Comenzaré diciendo que dos de los grandes poetas de la historia de la literatura dominicana del siglo XX son Franklin Mieses Burgos (1907-1976) y José Enrique García (1946…). Nadie como ellos ha estremecido mi asombro y apetito poético. Ambos han vivido poéticamente el mundo, hasta encontrar su verdadera y única voz en las palabras y las cosas, para hacerlas poesía, desde la soledad y la comunión.

Franklin Mieses nos enseña que la poesía, para ser sorprendente y universal, tenía que revelar lo irrevelables de las palabras y las cosas que nombra para trascender al propio sujeto que la forja. Que el hecho poético era una construcción verbal, de principio a fin. De igual manera, lo ha hecho José Enrique, desde sus primeros poemarios.

El Movimiento de la Poesía Sorprendida surgió entre 1943 y 1947. Un año después, nació en Santiago de los Caballeros nuestro vate García, quien escribió su primera obra en el año 1977: Meditaciones alrededor de una sospecha, en su ciudad de origen, un texto que reformuló la poesía de esa época, dejando atrás el hacer poético de posguerra que estaba sobrecargado de ideologismo político y sentimentalismo romántico.

La potencialidad poetizante de este autor volvió a confirmarse con su gran obra El tabulador y su publicación en 1980; el año anterior había ganado el destacadísimo Premio Siboney. Poemario que todavía no ha sido superado en nuestras letras. El fabulador es una obra maestra que debemos reconocer y admirar por su alta poeticidad, por su modernidad y vanguardismo, los cuales asumió sin recodos, a través de diferentes líneas y formas poéticas.

El poeta como fabulador se convierte en un tejedor de sueños de «dichas y desdichas», siendo uno y en los otros. El fabulador, quien es al mismo tiempo un soñador que debe estar despierto para hacer lo necesario, porque su oficio viene desde la luz alucinada de la niñez, aunque el poeta nació del barro, de la imaginación y del asombro de las primeras palabras.

La poesía nace de.  «un grito antiguo» que surge de la raza humana y «quiebra el silencio que en las cosas donde los hombres en sueño olvidándose», para estar hecha de «cuerpo de pura sangre e intenciones». Ante tal trance, el poeta implora: «Hoy exijo de luz para seguir andando los caminos» (p. 13). (García, 2025)

Aunque habita su casa, es un sabedor de que el poetizar está en él y en los otros, pero también más allá, para hacer de la vida del lenguaje tiempo y espacio, porque «nacemos ignorando el nacer, / otros ven por nosotros, quizás por eso, / después tendremos que ver lo que no pueden ver/ aquellos que al nacer/ nos vieron» (p. 15). En otra zona, declara: «Dejemos que el tiempo se encargue de descifrar el enigma que emergió del llanto» (p. 16).

El fabulador tiene como centro de la poesía al hombre, quien es «el tejedor de dichas y desdichas», donde lo poético viene de las voces del pasado encarnadas en hierba, agua y viento: para que la poesía esté más allá de las «vocales y consonantes y gráficos» (p. 19). Por ello, resalta: «Yo conocí temprano mi oficio/ sólo tenía que descender al centro de la tierra/ y al corazón del hombre» (p. 20). «De las manos habrá de surgir el milagro» (p. 21), para que la poesía sea un barro ancestral y pueda «recuperar la primitiva forma/ y luego adquirir plenitud de imagen/ con el agua, con el barro, con el fuego» (p. 24). La ciudad se hace poesía que se descubre y se despierta ante sus ojos. […] «entonces tomaba mi vestimenta y me iba a las calles a verme en los rostros de la multitud» (p. 26), «[…] «ánclase en las piedras, las raíces, el polvo. —Naufragio de sombras húmedas y cenizas» (pp. 27-28).

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Enegildo Peña.

Poesía de múltiples formas y grafías, donde se busca el primer hombre, porque todos los demás solo somos una simple repetición de los días, las noches y los siglos: «[…] Un primer hombre necesitó la tierra / y los demás vinieron a imagen del primero. / No importa el espacio, la hora; / los rostros son solo un rostro repitiéndose / tras los siglos de los siglos» (p. 32).

«Y yo vi la firma primaria / volviendo hacia los cuerpos, / traspasándose sangre, huesos, / raíces, sueños» (p. 38). Pero, en su conciencia suprema, el poeta sabe que: «Solo las formas idénticas se prolongan» (p. 40). Letras y grafías que circulan entre lo poético y el universo, donde el ser humano anda precipitándose ante lo inevitable, para que el poeta solo sea un huésped del naufragio.

