Entre 2020 y 2025, el Congreso Estudiantil de Investigación Científica y Tecnológica (CEICYT), desarrollado desde el Viceministerio de Ciencia y Tecnología del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT), encabezado por el viceministro Genaro Rodríguez Martínez, experimentó una transformación decisiva: amplió la participación universitaria, diversificó las áreas del conocimiento, fortaleció los procesos de evaluación académica y extendió su alcance nacional e internacional. Durante este período, bajo la gestión del entonces ministro Franklin García Fermín, el Congreso pasó de recibir 160 propuestas en 2020 a alcanzar 533 en 2025, lo que representa un crecimiento aproximado del 233 %. Más que un incremento estadístico, esta trayectoria evidencia la consolidación de una plataforma dedicada a descubrir, formar y reconocer el talento investigador de los estudiantes universitarios dominicanos.

Ashley Morales Cartagena

En 2026, fue celebrada la undécima edición de este Congreso, que tuvo como escenario la Universidad Domínico Americano (UNICDA). El acto inaugural del evento estuvo encabezado por el actual ministro del MESCYT, Rafael Evaristo Santos Badía, quien anunció que será distribuido un millón de pesos en premios entre las mejores investigaciones. Este estímulo representa la continuidad de ese proceso de formación de la meritocracia justa y de oportunidades.

En el referido acto también estuvieron presentes el viceministro de Ciencia y Tecnología del MESCYT, Genaro Rodríguez Martínez, y varios de sus directores y Enrique Fernández Malla, rector de UNICDA, institución anfitriona, además de varios rectores de la IES.

Genaro Rodríguez Martínez

Durante su intervención, el viceministro Rodríguez Martínez afirmó que toda investigación científica comienza con una pregunta capaz de inquietar el pensamiento y despertar el deseo de comprender, descubrir y transformar la realidad. Destacó que los jóvenes investigadores han convertido sus inquietudes en problemas de estudio, sus ideas en proyectos y sus conocimientos en propuestas orientadas al desarrollo científico, tecnológico y social de la República Dominicana.

En esta versión del CEICYT participaron cerca de 1000 estudiantes, entre autores y coautores, pertenecientes a 23 instituciones de educación superior. Se recibieron 494 ´propuestas. Después de excluir los trabajos correspondientes al nivel de posgrado, quedaron 488 de grado para la etapa de preevaluación. De estas, 393 superaron el proceso y fueron remitidas a una primera evaluación por pares ciegos. Finalmente, 353 investigaciones calificaron para su presentación y evaluación durante el Congreso.

Estas cifras muestran que el CEICYT ha superado la condición de actividad académica ocasional. Su periodicidad, la cantidad de instituciones involucradas, la diversidad de las disciplinas y el rigor de sus procedimientos permiten considerarlo una política de formación científica temprana dentro del sistema dominicano de educación superior.

Detrás de los 353 trabajos seleccionados se encuentran hipótesis revisadas, dificultades metodológicas, resultados inesperados y numerosas correcciones. Se encuentra, sobre todo, el acompañamiento de los docentes que orientaron a los participantes. La formación de un investigador jamás depende exclusivamente de su voluntad individual: necesita comunidades académicas, especialistas, laboratorios, fuentes documentales, recursos técnicos y espacios donde sus afirmaciones puedan someterse a una crítica argumentada.

Enrique Fernández Malla

La presentación ante evaluadores añadió otro nivel de exigencia. Los estudiantes debieron explicar sus decisiones metodológicas, responder preguntas, defender los procedimientos empleados y reconocer aquellos aspectos que todavía podían perfeccionarse. El Congreso enseña de ese modo que investigar también significa aprender a rectificar, porque el conocimiento científico avanza mediante la comprobación, el debate y la revisión permanente de sus resultados.

Bajo el lema «Ciencia joven con impacto real», el CEICYT ha creado un espacio nacional de formación temprana. En este ámbito, los universitarios aprenden que la validez científica depende de las evidencias que la sostienen, del procedimiento utilizado para obtenerlas y de su capacidad para resistir el examen de otros especialistas.

La diversidad de las investigaciones presentadas demuestra la ampliación alcanzada por el Congreso. Los estudiantes abordaron las ciencias básicas, entre ellas biología, química, física y matemática, junto con sus aplicaciones, fronteras y campos emergentes, como la neurociencia.

El programa comprendió, además, las ciencias agropecuarias y los recursos naturales, con proyectos sobre producción agroalimentaria, ciencias forestales, medioambiente, biotecnología y veterinaria. Estas investigaciones resultan decisivas para una sociedad insular expuesta al cambio climático, la degradación de los ecosistemas, la inseguridad alimentaria, la presión sobre las fuentes de agua y la necesidad de transformar sus sistemas productivos mediante el conocimiento científico y la innovación tecnológica.

