Son las 9 de la mañana en Kew Bridge, en el oeste de Londres, y turistas, corredores y personas que pasean a sus perros hacen cola en el carrito de café italiano vintage Dear Coco.
Ofrece un café de alta calidad elaborado con granos de arábica, preparado en una costosa máquina La Marzocco, y el precio lo refleja: US$6 por un latte helado, US$5,50 por un latte y US$5,25 por un flat white.
Ese precio antes habría parecido excesivamente alto, pero en gran parte de Reino Unido se ha superado con creces el umbral de los US$5 por café, incluso en cadenas que no usan granos de la más alta calidad.
Un café grande en el centro de Londres, servido con una leche vegetal como la de soja o almendras, ahora ronda casi US$7.
A principios de este mes, en Estados Unidos, el director ejecutivo de Starbucks, Brian Niccol, fue objeto de críticas por sugerir que una bebida de US$9 en uno de sus establecimientos era un lujo asequible. Alguna gente, afirmó: "Piensa: Cuesta menos de US$10 y obtengo una experiencia realmente prémium".
El hombre que trabaja en el puesto callejero Dear Coco no está de acuerdo.
"Nos importa muchísimo mantener el precio de un flat white por debajo de los US$5 el mayor tiempo posible; creemos que hay un umbral psicológico muy importante en torno a esa cifra", me dice Anthony Duckworth.
Tiene relativa suerte; aunque paga impuestos por venta ambulante, no tiene que pagar alquiler y tasas comerciales desorbitados.
Aun así, evitar subir los precios es "cada vez es más difícil, porque todos los eslabones de la cadena de suministro se han encarecido".
El café no es solo un ritual matutino que se repite en todo el mundo: de hecho, es una ventana a la economía global moderna.
Ya sea un latte -espresso y leche vaporizada- o cualquier otro, arroja luz sobre todo, desde la inflación del precio de las materias primas hasta el caos comercial; desde los conflictos geopolíticos y el cambio climático hasta los gustos culturales de la Generación Z.
Nos enseña sobre la creciente demanda de la clase media china y las consecuencias económicas, aún latentes, de la Guerra de Vietnam.
Todo está ahí, en cada taza espumosa.
Problemas en la industria
El viaje del café moderno comenzó en Turín, en el norte de Italia, en una estación de tren en 1895.
Se desarrollaron máquinas de café a vapor para atender a los viajeros con poco tiempo, a menudo en el tren expreso de Milán; una teoría explica el origen del nombre "espresso".
Fue el comienzo del consumo masivo de lo que originalmente había sido una bebida de lujo.
Cerca de la circunvalación de Turín, en una estructura de vidrio y acero, hablo con Giuseppe Lavazza, cuyo bisabuelo fundó la marca de café que lleva su apellido hace 131 años.
"El secreto para sobrevivir es tener una empresa preparada para adaptarse", me dice mientras sostiene lo que espera sea su próxima gran innovación: una galleta de café, llamada tabli, con la que espera satisfacer la creciente demanda del mercado del café en casa, sin necesidad de cápsulas metálicas que generan dudas medioambientales.
En los últimos años, su sector ha sufrido serios contratiempos, que han afectado a los dos granos de café más importantes del mundo.
En un extremo del mercado, los granos de arábica, conocidos por su dulzura y aroma, se recolectan a mano en altitudes frescas de Brasil, Etiopía y Kenia; es un proceso minucioso, incluso más complejo que la cosecha de uvas para el mejor champán.
En el otro extremo, los granos de robusta, conocidos por su alto contenido de cafeína, se cosechan en masa mediante maquinaria. Vietnam ha monopolizado el mercado de robusta desde su salida de la guerra en la década de 1970.
La presión climática
Hace dos años, una confluencia de fenómenos climáticos elevó el precio de ambos tipos de grano a máximos de varias décadas.
A principios de 2024, Vietnam sufrió la peor sequía en décadas (las precipitaciones se desplomaron un 30%); luego, a finales del año pasado, un tifón durante la cosecha también afectó la producción.
Y en Brasil, los agricultores aún luchan por recuperarse de una fuerte helada en 2021 que dañó la cosecha de arábica.
Como resultado de esto, el precio del café arábica alcanzó un máximo el año pasado, superando los US$4 por libra de granos verdes, frente a los aproximadamente US$1,20 históricos.
