Constituir el movimiento popular es más que agrupar a dirigentes y organizaciones populares que protestan o luchan por determinadas demandas.
Es necesaria la organización, por supuesto. Pero lo es también la claridad política y de propósitos, y la condición de mantenerse en el tiempo.
Constituir el movimiento popular implica organizar con objetivos definidos. Cuál es la base social de la organización y cuáles problemas concretos se busca enfrentar y con cuáles propósitos. Y a quién representa el movimiento. Es decir, es necesario construir conciencia colectiva.
Porque el movimiento popular nace, como se ha dicho antes, de la necesidad material y de la conciencia de sus integrantes del por qué y para qué del mismo.
El descontento es un punto de partida, pero la constitución del movimiento popular debe superar este. Parte del mismo, pero es seguido por la conciencia respecto del porqué de ese descontento.
El movimiento popular será fuerte y trascendente si sus integrantes entienden su situación, las causas de esta y asumen de manera consciente una línea para superarla. Si, además, dispone de estrategias de acción, cómo buscará la conquista de sus demandas. Cada acción procurará avanzar en la conquista de objetivos; no es un propósito en sí mismo, ni mucho menos "hacer sonido" con fines de opinión pública.
Los sectores que integramos el movimiento popular debemos avanzar a reconocer que su realidad es resultado de la dominación histórica de una clase en el poder político, de las relaciones de dominación que les han sido impuestas. Comprender que la exclusión social, la desigualdad y la explotación no suceden por acaso, no son algo natural; sino que son condiciones impuestas por un modelo de dominación de las clases dominantes.
La clave de la constitución del movimiento popular está en la comprensión de la realidad; la reflexión crítica de la misma; la conciencia así ganada, y la acción colectiva cada vez para mejorar la acción en una nueva fase de desarrollo. Y así en una dialéctica, praxis; reflexión-acción, otra vez reflexión y nueva acción.
Es lo que Paulo Freire recomendaría en su visión de la educación liberadora. Ni lucha social ciega sin orientación dada por la reflexión crítica; ni intelectualismo de la reflexión desconectada de la lucha popular.
Y lo que aconsejaría Carlos Marx en su tesis XI sobre Feuerbach, cuando dice: "Hasta ahora los filósofos se han preocupado en interpretar de distintos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo".
En el momento de pico más alto de la inserción del Partido Comunista del Trabajo en el movimiento de masas, incentivó la constitución de la Conferencia Nacional de Organizaciones Populares, como un espacio de reflexión y acción colectivas, que de esa manera decidía acciones, las reflexionaba y volvía con nuevas acciones. Así logró espirales ascendentes en el proceso de lucha popular.
La Conferencia Nacional de Organizaciones Populares unió, en reflexión y acción, a los más diversos sectores de la sociedad, no tendencias de izquierdas; sino a sectores sociales en lucha: obreros, trabajadores, sindicalizados y no organizados en sindicatos; amas de casa, mujeres en lucha por la igualdad de género, comunidades urbanas y rurales, juventudes; todas expresiones de la diversidad de movimientos sociales que entonces ya era patente en la sociedad dominicana.
El Paro Cívico (1989) que paralizó casi en su totalidad el país, con voceros entonces desconocidos, como era Virtudes Álvarez; y sin ningún elemento compulsivo que forzara a comercios, negocios de diversa índole ni a las industrias a paralizar sus labores; fue el resultado de esa dinámica de constitución del movimiento popular, que partía del conocimiento de la realidad social, y convocaba a los sectores en lucha a la reflexión y acción colectivas. Agreguemos que también a las decisiones colectivas.
Ese fue un momento estelar de la lucha social en el país, y fue posible por el trabajo paciente con la propia militancia, sin la prisa de hacer sonido en los medios de comunicación.
Pero también, en diferenciación y lucha de opinión respecto a otras tendencias que impugnaban la nuestra y a esos métodos cívicos de lucha.
Hoy, la protesta social de la República Dominicana debe constituirse en movimiento popular en el sentido que, como categoría de análisis, estamos reivindicando.
El punto de partida tiene que ser el análisis de la realidad dominicana, en el que la lucha de clases es un elemento fundamental; pero igual lo es el estudio del modelo de dominación neocolonial que se le ha impuesto al país y pueblo dominicanos, que es la fuente de todos los problemas materiales y espirituales que hacen daño al pueblo dominicano; no solo a la clase obrera y trabajadora, que son esenciales en el movimiento popular; sino también a un amplio conglomerado de sectores sociales y comunidades urbanas y rurales, que en las condiciones históricas del país integran ese movimiento.
Las condiciones materiales expresadas en el modelo neocolonial ponen en relieve la explotación de clase, pero también un sinnúmero de desigualdades y afecciones a los sectores populares en comunidades urbanas y rurales que pueden resumirse en la problemática nacional.
Constituir el movimiento popular es conocer la realidad de cada sector particular, de la clase trabajadora, por ejemplo; y orientar a la constitución particular de cada uno, con su respectiva demanda y sus luchas. Determinar quién es cada quién en el modelo. Y avanzar en el conocimiento de lo general, de cómo este modelo afecta a todos los sectores; cuáles son las afecciones comunes que proporciona el modelo.
