonces que toda la obra de Inés Tolentino parece responder a una misma convicción. 

La belleza no existe para distraernos del dolor. 

Existe para permitirnos comprenderlo. 

Antes de despedirnos le pregunté cómo le gustaría que algún día pudiera resumirse su trayectoria. 

Su respuesta fue tan breve como inmensa. 

"Todos esos mundos en ella." 

Quizá ahí reside la verdadera dimensión de su legado. 

No únicamente en la extraordinaria calidad de su pintura. 

Ni en los premios. 

Ni en el reconocimiento internacional. 

Sino en haber conseguido que la memoria dejara de ser únicamente un recuerdo para convertirse en un lenguaje. 

Un lenguaje donde la historia dialoga con la intimidad, donde la belleza convive con la herida y donde cada cuadro nos recuerda que el arte sigue siendo una de las formas más profundas de comprender quiénes somos. 

Y esa, probablemente, sea la misión más alta que puede alcanzar un artista. 

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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