En medio del intenso debate nacional sobre el futuro del proyecto minero Romero, gran parte de la conversación pública ha girado alrededor de inversión extranjera, seguridad jurídica, empleo, institucionalidad y sostenibilidad.
Todos son temas legítimos.
Pero hay una pregunta más fundamental, una que precede incluso al debate político, económico o jurídico:
¿Conocemos realmente cómo funciona el sistema natural que se pretende intervenir?
Esa pregunta me llevó recientemente a compartir mis inquietudes con el geólogo e hidrólogo Rafael W. Rodríguez Cruzado, exdirector de programas científicos del U.S. Geological Survey (USGS), con más de cuatro décadas de experiencia liderando investigaciones en recursos hídricos, geología, riesgos ambientales y manejo de cuencas en Estados Unidos, el Caribe y Centroamérica.
Su respuesta fue tan simple como contundente:
“Antes de aprobar una mina, primero hay que entender científicamente cómo funciona el sistema natural.”
Y ahí, quizás, está el verdadero centro del debate.
La ciencia antes que la narrativa
Rodríguez Cruzado fue claro: antes de evaluar una intervención extractiva de esta magnitud, especialmente en una zona de alta sensibilidad hídrica, no bastan presentaciones corporativas, renders, vídeos de ingeniería o promesas de operación responsable.
La ciencia exige primero construir una línea base robusta del territorio. Y advierte que comprender realmente un sistema hídrico de montaña no es un ejercicio de semanas. En muchos casos requiere meses, e incluso años, de observación continua para capturar con precisión la respuesta natural del territorio frente a temporadas secas, lluviosas y eventos extremos.
Pero la ciencia no termina con la línea base.
También exige entender cómo interactúan ríos, manantiales y acuíferos entre sí, y mantener monitoreos permanentes durante toda la vida útil de la operación, e incluso después de su cierre, para detectar alteraciones que pueden tardar años en manifestarse.
En sistemas hidrogeológicos complejos, algunas de las consecuencias más importantes no siempre aparecen al inicio de la explotación. A veces emergen cuando ya es demasiado tarde para corregirlas.
Entre las variables mínimas que deben medirse están:
- Los niveles freáticos — Para entender cómo responde el agua subterránea durante ciclos secos y lluviosos.
- Los caudales base de ríos y arroyos — Para identificar cuánto del agua superficial depende realmente de los acuíferos.
- La química natural del agua — Para conocer la calidad del sistema antes de cualquier alteración geológica.
- La dirección del flujo subterráneo — Para comprender cómo se conectan fracturas, nacientes, acuíferos y cuerpos superficiales.
- La dinámica ecológica de la cuenca — Porque donde nace el agua también viven sistemas biológicos altamente dependientes de ese equilibrio.
Una mina subterránea no solo altera la superficie
Uno de los errores más comunes en este debate es evaluar un proyecto subterráneo únicamente desde lo visible en superficie.
Pero una mina puede modificar rutas de infiltración, presiones hidráulicas, conexiones entre fracturas, niveles freáticos, y patrones de descarga hacia ríos y manantiales.
Es decir: la pregunta no es solamente cuánta agua usará la mina. La pregunta real es:
¿Cómo podría alterar el sistema que produce, infiltra, almacena y entrega esa agua durante décadas?
La advertencia geoquímica: lo que los propios documentos de GoldQuest revelan
El yacimiento Romero es un depósito de sulfuros masivos volcanogénicos (VMS) con alto contenido de azufre y presencia de arsenopirita. Aplicando la metodología estándar de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), el Potencial de Neutralización Neto (NNP) del yacimiento resulta entre -83 y -240, entre cuatro y doce veces por debajo del umbral internacional de rechazo de -20 kg CaCO₃/tonelada. Eso significa que cada tonelada de roca removida tiene capacidad de generar drenaje ácido de mina durante 500 años o más.
GoldQuest, tras once años de proceso de permiso y con un Pre-Feasibility Study (PFS) publicado en 2016, nunca ha hecho públicas las pruebas cinéticas de laboratorio. El estándar internacional exige columnas de lixiviación de al menos 40 semanas, que son las únicas capaces de confirmar o desmentir el Potencial de Neutralización Neto (NNP) extremadamente negativo del yacimiento. Esa omisión no es un detalle técnico pendiente. Es el análisis central que determina si el proyecto es ambientalmente viable.
La referencia de escala es concreta y verificable: Giant Mine en Canadá, una mina de oro con composición similar de arsenopirita, cerró en 2004. Hoy su remediación cuesta 4,380 millones de dólares canadienses, con monitoreo requerido a perpetuidad.
