La lectura es esencial en cualquier propuesta educativa. Es una preocupación constante aun en las sociedades de mayor desarrollo educativo, puesto que continúa siendo la llave para los aprendizajes tanto en el libro impreso como en el libro digital.
Lo ideal sería dominar el proceso de lectura a partir de modelos universales. Sobre eso hay mucha literatura. Sin embargo, no se pueden ignorar las experiencias de lectura ni de la pedagogía de la lectura en cada cultura.
En República Dominicana hay una larga tradición de lectura cuyo punto de inflexión arranca de la Escuela Normal fundada por Eugenio María de Hostos. En la actualidad, todas las propuestas podrían ser válidas, pero es indispensable detenerse a estudiar y conocer los antecedentes en nuestro país en materia de lectura.
Al final del siglo XIX, la educación dominicana se regía por el programa de 1884 de la Escuela Normal fundada por Eugenio María de Hostos. Y en ese programa, la enseñanza de la lengua tenía como eje y orientación fundamental la lectura razonada; disciplina creada y orientada por Hostos, la cual permeaba todas las asignaturas.
Se privilegiaba el razonamiento y el conocimiento práctico y experimental. De ahí el énfasis en la lectura razonada y en los ejercicios prácticos. Para Hostos, conocer era razonar y aplicar conocimientos.
La enseñanza de las humanidades tenía una atención especial en el plan de estudios, principalmente la lengua, no así la literatura. En la enseñanza de la lengua no había un nombre que designara todos los aprendizajes, como, por ejemplo, español o literatura, asignaturas todavía inexistentes. Se impartían diversas disciplinas: lectura, escritura, retórica, gramática, etc. Entre estas, la lectura razonada era la principal.
En la enseñanza de las letras, las disciplinas correspondientes a la escuela teórica se distribuían de la forma siguiente:
- Lectura razonada en los primeros tres cursos.
- En el primer curso se impartía también analogía y sintaxis.
- En el segundo curso, la lectura razonada adicionaba ejercicios prácticos de lógica. En ese curso se impartía también ortografía y prosodia.
- En el tercer curso, la lectura razonada adicionaba ejercicios prácticos de retórica y poética.
El gran cambio se operó en la orientación general: se buscaba educar el pensamiento en forma racionalista y mediante ejercicios prácticos. La lectura razonada fue, entonces, la novedad y el gran aporte que en la enseñanza de las letras introdujo Hostos a través de las Escuelas Normales.
Hostos no se limitó a proponer asignaturas como director de la Escuela Normal de Santo Domingo. Asumió plenamente la función de cambiar la educación dominicana hacia el rumbo del desarrollo del pensamiento o el entendimiento.
En sus Instrucciones, conjunto de orientaciones fechadas entre enero y febrero de 1881, dirigidas a los directores de las Escuelas Superiores y a los adjuntos de Azua, La Vega, El Seíbo y Monte Cristi, Hostos expuso su pedagogía del entendimiento en base a la lectura razonada. Orientó acerca de cómo debía procederse en el aula, en el proceso de enseñanza, para impartir cada una de las asignaturas del plan de estudios de las escuelas superiores o secundarias en base a la formación del razonamiento en los alumnos. Hostos sustentaba el proceso educativo en varias premisas de carácter racionalista:
- El propósito es "reordenar las facultades mentales de los niños".
- Sujetarse para ese fin "al proceso de la naturaleza"; al "entendimiento de la naturaleza".
- El modo de desarrollar el entendimiento según la naturaleza "es ir de la atención a la percepción, de esta al juicio". Hostos propone la ley siguiente: "para percibir, hay que atender, y para juzgar hay que percibir".
- El "educador educa el entendimiento que se le somete, no para que perciba lo que haya percibido" el educador, sino el niño.
- Para formar juicio de un objeto de conocimiento se debe percibir este en sí mismo.
