En nuestra Iglesia católica nos hemos acostumbrado a tener como referencia de nuestro compromiso de fe un CONCEPTO. Es decir, le damos importancia al QUÉ de nuestra Misión y nos olvidamos del CÓMO vivir dicha Misión…
A nivel Eclesial, el QUÉ de nuestra Misión es continuar con la misión de Jesús: “Salvar la humanidad desde la Debilidad Solidaria con la Fuerza de Dios”. Lo sabemos muy bien.
En la realidad: ¿CÓMO vivimos ese QUÉ? Empoderados y con Relaciones de Poder. Sin embargo, el CÓMO vivido por Jesús es despojado de los poderes divinos y se hace solidario con los empobrecidos. Jesús se empobrece. Jesús es débil y solidario. Jesús va hacia el Sur y nosotros nos empoderamos, vamos hacia el Norte…
A nivel de Vida Consagrada, nuestro QUÉ, decimos una cosa, y en el CÓMO, hacemos otra:
- Renunciamos a los bienes materiales: Voto de pobreza y no carecemos de nada…
- Renunciamos a la fertilidad biológica: Voto de castidad y Vivimos apegados/as a cosas, a personas, a lugares, a mascotas y a una vida asegurada…
- Renunciamos a la autonomía personal: Voto de obediencia, y… Señor, que tu voluntad sea la mía.
· Entramos a la V.C sin poner condiciones; ¡pero después que pasan unos añitos…! ¡Jummmm!!!…, las cosas cambian… ¡Otro gallo es el que canta!
A nivel de Matrimonio canónico, el QUÉ y CÓMO, nos comprometemos a:
· Compartir la vida. Y Cada uno tiene su macuto…
· Comunicar vida. Y Los hijos estorban. Sólo una parejita.
· Cultivar, proteger la vida. Y el trabajo de sostenibilidad para el confort es lo prioritario y descontrola las relaciones familiares…
Si nos fijamos bien, el CÓMO actual no responde ni al Valor Originario Personal, ni al Valor Fundante Eclesial, ni al Carisma Comunitario Fundacional de la persona comprometida, porque hemos pasado:
Del “Otro como a Mi” al “a mí lo mío…” al “YO tengo derecho”, al “yo primero y el otro después…”
Pasamos de la Debilidad Solidaria a la Seguridad Financiada Individual y Comunitaria; privatizando una obra que se inició como servicio a los empobrecidos y termina como propiedad de subsistencia comunitaria.
- De la radicalidad evangélica pasamos a la Sostenibilidad Financiada:
Con la Fidelidad a la Misión individualizada apoyamos la obra y disimulamos la Misión Comunitaria porque no nos apoyamos en lo que le da sentido a mi vida, el Valor Originario Personal ni en el Carisma Institucional, sino que nos apoyamos en lo que nos ofrece más seguridad, la obra que genera capital; así llegamos a ser más funcionarios del Estado o empleado de nuestra propia empresa…, más que evangelizadores… Somos más fieles al Estado o empresa, que nos financian y aseguran la vida, que al Reino de Dios.
Consagrados/as en la Vida Religiosa o en la Familia Nuclear iniciamos obras de servicio solidario para los empobrecidos y a los 50, 100 años la presencia de los empobrecidos es selectiva (becados) porque el proceso de desarrollo ciudadano se llevó a los empobrecidos donde no “jiedan” y los dueños de la obra nos quedamos; los nuevos beneficiarios pueden pagar el servicio que ofrecemos… Ahora, la fidelidad a la obra nos amarra, y un buen líder administrador/a, como director/a, nos liberan de los empobrecidos!!!
Ejemplos, de lo dicho anterior, en la Iglesia y la Vida Consagrada, tenemos en abundancia. Hemos pasado del servicio solidario al servicio financiado porque perdimos la flexibilidad apostólica y adquirimos seguridad personal y comunitaria… Convertimos un medio de servicio solidario en un fin para nuestra sostenibilidad comunitaria financiada por el Estado y los beneficiarios de nuestros servicios; la empresa se mantiene por nuestro servicio a quienes pueden pagar, dejamos la base original de nuestra Opción Vital, la Debilidad Solidaria, y buscamos otra base exigida por el Yo. Nos convertimos en docentes y administradores relegando la evangelización.
