Quizá la mejor manera de dibujar el tiempo -es decir, de revelar lo que somos- sea a través de la palabra. Y la poesía continúa siendo una de las vías más idóneas. Esa poesía que no solamente está presente en el poema, sino en la prosa. Y es precisamente el poema en prosa o la prosa poética una de las formas actuales más auténticas para expresar lo inexplicable que siempre está presente en el arte verbal.

El caos, la crudeza, las nuevas esclavitudes, las ausencias en las presencias, las dudas eternas, el inmediatismo, la muerte del idealismo y hasta del amor tienden con frecuencia a alejarse de lo sutil y de la vestimenta de la rima y la métrica para manifestarse abierta y naturalmente.

El color del tiempo, de Pedro Ovalles es un texto que baila entre el poema, el poema en prosa y la prosa poética. Un texto contradictorio (puramente humano), con huellas neoexistencialistas, donde la razón y lo sensible a veces pelean y a veces se abrazan.

Escribir poesía –ahora más que nunca- implica un acto de rebeldía, un nadar en contra de la corriente, un levantar la voz en el desierto que está en cada esquina. Leer poesía encierra todo lo dicho sobre escribirla. De manera que abrir este libro y desplazarse por sus páginas conduce a la desobediencia. Y desobedecer, ¿tiene mucho de libre o mucho de esclavo?

'El color del tiempo', de Pedro Ovalles

He aquí dos muestras de ¿sumisión o rebelión?:

 Orificio de la eternidad

No tener palabras a veces es normal,

cuando el mundo y sus cosas

se agolpan en la mirada.

 

Mirar es una batalla

que a diario libramos con el tiempo.

Ancho orificio de la eternidad,

se lanza sobre la memoria.

 

Con sus alas intenta borrar lo mirado,

sus huellas indelebles.

 

Por eso no decimos nada

cuando se nos atiborran los ojos

de universos y de mares por zarpar.

 

Cada recuerdo es un camino

que nos conduce

a un continente inventado

por el silencio de nuestros ojos.

 

La voz es un cosmos

disparado en dirección a la nada,

es el vacío reventando de tantos vacíos.

 

De ahí que no tener palabras

sea un eclipse de silencios

visto solo en silencio

y por los ojos de adentro.

 

La noche

 

La noche es un silencio asesinado,

podrida,

muerta como se muere un perro

en una calle abandonada.

 

La noche hiede,

las palabras son excrementos,

las cosas no dicen nada.

 

El mundo perdió su significado de mundo.

 

La noche es una carroña

que hasta los buitres ignoran.   

Ramón Peralta

Docente y escritor

Ramón Anselmo Peralta Domínguez. Santiago, 1965. Docente, escritor y editor. Licenciado en Educación mención Filosofía y Letras y Magíster en Lingüística Aplicada a la Enseñanza de la Lengua. Ha ejercido como docente en diversos centros de educación secundaria y superior. Actualmente trabaja como profesor en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Es autor de tres libros de poesía: Eternidades (1992), Dibujando lo fugaz (2012) y 21 ojos (2023). Ha publicado dos novelas: Olores del aula (2012) y Solamente saltar (2018). ramonperaltadominguez@gmail.com

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