Una fuerza militar puede imponerse frente a sus adversarios y, sin embargo, comenzar a debilitarse desde dentro.

Eso ocurrió en La Española cuando el sistema castellano, todavía en proceso de construcción, enfrentó una crisis que demuestra una de las leyes más persistentes de la historia militar: la cohesión interna puede ser tan importante como la superioridad frente al enemigo.

A finales del siglo XV, la conquista ya no enfrentaba solamente resistencia indígena.

Los propios conquistadores comenzaron a disputarse autoridad, recursos y poder.

La rebelión encabezada por Francisco Roldán entre 1497 y 1499 convirtió aquella contradicción en un conflicto abierto.

El poder castellano no era homogéneo

Existe una tendencia a observar la conquista como si todos los castellanos hubieran actuado siempre bajo una misma voluntad.

La realidad fue mucho más compleja.

Los hombres que llegaron a La Española tenían diferentes expectativas.

Algunos buscaban riquezas.

Otros aspiraban a tierras.

Otros esperaban recompensas por sus servicios.

Muchos dependían de salarios y abastecimientos.

Las enfermedades, la escasez de alimentos, las dificultades de La Isabela y las exigencias del trabajo aumentaron progresivamente el descontento.

La autoridad de los Colón comenzó a ser cuestionada.

Aquí aparece un problema estrictamente relacionado con el mando.

La autoridad formal no garantiza por sí misma obediencia efectiva.

Francisco Roldán convirtió el descontento en fuerza

Francisco Roldán ocupaba el cargo de alcalde mayor.

Su importancia en esta historia deriva precisamente de que no era un individuo completamente exterior al sistema.

Formaba parte de él.

Cuando entró en conflicto con la administración colombina, pudo utilizar relaciones, conocimientos y autoridad previamente adquiridos para reunir seguidores.

El descontento comenzó entonces a organizarse.

Y cuando el descontento adquiere organización, liderazgo, recursos y capacidad de movimiento, deja de ser simplemente inconformidad.

Puede convertirse en poder.

Eso fue lo que ocurrió.

Una rebelión dentro de la conquista

La insurrección de Roldán introdujo una situación extraordinariamente compleja.

Hasta entonces, el principal problema militar castellano había sido cómo imponer su presencia frente a las diferentes resistencias indígenas.

Ahora aparecía otro.

¿Cómo mantener la autoridad cuando parte de los propios castellanos se negaba a obedecer?

El sistema comenzaba a fragmentarse.

Hombres que habían formado parte de una misma empresa pasaron a constituir agrupaciones enfrentadas.

Las armas eran semejantes.

El conocimiento de las tácticas también.

Ambos sectores comprendían el funcionamiento de las posiciones castellanas y conocían las debilidades del sistema.

El conflicto adquiría así características distintas de las confrontaciones anteriores.

El territorio volvió a ser decisivo

Roldán y sus seguidores comprendieron que controlar hombres no era suficiente.

Necesitaban espacio.

Necesitaban alimentos.

Necesitaban relaciones con las poblaciones indígenas.

Necesitaban libertad de movimiento.

El conflicto se desplazó por diferentes regiones de La Española y mostró nuevamente la importancia estratégica de la geografía.

La rebelión no puede comprenderse únicamente como una disputa política.

También fue una lucha por capacidad territorial.

Quien podía desplazarse, abastecerse y establecer relaciones locales adquiría autonomía frente a la autoridad colombina.

Los indígenas quedaron atrapados entre poderes castellanos

Aquí aparece una de las dimensiones más complejas del conflicto.

Las poblaciones indígenas ya soportaban obligaciones tributarias impuestas por la administración colombina.

La división entre los propios castellanos abrió nuevas posibilidades de negociación, pero también nuevas formas de explotación.

Roldán y sus seguidores podían buscar apoyo local ofreciendo condiciones diferentes o aprovechando el descontento existente.

La población indígena dejaba así de relacionarse con una sola estructura castellana.

Ahora podía encontrarse entre facciones rivales.

Desde una perspectiva estratégica, esto debilitaba el monopolio de poder que los Colón intentaban construir.

El tributo también se convirtió en objetivo del conflicto

La rebelión afectó uno de los pilares del sistema que comenzaba a organizarse: la recaudación tributaria.

Esto posee enorme significado.

Si la autoridad no puede recaudar, pierde recursos.

Si pierde recursos, disminuye su capacidad para abastecer hombres y posiciones.

Si no puede sostener esas posiciones, disminuye su control territorial.

La crisis política comenzaba así a producir consecuencias militares y logísticas.

Nuevamente observamos que poder político, economía y capacidad militar no pueden estudiarse separadamente.

Formaban parte del mismo sistema.

Guarionex y la continuidad de la resistencia

Mientras los castellanos enfrentaban sus propias divisiones, la resistencia indígena continuaba.

Las tensiones derivadas del tributo afectaban particularmente determinadas áreas del Cibao y de la Vega.

Guarionex aparece nuevamente asociado a movimientos de resistencia contra las exigencias castellanas.

Esto produjo una situación estratégica particularmente difícil.

La administración colonial tenía que enfrentar simultáneamente oposición indígena y disidencia castellana.

La superioridad tecnológica seguía existiendo.

Pero la dispersión de esfuerzos reducía su eficacia.

Un poder dividido tiene mayores dificultades para concentrar recursos.

La resistencia de Mayobanex mostró los límites del control

El conflicto relacionado con Guarionex condujo también hacia los dominios asociados a Mayobanex, en la región nororiental.

Las operaciones desarrolladas allí mostraron nuevamente que la geografía podía reducir las ventajas de una fuerza superior.

Las montañas, la dispersión y las dificultades de abastecimiento complicaban las operaciones castellanas.

