Tras leer Cartografía del asombro. Poesía esencial (Huerga y Fierro) de Mateo Morrison (Santo Domingo, 1946), con selección y prólogo del profesor Juan Carlos Abril, mi pensamiento ha quedado sorprendido por esta poesía, no en vano la titula esencial: palabra sujeta a ritmo, que conmueve: qué buen regalo para nuestro cerebro: <<La música en tu cuerpo/ ha sustituido mis palabras>>. Sí, su escritura me ha llenado de asombro al igual que uno de sus libros como fue, La lascivia caía como agua de madrugada (Huerga y Fierro, 2025), y no sé el porque de no haber llegado antes a esta señera y singular poesía; pues qué poderío de metáforas e imágenes. He visto que es un poeta que busca el silencio y su sombra no busca ni el brillo ni el grito. Sabiendo que la persona lectora es siempre la protagonista y la que da verdadero sentido al poema.

El otro es el personaje de la literatura, de la poesía, que está más allá de la literatura, más allá de ese límite infinito. Mateo Morrison es un poeta que no es autor de versos, es hacedor de poesía en su quehacer demiurgo. Una poesía esencial inundada de esa memoria, con su mirada y por ese pulso al lenguaje, en esa apuesta ética y estética, no otra, entre eros y thanatos: erotismo vivido, plagado de guiños y gestos, en franca complicidad con los lectores. Una poesía entre la realidad y el deseo, con voces de la miología griega y de la naturaleza y la metrópoli, que me ha traído ecos lorquianos de esa su Nueva York. Y con ecos de la muerte y la culpa, de aquel Dante y su infierno: <<Déjennos, por lo menos, un soplido,/ algo que reviva nuestro orgullo y permita/  sentirnos, por lo menos, habitantes menores/ de este cielo: hijos putativos del infierno>>.

Mateo Morrison.

Morrison nos <<invita a visitar/ este museo viviente>> de la mano de otros poetas lúdicos, lúcidos como Gerardo Diego, Francisco Brines, Yolanda Pantín, César Vallejo, Joseph Córner, John Keats, Mauricio Medo o Enrique Eusebio. Poetas que como él en su sencillez y claridad nos sorprenden a cada poema y más cuando su poética bien pudiera ser esta, sin ir más lejos: <<Debajo de la superficie de la idea/ está su forma/ elaborando espacios concéntricos/ notas coloreadas de palabras>>, poemas abiertos en la complicidad y continuidad del lector. El lenguaje de los cuerpos siempre buscan la complicidad del lector. Bien lo conoce el poeta Morrison: <<sabe de cuerpos diluidos,/ de movimientos tenues/ y movimientos bruscos>>.

Recuerdo que fue Juarroz quien señaló que el sentido que tiene la poesía es darle voz al sentido oculto. Y esto es lo que encontramos si caminamos despacio por los poemas de Mateo Morrison pues es descubrir de sopetón el admirable y reconocido quehacer demiurgo del autor, puesto que no es un libro de poesía al uso, convencional, pues es un libro, un poemario, un volumen que hay que conocer, leer, subrayar, memorizar: es todo un florilegio de su mejor poesía: <<Nazco en el timbre adoquinado de tu voz./ Vaporosa, me instalas/ en el hueco que te dejó tu incursión por las montañas./  Duermo sobre mariposas disecadas>>.

Pues un inteligente prólogo, como es el del profesor Juan Carlos Abril, es el que pone en riesgo al autor y a las personas lectoras en un aprieto: leer o no leer el libro. Y piensen ustedes, que uno siente temor y temblor, porque ya estamos más que hartos de los comentarios más que hiperbólicos de cada uno de los libros que se publican y nadie es el mejor de su generación y nadie es el fenómeno editorial del momento y nadie es único e inimitable, ni todo es un concurso; pero, de ahí la sorpresa de este diverso, múltiple poemario de la obra poética del gran poeta dominicano que es Morrison, que ha caído en mis manos por azar y tal vez necesidad, para ser puente entre esta antología diríase y las personas lectoras: <<la poesía de Mateo Mirrson puede leerse como un espacio cruce entre historia, ética y experiencia personal. Su lírica conjuga compromiso y reflexión, sentimiento y lucidez. Por ello, su obra ocupa un lugar destacado en la poesía contemporánea no solo dominicana y caribeña, sino en el conjunto de la lengua española. Mateo Morrison es una voz necesaria para celebrar el don de la existencia y la poesía. Afortunado tú, lector, que ahora tienes este libro en tus manos. Esta poesía esencia llena de optimismo y vitalidad para una época de perplejidades>>, Abril dixit. Y no seré yo quien le quite la razón.