Dice Marx que "lo concreto es concreto, porque es síntesis de múltiples determinaciones".
Determinar cuáles son las "múltiples determinaciones internas" que hacen concreto al modelo neocolonial de dominación yanqui-oligarca es una tarea pertinente para constituir el movimiento popular de la República Dominicana. Porque este movimiento popular tendría que ser una alianza entre los sectores sociales afectados por ese modelo.
El modelo que tiene como requisito el salario bajo y prohíbe la libre sindicalización de la clase obrera y trabajadora; es el mismo que comporta la depredación por la entrega de los gobiernos de turno al capital imperialista de los recursos mineros y naturales en general, con impacto negativo en la calidad de vida de las comunidades incrustadas en los territorios depredados.
Y así, muchos de los problemas sociales y económicos que perjudican al pueblo tienen en ese modelo el punto de partida.
La suma de problemas que afectan al pueblo en sus diversos componentes puede sintetizarse en la problemática nacional, y esta es la que reclama la más urgente solución, y está esencialmente vinculada con el modelo económico, social y político que, digámoslo tanto como se deba, es la forma en que se expresa la condición neocolonial de nuestro país, o lo que es lo mismo decir, el dominio yanqui-oligarca.
De tal manera, la lucha para echar abajo ese modelo es una lucha de liberación social y nacional.
De ahí la política salarial restrictiva del régimen, cualquiera que sea el gobierno de turno. Este debe garantizar que los salarios se mantengan en un nivel bajo, para garantizar que la economía sea atractiva a la inversión nacional y extranjera, y al mismo tiempo pueda exportar los bienes y servicios a precios competitivos.
Así las cosas, negar la libertad sindical, evitar que la clase obrera se organice y luche, es una condición del régimen para mantener la política de restricción salarial. Es elemental. Porque si la clase obrera tiene la libertad para organizar sus fuerzas y luchar, puede presionar para el alza salarial.
Se puede entender fácilmente que la negación de la libertad sindical es requerimiento del modelo económico impuesto al país, que, como se ha dicho, tiene en los bajos salarios una condición para la competitividad de los precios de bienes y servicios que oferta en el mercado internacional.
El gobierno, del partido que sea, hace parte del régimen político institucional. Como lo es el Congreso y la Justicia. El Ministerio de Trabajo y las cortes laborales, en específico, sirven a los intereses expresados en el modelo económico, y son garantes de la política de restricción salarial y contrarios a la libertad sindical.
Desde hace años, varias fuerzas de izquierda, el Partido Comunista del Trabajo (PCT) entre estas; y de manera sistemática, han incluido en su plataforma política de lucha nacional la democratización de la vida del país y una mejor redistribución de la riqueza producida por la clase trabajadora.
Esa democratización implica, respecto al tema en cuestión, respetar el derecho a la libre sindicalización de la clase obrera y trabajadora, consignado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Constitución de la República; y extendida al plano económico, se expresa en una política de redistribución de la riqueza; modificaciones sustanciales al modelo, modificar la política salarial para una sustancial mejoría de estos.
He aquí una síntesis general de lo que podría ser una plataforma en torno a la cual constituir a las masas trabajadoras.
Hay que estar conscientes de que la exigencia al gobierno y otras instituciones del Estado para que cumplan sus promesas de democratización de la vida política, y de hecho con la libertad sindical consignada en la Constitución, es una lucha esencialmente política. Porque, en primer término, estos son la expresión política de los intereses de la burguesía dominante; como dicen Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, son "la Junta administrativa de los intereses de la burguesía".
Y, en segundo término, es también esencialmente política porque apunta hacia dos pilares del modelo neocolonial que se le ha impuesto a la nación. Y, así las cosas, es una lucha nacional, no porque se lleve a cabo en todo el país, lo que sería bueno; sino por su contenido.
Es decir, va en contra de la manera en que los poderes monopolistas internacionales han dispuesto saquear las riquezas nacionales. Y así, es una lucha patriótica.
La lucha por un aumento salarial y por la libertad sindical es una forma de la lucha de clases; pero en las condiciones históricas de la República Dominicana, esa es también una lucha contra el modelo neocolonial establecido; que, como se ha dicho, tiene los bajos salarios y la negación a la libertad sindical entre sus condiciones para ser competitivo en la economía mundial. Y, así las cosas, la lucha salarial y por la libertad sindical es social-democrática, y a la vez política de liberación nacional. Patriótica, corresponde también decir.
La conquista de una política salarial menos restrictiva, y de su hermana gemela la libertad sindical, pasa por la derrota al modelo general de la dominación neocolonial. Se puede concluir entonces en que es una necesidad perentoria la alianza de la clase obrera y trabajadora con los demás sectores populares afectados por ese modelo.
Estas ideas son vitales para crear conciencia en el proceso de constitución del movimiento popular.
Ese movimiento popular se constituye cuando ocurre que las masas afectadas por el modelo pasan a unirse de manera consciente para la lucha popular en el propósito de erosionar, es decir, conquistar reivindicaciones importantes; y eventualmente echar abajo aquel modelo.
Ese movimiento es una construcción que, valga decirlo otra vez, resulta de la reflexión y acción continuas. Se reflexiona para la lucha, y se lucha en reflexión.
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