En un contexto nacional marcado por debates sobre temas ambientales —contaminación, manejo de residuos, cambio climático y deterioro de los recursos naturales—, Laudato Sí, el Congreso Nacional de Medio Ambiente y Sostenibilidad organizado por la Asociación de Universidades Católicas de la República Dominicana se convirtió en un espacio de reflexión académica y compromiso ético sobre el futuro ambiental del país.
Celebrado los días 21 y 22 de mayo de 2026 en UCATECI, La Vega, el congreso reunió especialistas, docentes, gestores universitarios y representantes de instituciones católicas con un objetivo común: repensar el papel de las universidades frente a la crisis ecológica y social actual.
Más allá de una serie de conferencias aisladas, el encuentro dejó una idea central: la sostenibilidad ya no puede entenderse únicamente como un asunto ambiental, sino como un desafío humano, económico, político, educativo y espiritual.
La sostenibilidad como responsabilidad universitaria
Uno de los ejes principales del congreso fue la relación entre sostenibilidad y responsabilidad social universitaria. Se insistió en que las universidades deben integrar el cuidado ambiental dentro de su planificación institucional y de sus procesos de investigación.
La reflexión fue contundente: no basta con realizar actividades ecológicas ocasionales. La sostenibilidad debe traducirse en coherencia entre el discurso y las acciones concretas. Esto implica revisar políticas institucionales, presupuestos, investigaciones y estilos de vida universitarios.
En este sentido, el congreso recuperó también elementos de la carta pastoral Relación del hombre con la naturaleza (1987), recordando que la creación no puede ser reducida a un simple recurso económico. La afirmación de que "mientras más vacío está el corazón, más se llena de objetos" reveló una profunda crítica al consumismo contemporáneo y a la cultura del descarte.
El cambio climático dejó de ser solo un tema ambiental
Otro de los grandes temas abordados fue el cambio climático. Los participantes coincidieron en que ya no se trata exclusivamente de una preocupación ecológica, sino de una realidad que afecta directamente la economía, la política, la salud y la estabilidad social.
Durante las exposiciones se analizaron fenómenos como el aumento de la temperatura global, la alteración de los ecosistemas, la pérdida de bosques, las enfermedades relacionadas con la contaminación del aire y la desaparición progresiva de terrenos costeros por el aumento del nivel del mar.
La reflexión resultó particularmente significativa para la realidad dominicana. Un país vulnerable a huracanes, inundaciones, sequías y degradación ambiental necesita construir una cultura de prevención y sostenibilidad desde la educación.
La universidad como puente entre ciencia, Estado y comunidad
Uno de los aportes más relevantes del encuentro fue la redefinición del papel universitario. Los panelistas insistieron en que las universidades católicas no pueden permanecer encerradas en debates puramente académicos, sino que deben convertirse en puentes efectivos entre las comunidades, el Estado y la investigación científica.
Entre las propuestas más destacadas surgieron:
- desarrollar investigaciones orientadas a resolver problemas reales de las comunidades;
- destinar presupuestos específicos para proyectos de impacto social y ambiental;
- crear mecanismos de colaboración interuniversitaria;
- diseñar propuestas sobre agua, basura, ruido y contaminación;
- y fortalecer el acompañamiento técnico a las poblaciones vulnerables.
La idea de una "investigación más humana" marcó el espíritu del congreso: investigar no solo por interés académico, sino para proteger la vida y responder a las necesidades concretas de la sociedad.
Ecología, derecho y ética pública
Las conferencias sobre políticas y regulaciones ambientales abrieron un debate particularmente profundo sobre el rol del Estado y la ética ecológica. Se afirmó que las leyes, aunque necesarias, no bastan por sí solas para resolver la crisis ambiental.
La discusión avanzó hacia temas innovadores en el derecho ambiental contemporáneo:
- el río como sujeto de derecho,
- los derechos de la naturaleza,
- y la consideración ética de los animales como seres vivos que merecen protección.
Estas reflexiones muestran cómo la ecología moderna está transformando incluso las categorías jurídicas tradicionales, obligando a repensar la relación entre desarrollo, economía y dignidad de la creación.
El plástico: de residuo a oportunidad económica
Uno de los datos más impactantes presentados durante el congreso fue el relacionado con los residuos plásticos en República Dominicana. Según las exposiciones, en el país se producen alrededor de 406 mil toneladas de plástico al año, pero apenas un 7 % es procesado adecuadamente.
La mayor parte termina enterrada o quemada, generando graves consecuencias ambientales y sanitarias.
Sin embargo, las ponencias también mostraron experiencias esperanzadoras de economía circular, donde los residuos plásticos son convertidos en nuevos productos y oportunidades de negocio. La propuesta no se limitó al reciclaje, sino que incluyó la dignificación del trabajo de los recicladores y la necesidad de crear regulaciones operativas más eficaces.
Las buenas prácticas universitarias
El congreso permitió conocer iniciativas concretas desarrolladas por universidades católicas dominicanas. Entre ellas destacaron:
- proyectos Campus Solar o sistema fotovoltaico para reducir el consumo energético;
- observatorios de sostenibilidad ambiental;
- programas de aire limpio;
- integración del derecho ambiental en los planes de estudio;
- centros universitarios de sostenibilidad ambiental;
- y diplomados y programas de investigación científica.
Especial relevancia tuvo la propuesta de incorporar la ecología como eje transversal en la formación universitaria, de manera que todos los estudiantes desarrollen competencias relacionadas con sostenibilidad, ciudadanía ambiental y responsabilidad social.
Una agenda universitaria para el futuro
Las conclusiones del congreso dejaron delineada una agenda concreta para las instituciones de educación superior católicas en República Dominicana. Entre las propuestas se encuentran:
- crear observatorios ambientales,
- desarrollar laboratorios de calidad de agua, aire y suelo,
- elaborar mapas de vulnerabilidad ecológica,
- establecer clínicas jurídicas ambientales,
- publicar informes técnicos periódicos,
- y acompañar científicamente a las comunidades.
Asimismo, se insistió en la necesidad de llevar estas iniciativas hacia escuelas, parroquias y organizaciones comunitarias, ampliando el impacto educativo y social de las universidades.
Una reflexión necesaria para el país
El Congreso Nacional de Medio Ambiente y Sostenibilidad de ADUCA dejó una enseñanza fundamental: la crisis ecológica no podrá resolverse únicamente desde la tecnología ni desde las leyes. Se necesita una transformación cultural profunda, capaz de integrar ética, ciencia, espiritualidad y responsabilidad social.
En una nación donde los conflictos ambientales se han convertido cada vez más en conflictos sociales y políticos, las universidades están llamadas a desempeñar un papel decisivo: formar conciencia crítica, producir investigaciones útiles y acompañar a las comunidades en la defensa de la vida y de la casa común.
El gran desafío no será solamente hablar de sostenibilidad, sino convertirla en una práctica institucional, educativa y humana capaz de transformar la realidad dominicana.
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