El error del balance hídrico: cuando los números no cuadran
“El Pre-Feasibility Study de GoldQuest utilizó una Evapotranspiración Potencial (ETP) de 1,655 a 1,700 mm anuales como si fuera el valor real de consumo hídrico de la zona. Es un error conceptual grave.
La ETP es un valor teórico aplicable a superficies con agua libre y vegetación sin estrés hídrico. Romero es andesita, basalto y riolita de la Formación Tireo, deforestada, sin suelo profundo, sin acuífero primario. La Evapotranspiración Real (ETR) de esa superficie es aproximadamente 150 mm anuales, no 1,700 mm.
Con los valores correctos, el balance hídrico de la cuenca alta de Sabaneta muestra un superávit de 913 mm anuales por cada 100 hectáreas. Es precisamente por eso que la represa Sabaneta tiene 50 millones de metros cúbicos embalsados y vierte por su aliviadero: porque llueve más de lo que se evapora. Si el balance del PFS fuera correcto, Sabaneta estaría seca desde 1978.
GoldQuest usó la ETP inflada para dos propósitos: argumentar que “no hay agua subterránea que proteger” porque supuestamente ya se evapora toda, y subdimensionar la poza de sedimentación. El resultado es una poza diseñada para 315,000 m³ cuando la Precipitación Máxima Probable registrada por el INDRHI para San Juan genera caudales de hasta 44 m³/s, un déficit del 40% frente a la norma internacional para instalaciones con potencial de drenaje ácido.
En la primera tormenta de esa magnitud, 145,000 metros cúbicos, el equivalente a 58 piscinas olímpicas, llegarían directamente al embalse Sabaneta.
Y lo que llegaría no es agua limpia. Con 5 millones de toneladas de roca removida anualmente, un 4% de sulfuros expuestos al aire y al agua generaría una carga estimada de 3,200 toneladas de sulfatos por año hacia el embalse que riega 18,000 hectáreas de arroz, habichuela y banano en San Juan. A pH 2.8-3.5, esa agua no es apta para riego ni para consumo humano. El daño sería irreversible en escala de décadas.”
(J. D. Jiménez, Ph.D. 2026)
Validación técnica adicional
La lectura técnica del Dr. Jiménez encuentra además respaldo en la valoración de Rafael W. Rodríguez Cruzado, quien, tras revisar sus conclusiones, señaló:
“El análisis geoquímico del Dr. Jiménez identifica los posibles relaves mineros que podrían impactar la calidad del agua superficial y los acuíferos. Se destaca el riesgo de filtración de metales pesados, sulfatos y otros remanentes químicos del procesamiento mineral. Creo que su evaluación es contundente y acertada.”
Esta apreciación introduce un elemento de especial relevancia en cualquier discusión sobre minería responsable: la necesidad de evaluar con rigor no solo la extracción del mineral, sino también la estabilidad geoquímica de los relaves, su interacción con los sistemas hídricos y el potencial impacto acumulativo sobre aguas superficiales y subterráneas.
El problema de la narrativa adelantada
Si ya se han presentado públicamente videos, animaciones y afirmaciones extraordinarias sobre “minería responsable” y sistemas cerrados de agua, entonces también debería estar abierta al escrutinio independiente la información hidrogeológica, geoquímica y ambiental que sustenta esas afirmaciones.
La narrativa pública del proyecto comenzó antes que la socialización completa de la ciencia que debería respaldarla.
Y eso, en cualquier democracia seria, naturalmente activa preguntas ciudadanas.
El detonante: cuando gobernar significa aprobar sin demostrar
Recientemente, la opinión pública dominicana ha sido interpelada con un argumento que merece reflexión: que gobernar no es seguir el coro, que el liderazgo serio debe resistir la presión emocional del momento y decidir con visión estratégica de largo plazo. En abstracto, el principio es válido.
Pero llevado al debate sobre minería en zonas de recarga hídrica, ese mismo principio obliga a formular la pregunta inversa: ¿cuál es la verdadera decisión estratégica de largo plazo cuando lo que está en juego es el agua que sostiene a una región entera?
Resistir el ruido puede ser liderazgo. Ignorar evidencia científica independiente, no. Y hasta hoy, precisamente esa evidencia, técnica, hidrológica y verificable, es la que los promotores de la minería metálica en zonas de alta recarga hídrica aún no han presentado.
Por eso lancé mi reto y este sigue en pie.
Mi reto sigue en pie
Si la industria minera afirma que es posible desarrollar minería metálica a gran escala en zonas de recarga hídrica sin comprometer el recurso agua a largo plazo, entonces esa afirmación debería poder demostrarse con evidencia empírica, pública, robusta e independiente.
