Edith Stein, filósofa cristiana, educadora, teólogo, mística y gran conocedora del fundamento, principio y  método de la filosofía fenomenológica fundada por el gran pensador Edmundo Husserl, de quien sería  discípula aventajada.

Ella defendería los derechos de la mujer y postularía su libertad y perfeccionamiento espiritual mediante la  educación auténtica y continua.

Guiada por la fe y la luz divina, creería en la verdad revelada y en la pureza del amor trascendente.

Rechazó de plano el amor fútil, hipócrita y banal, que engaña los sentidos y  esparce la maledicencia en la mente del sujeto.

Justamente por eso, Soren Kierkegaard, destacado filósofo existencialista de tendencia cristiana, habría dicho, con sobra razón:

(…)la vida del amor es cognoscible por los frutos que la manifiestan, sin embargo la vida misma es con todo mucho más que el fruto individual y mucho más que todos los frutos juntos que pudieran contar en algún momento. Por eso, la señal definitiva, la más gloriosa y absolutamente convincente del amor, será el amor mismo, el cual es conocido y reconocido por parte del amor en otro. Lo igual sólo se conoce por lo igual; solamente el que permanece en el amor puede conocer el amor, y además su amor puede ser conocido”.

Stein no miraría con desdén ese tipo de amor.

Al contrario: lo aceptaría y ríedicaría con plena libertad de conciencia.

De ahí su espiritualidad humanizada de amar al otro y servir a Dios en todo momento.

Con la anuencia del Todopoderoso e y la fuerza de la fe, sin despreciar la razón, filosófo el ser y no ser de las cosas, al tiempo desentrañó los más recónditos sentidos de la realidad, más allá de las apariencias de toda mundanidad.

Por su profundo concepto teológico y óntico sobre el ser escribiría:

El ser temporal es finito. El ser eterno es infinito. Pero la finitud significa más que la temporalidad, y la eternidad significa más que la imposibilidad de un fin en el tiempo. Lo que es finito tiene la necesidad del tiempo para llegar a ser lo que es algo materialmente limitado: aquello que recibe el ser lo recibe como algo; algo que no es nada, pero que no es, tampoco, todo. Y aquí está el otro sentido de la finitud: ser cierta cosa y no serlo todo. De acuerdo con este sentido, la eternidad en cuanta plena posesión del ser significa no ser nada, es decir, ser todo”.

Esa concepción sobre el ser finito y el ser eterno, es justa y certera, en tanto sintetiza su verdadera significación.

Además de ello, cabría decir que Edith Stein habría desarrollado, no sin pasión, una intensa práctica escritural, motivada, si se quiere, en la necesidad inevitable del buen decir.

Inspirada  en la vocación de escribir, crearía no pocas obras de carácter filosóficos, religioso, educativo, antropológico, axiológico, teológico, hermenéutico, fenomenológico, psicológico, el rol de la mujer, del Estado, la persona y la empatía, etc, etc.

Entre sus obras más relevantes sería atinado mencionar las siguientes:

-Ser finito y ser eterno.

-Sobre el problema de la empatía.

-Una Investigación sobre el Estado.

-¿Qué es filosofía?

-Palabras para el diálogo.

-Excurso sobre el idealismo trascendental.

-La estructura de la persona Humana.

-Cómo llegué al Carmelo.

-La mujer.

– Y Ciencia de la Cruz, entre otras tantas obras que por razones de espacio no señalaré.

Además de esos escritos sueltos, contamos con la edición de sus obras completas, que como se ha de suponer, comprenden su etapa fenomenológica, la cual dominó profundamente. De ahí que dijese:

El objetivo de la fenomenología  es la clarificación y, con ello, la fundamentación última de cada conocimiento. Para llegar a este objetivo excluye de su consideración todo lo que es de alguna manera ‘dubitable’, lo que puede ser eliminado. Ante todo, no hace uso de los resultados de ciencia alguna: esto es de suyo comprensible, porque un ciencia que quiere ser la clarificación última de todo conocimiento científico  no puede apoyarse a su vez sobre una ciencia ya fundamentada, sino que se debe fundar en sí misma (…)”.

Esa interpretación, no se puede menos que decir, es, a ojos vistas, correcta.

Diríase que mediante la aplicación del método fenomenológico, Husserl procuraba la descripción estricta y rigurosa de los objetos y fenómenos.

De ese modo, según su parecer, tendría conocimientos claro de los mismos.

En desacuerdo con ello, Stein prefería usar dicho método para profundizar el mundo interior del sujeto.

Entre otros tantos, ese habría de ser su gran aporte a la fenomenología.

Trataría, en lo adelante, de combinar  conocimientos fenomenológicos con la  concepción escolástica y medieval de Santo Tomás de Aquino, cuya producción intelectual  habría sido poco más que prolífica.

En su obra fundamental “Ser infinito y ser eterno”, Stein sostiene que Dios es ser infinito y esencia suprema y divina.

Por eso le sirvió con mucho amor,  entrega y devoción.

Edith Stein fue monja, Santa y mártir, además de gran pensadora, que ingreso, por atinada decisión, a la orden de las Carmelitas Descalzas.

Moriría en el campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz, situado en Polonia.

Tiempo des pués sería beatificada,  canonizada y proclamada, por el papá Juan Pablo ll, copatrona de Europa.

En definitiva,  Stein o Santa Teresa Benedicta de la Cruz, fue  pensadora brillante y doctora en filosofía, con  intensa vocación escritural, filosófica, teológico y cristiana, que habría disfrutado la felicidad permanente sirviendo a Dios con entusiasmo, amor y libertad.

Sin duda alguna, esa fue su dicha infinita y profunda paz espiritual, existencial, inmanente y trascendente.

Joseph Mendoza

Joseph Mendoza. Comunicador social y filósofo con postgrado en Educación Superior, obtenidos en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Magister en filosofía en un Mundo Global en la Universidad del País Vasco (UPU) y la UASD. Además, es profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Tiene varios libros, artículos y ensayos publicados y dictados conferencias en la Academia de Ciencias de la República Dominicana.

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