La resistencia podía evitar la confrontación abierta y aprovechar espacios donde la movilidad del adversario resultaba más difícil.

Esto constituye otra enseñanza fundamental.

No existe superioridad militar absoluta.

Toda capacidad depende del escenario donde intenta emplearse.

Una fuerza eficaz en terreno abierto puede encontrar dificultades en regiones montañosas, boscosas o con comunicaciones limitadas.

La logística volvió a imponer sus reglas

La crisis de estos años demuestra nuevamente que la guerra no depende exclusivamente de las armas.

Los castellanos necesitaban alimentos.

Los rebeldes también.

Las guarniciones necesitaban abastecimiento.

Las expediciones necesitaban recursos.

Las poblaciones indígenas constituían, voluntaria o coercitivamente, una parte fundamental de ese sistema logístico.

Por eso controlar alimentos significaba también controlar capacidad de movimiento.

Una fuerza que no puede abastecerse pierde libertad de acción.

Y una fuerza sin libertad de acción comienza a perder iniciativa.

Cristóbal Colón regresó a una colonia dividida

Cuando Cristóbal Colón regresó a La Española en 1498 encontró una realidad muy distinta de aquella que había dejado.

La ocupación había avanzado.

Santo Domingo adquiría creciente importancia.

Pero el sistema político estaba profundamente tensionado.

Roldán poseía seguidores y capacidad de negociación.

La autoridad del almirante no podía restablecerse simplemente mediante una orden.

Había que negociar.

Este punto merece especial atención desde nuestra metodología.

La negociación no representa necesariamente ausencia de poder militar.

En determinadas circunstancias constituye reconocimiento de una correlación de fuerzas.

Cuando ninguna parte puede imponer rápidamente su voluntad sin asumir costos excesivos, la negociación se convierte en instrumento estratégico.

Del enfrentamiento a la concordia

Durante 1498 y 1499 se desarrollaron negociaciones entre la administración colombina y los roldanistas.

Los acuerdos alcanzados muestran hasta qué punto la rebelión había conseguido capacidad efectiva.

Se discutieron salarios, bienes, seguridad personal, regreso a Castilla y otras condiciones.

La autoridad colonial tuvo que conceder.

Ese hecho resulta históricamente revelador.

El poder castellano había conseguido imponer tributos a poblaciones indígenas, pero encontraba dificultades para imponer obediencia absoluta a sus propios hombres.

La conquista exterior coexistía con una crisis interior.

Una lección sobre el mando

El episodio permite introducir una categoría esencial para nuestra Historia Militar Dominicana: la legitimidad del mando.

Mandar no consiste solamente en poseer un título.

El mando efectivo requiere capacidad para obtener obediencia, distribuir recursos, resolver conflictos, mantener disciplina y conservar la confianza suficiente para que una organización continúe funcionando.

Cuando esas condiciones desaparecen, la estructura puede fragmentarse.

Eso ocurrió en La Española.

La rebelión de Roldán mostró que el poder colonial todavía estaba lejos de constituir un sistema estable.

La crisis reveló una contradicción más profunda

Los castellanos habían comenzado a construir una estructura destinada a controlar territorio, obtener recursos y organizar población.

Pero esa estructura todavía dependía considerablemente de relaciones personales, autoridad disputada y mecanismos administrativos débiles.

La distancia con Castilla agravaba el problema.

Las comunicaciones podían tardar meses.

Las decisiones adoptadas en la isla tenían consecuencias antes de que la Corona pudiera conocerlas.

La conquista producía así una realidad política que avanzaba más rápidamente que las instituciones destinadas a gobernarla.

La Corona tendría que intervenir

La crisis de Roldán no fue simplemente un episodio de indisciplina.

Demostró que el modelo de gobierno existente tenía serias limitaciones.

Las denuncias contra la administración colombina, los conflictos entre castellanos, las resistencias indígenas y las dificultades para organizar la explotación del territorio comenzaron a plantear una cuestión mayor.

¿Podía continuar gobernándose La Española mediante una estructura centrada fundamentalmente en la autoridad personal de Cristóbal Colón y su familia?

La respuesta comenzaría a llegar desde Castilla.

La Corona tendría que aumentar su intervención.

Y cuando eso ocurriera, cambiaría nuevamente la naturaleza del poder en la isla.

De la conquista personal a la construcción institucional

Esta es probablemente la principal enseñanza histórico-militar del período.

La primera conquista había dependido extraordinariamente de personas: Colón, sus hermanos, capitanes, caciques aliados, autoridades resistentes y hombres capaces de movilizar seguidores.

Pero el control permanente de un territorio requería algo más.

Necesitaba instituciones.

Necesitaba administración.

Necesitaba justicia.

Necesitaba mecanismos regulares de autoridad.

Necesitaba estructuras capaces de sobrevivir a los conflictos entre individuos.

La rebelión de Roldán demostró los límites de una conquista todavía demasiado dependiente de relaciones personales.

El siguiente paso sería inevitable.

La Corona comenzaría a intervenir directamente para recuperar el control político de una empresa que amenazaba con escapar de las manos de quienes inicialmente la habían dirigido.

Con ello comenzaría otra transformación decisiva de nuestra Historia Militar:

la transición desde la conquista dirigida por los Colón hacia una estructura colonial progresivamente controlada por el Estado castellano.

El poder militar había permitido entrar en La Española.

La ocupación había permitido controlar espacios.

El tributo había comenzado a financiar la dominación.

Pero la rebelión había demostrado que nada de aquello podía sostenerse sin un sistema político capaz de gobernar también a los conquistadores.

La conquista necesitaba convertirse en Estado.

Justo Del Orbe

General retirado

Justo Del Orbe Piña, Gral. ®, Ejercito de República Dominicana, Historiador Militar. Geo-politólogo.

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