Primero llega la innovación y luego la negociación. El desafortunado conflicto de Anthropic con el gobierno de EE. UU. —que el viernes impuso una prohibición a la exportación de sus modelos de inteligencia artificial (IA) más avanzados— demuestra que, en cualquier industria, crear productos impresionantes sirve de poco si la empresa no puede venderlos de forma rentable. Es un hecho que tal vez pasaron por alto los inversores que perseguían valoraciones de IA de trece cifras.
Para ser justos, el caso de Anthropic es peculiar. La restricción de la Casa Blanca sobre los modelos más recientes de la empresa se produce en el contexto de una relación ya tensa entre ambas partes. Sin embargo, plantea una cuestión más amplia que podría afectar a Anthropic y a su principal rival, OpenAI, a medida que avanzan hacia sus ofertas públicas iniciales (OPI). ¿Qué ocurre si destacar en IA no equivale a generar grandes beneficios para los accionistas?
Lo que está en riesgo es enorme. SpaceX, la empresa de Elon Musk —que también aspira a crear IA de vanguardia— alcanzó el viernes una valoración superior a 60 veces sus ingresos previstos de US$30 000 millones para este año. En todo el mercado, la credulidad ha alcanzado niveles históricos. Palantir, ejemplo de la euforia del mercado, llegó a cotizar el año pasado a 96 veces sus ventas. En cambio, empresas tecnológicas más veteranas como Meta Platforms (propietaria de Facebook), Alphabet (matriz de Google) y Tesla (de Musk) nunca han superado 25 veces, según datos del London Stock Exchange Group (LSEG).
Hasta la intervención del viernes, Anthropic parecía una de las empresas de IA con una valoración más racional. La estrategia de su cofundador, Dario Amodei, de atraer clientes corporativos para sus herramientas de mejora de la eficiencia ha dado sus frutos. Basándose en su tasa de ingresos anuales de casi US$50 000 millones, la valoración propuesta de US$1 billón para Anthropic —suponiendo una deuda escasa o nula— representaría un múltiplo de 20. Esa cifra es aproximadamente la que tenían Google y Tesla cuando salieron a bolsa en 2004 y 2010, respectivamente.
Incluso cuando los productos de una empresa no son retirados del mercado por decreto político, la rentabilidad depende de la capacidad de obtener precios razonables de los consumidores. En el ámbito de la IA, el fabricante de chips Nvidia logra esto con facilidad, como demuestra su margen bruto del 75 %. Sin embargo, es posible que los desarrolladores de modelos de IA tengan menos capacidad y poder para imponer condiciones. Según ha informado The Wall Street Journal, OpenAI está considerando reducir drásticamente sus tarifas para los usuarios, lo que sugiere que podría avecinarse una guerra de precios.
Una caída de los precios resultaría especialmente preocupante dado que los gigantes de la IA —incluso empresas como Meta y Alphabet— no pueden reducir fácilmente los costos de acceso a chips, servidores y talento humano. En este aspecto, OpenAI se encuentra en una situación algo mejor que Anthropic, ya que ha pasado los últimos años firmando acuerdos a gran velocidad para alquilar espacio en servidores.
SpaceX —con todas sus particularidades— cuenta con un negocio principal que sí posee el poder para fijar sus precios. Sus servicios de lanzamiento espacial y comunicaciones por satélite prácticamente no tienen rival; de hecho, estos últimos generan la totalidad de los beneficios del grupo. El inconveniente es que su enorme valoración de US$2,3 billones se basa en gran medida en la expectativa de vender aplicaciones de IA aún por inventar, un ámbito en el que la empresa tiene mucha menos influencia para determinar los precios.
Ciertamente, Anthropic tiene problemas más urgentes que resolver. Para una empresa a la que se le ha impedido comercializar sus modelos de IA más potentes, las dudas sobre la rentabilidad de sus ingresos futuros podrían parecer meramente teóricas. No obstante, aunque Amodei logre alcanzar rápidamente una tregua con la Casa Blanca, la intervención del viernes sirve para recordar que hace falta algo más que una tecnología deslumbrante para justificar una valoración astronómica.
Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
Compartir esta nota