Es bien sabido que los actos de corrupción pública son verificables en una gran parte de los países del mundo, pero también es cierto que en algunos de esos países son más controlados y penalizados que en otros. Inclusive en algunos, como el nuestro, no son siquiera investigados a profundidad para poder aplicarle el castigo que corresponda; como mucho se hace una especie de actuación fingida. Y todo eso se sustenta en el control que tienen los políticos sobre el poder judicial y son ellos los que deciden qué justicia aplicarle: una amañada y corrupta o una diáfana y apegada al buen ejercicio del derecho.
Existen diferentes tipos de corrupción, como la llamada "de gran corrupción" o más bien de aprobación al más alto nivel del gobierno, que son los de cantidades crecidas y extensas, como todas las obras que hizo Odebrecht en el país que le costaron a este pueblo el doble o el triple de lo que debieron haber costado, sin menospreciar la importancia que pudieran tener en su momento. Nadie ha dado datos concretos de los costos reales en muchas de ellas.
Estas obras y sus manejos se hicieron con la connivencia de técnicos y entendidos, que ahora presentan esas construcciones como que fueron limpias y sanas; cuando el mundo entero se percató de lo que había sucedido… un robo colosal y panamericano.
Muchos países condenaron a los responsables de ese pillaje, menos República Dominicana. En Perú, por ejemplo, condenaron a varios expresidentes y Alan García llegó hasta el suicidio. Y aparentemente eso no es escarmiento para nadie.
Es bueno que se sepa que todo lo que se pagó de más en esas obras fue incluido, o en sus precios o en las adendas de los contratos, modalidad que se empezó a usar en base a la ley 340-06, dándole con esto un carácter "legal" a ese robo inmenso. Por supuesto, en esto estaban siempre incluidos los sobornos. Previo al 2006 se incluía en los presupuestos un 5 % de imprevistos, los cuales tenían que ser revisados y autorizados antes de disponer de ellos.
Esas grandes obras, cuando hay dolo, fraude y engaños, son las que más lastiman las disponibilidades de recursos para el gobierno o su capacidad de endeudarse.
Casi la tercera parte de los ingresos fiscales son utilizados para pagar solo intereses de la deuda pública y una gran parte de los importes de ella está en manos de terceros… sí, de los ladrones que le han hecho tanto daño a las finanzas del país y a nuestra sociedad.
Con esos recursos "perdidos" el gobierno podría hacer frente a las necesidades crecientes de la población y obviamente servirían para la ejecución de obras necesarias. Esas obras públicas como carreteras, puentes, hospitales, escuelas y sus debidos equipamientos son las que crean desarrollo y por ellas se dice en economía que los presupuestos nacionales son instrumentos de desarrollo, evidentemente cuando los recursos fiscales se utilicen en gran medida para obras de infraestructura. Esto no ha estado sucediendo en los últimos años.
En ocasiones, para ganar las obras en licitación se hace un presupuesto más bajo logrando la adjudicación del concurso, pero luego, cuando se piensa que "faltan muchas otras cosas", vienen las adendas de los contratos originales para inflar como globos los presupuestos iniciales.
En los últimos 30 años no ha habido una sola obra aquí que no tenga una o varias adendas con las cuales se aumente su precio dos o más veces su monto originario.
Se han robado la esperanza de una vida mejor para todo un pueblo.
Solo un grupo de hombres y mujeres con ideas firmes, con vocación de servicio, honrados y bien dirigidos podrán acabar con esa enfermedad maldita de la corrupción política. Víctor Hugo, novelista, intelectual y político francés, una vez expresó que "no hay nada más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado; cuando es su momento nada puede detenerla".
Apoyemos pues a ese nuevo grupo, cuando pueda aparecer, en el espectro amplio de clases, tendencias e ideales de nuestra nación y que pueda devolver las esperanzas a nuestra población.
¡Es cuanto!
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