El lenguaje de los cuerpos o un acercamiento a la poesía de Mateo Morrison

Esta Cartografía del asombro. Poesía esencial es un volumen tan interesante como navegar en una mar oceánica y no naufragar. Este poeta es sobre todo un poeta con una voz insólita y con una imaginería desbordante de singular lucidez, en lo lúdico está lo lúcido. Es una poesía donde la voz y su eco es la gozosa existencia humana: en ese devenir telúrico del silencio, aunque y bien se pregunta: <<¿Será el mar nuestro hábitat preferido?>> Mateo Morrison es un poeta que se imbrica con y en la tradición de la poesía culta de elaborado discurso y más que adecuada figuración del lenguaje, que bebe de la fuente de la tradición hasta nuestros días, no en vano es un gran lector y conocedor de todas las corrientes literarias, foráneas o no, de aquende y de allende. Hay en el estilo de este poeta un poso romántico libertario, e ahí la espiritualidad del arte, sin ir más lejos, y esto se ve hasta en la expresión de la emoción y en la preferencia por la búsqueda de la integridad creativa en referentes idealistas. Esa referencia a lo telúrico, que busca la esencia de la poesía y la suya propia como poeta, aunando pensamiento, emoción y espíritu: <<Cada historia, cada lectura/ van en dirección a rescatar/ mi memoria del octavo mes>>.

Hay que destacar en la lectura de esta brillante poesía esencial que sus poemas son composiciones en donde la idea, el pensamiento, presenta sus mayores posibilidades de desarrollo, la sugerencia a la persona lectora, donde los juegos metafóricos alcanzan su meta y es ahí donde late esa reivindicación por construir una identidad propia, de francotirador, al margen de grupos, navegando en soledad: <<Busco tu amor debajo de las grutas:/ tal vez percibas que aún existo>>.

Otra de las singularidades formales que hay que resaltar y que refuerza el valor de estos poemas es la sobreabundancia léxica acerca de la vida, desde los más cotidiano a la propia naturaleza y la metrópolis, permanece casi imperceptible en el orden de lo temático, no es este un poemario bucólico, se trata más bien de una cuestión de estilo, de recuperar lo telúrico a la manera romántica, como base de inspiración del poeta, quien se apoya en la sensible naturaleza para elevarse desde allí a la revelación: <<Nacido en el tiempo equinoccial,/ aquí estoy,/ aunque no me perciban./ Soy el viento>>. Cabe señalar que el poeta Morrison escribe poesía con aquella arquitectura verbal de nuestro más y mejor Góngora; con la acidez brillante de Quevedo y la altura transparente de San Juan de la Cruz.

Creo también, que Mateo Morrison ha sido capaz de captar como pocos la enjundia de la existencia, de nuestra existencia; así como captar el sentido del acontecimiento de la vida, a la vez que el sentido del acontecimiento mismo. Este poeta nos ofrece el mundo en su dimensión humana, un velar y un desvelar la realidad en el mostrar y en el poetizar esa necesidad que le persigue de expresar el mundo, con sus voces y ecos, desde una actitud metafísica, desde su pasión poética: <<Soy más que un valle doblegado,/ una voz que se cartea con las aves,/ un minúsculo sol ahuyentado por la luna>>.

Mateo Morrison.

Puede decirse, pues, sin temor a equivocarnos, que este poeta tan polivalente, pluscuamperfecto, diríase, está imbricado con el exterior e interior de las personas, del mundo, con ese humanismo solidario; también, con el amor humano, puro y duro, en ese su lenguaje de los cuerpos. Todo lo conoce, lo canta y lo cuenta, con esa sencillez e ironía propia de los que son poetas, quienes celebran la vida por doquier: saben que es un regalo, como su poesía lo es para nuestro cerebro. ¡Poesía en estado puro que sigue aprehendiendo de la vida! Su poesía es, no me cabe duda, mirada, memoria y lenguaje, con el que se bate el cobre como pocos: <<Aquí, por los meandros del dolor,/ trato de administrar a solas/ tu prematura ausencia>>.

Creo que como lector apasionado de poesía me puedo hacer valedor de esta poesía de Mateo Morrison y no quiero que diga como Cervantes: “Yo, que siempre trabajo y me desvelo/ por parecer que tengo de poeta/ la gracia que no quiso darme el cielo…”, pues Morrison sí que tiene el don de la poesía, al igual que Cervantes, no nos engañemos, y tenemos un altísimo concepto de su creación literaria. Y creo que este nuestro poeta, que nos ocupa, tiende puentes con la otredad a través de la palabra. Y es que su poesía utiliza el lenguaje y de qué manera para cantar y contar el prodigio de la vida y el misterio de la muerte. Sigue asombrándose ante lo natural y siempre alerta buscando lo que está más allá del poema: esa elocuencia que nos libera: <<No abordaré más la arena que reclamas,/ los colores marinos/ diseñados por tus dedos>>.

