“Las leyes de nuestro propio discurso son a la vez verosímiles (por el hecho mismo de ser leyes) e incognoscibles, pues no es sino otro discurso el que puede describirlas…
Así, este texto mismo, que trata de lo verosímil, lo es a su vez: obedece a un verosímil ideológico, literario, ético que nos lleva hoy a ocuparnos de lo verosímil. Sólo la destrucción del discurso puede destruir su verosimilitud, si bien lo verosímil del silencio no es tan difícil de imaginar…” (ZVETAN TODOROV, p. 178, 1970).
“Aristóteles ha establecido la técnica de la palabra ficticia basándose en la existencia de cierto verosímil, depositado en el espíritu de los hombres por la tradición, los Sabios, la mayoría, la opinión corriente, etc. Lo verosímil en una obra o en un discurso consiste en que no contradiga ninguna de esas autoridades. Lo verosímil no corresponde fatalmente a lo que ha sido (esto proviene de la historia) ni a lo que debe ser (esto proviene de la ciencia), sino sencillamente a lo que el público cree posible y que puede ser en todo diferente de lo real histórico o de lo posible científico. De tal modo Aristóteles fundaba cierta estética del público; si hoy se la aplica a las obras de masa, quizá se llegara a reconstruir lo verosímil de nuestra época; porque tales obras no contradicen jamás lo que el público cree posible, por imposible que aquello sea, histórica o científicamente” (ROLAND BARTHES, p.p. 14-15, 1976).
A lo que Todorov llama “leyes de lo verosímil”, yo llamo ideologías. Y si son “incognoscibles” es por uno mismo, por cuanto uno mismo no se vive explicando su propia ideología, sino justificándola y aplicándola, al paso del propio proceso que la reconfigura, la camaleoniza, la encubre, la metamorfosea constantemente en su proceso dialéctico, contradictorio y hasta contraléctico. Pero sí son cognoscibles por quien procure identificarlas en su justo contexto, en su desarrollo contextual e intercontextual.
El Arte Poética de Aristóteles es una atractiva antología del gusto personal del autor a favor de un canon ya preestablecido en la conciencia de la ideología dominante eurocentrista que a través de dicho texto se afianzó y pretendió eternizarse en la historia de la literatura. Si toda antología (elección) es antojolía, y todo canon (excluyente) es cañón para matar a otros, toda otredad es aventura inmortal de la fe, atopía o utopía, que nace eternamente en el vientre de la propia historia.
Mi criterio, mi interpretación del fenómeno estudiado no es más que subjetivación ideológica, aun cuando traigo opiniones de otros para validar la mía; porque ampararme en ideas ajenas para validar las mías es también parte de mi propia política de ideologización como sujeto-escritor.
1-De la ideología
El concepto de ideología fue creado por el pensador francés Destutt de Tracy en su libro “Elementos de ideología” (1830). La definió como "ciencia de las ideas", especie de disciplina científica que estudiaría el origen, desarrollo y naturaleza de las ideas. Pero en este trabajo nos limitaremos a esta simple mención, debido a la delimitación teórica de nuestro propósito.
Althusser la define como una “representación de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia” (Asensi. 2015. Introducción a los estudios culturales…, p. 5). Estaríamos de acuerdo con Althusser si consideramos que muchas veces esa “representación” es máscara que se corresponde o no con las reales condiciones de existencia del sujeto. Pero yo considero que la ideología es más que representación, es acción constante, consciente e inconsciente del sujeto y que la relación de los individuos con sus condiciones reales de existencia no es imaginaria, sino subjetiva. Así, la ideología opera en el sujeto desde el vientre y se proyecta en su existencia a través de un proceso de subjetivación con relación al contexto, a “sus condiciones reales de existencia”.
Considero, y así se nota en el trayecto histórico del desarrollo conceptual del término, que todos los enfoques del concepto de ideología se orientan, apuntan hacia la complejidad bio-sico-social del sujeto, pero creemos que el psicoanálisis ayuda a entender mejor la ideología y sus mecanismos de operación en el sujeto-productor de ideología. Ideología es el resultado del complejo interactivo del organismo humano con su contexto que se traducen en sus actos cotidianos, de las relaciones subjetivas del sujeto con sus condiciones reales e imaginarias de existencia. La ideología es producto material de la subjetividad del individuo, pero a la vez pulsada por su imaginación como respuesta a su propia realidad de existencia. La ideología es un todo (mezcla de lo real y lo imaginario: de historia, realidad y mitos) que nunca está fijo del todo, que se transforma constantemente, aunque apunte siempre a intereses y objetivos relativamente fijos. Lo real moldea a la imaginación (a lo imaginario), pero esta a la vez incide en la transformación de la realidad. Esta interacción mutua es proceso de subjetivación. La ideología, si bien está determinada por la condición material a las cuales se someten las ideas, estas sirven a su vez para transformar las condiciones materiales.