En ingeniería y tecnología se presentaron trabajos relacionados con arquitectura, inteligencia artificial, ciencia de datos, tecnologías de la información y la comunicación, desarrollo de programas y aplicaciones, microprocesadores, microcontroladores, mecatrónica, robótica, bioingeniería, energías renovables, manufactura avanzada y procesos industriales. Estas áreas evidencian el creciente interés de los estudiantes por crear soluciones científicas y tecnológicas vinculadas con las necesidades productivas, sociales y ambientales de la República Dominicana.

El encuentro incluyó, además, investigaciones de medicina, biomedicina, nutrición, enfermería, farmacia y odontología, así como proyectos de educación científica y matemática. Las ciencias sociales y las humanidades completaron una estructura multidisciplinaria que reconoce la complejidad de los problemas nacionales.

La etapa comprendida entre 2020 y 2025 resulta fundamental para explicar esta expansión. En ese periodo, es de obligación hacer referencia a su quinta edición, celebrada en 2020, en un momento de crisis mundial, por efecto de los embates directos de la pandemia del COVID-19.  por la Universidad Abierta para Adultos (UAPA), con sede en Santiago de los Caballeros. En esta versión se recibieron 160 propuestas, procedentes de 16 instituciones dominicanas y tres extranjeras. De estas propuestas fueron aprobadas 126.

La realización del Congreso en medio de la crisis sanitaria tuvo un significado institucional considerable. Mientras las universidades enfrentaban restricciones presenciales y transformaciones profundas en sus dinámicas académicas, el CEICYT preservó un espacio para la investigación estudiantil y utilizó las plataformas virtuales como medios de comunicación científica.

En 2021, la Universidad del Caribe (UNICARIBE), en Santo Domingo. Allí fueron presentados 135 trabajos y participaron universidades nacionales, junto con representaciones internacionales. La continuidad alcanzada durante dos años de pandemia demostró que la investigación universitaria podía sostenerse mediante la articulación institucional, la colaboración académica y el uso de recursos tecnológicos.

La séptima edición se desarrolló en 2022, en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Se recibieron 179 propuestas y fueron aprobadas 149 investigaciones, con la participación de 17 universidades dominicanas y cuatro extranjeras. La recuperación de la presencialidad fortaleció el intercambio directo entre estudiantes, docentes y evaluadores, así como la discusión argumentada de los resultados.

En 2023, la Universidad Federico Henríquez y Carvajal (UFHEC), en Santo Domingo, recibió la octava edición. Allí se presentaron 200 investigaciones elaboradas por estudiantes de República Dominicana, Estados Unidos, Puerto Rico, Cuba y Panamá.

Esa convocatoria marcó un momento decisivo al incorporar las ciencias sociales y las humanidades a las áreas de investigación. Esta apertura amplió una agenda anteriormente concentrada en las ciencias básicas, la salud, las áreas agropecuarias, las ingenierías y las tecnologías. El Congreso reconoció así que los problemas nacionales también requieren investigaciones sobre educación, cultura, comportamiento, desigualdad, instituciones, lenguaje, ética e historia.

La inclusión de estos campos modificó el alcance conceptual del CEICYT. El desarrollo científico dejó de entenderse únicamente como producción tecnológica o experimentación de laboratorio y comenzó a abarcar el estudio de las relaciones humanas, los procesos culturales y las estructuras sociales. Con esta transformación, el Congreso adquirió una composición más plural y coherente con la complejidad de la sociedad dominicana.

En 2024, el Centro UASD-Baní acogió la novena edición. Durante su inauguración fueron anunciados 416 trabajos, mientras que en la etapa de premiación quedaron registradas 401 investigaciones presentadas por estudiantes de 23 universidades nacionales.

La décima edición se celebró en 2025, en el campus de Santiago de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Se recibieron 533 propuestas, de las cuales 392 fueron aprobadas por el Comité Científico. Estos trabajos se distribuyeron en 316 ponencias orales y 76 carteles. El proceso contó con 54 evaluadores y la participación de 22 instituciones de educación superior.

El crecimiento cuantitativo estuvo acompañado por un fortalecimiento académico. Durante ese período adquirieron mayor relevancia la preevaluación, la revisión especializada, la evaluación por áreas del conocimiento y la presentación mediante ponencias orales y carteles científicos.