Ya solo me queda añadir que esta poesía morrisoniana nos muestra que es el arte que se manifiesta por medio del lenguaje y lo que busca es conmover. Es palabra sujeta a ritmo y suplementada retóricamente. Es ella en sí y, a la vez, el lenguaje y el lector. Dado que el poema debe prolongarse en quien lo lee, lo recita o lo escucha, puesto que es la única manera de que tenga continuidad ese vértigo que, en un límpido instante, es capaz de desvelar sombras. Hay que velar-revelar tu nombre poesía. Poesía esencial la de Morrison, sin ninguna duda.

Ya sabemos que la materia, de por sí, puede contener o no un cierto grado de poesía, pero es el talento artístico del poeta el único capaz de infundirle auténtica belleza estética. La lírica no tiene una métrica específica, es la intuición del poeta la que la guía. El poeta Mateo Morrison, creador literario, ha aprehendido de la poesía de la vida y se ha hecho su amante. Ha logrado que la persona lectora viva la experiencia que plasma en sus versos. Quede claro que sólo se es poeta mientras se escribe el poema y es en la oscuridad donde radica el placer por descubrir lo escondido. El poeta debe saber quién es y ser. En este acaso, el poder del lenguaje es puro hechizo, fuerza plasmadora, magia verbal. De ahí la entrega del poeta y del amante: no eligen: <<Estábamos ciegos al amanecer./ Volvimos a vestirnos/ después de la inmersión en las cálidas corrientes>>.

Poetizar es, qué duda cabe, un enfrentamiento con las realidades interiores y exteriores imbricadas en uno mismo, al tiempo que se desarrolla esa “agonía”: desgarramiento o divertimento en el papel por medio del signo escrito. De alguna manera es ser por y en el acto del quehacer demiurgo, en ese grito desesperado o amable del silencio frente a la realidad o de la realidad frente al silencio: <<Un poco de timidez/ deja también sus frutos/ en el vibrante mundo de los sexos>>.

En todo poema debe de existir la vivencia de la palabra, la búsqueda y su propia mística. Se debe perseguir y ofrecer el hallazgo lingüístico, las imágenes inquietantes y la propia sustancialidad del lenguaje poético, que es lenguaje de revelación. Hallazgo sin olvidar el sentido estrófico. Es necesaria la unidad de significación de las palabras y ritmo. Cada palabra del verso debe ser necesaria e insustituible. Los versos son experiencias no sólo sentimientos: << Hemos aspirado a escribir/ por lo menos unos versos que nos definan/ como si al unísono tocáramos un piano>>.

El poema debe tener capacidad de evocación y de sugerencia. Por supuesto, no debe nombrar ni definir. Ambigüedad. Debe quedar suspendido en los márgenes imprecisos de la insinuación, de la seducción y de lo prohibido: <<Solo una posible silueta de ti distingo>>. Esta obra poética de Mateo Morrison enriquece y otorga vitalidad a nuestra actualidad. Esta poesía está escrita con versos ágiles, sugerentes y sugestivos, atractivos y provocativos, que suscita muchas ideas y más sensaciones: <<No sabemos qué vientos nos trajeron aquí/ sin preguntar nuestros destinos>>.

Enrique Villagrasa

Poeta

Enrique Villagrasa (Burbáguena, Teruel, 1957). Lector de poesía. Colabora regularmente como crítico en Librújula, y librujula.com; en Turia y su revista digital; y en Alhucema. Su última publicación es En la esquina del verso (Prensas Universidad Zaragoza, 2026) y Fosfenos (Huerga y Fierro, 2024). Figura en Mar sin fronteras. Antologia liquida di poesía spagnola contemporanea (Stilo Editrice, 2020). Es director de la colección de poesía Rayo azul (Huerga y Fierro), desde su creación en 2019, con Óscar Ayala. Y sus poemas se han publicado en la revista Ágora, papeles de arte gramático y en la revista rumana Littera Nova (núm. 13, enero, marzo 2026). También ha publicado poemas en portugués en la revista PoesiaPlural, Ediçôes Gandaia y una plaquette en la misma editorial (2025). enriquevillagrasa@gmail.com

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