Mientras las delegaciones de Estados Unidos e Irán se sientan este domingo en el complejo suizo de Bürgenstock para intentar convertir un frágil preacuerdo en paz real, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, dejó en claro que sus tropas no abandonarán el sur del Líbano.
La declaración llega horas después de que Líbano viviera su primera noche sin bombardeos en semanas, pero también tras dos jornadas que dejaron cerca de un centenar de muertos y provocaron el cierre del estratégico estrecho de Ormuz por parte de Teherán.
La tregua que nadie respeta del todo
El alto el fuego entre Israel y Hezbolá, anunciado el viernes por fuentes oficiales estadounidenses e israelíes, fue confirmado públicamente el sábado por el Ejército israelí.
Pero la tregua nació herida: en las horas siguientes a su proclamación, los enfrentamientos continuaron. Ataques israelíes dejaron al menos un centenar de muertos en el este y el sur del Líbano durante el viernes y el sábado, entre ellos dos militares libaneses y varios niños.
Desde el lado israelí, el Ejército reportó que Hezbolá lanzó más de 50 proyectiles contra sus posiciones durante la noche del viernes. Un ataque del grupo chií en la madrugada del sábado mató a cuatro soldados israelíes, elevando a 37 el total de uniformados muertos desde el inicio de la invasión del sur libanés el 2 de marzo.
Dos civiles israelíes también fallecieron por fuego de Hezbolá en el norte de Israel.
Este domingo, el sur del Líbano amaneció en calma por primera vez en semanas. No no se reportaron ataques ni nuevas infiltraciones de tropas israelíes, aunque la Agencia Nacional de Noticias libanesa confirmó que un dron israelí sobrevoló los suburbios meridionales de Beirut, conocidos como Dahye.
Katz: "Israel no se retirará"
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, fue categórico este domingo: sus fuerzas mantendrán "todas sus posiciones en la zona de seguridad" del sur libanés y continuarán "operando desde allí hacia el interior contra terroristas e infraestructuras terroristas" incluso durante la tregua.
"Nunca ha habido, y actualmente no hay ninguna restricción que impida a los soldados actuar para eliminar las amenazas", afirmó en un comunicado oficial.
La postura israelí complica la arquitectura del preacuerdo firmado el miércoles 17 de junio en Islamabad entre Washington y Teherán, que contempla un alto el fuego "en todos los frentes, incluido Líbano", condición que Irán había impuesto como sine qua non para negociar.
Bürgenstock: la diplomacia bajo presión
Este domingo arrancó en el complejo turístico de Bürgenstock, a orillas del lago de Lucerna, la llamada Cumbre del Lago de Lucerna, el primer encuentro de alto nivel entre las partes desde la firma del memorando de entendimiento de 14 puntos.
La Agencia EFE confirmó que el vicepresidente estadounidense JD Vance llegó este domingo al complejo, donde ya se encontraban el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump.
La delegación iraní, encabezada por el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, e integrada también por el canciller Abás Araqchí, llegó la noche del sábado al aeropuerto de Zúrich. Catar y Pakistán actúan como mediadores; el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, y el jefe del Estado Mayor, el mariscal de campo Asim Munir, también se encuentran en el lugar.
Vance declaró antes de partir de Washington que las negociaciones deberían durar "unos días" y que espera avanzar en "la cuestión nuclear" y en "el alto el fuego en Líbano". Sin embargo, aclaró que solo podría permanecer en Suiza "uno o dos días".
Las exigencias de Teherán
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baqai, señaló este domingo que Líbano es el tema central de las conversaciones, junto con los activos congelados de Irán y sus exportaciones de petróleo. Por su parte, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, reiteró que Irán está dispuesto a garantizar que no fabricará armas nucleares, pero insistió en que no renunciará a su derecho a enriquecer uranio. "La otra parte no tendrá más remedio que aceptar este derecho", publicó en su sitio web oficial.
El acuerdo marco firmado el miércoles establece un período de 60 días renovable para alcanzar un acuerdo definitivo. Desde su firma, sin embargo, los obstáculos se han acumulado a ritmo acelerado.
Ormuz: el arma económica de Irán
El episodio más disruptivo de las últimas horas fue el anuncio iraní del cierre del estrecho de Ormuz, por el que transita aproximadamente el 20 % de los hidrocarburos mundiales.
Teherán tomó la medida el sábado como represalia por la continuación de los bombardeos israelíes en Líbano, calificándolos de violación del preacuerdo con Washington.
El mando militar iraní calificó el cierre de "primer paso" y condicionó la reapertura a la retirada israelí del sur del Líbano. Sin embargo, el mando central estadounidense (Centcom) informó que 55 buques mercantes cruzaron el estrecho de manera segura el sábado, y este domingo cargueros indios también atravesaron la vía sin incidentes.
Irán ya había bloqueado Ormuz al inicio del conflicto, desencadenado por los ataques israelo-estadounidenses contra Teherán el 28 de febrero. Aquella primera vez, el cierre provocó un alza inmediata en los precios del petróleo y sacudió los mercados globales.
Cuatro meses de guerra y más de 4.000 muertos en Líbano
Hezbolá arrastró al Líbano al conflicto el 2 de marzo con lanzamientos de cohetes contra Israel, en represalia por la muerte del líder supremo iraní en los ataques de finales de febrero.
Desde entonces, las operaciones israelíes en territorio libanés han causado 4.057 muertos, según el último balance del Ministerio de Salud del Líbano. Las hostilidades también han dejado miles de víctimas en Irán y han generado una profunda perturbación en la economía mundial.
"Todo el mundo tiene miedo", dijo a la AFP Fadi Zayat, habitante del pueblo de Tayr Debba, en el sur del Líbano, resumiendo en una frase el estado de ánimo de una población que lleva meses atrapada entre la guerra y las promesas diplomáticas.
El acuerdo que se negocia en Suiza busca poner fin a un conflicto que, según los analistas, tiene al menos dos nudos difíciles de desatar: la presencia militar israelí en suelo libanés, que Tel Aviv no está dispuesto a abandonar, y el programa nuclear iraní, que Teherán no está dispuesto a desmantelar.
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