Hoy es un día especial porque el Ministerio de Cultura de la República Dominicana, aunque aún no ha sabido galardonarlo con el Premio Nacional de Literatura que tanto merece —no solo por su persona, sino, sobre todo, por su vasta obra poética y escritural—, sí ha tenido la iniciativa de reeditar su libro en el marco de la XXVIII Feria Internacional del Libro de Santo Domingo 2026.

Ni siquiera ha contado con el respaldo de las instituciones de educación superior que integran el jurado encargado de otorgar dicho galardón y en las que el poeta ha trabajado: la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña y la Universidad Tecnológica de Santiago.

Asimismo, en 2025, el Ministerio tuvo la acertada decisión de otorgarle el prestigioso Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, en honor a quien fuera uno de los más grandes y extraordinarios humanistas, filólogos y críticos que ha dado el país y toda Hispanoamérica, admirado y respetado por los más brillantes escritores e intelectuales de nuestra lengua.

José Enrique García.

En un trabajo publicado en el periódico Listín Diario en 2002, titulado José Enrique García: renovador de la poesía de los 80, escribí: «Poesía hecha de palabras, pero no de cualquier tipo de palabras. En la poesía de José Enrique García no hay mejor forma de llegar a la esencia de este arte que a través de la fabulación, mediante la cual el poeta construye su poética. Con una sinceridad admirable, afirma que viene a “tejer dichas y desdichas”. Para hacerlo, reconoce la tradición de otros poetas y la de algunos que no tuvieron tiempo de hacerlo, porque nadie quiso asumir esa tarea».

«El poema comienza y termina en un estado de ensoñación y revelación, acompañado de una connotación eminentemente circular. Además de su entramada estructura, constituye una transformación de la composición poética de un escritor santiaguero. Este tipo de poema total y de gran aliento tiene una tradición legendaria; sin embargo, en nuestro país viene precedido por dos eminentes poetas: Manuel del Cabral, con Compadre Mon (1940), y Tomás Hernández Franco, con Yelidá (1942)». (Peña, 2002).

En otro trabajo que publiqué en el periódico digital Acento el 27 de abril de 2025, titulado José Enrique García (1946-): el tercer poeta más importante de la historia de la poesía contemporánea del siglo XX, escribí lo siguiente:

«Es un poema total, porque conjuga todas las esperas del universo del hecho poético, hasta llegar a las entrañas profundas del ser y del hombre en su naturaleza multívoca. Está rodeado de una variada forma, enfatizando las grandes vanguardias de la mejor poesía del siglo XX, desde el creacionismo, el concretismo, el letrismo, el vedrinismo, la poesía sorprendida y el pluralismo. Sobre este formidable poema, único en la literatura dominicana, el renombrado escritor español Rafael Morales lo valora de la siguiente manera: ‟El fabulador es, en realidad, un único poema, quizá concebido en su unidad como un poliedro de muchas  caras, porque lo que el poeta canta o sueña no es ya sólo su propia vida, sino, a la vez, la de todos los hombres pasados, presentes y futuros, espejo de todos, porque un hombre es y será siempre para el poeta lo singular y plural humano».(Peña, 2025).

El poemario posee una composición de líneas y entrelíneas, con desplazamientos gráficos y caligramáticos cuya tradición se remonta a los griegos. Para evidenciar lo planteado, puede comprobarse en el siguiente verso: «Una gota de agua / en otra gota». Así, en las páginas 52 y 53, el autor realiza una descomposición gráfica y visual del agua para luego concretar un desplazamiento lineal en la página 53. Mientras tanto, en la página 73, presenta una estructura piramidal de doble vía: de arriba abajo y viceversa.

En esta ciudad, que lo ha acogido como estancia existencial y donde ha sido vilipendiado tanto por sus pares como por poetas posteriores, tiene un lugar ganado en la historia de nuestras letras. Su vasto universo poético nunca podrá ser olvidado ni ignorado, porque la poesía siempre está por encima de los mediocres y de los difamadores de siempre. Todo su mundo creativo proviene de su amada ciudad de Santiago de los Caballeros, donde escribió sus primeras obras, entre ellas El fabulador, libro que hoy representa dignamente la mejor poesía del siglo XX en nuestro país.

Quienes me conocen saben que no suelo ser un hombre dado a las pleitesías, los elogios ni las adulaciones inmerecidas; sin embargo, hay dos escritores que merecen mis halagos por su trayectoria y su obra: José Rafael Lantigua y José Enrique García.

