Mis vínculos políticos de más de 26 años con el expresidente Leonel Fernández me colocan en una difícil disyuntiva al escribir esta reflexión, porque debo dejar de lado mi identificación con su proyecto, para asumir el papel del analista que desde una óptica más racional y objetiva evalúe las posibilidades reales y los porqués de un posible retorno del delfín del profesor Juan Bosch al poder.
El Doctor Fernández ha ocupado la Presidencia de la República en tres ocasiones y es innegable la gran obra realizada por este en términos institucionales (con la creación de los Tribunales como el TC, TSE, el rango constitucional del CES, así como la reforma integral a la Constitución del 2010), en infraestructuras (el Metro, carreteras, elevados, etc.) y en lo social (la asistencia directa a los más vulnerables a través de la creación de los diferentes componentes del programa Solidaridad, hoy Supérate), lo que lo hace ser considerado por sus resultados como uno de los mejores gobernantes que ha tenido el país, cosa que reconocen en la actualidad hasta sus más enconados adversarios.
En Leonel hemos visto un líder resiliente y con una gran capacidad para superar los obstáculos, condiciones estas que van acompañadas de su inusitada versatilidad, que lo va adaptando a la sociedad dominicana de los nuevos tiempos.
La posibilidad de regresar como arrendatario de la Mansión de Gazcue está aparejada a que este y quienes les acompañan en la Fuerza del Pueblo puedan superar desafíos importantes, entre los que están:
1- Reducir la importante tasa de rechazo que históricamente han tenido los líderes del país, porque para ganar las elecciones se necesita contar con una mayoría absoluta de votos (50% más 1), lo que constituye de por sí una tarea ciclópea.
2- Construir sólidos vínculos con el liderazgo digital de nuestro país, ya que son esos influencers hoy los que acaparan la mayoría de la atención ciudadana y a los que la nueva sociedad líquida está construyendo como paradigmas, realidad que nos hace inferir que estos se encaminan prontamente a lograr un predominio en la credibilidad de los “de a pie”, todo porque los ciudadanos los identifican como quienes defienden las causas más sentidas del pueblo.
3- El Leonelismo está obligado a construir puentes para unificar la oposición y en especial con el Partido de la Liberación Dominicana (PLD); para ello se deben disminuir los niveles de desconfianza mutua, para con ello presentar al electorado una fortalecida coalición que proponga alternativas reales de candidaturas dispuestas a plantarle cara y ganarles a las del oficialismo, saliendo victoriosos de las elecciones del 2028 en los niveles municipales y congresuales.
4- Leonel, debe darle garantía a la ciudadanía de que no se repetirán los errores e indelicadezas del pasado, que tanto nos hace cuestionar en una parte de la sociedad, producto de equivocadas acciones en el poder del otrora hegemónico PLD.
5- Leonel tiene que reconectarse con la juventud, para que esta se entusiasme y le vote; en esa estrategia es fundamental la figura de su hijo Omar, que concita hoy un altísimo nivel de aprobación y simpatía, apoyo que bien pudiese este trasladar temporalmente hacia su padre, con el fin de que se reduzca el altísimo nivel de abstención y ausentismo electoral, principalmente en la juventud, por la desafección política que acusa sectores fundamentales de la nación.
6- Aunque Leonel tiene excelentes relaciones y goza de buena reputación internacional, tendrá que obrar con astucia para, sin abjurar de sus orígenes ideológicos que lo colocan en el progresismo de la izquierda democrática, tendrá simultáneamente que construir vínculos con el sector conservador en auge, ante los aprestos expansionistas del imperio con la llegada de Donald Trump al poder en EUA.
7- Si hay algo que reconocemos en Leonel, es su proverbial lealtad para con sus correligionarios, pero le toca reconstruir su proyecto político “dándole participación a lo mejor de lo viejo y a lo mejor de lo nuevo”, porque su campaña deberá presentar nuevas caras para lograr atraer o seducir a una gran parte del electorado “que ya no nos quiere a los mismos de siempre”.
Como verán, no menciono los vínculos de Leonel con la oligarquía y la iglesia católica, porque, pese a que en su momento le causó escozor el nivel de independencia mostrada por el expresidente Fernández en sus periodos al frente de la cosa pública, los mismos están más que conscientes de que, pese a las diferencias con Leonel, él es la garantía de lograr restituir la estabilidad social e institucional y el crecimiento macroeconómico, haciendo que vuelva la experiencia, sensatez y clara visión de miras a aposentarse en el Palacio Nacional.
Aunque existe una entendida preocupación por parte de las nuevas generaciones de ciudadanos dominicanos que anhelan nuevos rostros en la política o la llegada de un outsider y que exponen públicamente sus ácidas críticas contra el liderazgo tradicional, sin embargo la realidad electoral internacional presenta todo lo diferente, ya que de los 18 procesos electorales presidenciales más recientes a nivel mundial, apenas dos opciones jóvenes lograron ser electas , la de Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador, por lo que se demuestra todo lo contrario, ya que los electorados están apostando a la experiencia que dan las canas, por lo cual no habría nada de extraño, si como lo van indicando las encuestas sea electo como próximo presidente de la República y por cuarta ocasión, el togado de Villa Juana, Leonel Fernández.
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