Un mismo tema, dos conclusiones
Gustave Flaubert escribió Madame Bovary en 1856 y, veintiún años después, en 1877, León Tolstói publicó Anna Karénina. Dos clásicos extraordinarios del siglo XIX. Ambas novelas abordan el tema del adulterio en su época. Como puede observarse, el primero en tratar el tema fue Flaubert.
En este mismo periódico, pueden leer mis análisis a ambas novelas: Los cuatro amores de Madame Bovary, Anna Karénina: Un espejo de la complejidad humana en la obra maestra de Tolstói (I y II). Debo aclarar que Anna Karénina es una de las obras maestras de Tolstói; Guerra y Paz es considerada su obra principal.
De estas novelas me ha llamado la atención el rigor, la paciencia y la dedicación con que fueron escritas, aunque en algunos pasajes puede percibirse cierta ralentización. En este ensayo analizo la estructura y las herramientas narrativas que utilizan ambos autores, así como las similitudes y diferencias en el tratamiento del tema central.
Desarrollo que induce al tema
El autor, desde los primeros capítulos, puede indicar hacia dónde dirige la trama. Es el caso de Flaubert, quien, a pocos días de casada, Emma muestra su desencanto con Charles por su forma de vestir, su poca intuición y su torpeza al conversar:
«¡Quién pudiera acodarse en el balcón de los chalets suizos o encerrar su tristeza en un cottage escocés, junto a un marido que viste de frac de terciopelo negro de largos faldones, y que lleva botas flexibles, un sombrero puntiagudo y puños de encaje en la camisa! (…) Y es que le faltaban las palabras, la ocasión, el atrevimiento.» (p. 65)
Continúa el narrador:
«Sin embargo, si Charles lo hubiera querido, si lo hubiera sospechado, si su mirada hubiera ido, siquiera una vez, al encuentro del pensamiento de Emma (…) Pero a medida que se estrechaba más la intimidad de su vida, crecía el desapego que la separaba de él.» (p. 66)
Desde el inicio queda sembrada la insatisfacción que conducirá al conflicto.
En el caso de Tolstói, el tema central se introduce mediante la infidelidad de Stiva, hermano de Anna, hacia su esposa Dolly. Anna es llamada para interceder. Aunque el hecho se trata con discreción, la sociedad no juzga con la misma severidad al hombre que a la mujer. Anna aparece como salvadora de un matrimonio ajeno, pero luego, por razones similares, romperá el suyo.
El primer encuentro con Vronski se produce en un ambiente propicio para el surgimiento de una relación que, en principio, parece casual.
Conformación estructural
Madame Bovary presenta una estructura narrativa lineal, narrada en pasado, centrada casi exclusivamente en el seguimiento de Emma, su vida y sus amores.
En cambio, Anna Karénina posee una estructura más compleja y coral, dividida en dos grandes tramas que se entrecruzan: Anna–Vronski y Levin–Kitty. Cada personaje recibe un tratamiento particular, algo posible gracias a la extensión de la novela. Tolstói ralentiza el ritmo cuando se adentra en el mundo rural a través de Levin, considerado por muchos como su alter ego.
Narrador
Ambas novelas emplean un narrador omnisciente en pasado y utilizan el estilo indirecto libre. Esta técnica permite acceder a lo que los personajes hacen, sienten y piensan.
Tolstói logra un impacto notable cuando Anna, tras dar a luz a la hija de Vronski, oscila entre la vida y la muerte, rompe con su amante y luego se reconcilia con él tras su intento de suicidio. Flaubert alcanza un efecto semejante al exponer los pensamientos y contradicciones internas de Emma.
Tolstói muestra dos caras de la moneda: un matrimonio que se derrumba por la insatisfacción de la esposa y un romance que rompe las normas sociales y desemboca en la autodestrucción (Anna–Vronski); y otro que, pese a sus dificultades, se mantiene (Levin–Kitty).
La novela de Tolstói transita entre la ciudad y el ámbito rural, mientras que Flaubert se mueve principalmente en el espacio provinciano, con desplazamientos puntuales a la ciudad, como los viajes de Emma a Ruan para encontrarse con León.