OJO!: A la situación de seguridad financiada no se llega de un día para otro, estoy hablando de 50, 100, 500, 1700 años, hablo a nivel eclesiástico e institucional; a nivel familiar la crisis viene a los 5, 7, 10, años, y a veces antes… Por tanto, no es culpa exclusiva de una persona, en tal caso, de los dos en el matrimonio y de una generación o varias generaciones a nivel Vida Religiosa…
En ese sentido, todos y todas somos responsables del medio convertido en fin, a nivel de V.R., y a nivel Familiar.
Esta situación exige de nosotros iniciar un proceso de conversión personal y comunitario. Tenemos que recuperar, en la Vida Consagrada, el Servicio Solidario, y en el Matrimonio canónico, el compartir y comunicar vida.
Cambiar el Servicio Financiado por la Debilidad Solidaria y transparente; tampoco este cambio, se da de un día para otro. Es un proceso. Ahí está el aporte de las personas jóvenes en la Iglesia, en la Vida Consagrada y en el Matrimonio de hoy…
A este proceso de cambio se le ha llamado en la Iglesia: “AGGIORNAMIENTO” y en la Vida Consagrada “REFUNDACION”. A mí me gusta llamarle “RECUPERACIÒN” del Valor Originario personal, del Valor Fundante Eclesial y del Carisma de la Congregación u Orden.
Jesús nació, vivió y murió siendo pobre. Jesús elige ser pobre para salvar la humanidad, no hace voto de pobreza. Hoy en día un empobrecido-a entran a la Vida de Servicio Solidario en la Iglesia, a la Vida Consagrada o se Casan por la Iglesia, vivimos y morimos en la seguridad. El P. Peter Kolvenback, sj. Nos recuerda: “la obediencia nos envía; pero la pobreza nos hace creíbles…”
¿Cómo está, en la sociedad actual, nuestra credibilidad eclesial? ¿Puede ser lo eclesiástico un muro de contención para vivir la radicalidad evangélica, la sinodalidad? ¿Cómo hacer posible la convivencia de lo eclesial y lo eclesiástico?
Jesús llegó a decir: ”Los Maestros de la ley y los Fariseos enseñan con la autoridad que viene de Moisés. Por tanto, obedézcanlos ustedes y hagan todo lo que le digan; pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra.”, Mt.23,2-3.
PREGUNTAS:
Vamos a tratar de identificar el denominador común de mis motivaciones personales comenzando desde mi niñez, adolescencia, juventud, madurez, envejeciente, y ver ¿qué me ha hecho crecer y fructificar en el crecimiento personal? El denominador común que aparezca es mi Valor Originario. La Semilla de Dios. Lo que le da sentido a mi vida. Lo que me sacó de mi casa. Mi base para la relación con el Ser Trascendente, el Otro y la Naturaleza.
¿Cuáles frutos ha dado esa Semilla de Dios?
¿Qué desafíos me presenta en la actualidad mi Valor Originario? ¿Los asumo? ¿Los rechazo? ¿Por qué?
¿Qué me aleja de mi Valor Originario? ¿Me siento enredado, disimulo mi pecado? ¿O estoy encadenado, mi pecado es público? ¿Estoy instalada-o? ¿Por qué?
¿Me siento libre para ser fiel y creativo-a con mi valor originario? ¿Con el valor Fundante de la Iglesia? ¿Con el Carisma de mi Institución? ¿Con el compartir y comunicar vida en mi matrimonio?
LECTURA BÍBLICA.
• Mc, 10,17-22: El joven rico… ¿A qué tengo que renunciar hoy?
• Jn. 10, 17-18. “…a mí no me quitan la vida, yo la entrego”.
• Lc. 4, 18: ¿Cuál es mi Misión, Hoy?
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