Dos personas de espaldas caminando por una playa bajo el sol. A lo lejos, en el mar, un buque de carga.

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Los bloqueos navales tienen repercusiones militares, pero también económicas y sociales.

Irán anunció este sábado el cierre del estrecho de Ormuz y amenazó con atacar a los buques que traten de atravesarlo.

El anuncio revierte la decisión tomada un día antes de abrir este corredor marítimo como parte del alto el fuego con EE.UU., Israel y Líbano, lo que generó optimismo sobre avances hacia la resolución del conflicto en el Golfo Pérsico.

La decisión de volver a cerrar Ormuz respondió, según Irán, al hecho de que Estados Unidos mantenga vigente en la zona un bloqueo naval a los buques vinculados a Irán

Trump afirmó que este bloqueo -vigente desde el 13 de abril- "seguirá plenamente vigente" hasta que su negociación de paz con Teherán "esté completada al 100%".

La decisión del presidente de EE.UU. de imponer restricciones al tráfico naval volvió a situar en el centro de la atención internacional una de las herramientas de presión más antiguas en contextos de guerra y tensiones militares: el cierre de rutas marítimas para debilitar la economía, restringir el comercio y obligar a la otra parte a cambiar su comportamiento o rendirse.

El bloqueo naval no es solo una medida militar, sino que también tiene implicaciones legales, económicas, humanitarias y diplomáticas.

En algunos casos históricos, como las dos guerras mundiales, esta herramienta desempeñó un papel significativo en la erosión de la capacidad bélica de los países afectados.

Sin embargo, en otros escenarios, como Gaza y Yemen, los bloqueos han alimentado crisis humanitarias y disputas legales más que provocar cambios políticos.

La experiencia histórica muestra que este instrumento suele ser eficaz para ejercer presión económica, pero rara vez conduce por sí solo a una solución política duradera.

Estos son algunos casos de la historia.

El bloqueo británico y aliado a Alemania en la Primera Guerra Mundial

Un grupo de mujeres con cubos y azadas agachadas sobre un montón de basura en una foto de época.

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Los habitantes de Berlín tenían que rebuscar en la basura durante el bloqueo impuesto por los aliados en la Primera Guerra Mundial. Se estima que 750.000 alemanes murieron de hambre durante el mismo.

El bloqueo naval de Alemania durante la Primera Guerra Mundial (1914‑1919) fue un ejemplo paradigmático de lo que se conoce como un "bloqueo a distancia". En lugar de bloquear directamente los puertos alemanes, Reino Unido controló las rutas comerciales al dominar el mar del Norte y vigilar de cerca el tráfico marítimo.

Mediante la inspección de buques y la presión sobre países neutrales, la Marina Real británica logró bloquear de forma efectiva el acceso de Alemania a los mercados internacionales.

Londres aprovechó su abrumadora superioridad naval para ampliar progresivamente la lista de bienes prohibidos, que incluyó no solo materias primas y suministros militares, sino también alimentos y fertilizantes.

En un primer momento, Alemania consiguió aliviar parte de la presión recurriendo al comercio con países neutrales, al uso de reservas, reciclaje de materiales y a la industria local. Sin embargo, a medida que la guerra se prolongaba, estas estrategias perdieron eficacia. Las importaciones alemanas cayeron de forma abrupta, y la escasez de insumos agrícolas e industriales provocó un descenso de la producción interna.

Las consecuencias sociales del bloqueo fueron graves. A partir de 1916, la falta de alimentos se convirtió en una crisis abierta, y el famoso "invierno del nabo" pasó a simbolizar el agotamiento de la sociedad alemana.

Las estimaciones históricas sobre el número de víctimas por desnutrición y enfermedades varían, pero existe un consenso amplio en que el bloqueo desempeñó un papel clave en el debilitamiento interno de Alemania y sus aliados.

Desde el punto de vista político, el bloqueo no fue la única causa del derrocamiento del Imperio alemán ni del final de la guerra, pero se considera uno de los factores decisivos en el debilitamiento del Estado, el colapso de la moral interna y el auge del descontento social que acabó desembocando en la Revolución de 1918.