Presenten un solo ejemplo verificable de una mina metálica:
- Activa o que haya operado en los últimos 20 años
- Con excavación industrial a cielo abierto o subterránea a gran escala
- Ubicada en una zona de recarga hídrica principal, áreas de origen o recarga de cuencas hidrográficas críticas
- Donde existan mediciones hidrológicas independientes antes, durante y después de la operación
- Que demuestren ausencia de deterioro hidrológico significativo en variables como caudal base, calidad del agua y recarga acuífera atribuible a la operación
Lo que no vale como respuesta:
- “Usamos agua desalinizada” → No aplica si la mina está en zona árida sin cuenca hídrica que proteger.
- “Restauramos el ecosistema al cerrar” → No aplica. El reto es sobre minas activas.
- “Tenemos certificación ISO / Copper Mark” → No aplica. Las certificaciones auditan procesos, no resultados hidrológicos medibles.
- “Nuestros estudios de impacto lo garantizan” → No aplica si fueron aprobados por el mismo Estado que necesita la inversión, sin validación independiente.
No se trata de mejorar la cuenca ni de compensaciones netas. Se trata de demostrar que la coexistencia sostenible es posible sin deterioro medible del sistema hídrico que alimenta a comunidades y ecosistemas aguas abajo.
No es ideología. Es geología e hidrología.
La ausencia de evidencia también es evidencia
Hasta hoy, en una zona tropical de recarga hídrica de alta sensibilidad como la Cordillera Central dominicana, las promesas de GoldQuest siguen siendo promesas de ingeniería. No evidencia empírica demostrada en campo.
Invito a empresas mineras, gremios, académicos, autoridades y consultores independientes a responder este reto con datos verificables, no únicamente con estudios financiados por actores con interés económico directo, sino con validación independiente y acceso público a la información hidrológica.
La ciudadanía, especialmente en países como República Dominicana, donde el agua es un recurso estratégico y cada vez más vulnerable, tiene derecho a exigir que cualquier proyecto que afecte las fuentes hídricas principales esté respaldado por ciencia rigurosa y evidencia transparente.
La prudencia no es fanatismo. Es responsabilidad país.
Referencias
Fuentes primarias — Documentos de GoldQuest Mining Corp.
[1] GoldQuest Mining Corp. — Romero Project Overview: Romero Project Overview
[2] GoldQuest Mining Corp. — Pre-Feasibility Study Technical Report, Romero Gold Project (NI 43-101), JDS Energy & Mining Inc., septiembre 2016: PFS GoldQuest 2016
[3] GoldQuest Mining Corp. — Self-Contained Water Cycle (video): Ver video
Fuentes técnicas — Análisis independiente
[4] J.D. Jiménez, Ph.D. — “¿Por qué falló el Proyecto Minero Romero San Juan? Una aproximación técnica.” Publicación en redes sociales, mayo 2026: Facebook | X (Twitter)
[5] Rafael W. Rodríguez Cruzado — Geólogo e hidrólogo, exdirector del USGS Caribbean–Florida Water Science Center. Consulta directa, mayo 2026.
Fuentes institucionales — República Dominicana
[6] Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos. Ficha técnica oficial de la Presa de Sabaneta: INDRHI – Presa de Sabaneta
[7] Ministerio de Energía y Minas. Cuenca alta del río San Juan requiere con urgencia un estudio de impacto ambiental (Ing. Augusto Rodríguez Gallar): MEM – Cuenca alta del río San Juan
[8] Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Informe GEO RD 2024: MIMARENA – Informe GEO RD 2024
[9] Academia de Ciencias de la República Dominicana — Comunicado de respaldo a la paralización del Proyecto Romero, mayo 2026: Comunicado Academia de Ciencias
[10] Rodríguez Morillo, H. y Febrillet Huertas, J.F. (2006). “Potencial hidrogeológico de la República Dominicana.” Boletín Geológico y Minero, 117(1): 187-200: Ver publicación
[11] Servicio Geológico Nacional de la República Dominicana — Estudio Hidrogeológico Nacional, Fase II:Memorias Hidrogeológicas – SGN
Fuentes técnicas internacionales — Drenaje ácido y remediación
[12] U.S. EPA — Acid Mine Drainage Prediction (EPA 530-R-94-036): Ver documento
[13] UNEP — Mine Tailings Storage: Safety is No Accident (2017): Ver informe
[14] World Bank Group — Environmental and Social Framework: Water and Mining: Ver documento
[15] CBC News — “Cost of cleaning up Yellowknife’s Giant Mine now pegged at $4.38B,” noviembre 2022: Ver artículo
[16] Giant Mine Remediation Project — Gobierno de Canadá: Ver proyecto
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