En una ocasión, una familia se reunió para cenar juntos. La cena estuvo muy animada. Hasta que, en un momento, el niño más pequeño golpeó con el puño la mesa y gritó que le pasaran la sal inmediatamente. Todos los adultos se quedaron perplejos y el padre disgustado, lo mandó a abandonar la mesa e irse a la cama.
Después de la cena, alguien comentó que había estado grabando las conversaciones durante la cena para conservarlas como un recuerdo. Entre risas comenzaron a escuchar todo lo que habían hablado, cuando notaron que constantemente se escuchaba una vocecita pidiendo que por favor le pasaran la sal, hasta que después de muchos intentos se escuchó su grito y un golpe sobre la mesa.
Con lágrimas en los ojos, el padre avergonzado fue a buscar al niño castigado y a pedirle perdón por no escucharlo.
Tal vez a tu lado hay vocecitas que intentan llamar tu atención y solamente las escuchas cuando se desesperan.
En nuestras sociedades postmodernas parecería que el silencio se interpreta como una carencia o defecto.
A veces visitamos la playa o el campo y utilizamos equipos de música en alto volumen, para combatir lo que podría parecernos un molesto silencio.
Podemos estar en contacto con la naturaleza y realmente ella se comunica con nosotros, lamentablemente podría no interesarnos escucharla.
Estamos hablando del silencio como una experiencia exterior, en el mundo físico o material. Sin embargo, hay diferentes niveles de silencio, más sutiles, pero seguramente más necesarios.
El silencio no es simplemente aquello que ocurre cuando deja de sonar el mundo; es un espacio en el que podemos empezar a escuchar lo que normalmente queda oculto.
¿Has pensado que tal vez la falta de silencio en tu vida te está impidiendo conectar con lo que verdaderamente eres y con el mundo en que vives?
Constantemente escuchas la radio, ves televisión o navegas por internet, y a veces todo ello no te permite desarrollar plenamente tu conciencia. La verdadera conexión la realizas desde tu conciencia.
Tal vez se desearía estar siempre despiertos y activos, pero sin dormir es imposible. Para poder caminar durante semanas y hasta meses, se necesitan momentos de descanso. La vida es posible cuando se alternan momentos para producir y almacenar energía y otros para gastarla.
Cuidamos nuestros aparatos, propiedades, equipos electrodomésticos, nuestras mascotas, nuestros recursos financieros, pero solemos descuidar nuestra actividad cerebral con la creencia de que no es necesario.
Nos conviene recibir información, estímulos y sensaciones, pero el buen uso de nuestras capacidades mentales necesita complementarse con períodos de silencio.
Para que quede incluso más claro: la falta de silencio no solamente nos agota; también puede empobrecer nuestra capacidad de pensar. Si mantienes tu cerebro hiperestimulado, sin posibilidad de procesar lo que recibe, podría “reventarse” igual que el caballo que mantuvieras trotando sin descanso.
Diversas investigaciones han encontrado asociaciones entre períodos de silencio, determinadas respuestas fisiológicas y cambios en la actividad cerebral. Algunos estudios experimentales incluso han observado efectos interesantes sobre el hipocampo y los mecanismos relacionados con la atención y la regulación emocional. Sin embargo, buena parte de estas investigaciones son todavía preliminares y algunas han sido realizadas en animales.
Al conseguir el silencio exterior, podrías también encontrar ruido en tu interior, muchas veces son ecos del ruido externo. Toma cierto tiempo aquietar tu mundo interior, pero si lo logras nunca te arrepentirás.
Ante algunos comentarios, el silencio puede ser nuestra mejor respuesta y hace más fácil el poder escuchar a los demás.
Muchas veces no escuchamos: solamente esperamos nuestro turno para hablar. Y algunas voces no necesitan que les respondamos; necesitan, simplemente, que las escuchemos.
Cuando te familiarizas con el silencio, encuentras más interesante escuchar a los demás y descubres que te ayuda a entenderlos y a conectar mejor con ellos.
El ruido puede llamar tu atención, pero muchas veces la mantiene solo de manera superficial. Pudiendo ser causa de estrés, dificultar la regulación emocional, impedir el descanso cognitivo y obstaculizar la comunicación.
Es preciso señalar que no todo silencio es sano. Es muy diferente el silencio consciente, al silencio por temor, aislamiento, represión, depresión o indiferencia, siendo necesario reconocer que a veces callar es un verdadero escándalo.
No hablamos de no escuchar sino de escuchar de otra manera, escuchar lo que usualmente ignoras y de poder descubrir que no siempre que oyes estás escuchando.
Nunca conocerás mejor el valor del sonido y de las palabras que después de haber conocido el silencio.
Las comunicaciones trascendentales de la humanidad suelen estar precedidas por un profundo silencio.
Referencias
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Kirste, I., Nicola, Z., Kronenberg, G., Walker, T. L., Liu, R. C., & Kempermann, G. (2015). Is silence golden? Effects of auditory stimuli and their absence on adult hippocampal neurogenesis. Brain Structure and Function, 220(2), 1221–1228. https://doi.org/10.1007/s00429-013-0679-3
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