El bloqueo aliado a Japón en la Segunda Guerra Mundial

Vista desde lo alto de embarcaciones militares estadounidenses fondeadas en la costa de la isla de Okinawa. En tierra, hay varios vehículos, hombres y bultos amontonados.

Galerie Bilderwelt/Getty Images
Las fuerzas estadounidenses se instalaron en la isla de Okinawa.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón, como nación insular, dependía en gran medida del mar, tanto para el suministro de petróleo, materias primas y alimentos procedentes de sus territorios ocupados en el sudeste asiático, como para el transporte de tropas y pertrechos hacia los frentes de combate en el Pacífico.

Por ello, la interrupción de las rutas marítimas debilitó de forma directa el poder militar y económico del país y, en los últimos años del conflicto, tuvo efectos devastadores.

Este bloqueo, especialmente entre 1943 y 1945, no se limitó a la acción de buques de guerra. Los submarinos estadounidenses atacaron sistemáticamente a la flota mercante japonesa y, más tarde, lanzaron minas durante la llamada Operación Inanición, lo que paralizó las principales rutas marítimas del país. Según los análisis realizados tras la guerra, la destrucción de la flota mercante desempeñó un papel clave en el colapso de la economía de guerra japonesa.

Desde el punto de vista geográfico, Japón presentaba una vulnerabilidad extrema y, a diferencia de Alemania, no contaba con rutas terrestres eficaces para eludir el bloqueo, lo que hizo que sus efectos fueran aún más letales.

En términos de eficacia, el bloqueo de Japón se considera uno de los más decisivos de la historia. Aunque la rendición del país respondió a una combinación de factores —entre ellos los bombardeos masivos, la invasión soviética y, finalmente, los bombardeos atómicos—, el corte de las rutas marítimas y el hundimiento de la flota mercante derrumbaron la columna vertebral de su economía de guerra.

La "cuarentena naval" de Cuba en la Crisis de los Misiles de 1962

Un avión de reconocimiento estadounidense vuela sobre un barco de carga soviético durante la Crisis de los Misiles de Cuba de 1962.

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Un avión de reconocimiento estadounidense vuela sobre un barco de carga soviético durante la Crisis de los Misiles de Cuba de 1962.

La crisis de los misiles en Cuba constituye un ejemplo distinto, ya que Washington evitó deliberadamente el término "bloqueo" y lo sustituyó por el de "cuarentena marítima".

La administración de John F. Kennedy, consciente de que la palabra bloqueo tenía en el derecho internacional connotaciones propias de un acto de guerra y podía situar a Estados Unidos en una posición más comprometida, estableció un cerco naval para impedir la llegada de equipamiento militar soviético a la isla, apoyándose en el respaldo de la Organización de Estados Americanos.

El objetivo de esta medida no era derrocar al gobierno de Fidel Castro ni paralizar la economía cubana, sino perseguir una meta más limitada y precisa: evitar un mayor despliegue de misiles soviéticos y crear un margen para la negociación política con Moscú. Este énfasis en un objetivo concreto la diferenció de los bloqueos clásicos de desgaste.

El bloqueo se prolongó menos de un mes pero supuso el momento de mayor tensión nuclear de la Guerra Fría.

Tuvo un carácter fundamentalmente político y disuasorio, más que económico. Con el despliegue de fuerzas navales estadounidenses frente a Cuba, los barcos soviéticos se enfrentaron de hecho a la disyuntiva de detenerse o arriesgar un enfrentamiento militar; algunos optaron por cambiar de rumbo o abandonar su destino.

Esta presión naval, combinada con el intercambio de mensajes secretos y amenazas militares, condujo finalmente a un acuerdo que supuso la retirada de los misiles soviéticos de Cuba y, de forma confidencial, el desmantelamiento de misiles estadounidenses instalados en Turquía.

Si el criterio para medir el éxito es la consecución del objetivo declarado, el bloqueo cubano puede considerarse una medida altamente eficaz: Estados Unidos logró frenar el despliegue de armamento soviético sin entrar en una guerra a gran escala, al tiempo que mantuvo abierta la vía de la negociación y el compromiso diplomático.