La exposición de esos principios está contenida en el siguiente fragmento de las Instrucciones:
"En la enseñanza de las materias que, una por una, se va ahora a indicar cómo deben presentarse al educando, hay que tener siempre patente que el propósito primordial de la reforma es reordenar las facultades mentales de los niños o adolescentes que hubieren sido víctimas del modo común de aleccionar; sujetándose, en los entendimientos incólumes, al proceso de la naturaleza. El modo de proceder de la naturaleza en el entendimiento es ir de la atención a la percepción, de esta al juicio. Es decir, que, en la naturaleza del entendimiento humano, es ley que para percibir hay que entender, y para juzgar hay que percibir: o, en otros términos, que no hay posibilidad de percibir lo que contiene en sí mismo un objeto cualquiera de conocimiento, para formar juicio de un objeto de conocimiento, hay que haberlo percibido tal como él es él mismo.
Se debe también tener presente, de continuo, que el educador educa el entendimiento que se le somete, no para que perciba lo que haya percibido el director de entendimientos, sino para que el educando perciba por sí mismo.
De aquí se desprenden dos prácticas pedagógicas que son esenciales: 1.ª la de combinar en el mismo aleccionamiento la enseñanza individual y colectiva; 2.ª la del registro escolar, biografía de cada alumno, en donde, por los datos recogidos, se induce el carácter intelectual, moral y social".
Las asignaturas a las que Hostos se refería eran, en este orden: geometría práctica, ejercicios cosmográficos, ejercicios geográficos, ejercicios aritméticos, escritura geométrica y lectura. En todas, recomendaba a los directores: "el propósito es reordenar las facultades mentales de los niños y los adolescentes", atendiendo al "proceso de la naturaleza", y desarrollando en estos las destrezas del pensamiento requeridas en el orden siguiente: atención, percepción y juicio.
La lectura era la asignatura a la que Hostos ponía mayor atención en sus instrucciones. Era a la que más espacio dedicaba y que con más detalles desarrollaba.
Su pedagogía de la lectura, que exponía rigurosamente, paso por paso, como las de las otras asignaturas, partía de un principio básico:
"La lectura, desde el primer momento, ha de ser razonada. El que no razona lo que lee, no lee. Y como el hábito de no razonar leyendo adquiere las proporciones de un vicio formidable del entendimiento, es indispensable reaccionar lo más tempranamente posible contra él, crear desde la infancia el hábito contrario, acostumbrar desde la infancia a adquirir la fuerza de la razón que da el conocimiento puntual de las palabras que se oyen, se dicen y se leen".
En ese párrafo se descubre el concepto que orientaba la enseñanza de la lengua en la pedagogía de Hostos: las palabras son la base del desarrollo de la razón, tanto en forma oral como en forma escrita: escuchar, hablar, leer y escribir. Las cuatro artes del lenguaje.
La escritura era indisociable de la lectura; eran dos aspectos de un mismo proceso. Esa relación se apoyaba en un concepto general de la enseñanza de la lectura y la escritura: "se enseña a leer escribiendo; y a escribir trazando líneas".
En la visión de Hostos, la lectura razonada comprendía tres momentos o secciones de lectura: lectura lenta, lectura corrida y lectura racional.
1.ª sección, o de lectura lenta. Leer despacio, en forma individual y colectiva, emitiendo sonidos perfectos y repitiendo las palabras nuevas o de difícil estructura. Se completa la sección enviando a la pizarra a escribir al dictado esas palabras, con el objeto de ejercitar el conocimiento de las palabras como sonidos y como representación de ideas.
2.ª sección, o lectura corrida. Leer para sacar partido al desarrollo intelectual, atendiendo a la ortografía y el significado de palabras que por su significación formen un todo y expresen pensamientos ampliados o complementarios de los que se hayan encontrado en el texto leído. Con esas palabras se harán dictados y se les utilizará para el aprendizaje de nociones cosmográficas y geográficas, por medio de la lectura y la escritura.
Entre esas palabras se citan: Antillas, Continente Americano, Tierra, Planeta, Isla, Continente, Sol. A partir de esos vocablos y otros, el alumno comprenderá la relación entre todos los significados y entre estos y el hombre histórico y su vida, su doctrina, su patria y entre el nombre sustantivo y la idea científica y moral que contienen.