Clímax y giros
En Anna Karénina no existe un único clímax que divida la narrativa. Al ser una novela coral, varios momentos culminantes fortalecen su estructura. Tampoco sigue de manera estrictamente lineal el esquema clásico de inicio–desarrollo–clímax–desenlace. Uno de los momentos más impactantes es cuando Karenin confronta a Anna por su infidelidad.
En Madame Bovary, en cambio, la progresión es más lineal: inicio, desarrollo y desenlace. También hay giros, pero son menos espectaculares y más tendientes a lo psicológico.
Coincidencias éticas y estructurales
Ambas novelas tratan el matrimonio, la insatisfacción, el deseo, el adulterio, la crisis moral y el suicidio.
La actitud de los esposos rompe la lógica esperada: el adulterio suele traer celos, violencia y rencor. Sin embargo, tanto Charles como Karenin reaccionan de manera distinta. Es una lección a los hombres del siglo XXI. Veamos estos casos:
En Anna Karénina, Alexéi Aleksándrovich Karenin perdona a Anna y extiende su compasión a Vronski con una frase que desarma cualquier juicio:
«Quiero darle mi camisa a quien me arrebata el abrigo.» (traducción de Víctor Gallego Ballestero p. 515).
En Madame Bovary, Charles, al encontrarse con Rodolphe, declara:
—No le guardo rencor.
—¡No, ya no le guardo rencor!
—¡La culpa es de la fatalidad! (p. 402, trad. Mauro Armiño)
Ambos esposos adoptan una postura inesperada, más cercana a la resignación que a la violencia.
Otras coincidencias
Ambas novelas toman para el título el apellido del esposo: Emma Bovary y Anna Karénina. La identidad femenina queda así inscrita dentro del matrimonio.
En ambas historias, la ruptura no es abrupta; las frustraciones se acumulan hasta alcanzar el clímax psicológico.
Las protagonistas, cuando intentan retroceder, temen el juicio social. En el caso de Anna, el aislamiento es más fuerte: la sociedad la juzga abiertamente, lo que intensifica su sensación de vacío.
Diferencias
Anna abandona a su esposo y se va a vivir con Vronski. Emma intenta huir con Rodolphe, pero él la abandona.
Anna es atrapada por los celos y la inseguridad; teme la reacción social y familiar. Emma queda atrapada en las deudas; ni Rodolphe ni León la ayudan, y su esposo desconoce la gravedad de la situación.
Desenlace
Ninguna logra llenar su vacío existencial y ambas toman la trágica decisión del suicidio.
En resumen
Tolstói construye una estructura doble: por un lado, la historia desgarradora de Anna; por otro, el proceso de consolidación familiar de Levin y Kitty. En los capítulos finales, el tema religioso cobra relevancia y fortalece la epifanía de Levin, quien alcanza una transformación interior que le otorga estabilidad emocional.
Después de la muerte de Anna no se produce un derrumbe estructural, sino un cambio de tono narrativo.
Flaubert tampoco concluye inmediatamente con la muerte de Emma, pero deja que el dolor siga expandiéndose y ganando espacio como vientos tempestuosos hasta llevar a Charles a la más profunda soledad.
Flaubert se enfoca estrictamente en la infidelidad y sus consecuencias, así como en las razones emotivas y existenciales que llevaron a Emma a buscar una plenitud que nunca alcanzó.
En realidad, Tolstói, más de veinte años después, logra una historia más completa—desde el punto de vista estructural—. Es posible que haya aprovechado la experiencia de Flaubert, que le dio un material que pudo haber desglosado y contado otra historia, con una arquitectura narrativa más amplia, además mostrando la otra cara. Esto no significa que Madame Bovary no sea completa: es una novela compacta y cerrada.
Un lector que llegue a la muerte de Anna podría pensar que ese es el final; sin embargo, la novela continúa. Se percibe un cambio en el ritmo narrativo, no así en la estructura.
Son dos novelas extraordinarias que permiten apreciar la maestría de dos grandes escritores del siglo XIX: Gustave Flaubert y León Tolstói.
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