Nota

Este texto propone una lectura crítica de “El que no estuvo nunca”, de Salvador Santana, entendiendo el poema como un espacio de tensión entre forma, lectura y sensibilidad. El ensayo aborda la obra desde distintas tradiciones de la teoría literaria del siglo XX, destacando la sensibilidad crítica como instrumento central para la experiencia poética contemporánea.

“El que no estuvo nunca”: sensibilidad crítica y lectura contemporánea de un poema de Salvador Santana

El que no estuvo nunca

(Salvador Santana)

El que odia el resplandor de su locura,

el que no espera a nadie.

El que fuma cólera en la

penumbra,

el que pasea su hambre.

El que espanta su angustia

a bofetadas,

el que no estuvo nunca.

El que pulsa sus nervios

como cuerdas,

el que incuba en su sombra.

El que tiembla ante el rumor

de las hojas,

el que espía sus mendrugos.

El que sueña en vigilia con

sus musas.

Ese eres tú, oh poeta.

Ensayo

El poema “El que no estuvo nunca”, de Salvador Santana, se presenta como una pieza de intensa condensación lírica y, al mismo tiempo, como un texto que pone en tensión las principales formas de leer la poesía en la tradición crítica moderna. Su brevedad no implica clausura de sentido; por el contrario, abre un espacio donde forma, experiencia y subjetividad entran en conflicto.

Construido a partir de una anáfora insistente —“El que…”—, el poema despliega una figura poética fragmentada, definida no por una identidad afirmativa, sino por una serie de gestos, carencias y contradicciones. La voz lírica no se consolida como presencia plena, sino como una sucesión de estados en permanente fricción:

El que odia el resplandor de su locura,

el que no espera a nadie.

Desde una lectura formalista, el texto puede comprenderse como una máquina de extrañamiento. Las imágenes convierten estados emocionales en acciones físicas —“fuma cólera”, “pasea su hambre”— desautomatizando la percepción psicológica y desmontando cualquier representación idealizada del poeta. La enumeración fragmentaria impide la síntesis identitaria y expone una subjetividad desgarrada.

La paradoja central del poema se formula con precisión lapidaria:

El que espanta su angustia a bofetadas,

el que no estuvo nunca.

Aquí se establece una contradicción ontológica que estructura todo el texto: una presencia verbal insistente que afirma, simultáneamente, una ausencia radical. El poeta existe en el lenguaje, pero no en la plenitud de la presencia. Desde una perspectiva estructuralista, esta tensión se articula mediante oposiciones recurrentes: interior y exterior, acción y pasividad, vigilia y sombra, hambre y musas. El sentido emerge de estas relaciones diferenciales.

Sin embargo, el poema introduce un giro decisivo en su tramo final:

Ese eres tú, oh poeta.

Con esta interpelación directa, el texto deja de describir una figura abstracta para convertir al lector en parte del dispositivo poético. Desde la estética de la recepción, el poema se revela como un esquema incompleto que solo se concreta plenamente en el acto de lectura. El “tú” final funciona como un espacio vacío que exige ser habitado —o resistido— por la conciencia del lector.

Es en este punto donde la sensibilidad crítica se vuelve indispensable. El poema ya no solo significa: acontece. El lector es llamado a reconocerse, cuestionarse o incluso rechazar la imagen que el texto le devuelve. La lectura se transforma en experiencia.

Desde el postestructuralismo, esta operación se radicaliza. En términos barthesianos, el poema oscila entre el placer de una identidad reconocible —la del poeta marginal y atormentado— y el goce que produce su fractura. La figura del autor se diluye: no leemos una intención biográfica, sino un lenguaje que construye una posición subjetiva disponible para cualquiera.

Desde una lectura derridiana, la paradoja del “que no estuvo nunca” puede entenderse como una afirmación de la ausencia como fundamento. El sentido no se fija; se difiere constantemente en la cadena de imágenes contradictorias. El significado se desplaza, se posterga, se rehúsa a cerrarse.

Incluso desde Foucault, el poema puede leerse como un dispositivo de subjetivación. No describe simplemente al poeta: propone un modelo de sensibilidad —marginal, autoconsciente, en tensión permanente— y lo normaliza. La pregunta crítica deja de ser únicamente qué significa el poema para convertirse en qué hace con quien lo lee.

En este recorrido, “El que no estuvo nunca” confirma que la historia de la crítica literaria puede leerse como una rehabilitación progresiva de la sensibilidad. Aquello que el formalismo intentó neutralizar reaparece como una inteligencia interpretativa fundamental.

El verso final —“Ese eres tú, oh poeta”— no interpela solo al creador, sino también al lector y al crítico. Leer este poema exige una sensibilidad educada: atención a la forma, disposición a la ambigüedad y conciencia de las implicaciones afectivas y simbólicas del texto. En ese sentido, el poema no solo habla de la poesía: pone en escena la crítica misma.

Ike Méndez

Poeta, educador y ensayista

Ike Méndez es ensayista y metapoeta dominicano. Coautor de obras como *"San Juan de la Maguana, una Introducción a su Historia de Cara al Futuro"* (Primer premio en el Concurso Nacional de Historia 2000) y *"Símbolos de la Identidad Sanjuanera"* (Segundo premio en 2010). Ganó el Segundo premio en el Concurso de Literatura Deportiva “Juan Bosch” (2008) y colaboró en la serie *"Fragmentos de Patria"* de Banreservas. También coeditó las antologías *"Voces Desatas"* (poesía, 2012) y la primera antología de cuentistas sanjuaneros (2015). Ha publicado seis poemarios: *Al Despertar* (2017), *Flor de Utopía* (2018), *Ruptura del Semblante* (2020), *Baúl de Viaje* (2022), *Al Borde de la Luz* (2023) y *El Joyero de Ébano* (2024), que reflejan una evolución poética constante. E-mail: jemendez@claro.net.do

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