Si pienso en antiguos pactos, entiendo que es a partir de estos que conduzco mi movimiento entre paisajes.  Parece que, tanto en el interior como en el exterior, ellos encuentran su lugar para insertarse caprichosamente en mi y hacer que yo los siga, de la misma manera que ellos me siguen. Esto ocurre mucho, y de manera intensa, en una espiral de experiencias que parecen ecos de otras vidas. El paisaje caribeño es uno de mis grandes aliados, allí me alimenté, me vacié, me sumergí y  renací con su viento y bajo su sol.

En esa tierra caliente, yo reencarné más circular, más vincular, escuchando los elementos conduciendo, llevándome más dentro de mi y mostrándome la rebeldía vital e inevitable de mi propia esencia paradójica, a partir de su paisaje.

Su alma en ebullición inclemente, desde la mitología literaria, me trae la imagen de Caliban, quien desde los ojos del colonizador era un monstruo, 'salvaje', indómito y no civilizado.  Pero que desde dentro del Caribe, es el contestarario, contradictorio, resiliente y soberano inconforme, que se resiste a ser sometido.

Caribe, como el paisaje que encierra tras de su sol lo instintivo, el cuerpo y el delito en fragmentos archipelágicos, donde agua y fuego conviven, en acuerdo integrado, entre la tierra y el cielo.  En la psicología profunda junguiana, Caliban sería la sombra del proceso colonizador violento y persistente en el cuerpo Caribeño.

Desde Puerto Rico, la Gran Bienal Tropical, proyecto conceptualizado en el 2011 por el curador mexicano Pablo León de la Barra, con la premisa de vincular arte y vida cotidiana, en el desparpajo del clima cotidiano puertorriqueño y desde Loiza, uno de los municipios más antiguos de la isla, cuyo nombre deriva de la cacica Yuiza, líder Taína que gobernaba la zona antes de  la colonización española. Este municipio ha sido un núcleo de resistencia histórica a  la opresión colonial, con fuerte presencia e identidad  afrodescendiente puertorriqueña.

La Gran Bienal Tropical de Puerto Rico ocupa, entonces, la playa pública, a trópico abierto.  Desde su inicio, esta bienal, sostiene un carácter experimental, jugueton, irreverente e informal…sin paredes, al aire libre, desde "el kiosko de la Comay" (tienda de la esquina en la playa) siendo incorporada por el ambiente  y, a su vez, atravesando el día a día de la vida tropical.  Esta posibilidad tropical surge y se sustenta desde las 'economías de la amistad' y marca un punto de referencia en contraposición a instituciones tradicionales en el mundo del Arte.

Desde el otro lado del espectro tradicional, lejos de columnas institucionales, este fluido proyecto tropical, emana presencia de cara al viento, en osadia sobre la arena y en la orilla del mar.  La más reciente edición de esta Bienal ocurrió en diciembre de 2025, bajo la provocación curatorial "¿Qué puñeta ej esoooo?" (expresión coloquial puertorriqueña que denota una fuerte reacción ante un hallazgo sorpresivo).  Con está pregunta retórica, los curadores Pablo León de la Barra, Marina Reyes Franco, María Elena Ortiz, Radamés 'Juni' Figueroa y Stephan Benchoam, reconociendo la inclemencia de las historias caribeñas, apelan a mirar hacia el aspecto sombrio de  los secretos a voces históricos y contemporáneos: sometimiento colonial, militarización, contaminación ambiental y diferentes vestigios que hacen parte de los daños o efectos colaterales de sistemas pasados aún vigentes y presentes.

Es en este contexto que la obra, ganadora de una Piña de Oro, "Cuando la fiesta no va al chivo, el chivo va a la fiesta" del artista dominicano, basado en Guatemala, David Pérez, conocido como Karmadavis, ocupa y se desenvuelve dinámicamente en el espacio.