Actualmente se sitúa en US$3,08. El precio del café robusta llegó a los US$2,59 antes de estabilizarse en torno a los US$1,56.
Ambos tipos de café cuestan ahora considerablemente más que antes de 2020.
Lavazza califica los últimos años como una época sin precedentes en cuanto a complejidad y dificultades. Y afirma que es poco probable que los precios bajen pronto.
"Desafortunadamente, tenemos que esperar al menos un par de años, porque necesitamos que lleguen al mercado dos grandes cosechas de Brasil y Vietnam que podrían generar una situación de mercado diferente".
Lavazza también señala la especulación en los mercados financieros.
Cada mañana, a las 4:30, miles de caficultores vietnamitas consultan sus teléfonos inteligentes para ver los precios (y las previsiones de precios futuros) del café robusta. Se ha convertido en un ritual diario.
La oficina en Hanói del Servicio Agrícola Exterior del gobierno estadounidense afirma que, gracias a la facilidad de acceso a la información de precios en línea, muchos agricultores optan por almacenar sus granos de café tras la cosecha, en lugar de venderlos, con la esperanza de que los precios sigan subiendo.
En esencia, están especulando con el mercado.
Todas las miradas están puestas en la cosecha de julio en Brasil.
Algunos analistas prevén una cosecha abundante de grano arábica, lo que debería hacer bajar los precios. Por otro lado, la posibilidad de un "súper El Niño" pronosticado para este otoño -un calentamiento del océano Pacífico que ocurre cada pocos años- podría generar mayor inestabilidad.
Y, por supuesto, existe otra fuente de perturbación, más conocida, en los mercados del café.
Guerras comerciales
Una curiosidad de los aranceles del "Día de la Liberación" de Donald Trump, anunciados el año pasado, fue que los países productores de café se vieron gravemente afectados.
Vietnam enfrentó un arancel del 46%, Indonesia del 32% y Brasil del 50% (tras un aumento inicial del 10%). Casualmente, la región cafetera también fue la zona arancelaria.
Esto provocó el caos en los mercados mundiales del café.
Las exportaciones brasileñas a Estados Unidos se desplomaron, reduciéndose a menos de la mitad el verano pasado.
Además, los precios de los granos procedentes de países con aranceles más bajos (como Colombia) también subieron, debido a la prisa de los proveedores estadounidenses por importarlos.
Y los consumidores de café estadounidenses lo han notado.
Los precios del café tostado en EE.UU. aumentaron un 17% en el año que finalizó en marzo, mientras que el café instantáneo subió un 25%, una cifra cercana a un récord, con un aumento mayor que el del precio de la gasolina (de hecho, fue el artículo que más subió en toda la cesta de la inflación, con la excepción del fueloil).
Una bolsa de café molido que costaba US$4,30 en 2020 ya costaba US$6,32 en 2024, y ahora cuesta US$9,61 y se encamina a los US$10.
Las variedades de café más baratas han sido las más afectadas, perjudicando a los estadounidenses de menores ingresos.
Las exportaciones brasileñas se desviaron a Europa, y Alemania superó a Estados Unidos como el mayor importador de granos de café brasileños a lo largo de 2025, lo que amortiguó en cierta medida la situación de los consumidores de café europeos.
Ante el enfado de los votantes estadounidenses por el aumento de precios en los supermercados, en noviembre del año pasado Trump firmó una orden ejecutiva que permitía que los granos de café (junto con otros alimentos como los plátanos y la carne de res) quedaran exentos de sus aranceles generalizados.
Para muchos, el tema del café pareció poner al descubierto una falla en la política arancelaria de la Casa Blanca.
Trump afirmó haber impuesto aranceles a países que estaban "engañando a Estados Unidos", pero podría decirse que el dominio de Vietnam en la producción de café es simplemente el resultado de lo que los economistas denominan su "ventaja comparativa" (principalmente su clima y sus bajos costos laborales), y no el resultado de un engaño.
Trump también dijo que los aranceles ayudarían a repatriar industria, pero eso es en gran medida irrelevante en el caso del café, que requiere un clima subtropical.
Fue necesario un colapso de las importaciones y un aumento vertiginoso de los precios para que se aprendiera una lección muy predecible.
El caos en el transporte marítimo mundial también influye.
