Al sentarnos a la mesa, el mundo que conocemos se reduce al momento exacto en donde compartimos con amigos, familiares y relacionados; completos desconocidos o simplemente departiendo con  la soledad existencial que nos rodea. Allí nacen los difíciles comienzos, las pausas pequeñas en la rutina diaria, las celebraciones inherentes de la vida y las emotivas despedidas.

Ese ciclo vital está lleno de aromas, sabores y memoria, sensaciones  que llevamos a cuestas desde nuestra concepción hasta el último de nuestros respiros. En la novela "Good Morning Mr. Morrison", Editora Nacional, Santo Domingo  2024,  del Premio Nacional de Literatura 2010  don Mateo Morrison (Santo Domingo, 1946), el viaje permanente de los sueños, de las promesas y de las emociones se condimenta con las tradición culinaria caribeña, con su cultura y una pizca de influencia foránea que no deja de ser parte esencial de la obra.

Los personajes habitan una sociedad en que sentarse a la mesa y compartir en familia aún era un valor inexpugnable.  Don Egbert, el profesor, quien vive en esta extraordinaria obra de ficción,  basada en una realidad omnisciente, traspasa fronteras y muros sin dejar atrás  su cultura y tradiciones, así como también su convicciones éticas y morales empacadas en un equipaje  que cargará  durante toda su existencia: “Egbert y Efigenia ni siquiera sintieron cuando terminó la tarde. Estaban concentrados en su plan de construir una casa nueva. Al día siguiente tenían una reunión con Eugenio, quien ya había diseñado el plano. Los primeros Rayos de Luz de luna y la aparición de las Pléyades, las siete estrellas hermanas, trajeron a los Morrison a la realidad. Recogieron todo y, a pasos firmes, llegaron a casa de doña Nina a buscar a los muchachos para retornar al hogar.

De regreso, cuando todos se habían bañado, Efigenia decidió hacer una reunión con sus hijos para intercambiar las bondades de ese domingo tan parecido a la felicidad. Los muchachos le dijeron que habían gozado muchísimo: jugaron con sus primos y disfrutaron los diversos dulces preparados por la abuela. Entre amores y dulces, entre juegos y sonrisas, pasaron uno de los mejores días de sus vidas.” (Pág.188)

Pero no solo en esta maravillosa obra la comida está presente en la mesa. En “La Odisea”, el poeta Homero (Antigua Grecia, posiblemente siglo VIII a. C.) recita en el épico poema:" No creo que haya cosa tan agradable como ver que la alegría reina en todo el pueblo y que los convidados, sentados ordenadamente en el palacio ante las mesas abastecidas de pan y de carnes, escuchan al aedo, mientras él escanciador saca vino de la cratera y lo va echando en las copas. Tal espectáculo me parece bellísimo". Pág.113(¹) Morrison, en su integérrima forma, describe las reuniones familiares y de amigos con una complicidad de  cariño y armonía fuera de las tensiones y sobresaltos cotidianos, escribe como sigue: " A las seis, se congregaron las dos familias alrededor de una mesa esplendorosa que incluía el tradicional moro de guandules, albóndigas, una pierna de cerdo asada, guinea guisada y, para dar el toque inglés, spinners dumplings acompañados de bacalao y, como si no fuera suficiente, una variedad de frutas, algunas convertidas en jugo y otras adornando el banquete. Aunque había puesto ron y otras bebidas, estas no fueron tocadas. Mr Morrison prefirió pedirles tomar jugo para evitar el alcohol y el cigarrillo, lo que fue acatado por todos". (Pág.132

Good morning Mr. Morrison.

