Estados Unidos busca reafirmar su papel como garante de la seguridad en Asia-Pacífico intentando a la vez redefinir su relación con China. Durante el Diálogo Shangri-La, principal foro de defensa de la región celebrado en Singapur, el Secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, aseguró este domingo que Washington sigue plenamente comprometido con el Indo-Pacífico, pese al acercamiento diplomático impulsado recientemente por el presidente Donald Trump hacia Beijing.

El jefe del Pentágono defendió una estrategia basada en la cooperación con los aliados regionales, el fortalecimiento de las capacidades militares y el mantenimiento de un equilibrio de poder que impida el surgimiento de una hegemonía china, bajo la condición de que los socios aumenten su gasto en defensa, un discurso similar al que adoptó Trump con los aliados de la Alianza Transatlántica de la OTAN.

"Estabilidad estratégica"

La intervención de Hegseth marcó un contraste con la realizada en 2025 en el mismo foro, cuando había advertido sobre lo que calificó como una creciente amenaza derivada del rápido fortalecimiento militar chino y de sus ambiciones sobre Taiwán.

Esta vez, el responsable estadounidense evitó los términos más confrontativos y destacó los resultados de la reciente visita de Donald Trump a Beijing, donde el mandatario estadounidense se reunió con el presidente chino Xi Jinping.

Según Hegseth, ambos líderes coincidieron en la necesidad de construir una relación de “estabilidad estratégica” basada en la reciprocidad y la defensa de los intereses nacionales de cada país.

Sin embargo, el secretario de Defensa dejó claro que el acercamiento diplomático no implica una reducción de las preocupaciones de Washington.

“Existe una preocupación legítima por la histórica expansión militar de China y por el aumento de sus actividades militares en la región y más allá”, afirmó.

También insistió en que Estados Unidos no permitirá que ninguna potencia domine el Indo-Pacífico, al considerar que una hegemonía regional pondría en riesgo la estabilidad y la seguridad de sus aliados.

Desde China, las declaraciones fueron recibidas con moderado optimismo. El mayor general Meng Xiangqing valoró positivamente el consenso alcanzado entre Xi y Trump y expresó su esperanza de que sirva como guía para una relación bilateral más estable durante los próximos años.

Ambigüedad sobra Taiwán

La evolución de los vínculos entre Washington y Beijing también alimentó el debate dentro de Estados Unidos. La senadora demócrata Tammy Duckworth, presente en Singapur junto a una delegación del Congreso, acusó a la administración Trump de estar acercándose excesivamente a China y de descuidar sus compromisos estratégicos en el Indo-Pacífico.

Las dudas se intensificaron después de que Trump describiera como una “muy buena ficha de negociación” un paquete de armas para Taiwán valorado en unos 14.000 millones de dólares y cuya aprobación sigue pendiente. Las declaraciones generaron inquietud en Taipéi sobre la solidez del respaldo estadounidense.

China considera a Taiwán parte de su territorio y no descarta el uso de la fuerza para lograr su reunificación. Estados Unidos mantiene desde hace décadas una política de "ambigüedad estratégica": suministra armamento a la isla para garantizar su capacidad de defensa, pero evita precisar si intervendría militarmente en caso de una invasión.

Ante las preguntas sobre el tema, Hegseth aseguró que no existe ningún cambio en la posición estadounidense respecto a Taiwán. No obstante, evitó pronunciarse sobre la posible venta de armas y señaló que cualquier decisión corresponderá exclusivamente al presidente Trump.

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¿Fin de la era del subsidio?

Uno de los principales mensajes del jefe del Pentágono estuvo dirigido a los aliados de Estados Unidos en Asia. Hegseth reiteró la exigencia de la administración Trump de que los socios regionales asuman una mayor parte de los costos de su propia defensa.

"La época en la que Estados Unidos subsidiaba la defensa de naciones ricas ha terminado", afirmó. El secretario defendió que Washington necesita "socios, no protectorados".

Elogió a países como Australia, Corea del Sur, Filipinas, Singapur, Malasia, Tailandia y Japón por aumentar sus inversiones militares. Según explicó, la meta es que los aliados eleven progresivamente su gasto en defensa hasta el equivalente al 3,5 % de su producto interno bruto, reforzando así la capacidad de disuasión colectiva frente al ascenso militar chino.

En paralelo, Estados Unidos, Australia y Reino Unido anunciaron una nueva iniciativa dentro de la alianza AUKUS. El proyecto, integrado en el denominado “segundo pilar” del acuerdo, prevé el desarrollo conjunto de vehículos submarinos no tripulados y otras tecnologías avanzadas vinculadas a la guerra submarina.

El secretario de Defensa británico, John Healey, señaló que estos sistemas permitirán mejorar la detección de amenazas contra infraestructuras estratégicas como cables y gasoductos submarinos. Los tres países prevén comenzar la entrega de estos drones autónomos a partir de 2027.

Mientras Washington impulsa el fortalecimiento militar de sus socios asiáticos, algunas voces aliadas piden preservar el sistema multilateral. El ministro australiano de Defensa, Richard Marles, defendió la necesidad de renovar el orden internacional basado en reglas en lugar de reemplazarlo por una lógica dominada exclusivamente por el poder de las grandes potencias.

Con AP y Reuters

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