En 2026, las stablecoins —tokens digitales respaldados por activos tradicionales, generalmente dólares estadounidenses— han pasado de ser un experimento financiero a convertirse en una pieza central de la infraestructura global de pagos. Este cambio viene impulsado por mayor claridad regulatoria, la integración empresarial y el uso cotidiano en remesas, comercio exterior y tesorería corporativa. La República Dominicana, como economía abierta y altamente conectada al flujo de remesas, se encuentra ante una oportunidad estratégica: adoptar estas innovaciones de forma ordenada, enfocada y realista.
¿Por qué 2026 es un punto de inflexión?
Todo apunta a que el año 2026 marcará una transición decisiva para los activos digitales. Organismos globales señalan que la combinación de marcos regulatorios más claros, mayor interoperabilidad y despliegues empresariales está acelerando la evolución del blockchain desde experimentos aislados hacia infraestructura financiera de uso generalizado.
La industria financiera prevé además que las stablecoins se consoliden como “el dólar de internet”, dado que su uso en pagos, tesorería, liquidaciones y operaciones transfronterizas crece rápidamente y se integra en arquitecturas empresariales.
Al mismo tiempo, los datos globales muestran un incremento sostenido en el número de usuarios de criptomonedas y un aumento significativo en la adopción de stablecoins como herramientas de transferencia de valor, no como vehículos especulativos. Esta madurez de uso, basada en utilidad diaria más que en volatilidad, define el carácter de punto de inflexión de 2026.
El papel de América Latina: adopción impulsada por la necesidad
Análisis comparativos internacionales muestran que América Latina utiliza stablecoins motivada por factores estructurales y no por especulación: remesas más rápidas y baratas, protección frente a inflación y eficiencia en el comercio transfronterizo.
Mientras potencias financieras como Estados Unidos y la Unión Europea se centran en definir marcos reguladores formales, la región latinoamericana avanza con un modelo de adopción basado en la utilidad, convirtiéndose en un laboratorio real de product‑market fit. La UE ha desplegado el marco MiCA (Markets in Crypto Assets Regulation), con requisitos estrictos para emisores, mientras que en EE. UU. la discusión legislativa apunta a establecer criterios de supervisión bancaria y claridad sobre el marco de las stablecoins.
Para América Latina, esta asimetría es una ventaja estratégica: mientras los grandes mercados discuten cómo regular, la región ya está aprendiendo de la práctica.
¿Qué es exactamente una stablecoin y por qué importa para pagos y remesas?
Una stablecoin es un token digital que mantiene paridad con una moneda como el dólar mediante reservas seguras, auditadas y verificables, en los emisores más sólidos. Estas monedas funcionan en redes blockchain, lo que permite liquidez 24/7, liquidación casi inmediata y costos notablemente menores que los sistemas bancarios tradicionales.
Su uso se ha expandido en remesas, donde ofrecen mayor rapidez y menores comisiones, y en tesorería corporativa, donde empresas globales ya integran stablecoins para pagos B2B, conciliación y gestión de capital de trabajo. En paralelo, el crecimiento sostenido de usuarios cripto proporciona masa crítica para que estos instrumentos se integren de manera natural en servicios financieros cotidianos.
Panorama regulatorio internacional: aplicación de la ley a la claridad operativa
El avance hacia reglas claras es determinante. A partir de 2025 y entrando en 2026, varias jurisdicciones han pasado de una postura reactiva a marcos regulatorios definidos que otorgan seguridad jurídica a emisores, bancos y fintechs.
En Estados Unidos, la discusión legislativa busca distinguir stablecoins de valores tradicionales, clarificar su supervisión bancaria y permitir innovación sin sacrificar seguridad. Este movimiento ha impulsado a otros países a actualizar sus propios marcos. La Unión Europea, por su parte, implementa MiCA, un marco integral que regula emisores y proveedores de servicios cripto y pretende crear un mercado único con reglas uniformes, aunque aún enfrenta fricciones de implementación.
El resultado es un ecosistema global donde la incertidumbre disminuye y donde países como la República Dominicana pueden integrarse con reglas claras y compatibles con estándares internacionales.
