El tema de la salud mental vuelve a ocupar los titulares de los principales medios estadounidenses e internacionales, que divide la sociedad entre quienes atribuyen la responsabilidad exclusivamente al individuo que comete un acto criminal bajo determinados cuadros psiquiátricos y quienes cuestionan el papel correspondiente al sistema de salud pública.

En medio de dicha discusión, surge una pregunta incómoda para cada sector: ¿Cuántos humanos deben morir y cuántas señales deben ser obvias para considerar ciertos cuadros psicóticos como emergencia para que se le ofrezca ayuda inmediata? 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) toda persona debe gozar del grado más alto posible de salud mental, así como recibir una atención disponible, accesible, digna y de calidad. Sin embargo, la realidad estadounidense desnuda una problema latente que ha involucrado a varias administraciones en materia preventiva, y de seguimiento. A pacientes con evidentes trastornos mentales.

Y es precisamente el caso actual, la enfermera Linsay Clancy, el 24 de enero del año 2023, mató a sus tres hijos y posteriormente intentó suicidarse; generando un gran debate socio-político sobre la salud mental de los ciudadanos; bajo los aspectos que giraron en torno a la vida de la señora Clancy: profesional de la salud, que de acuerdo a Los Centro de Control y Enfermedades.

“Los trabajadores de la salud de los Estados Unidos presentaron deterioros más profundos en una gama de resultados de salud mental, que los de otros trabajadores”. Madre de 3 hijos y bajo 12 medicamentos prescritos –según la barra de la defensa-. Convirtiendo las circunstancias atenuantes que precedieron los hechos en circo mediático. En busca de un culpable. 

Los hechos son claros, un terrible asesinato por parte de una persona con trastorno mental, pero ¿Dónde estaban las personas-instituciones que hoy apuntan con dedo acusador un hecho que debió haberse evitado? Y que por encima de las doctrinas e interpretaciones jurídicas; están los integrantes de una sociedad ansiosa por un veredicto y adicta a los fármacos. Que el propio sistema insta a consumir. 

La sociedad norteamericana debe trabajar en la construcción de una cultura que identifique, evalúe y determine todos los aspectos que puedan contribuir con la parte de la prevención y que es uno de sus grandes desafíos

Actualmente, el sistema de consecuencia está inmerso en interpretaciones y peritaje jurídico, mientras todos somos testigos de que el círculo de apoyo de la señora Clancy no contaba con las herramientas necesarias para el abordaje integral de una situación como esta. Porque las estadísticas son claras y establecen que los Estados Unidos ocupa los primeros lugares en materia de trastornos de salud mental. 

Según Mental Health America, cerca de 1 de cada 5 adultos estadounidenses tendrá una condición de salud mental diagnosticable en un año determinado, lo que equivale a aproximadamente 20% de la población adulta. La sociedad debe trabajar para el establecimiento de un sistema de salud, que no solo identifique el problema y prescriba medicamentos. 

Que también, realice un sistematizado monitoreo de los pacientes y su círculo de apoyo.  Con educación. Y que demande las políticas públicas necesarias en materia de salud mental. El caso de Linsay Clancy, debe profundizar cambios en los procesos de abordaje, evaluación, seguimiento post-diagnóstico; para tratar enfermedades mentales. 

Porque la salud mental en los estados unidos se agrava, así como la ausencia de políticas que constantemente monitorean las familias y las instituciones encargadas de identificar, atender y proporcionar el seguimiento requerido en lo relacionado a la salud mental de los estadounidenses.

Miosotis Ledesma de Jesús

Abogada y comunicadora

Miosotis Ledesma es abogada, comunicadora y trabaja en relaciones publicas,

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