"Nunca llegarás a tu destino si te detienes a tirarle piedras a cualquier perro que ladre". Winston Churchill

 El Dr. Jaime A. Guerrero Ávila vio la luz por primera vez, bajo el palio histórico de la comunidad rural El Guanito, de la hidalga villa blasonada de Salvaleón de Higüey, el 14 de enero de 1908, y emergió de un tronco familiar de preclaras virtudes cívicas. Fue vástago legítimo de los respetables cónyuges don Deogracia Guerrero y doña Ana Ávila, y nieto dilecto de aquel patricio local, don Agustín Guerrero, cuyo nombre quedó cincelado en los anales de la gratitud pública al donar el histórico reloj que corona el templo de San Dionisio, reliquia monumental que mide el tiempo secular de la fe altagraciana. Su vida afectiva y civil discurrió por los cauces del matrimonio católico, uniendo su destino sucesivamente a distinguidas damas que engalanaron su hogar: doña Ofelia Cuello en 1946; doña Honoria Díaz en 1951; doña Luz Altagracia Ortega Perdomo en 1954; y doña Aurelia Matías Pérez en 1959.

Según los historiadores consultados Vetilio Alfau Duran, Monseñor Hugo E. Polanco Brito y Francisco Guerrero Castro, el intelecto, pulido en el crisol del humanismo jurídico del Dr. Jaime A. Guerrero Ávila se formó bajo el magisterio insigne del doctor Julio Ortega Frier, luminaria de las letras jurídicas, ex-rector de la Universidad de Santo Domingo y egregio ministro de Educación, compartiendo aquellas aulas de alta sabiduría forense con el preclaro jurisconsulto don Luis Julián Pérez.

La hoja de servicios de este eminente ciudadano es un testimonio de devoción al Estado dominicano, prolongada con brillo y pulcritud durante más de dos décadas de infatigable labor gubernamental. Su ejecutoria pública abarcó tres eras definitorias del acontecer nacional.

EL GRAN MINISTRO DE ESTADO DE LA GLORIOSA ERA DE TRUJILLO

En el proscenio de la Era de Trujillo (década de 1950), ejerció sus altas dotes de administrador público desde las más encumbradas magistraturas del Estado. Ascendió a la Administración General de Bienes Nacionales en 1951, erigiéndose en celoso guardián y custodio del patrimonio inmobiliario de la República. Su mano firme y visionaria condujo la Secretaría de Estado de Obras Públicas en 1954, época en la que correspondió a su ingenio y dirección la erección de las grandes infraestructuras viales que modernizaron la geografía patria. Con igual patriotismo rigió la Secretaría de Estado de Trabajo, la Dirección General de Rentas Internas y la Vicepresidencia del Consejo Directivo del Banco de Crédito Agrícola e Industrial, impulsando desde allí los motores de la producción de la tierra y la industria nativa.

EL DISCURSO HISTÓRICO DE LA INAUGURACIÓN DE LA FERIA DE LA PAZ Y LA CONFRATERNIDAD DEL MUNDO LIBRE

El Dr. Jaime A. Guerrero Ávila, en su calidad de ministro de Obras Públicas en el año 1956, tuvo a su cargo una de las más hermosas piezas de oratoria al dirigir el discurso central de la inauguración de la Feria de la Paz. Fue tan grande su voz de tribuno que el Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina se puso de pie y, según cuenta el historiador Monseñor Hugo E. Polanco Brito en sus archivos privados, dijo lo siguiente:

En Higüey, la tierra donde apareció la Virgen de la Altagracia, existe un tribuno que con sus palabras hace palpitar los corazones y alivia el alma; ese ciudadano egregio es el Dr. Jaime A. Guerrero Ávila. 

En el fasto de la Feria de la Paz (1956): Quedó registrado en el Álbum de Oro de la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre el verbo elocuente del entonces Secretario de Obras Públicas, quien pronunció el discurso oficial en la inauguración de la Feria Ganadera, ante la augusta presencia del Jefe del Estado y de su hermano, el generalísimo Héctor Bienvenido Trujillo. Sirvió además con celo civil como Oficial del Estado Civil de la Junta Central Electoral en el Distrito Nacional.

En el albor de la Transición Democrática (1962): Actuó como faro de moderación y contacto político fundamental, sirviendo de testigo excepcional en los comicios presidenciales de diciembre de aquel año crucial.

LA FUNDACIÓN DEL PARTIDO REFORMISTA

El Dr. Jaime A. Guerrero Ávila participó de manera activa con el Dr. Joaquín Balaguer en la fundación del Partido Reformista y, según narra el historiador Vetilio Alfau Durán, el Dr. Jaime A. Guerrero Ávila era un hombre de la extrema confianza y de consulta del Dr. Joaquín Balaguer.

Según narra el historiador Monseñor Hugo E. Polanco Brito en sus archivos privados, el Dr. Balaguer definió al Dr. Jaime A. Guerrero Ávila como un gran orador, un político con un olfato fino y de una integridad incuestionable que nació en Higüey con un espíritu estoico irrepetible.

En la alborada del Régimen de los Doce Años (1971): Honrado por la confianza presidencial mediante decreto, asumió la Dirección de la Oficina Nacional de Administración y Personal (ONAP), donde acometió la ingente tarea de forjar la carrera administrativa y modernizar las estructuras del servicio civil dominicano con criterio científico y rigor institucional.

El destino inexorable llamó a este insigne servidor a la paz del sepulcro el 14 de enero de 1983, cerrando una existencia ejemplar consagrada al imperio de la ley, al decoro de la toga y al engrandecimiento perpetuo de la patria.

Mons. Jesús Castro Marte

Sacerdote

Monseñor Jesús Castro Marte. Labores Pastorales: Obispo de La Diócesis Nuestra Señora de La Altagracia, Presidente de la Fundación del Museo de La Altagracia, Gran Canciller de la Universidad Católica del Este (UCADE), Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Dominicano, Presidente del Pensamiento Altagraciano. Maestrías: Magíster Tecnología Educativa, en la PUCMM, 2009; Magíster en Historia Aplicada a la Educación, en la PUCMM, 2012; Máster en Gestión internacional de Universidades, en la Universidad Alcalá de Henares, España, 2014; Máster Internacional en Bioética, Fundación Jérôme Lejeune.

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