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Karmadavis recibe la piña de oro en la Gran Bienal Tropical de Puerto Rico, por su obra Si la fiesta no va al chivo, el chivo va a la fiesta Imagen cortesía del artista. 2025

"Si la fiesta no va al chivo, el chivo va la fiesta" es una acción performática de Karmadavis, quien acompaña a un chivo macho, que circula por la bienal, presente, vivo, y de manera silenciosa, respirando, comiendo, habitando el espacio.  En las palabras de Karmadavis "el chivo es el macho cabrío, mujeriego, potente sexualmente, insaciable, terco…el chivo es apodo y  metáfora del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo y su forma de ejercer el poder.  Aunque él murió, su sombra permea aún la sociedad dominicana disfrazada de moral, orden y  tradición.  Persistiendo en gestos y discursos de pureza, que atraviesan instituciones, entre ellas las artísticas, con paradigmas que deciden que mostrar y que no…"  Estos patrones persistentes en diferentes ambitos de la sociedad alimentan un trauma intergeneracional que, se propaga junto con la tradición de coerción y control social, como explica ampliamente Mariel Buque, hablando sobre traumas no procesados a nivel colectivo.  El chivo es una figura que tiene una presencia  recurrente y visceral en la obra de Karmadavis.  Algunos años atrás, durante el festival de performance de Arte y Estudio en San Cristóbal (ciudad natal de Trujillo), Karmadavis en su performance "Pollo rey"  impregnaba en un elemento de las personas presentes (zapatos) el olor y la huella de la muerte (sangre de piel de chivo muerto) como recurso para no perder la memoria. De este modo, dicho olor acompañaba a cada participante en su propio recorrido.  Los zapatos fueron impregnados con la piel de un chivo,(recién sacrificado en el matadero de la ciudad) el cual aún conservaba restos de sangre y vísceras. Posteriormente, los zapatos fueron devueltos a sus dueños al finalizar la acción.  Quedar con el aroma, la textura, la sensación de la sangre, era el intuito.  Aquí la obra surge en el vinculo, en la expectativa y en la respuesta a la experiencia, entre la conjunción de elementos en  contacto directo con la piel de las personas…como cuerpo de delito, memoria, en busqueda del lugar de la persistencia, su raíz.  De nuevo: el patrón.

Karmadavis es un artista multidisciplinario, figura importante del performance, cuya poética aborda las fuerzas y los vínculos que sustentan las construcciones de la memoria, a través de la sensación, el sabor, el olor y el dolor, enriquecida por sus provocaciones manifiestas en experiencias diversas, entre ellas, gastronómicas.  La materia de su obra ha sido el cuerpo, con un fuerte enfoque en las problematicas históricas sociales y tensiones entre República Dominicana y Haití.  La obra de Karmadavis vive desde lo vincular, desde el lenguaje de la vida, sea esta humana, vegetal, mineral, o animal, siguiendo un principio vital de interconexión e interdependencia.  Esto fue claro, para mi, cuando por primera vez, me encontré con su obra, después de mi llegada a Santo Domingo por la primera vez y por tierra, desde Port au Prince como estudiante de seminario de antropología e historia de la University of Miami, analizando las relaciones binacionales en la isla,  la obra "estructura completa" consistia en una dupla formada por un hombre dominicano ciego que lleva cargando en brazos una mujer haitiana con piernas amputadas. Como la manifestación simbólica y tangible en movimiento del proceso de convivencia de las dos naciones hacia la integración para sobrevivir y continuar.  Karmadavis, atraves de su obra, emana un conocimiento antiguo que viaja por el cuerpo y se refleja en la vida para servir a su señalamiento de los elementos que persisten en el discurso cotidiano, como factores opresores, en contranatura el flujo libre de la experiencia, y que aún continuan encontrando suelo fértil para perpetuarse en una sociedad, traumatizada por el pasado, que ve la tradición como reliquia, sin tela de juicio. Las semillas no fueron disipadas por el viento, la raíz continua firmemente anclada en ese suelo complice,  y el conflicto se eleva erecto y constante como palmera con su raíz firme e invencible a la orilla del mar (o dentro de una matera). Dejándonos claro que lo que no se saca de raíz, vuelve a crecer.

