Que, desde sus orígenes y devenir, Aquiles Julián, haya refrendado, “provengo”, para concurrir, “arribo”, a su propia “carta de presencia”, o nacimiento, amparado por el cuajo, “jugo”, de los senos, “dos altas banderas”, a los que el poeta se suscribe, “suscribo”, más que una aclamación erótica de liturgia femenina, constituye y representa el ateto, o amamantamiento, testimonio universal, “tus tantos senos / tus demasiados senos”, de la supervivencia de la especie, en su historia evolutiva, pendiente de aquellos “dos planetas de la dicha”.
Así, entonces, hubo de empezar el afán de pertenencia, “ciudadanía”, a la que el bardo acorre a través del embrujo, nexo, de múltiples palabras, “vocabulario que poseo”, para nombrar, en sobrados y alegóricos fundamentos, rezumados e inmediatos, las tetas, imbricadas al nudo total de los sentidos, “pozos, pan, sendas, hogueras, manantiales, selvas, casas, industrias, armas, lagos”. En sí, íntegras traínas de lactancias que convergen, asimismo, para mitigar algunos que otros eventuales aconteceres: alberca que me abreva, hogaza que me sustenta, veredas que recorro, pira que me aluza, fontana que me remoja, espesura que me atempera, hogar que me resguarda, industria que me provee, armamento que me escuda, y estero que me irriga.
Precisamente, glosario este, que no conforme su atesoro, Aquiles Julián profiere, “pronuncio”, como acto revertido, subrepticio, que también al mismo poeta dimensiona, “me pronuncian”. En todo caso, señal sucedánea, a pesar de la duda, “no sé”, de la “propia materia” de la lengua, el habla, que holga el aeda para “constru[ir]” la franja metafórica, rayos y agua, de las mamas, “Senosol / Oseano”, que amamantan los cuerpos, ¡salud y crecimiento!, tras el inicio mundano, de extremo y prueba, al filo del cuño común al desemboco.
De ahí que, en el vuelo del poeta, acosando las mamarias, “alturas”, surge el impúber, “alpinista”, quien ya había recorrido el útero, “subterráneo”, con las incipientes, inaugurales, partículas de fuego al tiro de la madre que al retoño alumbra. De esta suerte, las criaturas recabamos conquistar, a fuerza instintiva y a contrapunto, “ascender / descender”, los senos, “metal de piedra”, quebrantados por el “agua sonora”, o el calostro. Más procurando probar, “abarcar”, más allá, la magnitud del orden cósmico, “extensión de locos universos”, paradoja de “parajes cimarrones [y] habitación de júbilos”.
Pero como todo muda, luego que Aquiles desmontara los sucesos o apólogos sobre aquel entorno de pezones, donde la cuajada, “bruma”, se desbroza, se “despeja”, apegada, precisa, al sustento, nutrición de la cría y a la prolongación ecuménica, colectiva, de los seres y sus dolores, asistimos, pues, de ahora en más, a esa concupiscencia “temporal”, perentoria, que se extiende, cuelga, con destino a otras franjas e ignoradas órbitas, “lugares distantes”, en el cuerpo de la hembra aquesta, presuntuosa, saturada de lascivia y la afluencia de su crema blanca. En efecto, el vate, presto, arrójase a un franco y abierto erotismo al preguntarse: “¿Dónde nacen / mujer / tus manantiales / esos amaneceres broncos / esos dos astros permanentes / tus confluencias / tu pregón de amor / tus fortalezas / mis cárceles / mis nidos / donde mis madrigueras se originan? ¡Ah!, hogaño, el poeta busca instaurar, sobre el promontorio de gema, una personal coyunda, “dominio”, reculando, “desanda[dos] esos atajos, “caminos”, que hubieron de engendrar vahídos, “vértigos”, tras la impactante contrapuesta, “descendencia [y] ascendencia”, de la carne, reintegrada la cima a huecos, mediante los “insondables abismos” tan pronto como el desdoble de los senos.