3.ª sección, o de lectura racional. Esta lectura "ha de servir, no solo para ejercicios prácticos de prosodia, ortografía, sintaxis y analogía, sino también para el arte de la lectura, que debe reducirse a este principio: 'leer es hablar a muchos, o a algunos, o a sí mismo, con el lenguaje y las ideas del otro'".
Para el dominio de la lectura racional, Hostos proponía algunas estrategias. Por ejemplo, en la clase de ciencias, la lectura debía empezarse por fijar bien un hecho, percibido por todos, y a todos familiar.
Así, hacer entender cómo la arena de las playas contiene el mar y para eso, cómo las aguas acarrean y depositan arena, y luego la ley científica que se cumple con esa acción, mediante descripción, memorización, observación y relato.
En sociales, por ejemplo, para el conocimiento de los héroes, en la lectura se presentaba la palabra héroe, con la idea de que debía separarse al héroe del ídolo, alejarlo de esa visión negativa. Con ejemplos de moral práctica se hacía comprender cómo se formó la palabra héroe, concepto que encierra dos valores opuestos: el de valor y brutalidad, y el de valor y racionalidad perfecta. Se ilustraban ambos conceptos del héroe. El héroe positivo personificaba el patriotismo, el trabajo, la civilización; en cambio, el héroe negativo personificaba solo la guerra, la gesta militar y la violencia.
Al final, se buscaba que los alumnos elaboraran un juicio con preguntas como estas: ¿Quién fue mejor? ¿Cuáles son los héroes virtuosos y cuáles los héroes criminales?
Extraída de una lectura, la palabra maestro era otro ejemplo empleado para la enseñanza de la lectura racional. Se inducía a los alumnos a observar los comportamientos de un verdadero maestro. Y se relacionaba al maestro con conocimientos históricos, geográficos y pedagógicos, los cuales eran las manifestaciones, el producto, de los grandes maestros de la humanidad.
En la lectura razonada es preciso enfatizar el concepto fundamental que orientó la enseñanza de la lengua en la pedagogía hostosiana: aprender la lengua en el orden en que se usa, principio que se aplica a la lectura.
¿Cuál es ese orden? Hostos lo explicaba valiéndose de citas extraídas de la obra How to Teach (1877) (Cómo enseñar. Un curso de instrucción gradual y manual de métodos para uso docente) de Henry Kiddle, Norman Calkins y Thomas F. Harrison, traducida por él y usada en la enseñanza de la lectura en la Escuela Normal:
"El orden de la enseñanza de la lectura, sea el primero: la idea; luego, su sonido simbólico o palabra hablada; después la forma simbólica, o palabra impresa; y así corresponderá el orden en que se aprenden a leer el lenguaje, con el orden en que se usa".
"Entonces, las palabras se convertirán en espejos, que reflejarán objetos e ideas en el entendimiento de los niños. Sentido, sonido, forma y uso llegarán a ligarse tanto y tan íntimamente, que no costará trabajo inducir a los niños a usar el tono de la conversación en la lectura; y, como resultado necesario, se seguirá un estilo natural de elocución".
En esa concepción se privilegia la dimensión lógico-semántica de la lengua. La forma, es decir, los sonidos, la grafía, la palabra y la sintaxis son recursos o vehículos para la conversación de mensajes.
Ese orden —la idea; luego, su sonido… después la palabra impresa— es la aplicación de la lingüística cartesiana de Port-Royal, que las gramáticas sucesivas reprodujeron, la cual postula que la idea, la razón, se concretan en la proposición bajo la forma de la oración compuesta por sujeto y predicado.
Primero el contenido, luego la forma, la cual es expresión del primero. Hostos sustentaba la enseñanza de la lengua (la lectura, la gramática o cualquier otro aspecto) en ese principio lógico-lingüístico. Ese fundamento estaba presente en los programas de estudios de la Escuela Normal, en la pedagogía de la lectura razonada.
En conclusión, en la pedagogía de Hostos, la lectura ha de ser razonada, pues: "El que no razona lo que lee, no lee".
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