Las sanciones y restricciones marítimas a Irak

Un grupo de adultos y niños se bañan en el puerto de Basora junto a un barco abandonado y oxidado.

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El puerto de Basora, el único de aguas profundas que tenía Irak, se convirtió en el cementerio de muchos barcos abandonados tras años de sanciones y la guerra de 1991.

Tras la invasión iraquí de Kuwait en 1990, el Consejo de Seguridad de la ONU impuso amplias sanciones contra Irak mediante la Resolución 661 y, poco después, a través de la Resolución 665, e instó a los Estados miembros a aplicar esas sanciones en el ámbito marítimo, así como a vigilar y restringir el movimiento de buques.

Estas restricciones marítimas (1990‑2003) se convirtieron en la práctica en un instrumento de presión económica y en un complemento del régimen de sanciones, con el objetivo de forzar a Irak a retirarse de Kuwait.

En el caso de Irak, pese a su acceso muy limitado al mar, el control de las rutas marítimas desempeñó un papel importante en el corte de las exportaciones de petróleo y en el aislamiento económico del país tras 1990.

Sin embargo, la posibilidad de eludir parte de esa presión a través de las fronteras terrestres hizo que esta herramienta resultara menos decisiva por sí sola y más efectiva combinada con las sanciones y la presión militar.

Restricciones y controles marítimas en la antigua Yugoslavia

Barcos de la Fuerza Naval Multinacional de la OTAN el 30 de abril de 1992 en Nápoles, Italia.

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Vista de la Fuerza Naval Multinacional de la OTAN el 30 de abril de 1992 en Nápoles, Italia. Estos buques participaron en la aplicación de las sanciones navales de la ONU en el mar Adriático contra Serbia y Montenegro.

Durante las guerras de los Balcanes en la década de 1990, el Consejo de Seguridad de la ONU impuso sanciones contra la República Federal de Yugoslavia y restricciones a la transferencia de armas en la región, que se aplicaron en el ámbito marítimo mediante operaciones conjuntas de la OTAN y de la Unión Europea Occidental.

Esta operación en el mar Adriático (1992‑1996) tenía como objetivo vigilar, inspeccionar y, cuando fuera necesario, detener buques para impedir el incumplimiento de las sanciones.

Las estadísticas oficiales muestran que miles de barcos fueron inspeccionados y cientos detenidos o desviados, lo que refleja una aplicación relativamente coherente y multilateral de estas restricciones. La adopción de resoluciones del Consejo de Seguridad otorgó además a estas medidas una legitimidad política reforzada.

Asimismo, la geografía del Adriático y el acceso marítimo limitado facilitaron las labores de vigilancia. Sin embargo, al igual que ocurrió con otros regímenes de sanciones, estas restricciones no bastaron por sí solas para detener la guerra.

El conflicto en Bosnia y las crisis posteriores no se resolvieron únicamente mediante el control naval, y fue necesaria una combinación de presión terrestre, aérea y diplomática para allanar el camino hacia un acuerdo político y el fin de las hostilidades.

Las restricciones navales impuestas a la antigua Yugoslavia pueden considerarse un éxito relativo en términos de cumplimiento de objetivos, aunque no alcanzaron la escala ni el impacto de los bloqueos aplicados contra Alemania y Japón en las guerras mundiales.

Estas medidas reforzaron la eficacia del régimen de sanciones y elevaron el coste de su incumplimiento. La experiencia demostró que, con consenso internacional, un objetivo claro y una geografía controlable, esta herramienta puede ser eficaz, aunque rara vez resulta determinante por sí sola para definir el desenlace de una guerra.

El bloqueo israelí de Gaza

Pequeños barcos de pesca con banderas palestinas en agua del mar.

Majdi Fathi/NurPhoto via Getty Images
Botes de pesca palestinos intentaron en 2018 romper el bloqueo israelí de Gaza.