A la luz de tal alcance, el poeta se desprende, asiste, “en torno al abrasarme / quebrarme / o destrozarme”, a un insurrecto arrebato de apasionado desenfreno, levantando una serie de estandartes para proclamar la fachada de los senos a partir de una cotidianidad amorosa, inmanente, contenida en cada entidad, material o indeterminada, de todo lo creado: “mis cadenas / mis árboles / mis nichos / mis alturas / mis cuevas / mis nubes / mis lluvias / mis esquinas / mis puentes / mis palabras / mis ángeles / mi muchedumbre / mi mayoría / mis brasas / mi soledad / mis calles / mis ventanas / mis llaves / mis puertas / mis futuros / mi ausencia / mis poemas”. Es más, una declarada acción que, ostentada por las tetas, rige los recónditos opuestos del Cosmos, “mis amigos o mis enemigos”, o en la tensión de júbilo y amargura, “mi alegría y mi tristeza”, además, hojas embrionarias y reservas de energía, “cotiledones”, superficies de placeres, “zonas insurgentes”, y forja, ardiente, de las “dos sublevaciones”.
Y es que el poema, en su figurativa trama de la lengua, no da abasto, se desborda, en la percepción y nombramiento de los dos objetos mamarios de la hembra, por cuyas paredes, “laderas”, más allá de sus límites, se deslizan, “resbalan”, incontinentes, las locuciones o expresiones del poeta, gorgeo, “trinar”, de un secreto a voces, “desnudez vestida”, de su enfrentamiento innato, “luchas congénitas”, o disputa atávica, de sus impudicias veladas o “entregas”, obsesionado con el entorno acuoso de los senos, “plaza sitiada”, acorralados por el asedio libidinoso, “brasas”, del rapsoda, el gorgoreo de las aves, “palomas”, el aroma seductor del capullo, “flores”, y las crónicas, recónditas, de las partes yuxtapuestas a las tetas próximas a su ciclo de “duplas crisálidas” a enteras “mariposas” del afecto.
Apartándose, entretanto, de la palabra como armadura libídine que, de tanto horadar los hondos predios, “profundos pasadizos / laberintos secretos”, de los senos, convirtiose en nata nívea, alígera, desplazada, consustancial con los nubarrones y la lluvia, a un encuentro altruista y compasivo, “para nutrir la vida y levantarla”, bien alejada de la voluptuosa carne. Empero, presto, no obstante, reaparece, otra vez, el poeta, luego de la pausa vital y solidaria, a montarse sobre aquellas libidinosas “bestias”, taciturnas, “mudas”, aunque sucumbiera en ellas como “náufrago” producto de su propio “periplo tormentoso”. Montura, en verdad, apremiante, donde el poeta puebla sus voces y “escritura” de alto contenido traslaticio: “mujer candela, dorada piedra, alto silencio, templo, plaza pública, antigua cifra, herencia de siglos”, a la par con los objetos, la vista y el tacto de las mamas transfiguradas en “relojes, guarismos, túmulos, viento, arcoíris, cristal, incendios, pájaros, ráfagas, raíz mundial, zona de luz, dedos”.
A la prostre, Aquiles Julián se atrinchera, preservando la mujer, “hoy defiendo tus alaridos”, y sus bramidos senos como parte de la privativa historia, biografía del poeta, compartida, en un tono ponderado, sosegado, sintiéndose un ciudadano público un tanto vulnerable, “agredido”, fruto, quizás, del desengaño, “huérfano” cabal, que lo obliga a sofrenar y conciliar sus apetitos, proclamando el pináculo de los dos pezones su linaje, “mi patria”, como emblema, “mis banderas”, dice, multiplicando, extendiendo, sus deseos y erotismo a otros territorios o geografía, “suscribo la alegría de todos / el derecho de todos / la libertad de todos para todos”, donde el aeda, ahora destetado, abandona y habita, “parto y permanezco”, entretejiendo, “trenzo la vida”, su existencia humilde, ordinaria, haciendo aún suyas, en sus recuerdos, las dos altas banderas que suscribe.