En la obra cumbre del idioma español, “Don Quijote de la Mancha", Miguel de  Cervantes (España, 1547-1616) con su fascinante ingenio de expresión cómico-dramática nos muestra un juego de acciones donde el movimiento en sí es el protagonista: “Cesó la música, sentose Sancho a la cabecera de la mesa, porque no había más de aquel asiento, y no otro servicio en toda ella. Púsose a su lado en un en pie un personaje, que después mostró ser médico, con una varilla de ballena en la mano. Levantaron una riquísima y blanca toalla con que estaban cubiertas las frutas y mucha diversidad de plato de diversos manjares. Uno que parecía estudiante echó la bendición y un paje puso un babador randado a Sancho, otro que hacía el oficio de maestresala llegó un plato de fruta delante, pero apenas hubo comido un bocado, cuando, de la varilla tocando con ella en el plato, se le quitaron de delante con grandísima celeridad; pero el maestresala le llegó otro de otro manjar. Iba a probarle Sancho, pero, antes que llegase a él ni le gustase, ya la varilla había tocado en él y un paje alzándole con tanta presteza como el de la fruta. Visto lo cual por Sancho, quedó suspenso y, mirando a todos, preguntó si se había de comer aquella comida como juego de maesecoral ".Pág.900 (²). Y mientras Cervantes no le permite a Sancho  probar manjar alguno, Morrison, con una ternura fraternal y bondadosa infunde en la boca de su personaje lo siguiente: "Está bien, pero, al menos, déjame servirte las habichuelas que todavía están en la olla. Sigue contándome". (Pág.257), logrando que una sola frase de la novela permita identificar el fondo argumental de la obra.

En la Santa Biblia, el compartir  los alimentos, la palabra y el afecto se transforma a una forma de despedida, un adiós inconcluso, tenso y al mismo tiempo esperanzador que trasciende a los embates del presente: “Cuando llegó la hora, Jesús se sentó a la mesa con los apóstoles. Y les dijo: “En gran manera he deseado comer con vosotros esta Pascua antes de padecer. Porque os digo que no le la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios”. Y tomando la copa, dio gracias, y dijo: “Tomad esto, repartidlo entre vosotros. Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios”. Y tomó el pan, dio gracias, lo partió y les dio, diciendo: “Esto es mi cuerpo, que es dado por vosotros. Haced esto en memoria de mí"(³). Morrison describe ese adiós   magistralmente, su hasta luego supone un puerto seguro donde la familia es el  incuestionable punto de reunión. Utiliza los sesgos de la buena literatura para que el sentir del ser humano de carne y hueso traspase la tinta impresa en el papel: “Un día antes de arribar el barco, Mrs. Morrison y Kenisse Blanche, la novia de Egbert, prepararon un banquete en el que los jamaican fried dumplings no era lo central, sino un decorado de cerdo asado que, junto a los tubérculos, frutas y otros platos típicos del país, casi superaba las tradicionales cenas navideñas. En su interio,r Mary Morrison estaba triste; esa noche no pudo dormir".(Pág.32)

Iniciar la jornada con un desayuno en la mesa, es una costumbre inherente al ser humano. Mario Vargas Llosa (Perú, 1936-2025), lo sabe  sobremanera  y lo describe en su novela basada en la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, “La fiesta del chivo ": “Entró a su despacho, en Palacio Nacional, cuando su reloj marcaba las cinco. En su mesa de trabajo estaba el desayuno -jugo de frutas, tostadas con mantequilla, café recién colado-, con dos tazas. Y, poniéndose de pie, la silueta blandengue del director del Servicio de Inteligencia, el coronel Johnny Abbes García: -Buenos días, Excelencia".Pág.44 (⁴).Don Mateo, con su inigualable uso de lo coloquial, va más allá y nos muestra un exquisito desayuno para empezar un día lluvioso donde se nos agua la boca:" Efigenia sorprendió a su marido una mañana en que los truenos y relámpagos anunciaban un día lluvioso. La amenaza de lluvia la inspiró a preparar un cocido de garbanzos con patica de vaca"(Pág.172)

Ernest Hemingway.

