Una honrosa  decisión del Senado de la República, propuesta por el senador Carlos Gómez -provincia Espaillat- como responsable de la comisión de Cultura del Senado: Reconocer al poeta, filósofo e intelectual, José Mármol Peña, premio Nacional de Literatura del 2013.

Que el Senado haya dedicado espacio para discutir la obra de un autor como Mármol, representante de una generación que introdujo la poesía con pensamiento filosófico y con dotes de profundidad, marcando el comienzo de una nueva era en el quehacer poético, ha sido un gran acierto.

Integridad, profundidad, calidad de la palabra comprometida, decidido compromiso con el ser humano que trasciende y reflexiona sobre el ser, sobre la identidad. Que piensa como el yo, en la isla dividida, que mira con el ojo del arúspice, descentrañando el porvenir en las entrañas de las cosas.

Un José Mármol Peña que ha ganado premios nacionales e internacionales de poesía, que ha invitado a las nuevas generaciones de escritores a un vuelo digno y maravilloso, sobre un territorio es que todo es posible, siempre que se tenga identidad en la modernidad, siempre que se cuide y se acoja el lenguaje del mar como propio, por las Antillas, por el Caribe insular, por el cansancio del trópico y porque Deus ex Machina.

Bueno es reconocer a los autores en plena vitalidad, cuando tienen las condiciones de seguir aportando y transmitiendo la riqueza que su alma y su espíritu resguarda. De poco vale a un escritor, un poeta o intelectual, que cuando le quedan apenas meses o semanas de vida se le brinde un reconocimiento casi póstumo. Los autores en la República Dominicana se han acostumbrado a detectar su decadencia cuando se les entregan reconocimientos, porque es una especie de despedida con espaldarazos, por lo bien que lo hicieron, y porque ya queda poco por entregar.

Celebramos ese reconocimiento a un poeta activo, en la plenitud de su vida y creatividad, y nos complace que sea el Senado que lo exalte. La decisión habla mucho mejor del Senado y de sus miembros que cualquier debate político sobre temas que jamás resuelven, ni con leyes ni con diatribas, algo tan común en las cámaras legislativas.

Tendremos la oportunidad de conocer las hermosas y profundas palabras de gratitud del reconocido, sobre la necesidad de abrir el pensamiento y la acción de las entidades públicas a la obra de bien, y establecer muros a la indignidad, a la falta de transparencia y a los que se benefician de las bondades de una sociedad todavía lastrada por la escasa ilustración y debate intelectual.