Deteniendome un momento en los sentidos y significados evocados por la 'Historia con H mayúscula', y su relación con los ámbitos de poder, me gusta recordar a Herzberger en su reflexión sobre evidencias y documentos históricos, cuando dice que 'falsas crónicas' como la literatura, son superiores a la Historia, no por el valor verdadero de su discurso, sino por las 'proposiciones sobre la verdad', es decir, por los significados que, como símbolo, evoca…

Menciono esta premisa del historiador porque, para mi, esto mismo es aplicable a obras que, como la de Karmadavis, entonan señalamientos de historias del pasado, aún presentes en lenguaje de percepción no linear.  Son provocaciones imprescindibles para sustentar la mediación entre vida y muerte, como la persistencia del pasado en el presente.

Así como Gabriel García Marquez reflexionaba una vez sobre el poder y la soledad, para ello él exaltaba la recurrencia de la figura del dictador, como personaje mitológico producido en América Latina, y contaba que su antiguo amigo el general Omar Torrijos, dictador de Panamá de 1968-1981, 48 horas antes de morir, le dijera al escritor que su mejor libro era "El Otoño del Patriarca" y enfatizara para él: "todos somos así como tú dices".

Parece ser que este arquetipo latinoamericano está tan vivo y tan presente en el inconsciente colectivo, que sus multiples apariciones en la literatura son sintomas persistentes del fenómeno en la sociedad.  Además de Gabriel García Marquez y Alejo Carpentier, Mario Vargas Llosa en "La fiesta del chivo", inspirada en Trujillo, ayuda a inmortalizar este personaje y su apodo.  Rafael Leonidas Trujillo, dictador impuesto y entrenado por los marines norteamericanos en República Dominicana.  Gobernó desde 1930 hasta 1961 en una de las más extremas y brutales dictaduras de América Latina.  Ególatra, megalómano, de sonrisa inescrutable, con gran afición por las corbatas, los uniformes, los zapatos y las mujeres.  Su lema "Quién no está conmigo, está contra mi", cambió el nombre de la capital a Ciudad Trujillo, igual que parques, puentes, picos de montaña y erejió 1,800 esculturas de si mismo en todo el país. Según el historiador Roberto Cassá: " el Trujillato fué un régimen nacionalista, reaccionario y agresivo, acompañado por una propaganda mesiánica que lo presentaba como el protector de la nación."

Era dueño de una pasión delirante por el poder y el control, extendiendo al extranjero, las garras del terror de su regimen, acechando y asesinando, a exiliados en Estados Unidos, México y otros países.  Rastros de ese sistema de terror y corrupción parecen estar aún subyacentes en memorias colectivas de trauma aún no elaborado.

Por esto, la obra de karmadavis se revela dentro de un escenario nacional en que cada censura se torna un síntoma de ese conflicto histórico no resuelto en la psique nacional.  Al perpetuarse la censura, la herida sigue reprimiendose y continua creciendo para adentro, haciendose más compleja y extensa.

La figura del chivo a partir de la mitología griega se manifiesta en Pan (mitad hombre-mitad chivo). Él es el arquetipo de lo instintivo y lo inconsciente, vínculado al miedo súbito-pánico- y a la sexualidad desbordada.  Pan puede llegar a ser una manifestación de la sombra colectiva que, siguiendo a Carl Gustav Jung, sería la parte del 'carácter' colectivo que no es compatible con la imagen que se quiere mostrar al mundo, y está constituida por deseos no reconocidos, la suma de las propiedades ocultas y desfavorables contenidas inconscientemente, en adición a figuraciones del mal…

Desde una visión que busca resolución de conflictos, Jung apelaba por estar en contacto con la sombra, aunque no fuera tarea facil, pues consideraba necesario aprender a convivir con él, en conciencia, para participar de la vida integralmente.  Y  ¿Qué significa esto? Que no es atraves de la censura que se logra trascender la complejidad del mal.