El bloqueo de Gaza vigente desde 2007 difiere de muchos ejemplos anteriores en que no se trata de una medida exclusivamente naval, sino que forma parte de un régimen más amplio que incluye el cierre de pasos fronterizos, el control de la entrada y salida de bienes y personas, la restricción de la pesca, el control del suministro de combustible y electricidad y la limitación de las exportaciones.

No obstante, su vertiente marítima, que se ha intensificado desde 2009, ha constituido uno de los pilares fundamentales de este sistema, en particular el control de la costa y la negación a Gaza de un acceso libre al mar.

Israel ha justificado el bloqueo por razones de seguridad y para impedir la entrada de armas, pero durante años los organismos humanitarios internacionales han advertido que su efecto real ha sido paralizar la economía y agravar la situación de la población civil.

Desde el punto de vista jurídico, el bloqueo de Gaza es uno de los casos contemporáneos más polémicos. En una opinión consultiva de 2024, la Corte Internacional de Justicia volvió a subrayar la continuidad de la ocupación y la integridad de los territorios palestinos. Este marco legal ha intensificado el debate sobre la legitimidad de mantener estas restricciones.

Se han producido varios intentos simbólicos de romper el bloqueo naval, entre ellos el de la llamada Flotilla de la Libertad en 2010, pero Israel interceptó esos buques e impidió que llegaran a Gaza.

En la práctica, el bloqueo no ha logrado impedir los enfrentamientos recurrentes entre Israel y grupos armados palestinos. Dicho de otro modo, esta política no ha resuelto el problema de seguridad y, en cambio, ha consolidade una economía devastada, una infraestructura dañada y una dependencia generalizada de la ayuda humanitaria en Gaza.

Si el criterio de éxito se limita a "imponer y mantener el control", el bloqueo de Gaza ha perdurado. Pero ha aportado muy poco en términos de seguridad duradera, prevención de nuevas oleadas de violencia o estabilidad política.

En otras palabras, la política ha logrado mantener la presión, pero ha fracasado a la hora de resolver la crisis, una distinción que quizá constituya la lección más importante de la experiencia de Gaza para el debate sobre los bloqueos navales, incluido en relación con Irán.

El bloqueo a Yemen liderado por Arabia Saudita

Una multitud se agolpa y estira sus brazos sujetando papeles en Yemen.

Getty Images
Naciones Unidas dice que Yemen ha sufrido una grave crisis humanitaria en los últimos años.

En la guerra de Yemen, la coalición liderada por Arabia Saudita ha tratado de restringir el flujo de armas hacia los hutíes mediante el control del mar y del espacio aéreo. Los principales puertos del país, en particular Hodeida y Salif, han quedado bajo una estricta vigilancia, con inspecciones y restricciones periódicas.

Aunque el objetivo declarado del bloqueo, vigente desde 2015, era impedir la entrada de armamento, el hecho de que Yemen dependa de la importación de alimentos, combustible y medicamentos hizo que estas medidas empezaran pronto a afectar de forma directa a la vida cotidiana de la población.

Organismos internacionales han advertido de manera reiterada sobre el agravamiento de la hambruna, la escasez de combustible y la interrupción de los servicios sanitarios que sufre el país.

Los mecanismos de la ONU fueron concebidos para equilibrar las preocupaciones de seguridad con las necesidades humanitarias y facilitar el paso de mercancías tras su inspección, pero estos procesos a menudo se vieron acompañados de largos retrasos.

El problema de fondo era que Yemen ya contaba con una capacidad muy limitada para compensar la escasez, de modo que cualquier demora en la llegada de combustible o trigo podía provocar el cierre de hospitales, interrupciones en el suministro de agua y fuertes subidas de precios.

Por ello, la eficacia militar del bloqueo resultó inseparable de sus consecuencias humanitarias.

La coalición liderada por Arabia Saudita logró encarecer la logística y la importación de armas para los hutíes y ejercer un tipo de presión sostenida, pero no consiguió una victoria decisiva ni el colapso del bando contrario.

En cambio, el bloqueo contribuyó a generar una crisis humanitaria de enorme magnitud, que atrajo la atención internacional y sometió a la coalición a una creciente presión diplomática.

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BBC

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