En cada momento de la historia política, los partidos y liderazgos han enarbolado relatos políticos en la búsqueda de construir una hegemonía discursiva sobre la sociedad.

Balaguer, en contraste con quienes propugnaban una revolución armada, enarboló la famosa consigna de “la revolución sin sangre”. En cambio, Juan Bosch, privilegiando su visión de una política revestida de principios éticos, utilizó el eslogan “Vergüenza contra dinero”. Peña Gómez, acorde con su estatura de líder de masas, proclamó “¡Primero la gente!”.

En otro contexto, Leonel Fernández levantó como relato político “el Nueva York chiquito”, expresando su concepción del progreso con una visión de modernización de fachada, y no como la superación de las desigualdades sociales y económicas que caracterizan a la sociedad dominicana.

Por el contrario, el discurso de Danilo Medina estuvo centrado en la proximidad con la ciudadanía y en un estilo de gobierno representado por las visitas sorpresa. Debido al hastío que generaron los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Luis Abinader utilizó, como portaestandarte de su campaña y de su primer gobierno (2020), el lema “El Cambio va” y, en el siguiente proceso electoral (2024), “El Cambio sigue”.

Precisamente, una de las novedades que introdujo Luis Abinader en su proyección como vocero autorizado y en la construcción y reproducción del discurso oficial fue la implementación del espacio LA Semanal, desde el 28 de agosto de 2023 hasta el 8 de diciembre de 2025.

Este espacio de comunicación semanal estableció un precedente novedoso en la política dominicana porque no solo fue una herramienta de comunicación gubernamental, sino también un instrumento para construir y administrar la hegemonía discursiva del oficialismo hacia la sociedad.

En primer lugar, con esta iniciativa, el propio presidente Abinader se colocó como el principal, y casi único, vocero de su gobierno, lo cual tiene tanto aspectos positivos como negativos.

Entre los elementos positivos destaca el contacto directo y sistemático con los medios de comunicación, que genera una sensación de cercanía que otros mandatarios no lograron. El presidente se volvió omnipresente en los medios y, por extensión, en la sociedad. Tal como se ha señalado, se produjo una especie de «rendición de cuentas» permanente, que llenó vacíos informativos e impuso temas en la agenda pública.

Precisamente, LA Semanal definió cuáles eran los temas prioritarios y relegó o colocó en un segundo plano otros asuntos que no se consideraban importantes o prioritarios. Por tanto, había una clara selectividad temática que trazaba el rumbo de la opinión pública. Como es de esperarse en condiciones normales, las palabras del jefe del Estado tienen preeminencia sobre las que puedan expresar otras figuras políticas.

No solo se priorizaban determinados temas, sino que también se establecían los criterios desde los cuales debían ser analizados, privilegiando un enfoque técnico y gerencial y dejando en un segundo plano el abordaje político propiamente dicho. En este contexto, la oposición se veía obligada a reaccionar dentro del marco discursivo impuesto por el gobierno, lo que expresaba una clara hegemonía del oficialismo.

No obstante, este ejercicio permanente de exposición del primer mandatario ante los medios y la sociedad también lo convirtió en el objetivo directo de las críticas de la oposición y del descontento social de amplios sectores que no veían resueltos sus problemas cotidianos. En la medida en que la figura presidencial se exhibía constantemente, se transformaba en el principal receptor de las críticas y reproches que se generaban desde la sociedad.

En este sentido, la oposición articuló una intensa maquinaria de críticas a la gestión del gobierno, lo que produjo como resultado que LA Semanal se transformara en un medio para responder a las críticas de la oposición, evidenciando hasta dónde había avanzado el desgaste del gobierno y los peligros de continuar exponiendo a su principal figura política.

En todo caso, este espacio de comunicación fue suspendido y, después de ocho meses, se inició un nuevo espacio llamado LA Agenda Semanal, con un nuevo formato.

¿Qué es lo novedoso?

LA Agenda Semanal se ha concebido como un programa tipo streaming o de transmisión en directo, en el cual el presidente Abinader se reúne con funcionarios de un área determinada para supervisar los planes y proyectos en ejecución, mediante preguntas y valoraciones formuladas a los responsables de estos.

Un cambio sustancial en relación con el modelo anterior es que la prensa no participa de manera directa, sino que, según se ha explicado, puede enviar sus preguntas antes del evento o durante su transmisión.

¿Qué conclusiones podemos sacar de este cambio de formato?

En primer lugar, la exposición del presidente Abinader es menos directa que en el modelo anterior. La ausencia de la prensa reduce la posibilidad de recibir preguntas incómodas o sobre temas que no sean los escogidos para responder.

Sin embargo, la exposición presidencial continúa bajo otra modalidad y podría generar la idea de que las cosas se resuelven solo si él interviene.

Otro aspecto interesante es que esta nueva variante les dará rostro a funcionarios de diferentes áreas del Estado, lo que implica que otras personalidades oficiales podrían exponerse al escrutinio público, no solo el presidente.

Por lo demás, está claro que lo que se prioriza es mostrar los aspectos positivos de la propia gestión de gobierno, enfatizando la búsqueda de soluciones a problemas concretos y el papel gerencial que desempeña el propio presidente.

En este sentido, hay un cambio importante en el escenario del ejercicio del poder: el presidente pasa de ser el vocero a ser el jefe de la gestión de gobierno. El oficialismo parece desplazarse de una narrativa basada en la comunicación oficial hacia otra basada en la demostración de su capacidad de gestión.

Mostrar a un presidente competente, preocupado por los problemas y sus soluciones, y buen gerente es la imagen que se busca proyectar para fortalecer la figura presidencial, al Gobierno y al PRM, y contribuir a la construcción de una narrativa centrada en la necesidad de preservar la herencia de esta gestión y, de cara a 2028, promover su continuidad política.

Luis Salazar

Luis Salazar es analista e investigador social. Sus trabajos abordan los procesos de transformación de la sociedad dominicana, el sistema de partidos, los liderazgos políticos y los movimientos sociales. Actualmente es dirigente de Alianza País.

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