La ideología es entramado biosicosocial que se articula en orientación con el poder y el contrapoder, en mayor o menor medida. Mayoritariamente la voluntad del sujeto se pliega al poder por conveniencia varia, en relación sadomasoquista como producto existencial, lo cual da un resultado más favorable al poder instituido que a la conciencia (ideario) de transformación. La ideología del sujeto es la que opera más allá del poder y el contrapoder pese a estar condicionada por estos. Se enmascara y como rata de alcantarilla lleva a cabo sus propósitos más oscuros, espurios, pero igualmente puede ser veneno para tal roedor.
La ideología es producto de un proceso en el que es precedida por la psicología del sujeto, la cual a su vez deviene de su biología. Biología-psicología-ideología. Bien se pudiera agregar una cuarta instancia: la filosofía como orientación de toda ideología, pero la ideología es en sí filosofía en aplicación pura, dado que el proceso de ideologización implica una cosmovisión, una visión de la existencia.
La costumbre y la manera de pensar y actuar, la ideología trasciende las delimitaciones de lo verosímil y lo inverosímil. La ideología se reviste de subjetividad en cada cultura, tiempo y grupo o sujeto y lo que es inverosímil en uno no lo es en otro. Por eso la construcción histórica de la dicotomía verosímil/inverosímil no funciona con la misma validez en todos los contextos. Sin embargo, lo curioso es cómo, a pesar de tantos escritores de ficción haberlo demostrado a todo lo anchilargo del tiempo-espacio, se reivindica la tradición aristotélica del concepto. Y sorprende más al saber que la teoría aristotélica de “El Arte Poética” responde a la ideología personal de su autor. En tal sentido, Aristóteles articuló en su teoría literaria una mezcla ideológica con perfil estético a favor de la construcción de un verosímil como política de ideologización a imagen y semejanza de una tradición ideológica patriarcal, conservadora, jerárquica y con fin de dominación mediante autoridad y violencia epistémica.
En “La poética” de Aristóteles se fija la posición ideológica de su autor respecto a la teoría literaria y al canon que la preside. Así El Arte Poética es la apreciación personal de Aristóteles de la literatura determinada por su ideología, la cual, por supuesto, está condicionada por los poderes fácticos que representan las ideologías dominantes del momento en la conciencia del autor. Sabemos que, de sujeto en sujeto, de subjetividad en subjetividad, hallamos diferencias ideológicas. De ahí que El Arte Poética tuviera diferencias ideológicas respecto a la escritura de otros. Platón favorecía a la aristocracia, sobre todo a la intelectual. Por algo su nombre real era Aristocles (aristo-cracia). Al igual que Aristóteles, por algo su nombre respondía a la aristocracia. A la luz de la verdad, la acusación contra Sócrates fue un “inverosímil”, amparado en una ley “verosímil” que la propia superestructura del poder aristocrático había establecido. De donde se desprende que tanto lo verosímil como lo inverosímil se manipulan ideológicamente y que, en la contingencia del contexto, de la realidad pueden dar resultados conformes o no a esa manipulación.
2-De lo verosímil

Tzvetan Todorov dijo en 1968 que “El concepto de lo verosímil ya no está de moda. No se lo encuentra en la literatura científica “seria”; en cambio, continúa haciendo estragos en los comentarios de segundo orden, en las ediciones escolares de los clásicos, en la práctica pedagógica” (Communications, pág. 12, 1968). Sin discusión, lo verosímil, como pauta preceptiva, sigue modelando la ficción; tal parece que con el decir de Aristóteles al respecto se ha sentado como valor eterno, irrefutable en la historia de la literatura. Pero no es así. En ese sentido, intentamos obrar contra el predominio del imperio de 25 siglos de lo verosímil aristotélico, el cual comparte con su “contraparte”, lo inverosímil, su “hermano gemelo” y “enemigo eterno”, pero que no es más que la oposición mutua que justifica ambos criterios, que los alimenta recíprocamente. No existe uno sin el otro. Creo que la construcción histórica de la oposición binaria verosímil/inverosímil debe ser sustituida por un indecidible que supere ese dualismo, dicotomía, binarismo de la estética literaria metafísica. Ese indecidible se denominaría pansímil, cuyo fenómeno ya tantas obras han anunciado, pero que pocos han reconocido.
“Lo verosímil es la máscara con que se disfrazan las leyes del texto, y que nosotros debemos tomar por una relación con la realidad” dice Todorov (1970, p.13). Pero para hacer más precisos que Todorov, esas “leyes del texto” son los rasgos ideológicos, el entramado ideológico que lo opera y esa “relación con la realidad” no es más que ideológica también en el sentido de asumir la realidad, es decir, aceptar las condiciones de existencia “reales” (las creadas por las ideologías hegemónicas) o transformarlas en otras realidades.
Compartir esta nota