Esta es una aproximación crítica, filosófica y sociológica a esta obra. No es mi intención adentrarme en un estudio socio-crítico en este poemario, el cual fue reconocido con el Premio Anual de Poesía-2025, “Salomé Ureña de Henríquez”, organizado por el Ministerio de Cultura de la República Dominicana.
El jurado que seleccionó esta obra estaba integrado por los intelectuales dominicanos, el poeta Rafael García Bidó, el poeta Rafael Virgilio López Féliz y el Arq. y Gestor Cultural José Enrique Delmonte.
La obra fue impresa en la Editora Nacional, Santo Domingo, República Dominicana, 2026, bajo la coordinación editorial de Clara Dobarro. El diseño de la cubierta fue a cargo de Elizabeth López Santana y la diagramación y el arte final fueron a cargo de Amado Santana. La obra consta de 85 págs.
Iniciamos con las proyecciones semánticas a las que nos remite el concepto caníbal, en el título de esta obra. Vemos que, desde su potencialidad metafórica, nos invita a explorar una sociedad que puede devorar, simbólicamente, a sus propios integrantes y engullírselos. En términos comunes y/o populares, nos remite a una “ciudad come gente”.
Esta imagen abre un campo de interpretación, relacionado con la violencia estructural, el individualismo, la competencia, la exclusión y la pérdida de sensibilidad frente al sufrimiento ajeno, tal y como se refracta en el espejo urbano de la sociedad norteamericana, de manera específica.
Otro propósito nuestro, desde este estudio, es establecer las relaciones entre estética, identidad y crisis social, evitando reducir la obra a una lectura exclusivamente temática y procurando comprender la función estético-literaria de la lengua en la construcción de su universo de significaciones.
Las ciudades de Brownsville, Bedford, Hunter Point, Mott Haven, East Harlem, Sound View, Tremont, Fordham, Fort Greene, Brooklyn Heights, Chelsea & Hell’s Kitchen y Greenwich Village aquí asumen el potencial socio-poético y comunicativo que nos permite sentir su quemante realidad, la cual es traducida en poesía, desde la mirada y el sentir del poeta.
Desde aquí, vemos la identidad colectiva y la experiencia compartida de una comunidad y sus contradicciones.
La identidad cultural, como memoria histórica, las raíces y los encuentros entre distintas tradiciones, son expuestas en esta obra, desde una abierta metaforización de la palabra.
Sánchez Beras entiende la ciudad como una conversación permanente entre el presente, el pasado y el porvenir. Esta concepción le permite relacionar el espacio urbano con la memoria y con los valores identitarios, desde una concepción poética evolutiva.

La muerte es presentada como una reflexión filosófica sobre la finitud humana y sus alcances.
Hay que saber mirar aquella dimensión filosófica de su poética, donde la existencia, la deshumanización y la libertad se proyectan como simbologías propias de su discursividad poética.
La ciudad puede interpretarse como un espacio de posibilidades; pero también, como un sistema que limita la autonomía individual. El sujeto procura, en vano, escapar de las estructuras que condicionan su vida y se ve compelido a enfrentar su destino.
Aquí la deshumanización, desde el canibalismo simbólico, nos plantea una crítica a aquellas relaciones en las que el otro deja de ser reconocido como persona y se convierte en objeto de utilización, de explotación, arrinconado a la indiferencia.
Desde esta perspectiva, la poesía adquiere una función humanizadora, ya que recupera la sensibilidad frente a quienes padecen las contradicciones de la sociedad, arrinconados al olvido.
Podemos, desde aquí, examinar el cuerpo como superficie donde se inscriben las experiencias individuales y sociales. El rostro representa la identidad visible, pero también su transformación bajo las presiones del entorno que rodea al sujeto, como ente pensante y actuante.
En esta obra poética, la identidad cultural y la memoria colectiva son dos núcleos expresivos que representan el pensar poético de este autor, quien, desde su acto de creatividad estética, nos trae el latir y el mirar de su gente, de nuestra gente, desde la manzana de acero de los Estados Unidos de Norteamérica, para el mundo.
Y es que, para el poeta y dramaturgo Sánchez Beras, la ciudad es como geografía interior y un espacio de diálogo entre el presente, el pasado y el futuro, como manifestación de temporalidad y existencia.
Esta concepción permite distinguir tres aspectos en la poética de este autor:
a) Memoria individual: donde los recuerdos y las experiencias configuran al sujeto.
b) Memoria colectiva: aquí encontramos las experiencias compartidas por una comunidad.
Y c) Identidad cultural: donde las raíces, los encuentros y los desencuentros del sujeto comparten las transformaciones históricas de una sociedad que agoniza sobre el asfalto y la desidia cotidiana.
La ciudad puede destruir las huellas de sus habitantes; pero la poesía tiene la capacidad de recuperarlas, mediante la palabra convertida en ritmicidad y metáfora, y este poeta conoce de esa travesía discursiva.
De ahí que su acto de creación literaria, en este caso, puede entenderse como una forma pertinente de resistencia frente al olvido.
La ciudad se convierte así en un espacio de representación de la humanidad contemporánea, donde el sujeto busca preservar su identidad frente a las fuerzas que amenazan con disolverla… encontrando voces poéticas como esta, para darle sentido y permanencia existencial.
Las ciudades de Brownsville, Bedford, Hunter Point, Mott Haven, East Harlem, Sound View, Tremont, Fordham, Fort Greene, Brooklyn Heights, Chelsea & Hell’s Kitchen y Greenwich Village aquí asumen el potencial socio-poético y comunicativo que nos permite sentir su quemante realidad, la cual es traducida en poesía, desde la mirada y el sentir del poeta.
La fragmentación de las imágenes, las transformaciones metafóricas y la representación de los cuerpos y los espacios urbanos aquí nos permiten construir una visión compleja de la condición humana, desde una voz poética de tonalidad humanizante.
En este autor, la poesía aparece como una forma de resistencia cultural y humanística. Frente a una ciudad que devora las huellas de sus habitantes, y es por eso que aquí la palabra poética procura recuperarlas y devolverles visibilidad y vida sobre el tiempo.
En “Ciudad Caníbal”, la ciudad constituye, simultáneamente, el espacio donde se construye la identidad humana y el escenario donde las contradicciones sociales amenazan con destruirla; frente a esa realidad, la poesía funciona como una forma de resistencia estética, como memoria y recuperación de la dignidad del ser humano.
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