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Si la fiesta no va al chivo, el chivo va a la fiesta Karmadavis, Gran Bienal Tropical de Puerto Rico. Fotografía cortesía del artista, 2025.

La relevancia y la potencia de la obra de Karmadavis radica en la fluidez y capacidad de insertarse tornandose 'síntoma' y proceso además de símbolo.  "Si la fiesta no va al chivo, el chivo va a la fiesta" sobre la arena, circulando dentro de la Gran Bienal Tropical, constela una serie de complejos y conflictos de la realidad fruto de una historia que pesa, paso a paso sobre la arena y cuyas memorias parecen encontrar, en la playa, una válvula de vaciamiento, como si la Bienal, en la playa de Piñones fuera una caja de arena gigante (sandplay) como herramienta analítica junguiana no verbal, donde el inconsciente se despliega en libertad.  Podria ser como una danza catártica junto a todos los otros símbolos y situaciones traumaticas a afrontar.  Maravilloso, sentir que una Bienal en la arena, logre tornarse herramienta de autoconocimiento, integración y sanación.   ¿Cierto?

Yo quiero entrar allí, desde esa optica, para verme en ese otro que me habita y entender mejor mis sombras…

¿Conseguiremos, entonces, ver ese otro, que nos habita colectivamente?

¿Dejaremos que ese otro interno se acerque y seremos capaces de nutriremos mutuamente con él en vez de censurarnos o eliminarnos uno a otro?

Cuán propicio y qué pertinente es abrir y cerrar esta fisura sobre la arena, desde la obra de Karmadavis en pie, llamando a participar en una especie de reconocimiento, que se torna terapéutico, colectivo y espontáneo:…como diría la terapeuta junguiana Dora Kalf: integración de trauma en dispositivo de movimentación psíquica desde la libertad de los cuerpos y los simbolos sobre la arena.

Gracias Karmadavis por dar tanta profundidad y movimiento a esta fisura.

Asociacion de palabras con Karmadavis:

¿Piña? de oro.

¿Bienal? Emociones.

¿Sistema? Poder.

¿Orden?  Control.

¿Justicia? Luz.

¿Chivo? Nuestra Historia.

¿Fiesta?  Privilegio.

¿Humor? Necesario.

¿Arte? Todo.

¿Vida? Misterio.

¿Comida? Supervivencia.

¿Cocina? Laboratorio.

¿Amor?  Suspiro. Universo.

¿Muerte? Con dignidad

¿Paz? Abundancia.

¿Crítica?  Derecho.

¿Caribe? Condominio de vecinos complicados.

¿Dominicana? Media Isla.

¿Fuego? Caribe.

¿Cerpo? Juego.

¿Juego? Actividad.

Referencias

Martínez, A. (2025, diciembre). Entrevista con Karmadavis.

[Entrevista personal].

Kalff, D. (2003). Sandplay: A psychotherapeutic approach to the psyche. Cloverdale, CA: Temenos Press.

San Miguel, P. (1997). The imagined island: History, identity, and utopia in Hispaniola. Chapel Hill: University of North Carolina Press.

Aurora Martínez

Historiadora, investigadora, curadora y crítica de arte. Como educadora y directora de La Salvaje – Narrativas Curatoriais, exploro el arte como evidencia histórica y como herramienta de transformación personal y colectiva. Mi práctica se sitúa en la intersección entre pedagogía poética, memoria y procesos comunitarios. He liderado proyectos curatoriales en el Caribe, África y las Américas, colaborando con instituciones culturales, académicas y territorios diversos. Actualmente resido en São Paulo, donde continúo desarrollando iniciativas que cruzan arte, educación y pensamiento crítico.

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