Hay algo que Paul Seaquist repite con la convicción de quien lo ha visto con sus propios ojos: «Está probado científicamente que el arte sana». Lo dice sin rodeos, sin adornos. Y lo expresa desde la experiencia de haber organizado, durante 17 años consecutivos, una gala benéfica que pone a bailarines de talla mundial al servicio de los niños y niñas con parálisis cerebral que atiende la Fundación Nido para Ángeles en República Dominicana.
Seaquist es chileno, lleva más de 20 años fuera de su país y se define, sin titubeos, como empresario de la danza. Bajo su dirección artística —y la producción de la gestora cultural Monika Despradel— la XVII Gala Benéfica Estrellas de la Danza Mundial llega mañana en la noche al Teatro Nacional Eduardo Brito, con función a las 8:30 PM, reuniendo a estrellas de Canadá, España, Cuba, Estados Unidos y República Dominicana.
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«Público dominicano, esto es lo que está pasando en el mundo»
Para Seaquist, una gala de danza tiene dos propósitos inseparables: ofrecer el mejor espectáculo posible y, al mismo tiempo, educar. «Cada cierto tiempo traemos coreógrafos que no se conocen, traemos piezas que no se conocen, para que el público dominicano crezca con nosotros y aprenda un poquitito más de danza», explica.
Esta edición es fiel a esa filosofía. El programa incluye piezas clásicas, contemporáneas y neoclásicas, flamenco, técnica bolera y, por primera vez en la gala, intérpretes de la técnica Limón —creada por el bailarín mexicoestadounidense José Limón—. «Acompáñennos en este viaje», es la invitación que lanza Seaquist al público dominicano cada año, y en este lo enfatiza más.
La geopolítica de la danza también cambió
Cuando se le pregunta si el mapa del poder en la danza ha cambiado en dos décadas, Seaquist no duda: «La geopolítica de la danza ha cambiado definitivamente, como ha cambiado la geopolítica de todo». Los paradigmas rusos y franceses siguen vigentes, reconoce, pero ya no son los únicos referentes. Cada vez más compañías y países están encontrando su propio lenguaje.
Como muestra, esta edición incluye a la compañía cubana Otro lado, un elenco emergente que, según Seaquist, «está creando un universo especial». Junto a ellos, estrellas de primer nivel: Svetlana Lunkina, principal del Ballet Nacional de Toronto; Nadya Nesvitaylo y Roddy Doble, principales del Grand Ballet de Canadá; y Thays Suárez, Leonardo del Río y Daunier Noblet, entre otros.
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El Ballet Nacional Dominicano: de espectadores a protagonistas
Uno de los cambios más significativos que Seaquist ha presenciado en estos 17 años es la transformación del Ballet Nacional Dominicano. «La compañía que yo conocí hace diecisiete años es una compañía completamente distinta», afirma. «Es una compañía ahora que me atrevo a decir de muy, muy gran nivel».
El salto es concreto y visible: en las primeras ediciones de la gala, los bailarines dominicanos venían a ver el espectáculo. Mañana en la noche, el Ballet Nacional Dominicano sube al escenario a bailar dos piezas junto a las estrellas mundiales. «Definitivamente puede dar la talla ante cualquier escenario internacional», sentencia.
Crisis, costos y arte como refugio
La conversación no esquiva la realidad de un mundo en la impredecible incertidumbre. Seaquist reconoce que la turbulencia geopolítica global —que ha complicado, por ejemplo, sus planes de expansión hacia los mercados de Emiratos Árabes y Arabia Saudita— tiene un doble efecto sobre el arte. Por un lado, las crisis históricamente generan nuevos lenguajes creativos: «Cuando hay un problema, tu mente mira las cosas de una manera diferente». Por otro, la logística se encarece: «Hoy en día, hacer arte, lamentablemente, se transforma en algo un poquitito más caro».
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Pero hay algo que ninguna crisis puede borrar: la función terapéutica del arte. Seaquist lo describe con una imagen que lo emociona: «Imagínate para un papá o una mamá que tiene un chiquitito con parálisis cerebral y de pronto verlo en el escenario del Teatro Nacional. Es una cosa maravillosa». Los niños de Nido para Ángeles participan en la apertura de cada función. Él los ha visto crecer, mejorar, transformarse.
Los estereotipos que la danza fue rompiendo
En este diálogo tocamos un tema que Seaquist celebra con entusiasmo: la apertura de la danza hacia nuevas identidades. «Los bailarines son unas máquinas de danzar, son atletas de alto rendimiento», dice, y reconoce que durante mucho tiempo el ballet cargó con estereotipos de género y sexualidad. Hoy, en cambio, percibe una transformación genuina: «Hay una forma y una manera de aceptar diferencias que hace un tiempo no era tanto». La apertura de mente, concluye, siempre es buena: para el arte, para los negocios, para la vida.
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Esta noche, en el Eduardo Brito
La XVII Gala Benéfica Estrellas de la Danza Mundial se presenta este sábado 18 de abril a las 8:30 PM en el Teatro Nacional Eduardo Brito, Santo Domingo. La función es a beneficio de la Fundación Nido para Ángeles, que brinda atención y calidad de vida a niños, niñas y jóvenes con parálisis cerebral y sus familias.
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