Oportunidades inmediatas para la República Dominicana
La República Dominicana enfrenta oportunidades significativas si integra stablecoins de manera smart y regulada. En primer lugar, el mercado de remesas —vital para el país— podría beneficiarse de costos más bajos y tiempos de liquidación más rápidos mediante la incorporación de dólares digitales en billeteras (wallets) reguladas y puentes bancarios interoperables. Este enfoque sigue la tendencia global hacia sistemas de pagos instantáneos y liquidación en tiempo real, presentes ya en economías avanzadas.
Además, sectores como las MIPYMES, el turismo y los exportadores de servicios pueden aprovechar la posibilidad de cobrar en dólares digitales con liquidación inmediata, lo que mejoraría el flujo de caja y reduciría la dependencia de los horarios bancarios. Empresas en diversos mercados ya adoptan stablecoins para optimizar tesorería, lo que indica un camino viable para la economía dominicana.
Finalmente, la creación de un “sandbox regulatorio” permitiría que fintechs y bancos experimenten con casos de uso reales bajo supervisión activa. Este tipo de entorno ha demostrado atraer inversión e innovación en mercados donde la claridad regulatoria avanza rápidamente.
En este proceso, los bancos juegan un rol clave como integradores de confianza, conectando infraestructuras blockchain con el sistema financiero tradicional mediante cumplimiento, custodia y gestión de riesgos.
Riesgos y cómo mitigarlos (sin frenar la innovación)
A pesar de sus méritos, las stablecoins presentan riesgos que deben ser gestionados. Uno de los principales es el de-risking bancario: la integración del sector financiero con redes basadas en blockchain exige controles estrictos de conozca su cliente y prevención del lavado de dinero (KYC/AML), trazabilidad y monitoreo continuo. La experiencia global indica que la mejor práctica es aplicar una regulación “por diseño”, incorporando controles directamente en la arquitectura operativa.
Otro riesgo es la posibilidad de mayor dolarización de facto. El uso intensivo de stablecoins en USD podría reducir el espacio de la política monetaria si no se equilibra con el fortalecimiento de los sistemas de pago en moneda local. Para evitar esto, se recomienda limitar el uso de stablecoins a casos de eficiencia de pagos mientras se moderniza el sistema de pagos en pesos dominicanos, en línea con la tendencia mundial hacia pagos instantáneos.
También existe riesgo operativo relacionado con la calidad de las reservas de los emisores. Exigir transparencia, auditorías periódicas y custodia segregada es clave para evitar fallas sistémicas. Jurisdicciones como la Unión Europea y Estados Unidos ya han avanzado hacia marcos que garantizan estas buenas prácticas.
Recomendaciones para reguladores y sector privado en la RD
La República Dominicana puede avanzar en la adopción responsable de stablecoins mediante un conjunto de recomendaciones estratégicas. Primero, conviene habilitar un entorno regulatorio controlado —similar a los “sandboxes” aplicados en otras jurisdicciones— que permita probar casos de uso reales con supervisión activa y límites prudenciales. Paralelamente, es esencial definir estándares claros para emisores, particularmente en reservas, gobernanza, transparencia y auditorías, tomando como referencia marcos internacionales como MiCA.
Además, es importante contar con una infraestructura que permita cambiar fácilmente dólares digitales por pesos dominicanos y al revés, usando canales claros y estandarizados, disponibles en todo momento. La protección al usuario debe reforzarse mediante divulgación clara sobre comisiones, tiempos de liquidación, tipos de cambio y trazabilidad verificable. Finalmente, la política pública debe basarse en datos: monitorear costos de remesas, tiempos de liquidación y niveles de adopción permitirá ajustar regulaciones y priorizar los casos de mayor impacto económico.
Conclusión: adoptar con cabeza, regular con datos
El mundo ha entrado en la era de los pagos instantáneos y los dólares digitales. América Latina, impulsada por necesidades reales, ya ha mostrado que la adopción puede ocurrir más rápido que la regulación. La República Dominicana tiene la oportunidad de aprender de esta dinámica, proteger a los consumidores y mejorar la competitividad de remesas y MIPYMES mediante una adopción responsable de stablecoins.
Si se combina innovación con criterios claros de cumplimiento, el país podría liderar en el Caribe una transición hacia una infraestructura financiera más moderna, eficiente y alineada con las prácticas globales. De lograrse, las remesas dominicanas —una de nuestras principales fuentes de ingreso externo— podrían convertirse en el catalizador de una transformación financiera mucho más amplia.
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