Tus dos altas banderas que suscribo
Provengo
arribo
adquiero carta de presencia
llego calladamente
y amarrado a tus senos
al jugo denso de tus senos
tus tantos senos
tus demasiados senos
colgado del aire de tus senos, mujer
tus dos planetas de la dicha
Ciudadanía la que tengo
tus dos pozos
vocabulario que poseo
tus alturas
pan el que me sostiene
tus gorriones
sendas por las que transito
tus hogueras
manantiales en los que me baño
tus dos selvas
casas en la que habito
tus industrias
armas las que yo esgrimo
tus dos lagos
Palabras esas las que yo pronuncio
y las que me pronuncian
quedamente
No sé
tus senos. Los construyo
sobre tu propia materia
Senosol
Oseano
Alturas las tuyas las que solo
un alpinista
que ande con algo de lumbre
subterránea
logrará
ascender / descender
o abarcar
en su extensión de locos universos
parajes cimarrones
habitación del júbilo
o alcanzar su metal
piedra que se fragmenta en agua sonora
armándose en tus ojos
Los desarmas
Son hechos de memoria
o recipientes del olvido
Para saberlos bien quiero olvidar tus senos
Espacio el tuyo donde la bruma se despeja
Tiempos que hacen el tiempo
hechos de carne temporal
que se prolonga
hacia zonas ignotas y lugares distantes
¿Dónde nacen
mujer
tus manantiales
esos amaneceres broncos
esos dos astros permanentes
tus confluencias
tu pregón de amor
tus fortalezas
mis cárceles
mis nidos
dónde mis madrigueras se originan?
Tan solo quiero desandar esos caminos
ascender / descender
o provocar el vértigo
y levantar en ellos mis dominios
Insondables abismos de sus cimas
donde desciendo en toda mi ascendencia
Acudo
y me regreso
en torno al abrasarme
quebrarme
o destrozarme
Tus senos
mis cadenas
mis árboles
mis nichos
mis alturas
mis cuevas
mis nubes
mis lluvias
mis esquinas
mis puentes
mis palabras
mis ángeles
mi muchedumbre
mi mayoría
mis brasas
mi soledad
mis calles
mis ventanas
mis llaves
mis puertas
mis futuros
mi ausencia
mis poemas
Tus senos
mis amigos o mis enemigos
Con ellos, ¡cuántos dos hay en dos, niña!
¡Qué dupla mi alegría y mi tristeza!
Tus dos cotiledones
tus zonas insurgentes
tus dos sublevaciones
Por sus laderas
resbalan mis palabras
y es un trinar su desnudez vestida
de un vendaval de luchas congénitas, inéditas
y entregas
Tus dos plazas sitiadas por mis labios
tus palomas
tus flores
tus historias
mi realidad
mi materia
brasas
duplas crisálidas para las mariposas del amor
Por sus profundos pasadizos
sus laberintos secretos
la palabra es ya blanca y corre alada
la palabra es ya nube y llueve tibia
para nutrir la vida y levantarla
Esas dos bestias mudas que cabalgo
Yo soy el náufrago que se ahoga en ellos
yo soy el del periplo tormentoso
El que truena sus fuerzas en sus costas
y el que en ellos planta su escritura
¡Ah, mujer!
¡Ah, candela!
¡Ah, dorada piedra de soledad!
Alto silencio por donde mi voz anda derruida
en torres invertidas que se quiebran
¡Ah, templo y más que templo
plaza pública!
Tú
antigua cifra
hecha de polvo y de un sudor que peina canas
que encanecen
sudando / senando / solos
Surtidores ancianos que siempre se renuevan
Herencia de siglos y de siglos recibida
Tus senos andariegos
eternos en su minuto efímero
relojes que marcan mi hora
guarismos para mi matemática
túmulos
viento
inflorescencia o arcoíris
cristal que esparce nombres
para nombrarlo todo
Tus senos
incendios desafiantes
pájaros limitados
en su vuelo hacia alturas más distantes
Tus ráfagas
Raíz mundial es esa y yo la clamo
zona de luz es esa y yo me embebo
dedos son esos para que me señalen
He aquí que hoy defiendo
brazudo
tus alaridos
Planto en la historia tu historia
y con tu historia
formo mi propia historia
de inválido agredido
Huérfano general, me acojo a su tutela
desterrado final
proclamo en ellos mi patria
y los levanto como mis banderas
Florezco y
parto y permanezco
y digo
enervado en mis pelos de silencio
con que trenzo la vida
Suscribo la alegría de todos
el derecho de todos
la libertad de todos, para todos
Humildándome
suscribo tus columnas
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