Los barcos que transportan granos vietnamitas a Europa ahora tienen que rodear el extremo sur de África para evitar la amenaza de los milicianos hutíes en el estrecho de Bab el-Mandeb, en el extremo sur del mar Rojo, entre Yemen y el Cuerno de África.
Ese trayecto es aproximadamente 6.500 km más largo que antes de 2024.
Las nuevas normas de la UE contra la deforestación, que entrarán en vigor entre 2026 y 2027, también están teniendo repercusiones.
Para exportar café a Europa, los proveedores vietnamitas y brasileños pronto deberán facilitar las coordenadas GPS de sus plantaciones.
Los funcionarios de la UE utilizarán imágenes satelitales para comprobar que los granos no procedan de terrenos que fueron bosques en los últimos cinco años.
La implementación de esta política se ha retrasado repetidamente, pero el costo para los agricultores ya se está haciendo notar.
Café prémium
Pero lo realmente interesante de la actual crisis del café es que, hasta ahora, los consumidores siguen pagando precios elevados. La demanda es lo que los economistas denominan inelástica, lo que significa que no responde a las señales de los precios.
"Hemos comprobado que, a pesar de los altos precios, a la gente le encanta tomar café", afirma Lavazza en Turín. "No observamos una disminución significativa en el volumen de ventas en los países más importantes".
En una época de precios más altos, afirma, es importante reconocer que existen "diferentes maneras de abordar el café", como aumentar la producción de las bebidas frías, cada vez más de moda.
En general, la creciente popularidad de las bebidas frías entre los jóvenes podría considerarse un ejemplo de la llamada "premiumización", en la que las empresas hacen que sus productos parezcan más sofisticados para justificar precios más altos.
Otro ejemplo es la cadena antes conocida como Blank Street Coffee, fundada en Nueva York y desarrollada por antiguos inversores de capital riesgo.
Los baristas, que venden elaboradas mezclas de frutas y pasteles, deben conectar con los clientes como "embajadores de la marca". Esta experiencia cuidadosamente seleccionada sirve para justificar precios más elevados.
Algunas cafeterías se han vuelto tan sofisticadas que han dejado de ofrecer café. En su lugar, el matcha se ha popularizado entre los clientes más jóvenes.
Su brillante color verde esmeralda ha atraído a la generación de TikTok, y su menor contenido de cafeína resulta ideal para quienes se preocupan por su salud y desean dormir bien.
Blank Street renovó su imagen el año pasado, eliminando la palabra "café" de su nombre y adoptando un tono verde.
Y China muestra un atisbo de hacia dónde podría dirigirse todo esto.
Luckin Coffee, fundada en Pekín, compite con Starbucks por el título de la cadena de cafeterías más grande del mundo.
Luckin se desarrolló como una empresa tecnológica con datos sorprendentemente detallados sobre cómo cambian las preferencias de los clientes a lo largo del día y según las condiciones climáticas.
También saben con exactitud cuándo los teléfonos de sus clientes están dentro del alcance de un quiosco.
Su café se prepara de forma personalizada, permitiendo a los clientes elegir el nivel de azúcar y la proporción de café y leche, con recomendaciones diferentes según la presencia de sol o lluvia.
Sus cafeterías no están diseñadas para sentarse, sino para la entrega rápida de cafeína, solicitada mediante aplicaciones. Luckin se está expandiendo por Estados Unidos.
En el otro extremo del mercado, la cadena británica Greggs ha logrado mantener los precios bajos gracias a la automatización.
La panadería utiliza máquinas suizas de café de grano a taza para preparar parte de su oferta. Un café con leche normal cuesta alrededor de US$3, mucho menos que en otras cafeterías de Reino Unido. Actualmente es el mayor proveedor de café del país.
En esencia, es una historia dividida en dos partes.
Por un lado, existe un tsunami en las cadenas de suministro, que incluye problemas climáticos y tensiones geopolíticas, lo que está provocando un aumento de los precios.
Pero, por otro lado, existe un público amante del café que está encantado de pagar los costos adicionales.
El alza de los precios de las materias primas tiene una gran importancia en los supermercados, pero no tanto en las cafeterías, que ahora se dedican a vender experiencias, en lugar de bebidas.
Y los precios seguirán altos, incluso si las cosechas en Brasil y Vietnam se normalizan y el precio del café en grano baja un poco.
Es muy probable que ese latte grande de US$7 halla llegado para quedarse.
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