Ernert Hemingway (Estados Unidos, 1899-1961), en "Fiesta", estimula las papilas gustativas del lector. Así como sus receptores olfativos. Su narrativa envuelve la experiencia lectora en una atmósfera extrasensorial que nos permite, junto a los personajes, disfrutar de  manjares escriturales y de la vida bohemia europea: “Comimos en casa Botín, en la sala de arriba. Es uno de los mejores restaurantes del mundo. Comimos lechón asado y bebimos Rioja alta. Brett no tomó gran cosa. Yo me di un atracón y bebí tres botellas de Rioja alta". Pág.230 (⁵), Por su parte, Morrison, en su ejercicio litero-creativo invoca sus remembranzas socioculturales caribeñas,  prepara el postre de las ideas  y nos narra: “Mientras tanto, en medio de su juego, los niños Morrison y todos sus primos celebraban los sabrosos dulces de la abuela, doña Carmen, a quien todo llamaban Nina. Probaban el de toronja, el de coco y el majarete. Pero doña Carmen, que siempre buscaba la manera de agradar a sus nietos, le tenía una sorpresa: un pan de batata". (Pág.187)

En "El General en su laberinto", Gabriel García Marquez (Colombia, 1927-2014), trasmuta las letras a una suculenta mesa impregnada de historia. Su relato convida a sentarnos junto a elementos literarios que hacen aparecer en  su narrativa una  vívida sensación lectoral: “El almuerzo para los granaderos de la guardia fue bajo los grandes almendros del patio de la casa señorial de los Campillo, y servido sobre tablas de madera con hojas de plátano en vez de manteles. En la terraza interior, dominando el patio, había una mesa espléndida para el general y sus oficiales y unos pocos invitados, puesta con todo rigor a la manera inglesa. La dueña de casa explicó que la noticia de Mompox los había sorprendido a las cuatro de la madrugada, y apenas sí había tenido tiempo de sacrificar la res mejor criada de sus postreros. Allí estaba, cortada en presas suculentas y hervida a fuego alegre en grandes aguas, junto con todos los frutos de la huerta”. Pág.125 (⁶).  Mateo Morrison, describe como esa historia, esa tradición familiar cuasi-inalterable de sentarse a la mesa después  de la jornada, hace del sujeto lector una parte importante del desarrollo cinético de la ficción: “A Egbert lo esperaban en casa sus hermanos Víctor y Franklin para almorzar. Salomón regresaría en la tarde con su padre después de terminar sus labores en la finca; aunque comían un poco más tarde, por tradición tenían un desayuno tan completo que sustituía un almuerzo. Después de desayuno,  la familia tomaba tres direcciones: Mr Joseph y Salomón iban hacia la finca, Víctor y Franklin a la escuela primaria y Egbert a la secundaria”. (Pág.26)

Mateo Morrison.

En “Good Morning Mr Morrison”, a decir del cineasta dominicano  Agustín Cortés, “La novela escrita por el recocido y bien estimado Poeta Mateo Morrison, ejemplifica el argumento característico de un grupo familiar nacido al calor de la comunidad barrial para convertirse a puro esfuerzo en un viril conjunto humano tras su independencia educativa, cultural y política” (⁷). Y es esa conjunción familiar, ese ejercicio escritural legítimo y admirable lo que hace de esta obra un digno ejemplo de la literatura actual de la República Dominicana, donde los aromas, los sabores y las memorias rescatan las tradiciones de un caribe que nunca perecerá.

Notas:
(¹) Homero, "La Odisea", Rapsodia novena, VERON editor, versión directa y literal del griego por Luis Segalá Estalella, segunda edición 1973, Barcelona  España

(²)Cervantes, Miguel, "Don Quijote  De La Mancha, Real Academia Española, Asociación De Academias de Lengua Española, Edición del IV Centenario, 2004.

(³)Lucas 22:14-19, Santa Biblia, Nueva Reina-Valera 2000, Sociedad Bíblica Emanuel, impreso: Febrero 2004,  Colombia.

(⁴)Vargas Llosa, Mario, "La Fiesta del Chivo",  Editora Taller,  tercera edición, Santo Domingo,  año 2000.

(⁵)Hemingway, Ernert, Obras Selectas de Premios Nobel, Editorial Planeta, quinta edición 1986, "Fiesta"

(⁶)García Márquez, Gabriel, "El General en su laberinto, Editorial Oveja Negra, primera edición 1989.

(⁷)Cortés, Agustín, "Good Morning Mr Morrison, o cuando la nostalgia se transforma en un testamento a la Cultura Caribeña (3-4)”, Acento, 16/06/2025.

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

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