La edición de 2026, celebrada bajo la gestión del ministro Rafael Evaristo Santos Badía, fortalece y proyecta este legado, construido a lo largo de once años de continuidad ininterrumpida, seis de ellos bajo el gobierno del presidente Luis Abinader, quien continúa al frente del país. El ministro reiteró que el MESCyT seguirá impulsando políticas orientadas al fortalecimiento de la investigación, la ciencia, la tecnología y la innovación en las instituciones de educación superior.

Rafael Evaristo Santos Badía

Los 494 resúmenes recibidos, las 353 investigaciones seleccionadas, los 678 estudiantes participantes y las 23 instituciones representadas confirman la continuidad de una plataforma construida mediante el esfuerzo acumulado del MESCyT, las universidades, los docentes y los jóvenes investigadores.

En dicha edición participaron numerosas instituciones de educación superior del país: INESDYC, UCATECI, UCNE, UCADE, UTECO, UASD, ISFODOSU, UNIREMHOS, O&M, UNICARIBE, UNPHU, UCE, ISA, UAFAM, UFHEC, UNAPEC, UNAD, UTESA, PUCMM, IEESL, INTEC, UAPA y UNIROMANA.

El acto de cierre estuvo a cargo de la tecnocientífica de proyección internacional Ashley Morales Cartagena, profesora e investigadora de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), quien impartió la conferencia «Del conocimiento del riesgo a la resiliencia: ciencia e investigación frente al riesgo sísmico en la República Dominicana». Morales Cartagena es ingeniera geotécnica y especialista en gestión del riesgo de desastres, con más de quince años de experiencia dedicados al fortalecimiento de la resiliencia de infraestructuras, comunidades e instituciones ante las amenazas naturales.

Durante su exposición, explicó que la República Dominicana se encuentra en una región geológicamente activa, marcada por la interacción entre las placas del Caribe y Norteamericana, condición que la hace vulnerable a terremotos de gran magnitud. Indicó que en el territorio nacional se han identificado al menos catorce sistemas de fallas tectónicas, entre los que sobresalen la Falla Norte de La Española, la Falla Septentrional y la Falla Enriquillo–Plantain Garden. Cada uno de estos sistemas posee el potencial de generar movimientos sísmicos capaces de afectar distintas zonas del país, por lo que representan un riesgo permanente para la población, las infraestructuras y las instituciones.

La especialista destacó que esta realidad exige fortalecer la vigilancia, la investigación científica y el estudio continuo de las fallas tectónicas, a fin de comprender mejor la amenaza y gestionar eficazmente el riesgo sísmico. Asimismo, subrayó la necesidad de promover la educación, la prevención y la sensibilización ciudadana, junto con protocolos adecuados de actuación ante emergencias. Convertir el conocimiento científico en políticas preventivas, infraestructuras resilientes y comunidades preparadas resulta indispensable para reducir los posibles daños, proteger vidas y afrontar responsablemente la realidad sísmica de la República Dominicana.

Con la XI edición 2026, el CEICYT reafirma su permanencia y abre una nueva etapa. El desafío consiste en profundizar los logros alcanzados, ampliar las oportunidades y lograr que cada estudiante dedicado a la investigación contribuya al fortalecimiento de las capacidades científicas de la República Dominicana.

Andrés Merejo

Filósofo

Profesor e investigador de la escuela de filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD): PhD en Filosofía. Coordinador del Master Filosofía en un mundo global UASD-UPV/EHU (País Vasco). Especialista en Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Premio Nacional de ensayo científico (2014). Profesor del Año (UASD). Fundador del Instituto Dominicano de Investigación de la Ciberesfera (INDOIC). Fundador del Observatorio de las Humanidades Digitales de la UASD (2015). Miembro de la Sociedad Dominicana de Inteligencia Artificial (SODIA). Miembro fundador e integrante de la Junta Directiva de la Asociación Iberoamericana de Filosofía de las ciencias y las técnicas (AIFCYT). Director de fomento y difusión de la Ciencia y la Tecnología, del Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCyT). Autor de varias obras: La vida americana en el siglo XXI (1998), Cuentos en NY (2002), Conversaciones en el Lago (2005), El ciberespacio en la Internet en la República Dominicana (2007), Hackers y Filosofía de la ciberpolítica (2012), La era del cibermundo (2015), La dominicanidad transida: entre lo real y virtual (2017), Filosofía para tiempos transidos y cibernéticos (2023), Cibermundo transido: Enredo gris de pospandemia, guerra y ciberguerra (2023), El oficio de pensar. Diálogos filosóficos (2025), vol. I y II, y Filosofía política de la inteligencia artificial. Poder, técnica y futuro humano (2026). Email: merejoandres@gmail.com

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