He estado en el poder, pero nunca he necesitado de él para realizar mi obra, porque soy irreverente ante las mezquindades humanas. A mis 61 años, cumplidos el 9 de agosto de este año, no necesito nada ni a nadie para intentar escribir un poema que pueda sobrevivir más allá de mí. Sin embargo, José Enrique García ya lo ha hecho y ha podido vivir para disfrutarlo, como lo hago yo cada vez que tengo la oportunidad de releer su gran y exquisita obra poética.

Antes de que el excelente cantautor cubano Silvio Rodríguez publicara, en 1994, el álbum en el que se incluye la canción «Del sueño a la poesía», ya nuestro aeda lo había hecho en El fabulador, una obra cuya búsqueda central se articula en torno a la metapoesía, la metapoética y la mitopoética. En ella, el lenguaje, el hombre y el universo se conjugan para convertirse en una armonía sinfónica de voces y de intuiciones.

El fabulador, de José Enrique García, es un poemario fundamental y fundacional de la poesía dominicana de la década de los ochenta. En su nueva edición, publicada en 2026 tiene la novedad de que el destacado crítico español Jorge Urrutia ha realizado uno de los análisis más relevantes de esta obra. En él, explica su trascendencia desde tres perspectivas: la teoría, la experiencia de los hombres y la experiencia del fabulador.

'El fabulador' de José Enrique García: un paradigma de la poesía dominicana

En la parte introductoria, Urrutia señala: «Cuando un crítico se enfrenta a un libro como El fabulador, de José Enrique García, comprende pronto que no está ante una obra más, ante un conjunto de poemas fácilmente comparable a otras colecciones, sino ante una obra mayor y unitaria. Sin duda, ha sido reconocida por dos generaciones como una de las cimas de la poesía dominicana, y lo estimo también uno de los libros poéticos latinoamericanos más destacables en la segunda mitad del siglo XX» (p. 7).

Séame permitido concluir mis modestas consideraciones en la vigésima octava Feria Internacional del Libro de Santo Domingo 2026, el lunes 28 de septiembre, donde la Editora Nacional del Ministerio de Cultura reedita dicha obra, con un breve fragmento de su primera parte:

«Yo soy el fabulador

Soy el que soy

el tejedor de dichas y desdichas

Vienen hasta mí las palabras que se dijeron

y las que no se han dicho todavía.

Soy en mí y en los otros

reúno en mis ojos los tiempos

y en mi voz las canciones que se cantaron en los trabajos

reúno las ciudades los hombres los caminos

Fafulador me hice me hicieron

nadie quiso tomar este trabajo

o no tuvieron tiempo para hacerlo

me lo echaron a las pies a los hombres

alguien tenía que ser dijo la multitud

uno bastaba y ése era yo de cuerpos entero

La exigencia era simple

ser hombre de sueños

soñar aun despierto era lo necesario

y culpa no la tengo

soñar fue mi trabajo desde niño

y viene de pronto poseyendo un oficio

soñar por mí y por los otros

construir sueños en medio de la noche

a pleno sol en el canto del alba en todos los crepúsculos

en cada instante soñar

soñar

soñar» (pp.9-10). (García, 2025).

 Nota: La edición está disponible en formato de bolsillo, bajo la coordinación de Clara Dobarro y con la edición al cuidado de María del Carmen Vicente. La hermosa portada fue realizada por Elizabeth López Rosario, y la diagramación estuvo a cargo del reconocido Amado Santana. Debemos agradecer a quien tuvo la sabia decisión de publicar esta obra a través de la Editora Nacional del Ministerio de Cultura.

Fuentes bibliográficas:

(Peña, José Enrique García (1946-): el tercer poeta más importante de la historia de la poesía contemporánea del siglo XX, 2025)

(García, 2025)

García, J. E. (2025). El fabulador, facsímil. Santo Domingo: Soto Castillo.

Peña, E. (21 de Julio de 2002). José Enrique García: renovador de la poesía de los 80. Listín Diario, pág. 11.

Peña, E. (27 de abril de 2025). José Enrique García (1946-): el tercer poeta más importante de la historia de la poesía contemporánea del siglo XX. Acento.

García, J. El (2026). El fabulador. Santo Domingo: Editora Nacional del Ministerio de Cultura.

Enegildo Peña

Poeta

Enegildo Peña nació en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Es poeta, escritor, antólogo, periodista, gestor y especialista cultural. Licenciado en Comunicación Social mención Periodismo, Universidad Autónomo de Santo Domingo (UASD). Realizó un Postgrado en Gestión Cultural, conjuntamente con los ministerios de cultura de Cuba y República Dominicana, igualmente concluyó sus estudios de Maestría en Lingüística Aplicada en la Enseñanza del Español.

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