En "El arúspice y el alquimista", ensayos críticos sobre José Mármol, Basilio Belliard reúne una serie de reflexiones que constituyen, al mismo tiempo, una interpretación crítica, un testimonio de amistad intelectual y un acto de justicia literaria. El autor parte de más de tres décadas de cercanía con Mármol para examinar su trayectoria, su personalidad creadora y los fundamentos estéticos de una obra consagrada al cultivo de la palabra, el pensamiento y la sensibilidad. Esta relación no resta objetividad a los ensayos; por el contrario, le permite a Belliard valorar, desde un conocimiento profundo, la disciplina, la honestidad intelectual, la pasión lectora, la constancia, el rigor investigativo y la ética profesional del poeta.
José Mármol aparece, así, como un escritor cuya grandeza no descansa únicamente en los reconocimientos recibidos, sino también en la coherencia entre su conducta, su formación humanística y una vocación literaria asumida con seriedad, “fe espartana” como dice Belliard y, por supuesto, perseverancia. Uno de los criterios fundamentales externados por Belliard es que José Mármol representa una figura central de la Generación Poética de los Ochenta y uno de los escritores que introdujeron una verdadera ruptura en la tradición literaria dominicana. Desde "El ojo del arúspice", publicado en 1984, su poesía se distanció de los modelos predominantemente sociales, políticos y testimoniales de las décadas anteriores para proponer una escritura concentrada en el lenguaje, el ser, la otredad, Dios, la muerte, el amor y el misterio de la existencia.
Su participación en la fundación del Taller Literario César Vallejo y su defensa de la denominada “poética del pensar” contribuyeron a renovar la concepción del poema en el país. Mármol no se limitó a pertenecer a una generación: fue, y sigue siendo, uno de sus principales teóricos, orientadores y renovadores, pues creó una obra que se convirtió en referencia y abrió nuevos horizontes para quienes buscaban una poesía más reflexiva, más crítica y más consciente de sus propios recursos expresivos. Belliard pondera especialmente la unión entre poesía y filosofía que distingue la escritura marmoliana. En sus poemas, el concepto no ahoga la emoción ni la reflexión destruye el lirismo; pensamiento e imagen, inteligencia e intuición, logos y sensibilidad se complementan hasta producir lo que el crítico denomina una “razón sensible”.
El poeta actúa como arúspice porque contempla, escruta y trata de descifrar los signos del mundo; pero también es alquimista porque transforma las experiencias, los recuerdos y las ideas en sustancias verbales cargadas de belleza y misterio. Su conocimiento de la filosofía, la lingüística y la tradición literaria occidental le permite elaborar una poesía profunda sin convertirla en un simple discurso teórico. De esa fecunda relación nacen la riqueza simbólica de su obra, sus construcciones aforísticas, su libertad sintáctica y una particular forma de interrogar la realidad mediante la palabra poética.
Otro mérito señalado en los ensayos es la capacidad de José Mármol para renovar su propio proyecto creador. La densidad conceptual y los rasgos postbarrocos de sus primeras obras fueron dando paso, según Belliard, a una poesía más transparente, cotidiana, autobiográfica y sensorial. En libros como "Criaturas del aire", "Torrente sanguíneo", "Lenguaje de mar" y "Yo, la isla dividida", la mirada adquiere un papel central: el poeta convierte el paisaje, los viajes, la vida familiar, la infancia, la provincia, la ciudad, el mar, el río y los objetos sencillos en materia estética.
Esta evolución revela una conciencia autocrítica capaz de alejarse de sus propias fórmulas para alcanzar mayor claridad sin perder profundidad. Su poesía se transforma en una cartografía espiritual donde dialogan el Caribe y Europa, la memoria y el presente, la insularidad y la universalidad, lo íntimo y lo colectivo. De esta manera, la experiencia dominicana se proyecta hacia una dimensión humana reconocible en cualquier cultura. El amor, el erotismo, la mujer, la naturaleza, la soledad y la muerte completan el universo valorado por Basilio Belliard. En José Mármol, la mujer no representa la perdición, sino la belleza, la alteridad, la comunión y la posibilidad de vencer simbólicamente el vacío. El erotismo posee una dimensión espiritual: prolonga la voluntad de vivir y se opone al temor de la muerte.
A la vez, el mar funciona como imagen de la inmensidad, la profundidad y el devenir, mientras la memoria rescata la infancia y combate el olvido. Esta riqueza temática se sostiene en una notable versatilidad sintáctica, una depurada construcción del verso y un lenguaje capaz de equilibrar sencillez y hondura, transparencia y sombra. Su obra ensayística, crítica y aforística amplía esta vocación, pues en ella se manifiestan la lucidez del pensador, el rigor del investigador y la responsabilidad ética de un intelectual que entiende la lectura y la escritura como medios de conocimiento, transformación y defensa de la dignidad humana.
La visión ofrecida por Basilio Belliard permite valorar a José Mármol como poeta, ensayista, filósofo, crítico y animador cultural de una importancia decisiva para la literatura dominicana contemporánea. Los premios nacionales e internacionales, la circulación de sus libros en prestigiosas editoriales, la inclusión de sus poemas en antologías y su traducción a distintas lenguas confirman una proyección que alcanza el ámbito latinoamericano, europeo y otros espacios más allá de nuestro hemisferio. Sin embargo, su distinción más profunda reside en haber convertido la escritura en una forma de vida y en haber hecho de la palabra un lugar de reflexión, belleza, libertad y comunión. Tal como lo presenta Belliard, Mármol es una figura de elevada estatura ética e intelectual: un poeta que piensa con el ritmo de la sangre y un pensador que escribe con la sensibilidad del artista.

Su obra honra la lengua española, renueva la tradición poética nacional y demuestra que, desde una isla, la palabra puede dialogar con el mundo y alcanzar una auténtica dimensión universal. Celebramos con emoción este proyecto de Basilio Belliard. Creemos que con él se realiza una labor necesaria, fecunda y pertinente, acorde con el momento que viven la literatura y la cultura dominicanas, pues estamos convencidos de que José Mármol constituye un verdadero paradigma del cultivo de la palabra. Iniciativas como esta, orientadas a resaltar, ponderar y promover los valores que enriquecen y revitalizan nuestra tradición literaria, fortalecen la esperanza de que en la República Dominicana estamos dando pasos firmes hacia un futuro más halagüeño para nuestras letras.
De ahí que, en definitiva, José Mármol sea uno de esos auténticos valores nacionales cuya obra debemos continuar difundiendo, para que llegue a cada joven y a cada rincón de nuestra patria y demás hemisferios, y sirva de estímulo a las nuevas generaciones. Que los escritores emergentes encuentren en su disciplina, su rigor intelectual, su perseverancia y su consagración a la palabra un ejemplo digno de seguir; que comprendan, a través de su trayectoria, que la auténtica creación literaria exige lectura, estudio, sensibilidad, pensamiento y compromiso ético. Solo así podremos seguir acrisolando nuevas vocaciones, ensanchando los horizontes de nuestra cultura y formando escritores capaces de asumir la palabra como instrumento de belleza, de conocimiento, de libertad y de transformación humana.
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