El 27 de junio de 1922 Olivorio Mateo fue abatido en el Hoyo del Infierno, una zona montañosa ubicada entre los picos Pelona y Duarte, de la Cordillera Central. El asalto tuvo lugar en el momento en que se hacían los oficios del culto y se disponían a abandonar la guarida, presumiblemente para internarse en las montañas de Haití. En el intercambio de disparos resultaron muertos Olivorio, su hijo Eleuterio Mateo, los veganos Máquina y Pañero, así como otros más de la misma cofradía. El cuerpo del dios campesino fue presentado a la multitud curiosa envuelto en yaguas y amarrados con sogas en una litera o parihuela, lo que dejaba entrever que Olivorio era una especie de Cristo crucificado. El mayor George H. Morse, comandante de las tropas invasoras presentó el cadáver del líder guerrillero Olivorio Mateo frente al local del Ayuntamiento de San Juan de la Maguana. Esto lo hicieron los norteamericanos para despejar cualquier duda en torno la muerte del carismático curandero.

El culto a Olivorio Mateo o Papá Liborio se mantiene en diferentes municipios, distritos municipales y secciones de San Juan de la Maguana.

 4.Influencia del olivorismo en San Juan de la Maguana y zonas aledañas.

 Maguana Arriba siempre ha sido el centro espiritual del olivorismo. Pese a que Olivorio desde su conversión no vivió allí permanentemente, ya que en varias ocasiones se vio forzado a alejarse del lugar, regresaba allí tan pronto podía. Lo más probable es que la Maguana haya sido un centro de culto antes del nacimiento de Olivorio. No muy lejos del lugar de nacimiento de Olivorio se encuentra la Fuente de San Juan. Según la tradición, San Juan Bautista ese apareció allí mucho antes de que Olivorio naciese. La fuente, que en la actualidad lleva por nombre la Agüita de Liborio, es era un lugar de culto no sólo de Olivorio, sino también de San Juan y de varios jefes indios.

Su historia como lugar de culto se remonta a tiempos lejanos. El vínculo entre Olivorio y San Juan Bautista está presente en varios de los rasgos característicos del olivorismo. Entre los campesinos del Valle de San Juan, San Juan Bautista, al igual que los indios, están asociados al agua y a la fertilidad. San Juan Bautista quita los pecados y las enfermedades, limpia el alma, da fuerza germinativa a las semillas y fertilidad a los vientres estériles. Como un luá de vudú puede poseer a las personas y como su equivalente haitiano, Jean Baptiste, es el guardián del trueno. También puede provocar terremotos. Esto evidencia por qué el terremoto de 1911 fue percibido como una señal de la ira divina dirigida contra los que perseguían a Olivorio. Cerca del lugar donde nació Olivorio se ha erigido un calvario, donde todos los años se celebra una fiesta en honor de San Juan Bautista, El Maestro de la Fuente, tocando palos, cantando y bailando.

Pintura ubicada en el espacio abierto del santuario de la Agüita de Liborio, en Maguana Arriba, San Juan de la Maguana.

Los presentes comen, beben y algunos caen poseídos. Una hermandad de miembros del calvario organiza la fiesta. Todo esto indica la existencia de un viejo culto a San Juan, ya antes de la aparición de Olivorio. Según María Orfelia, quien por muchos años fue la guardiana del santuario, Olivorio siempre estuvo en este lugar sagrado y las cruces fueron erigidas para purificar a la gente. Así es que, cuando Olivorio comenzó a predicar y a curar la gente, se encontraba en un lugar que por largo tiempo había sido considerado sagrado y escenario de curaciones milagrosas. Olivorio lo que hizo fue aprovechar esa tradición para desarrollar sus dones e influencia en las personas del Valle de San Juan. 

4.1. La unción de Dios a Olivorio Mateo

Muchos campesinos en la actualidad consideran a Olivorio como un dios viviente. El dios viviente que derrama su gracia sobre ellos. Así el ex peón Olivorio Mateo se ha convertido en una leyenda y su personalidad histórica real está atrapada en una trama mítica que es difícil de despejar, a pesar de que muchas personas que le conocieron personalmente y fueron entrevistadas confirman sus poderes sobrenaturales, mientras que otras los desmienten.

En un informe que rindió Víctor Garrido al Superintendente de Instrucción Pública del Gobierno Militar de Ocupación Norteamericana, Julio Ortega Frier, el 4 de abril de 1922, en su condición de Inspector de Instrucción Pública del Distrito Escolar No. 5 de San Juan de la Maguana, hace referencia a la fama adquirida por Olivorio Mateo entre muchos de los campesinos de la región del Valle de San Juan y el país en los siguientes términos:

Durante los últimos quince años, en el ánimo de muchos de nuestros campesinos, y aún de muchos campesinos de esta región y de otros lugares del país, ha adquirido proporciones de taumaturgo Olivorio Mateo, habitante de la sección de La Maguana. De entonces acá, por los descreídos, que son los más, Olivorio Mateo ha sido consagrado con el mote irónico de dios Olivorio. Para sus adeptos, Olivorio Mateo es el Maestro. ¿Quién es Olivorio Mateo? ¿Qué influencia ha tenido en las sencillas costumbres de nuestros campesinos? Hasta que apareció llamando la atención de la gente, Olivorio había sido un campesino insignificante, pobre jornalero, en quien se podían notar indicios de anormalidad cerebral. Solía desaparecer algunas veces e internarse en los montes vecinos. Un día, tras larga ausencia, se apareció con un cordón anudado en la frente contando una historia curiosa, mágica: Jinete en un caballo amarillo como el oro, había estado de visita por los países celestes en los cuales el buen Dios le había recibido amablemente y armándole de las virtudes sobrenaturales de que se mostraba poseedor. A un pobre diablo se le ocurrió atragantarse con un pedazo de cuero frito. Olivorio fue llamado y con un simple masaje externo le desatoró. Para aquellos infelices ignorantes, eso era maravilloso. La fama de Olivorio comenzó a crecer como las pompas de jabón. La curiosidad llevó mucha gente a conocerlo, mucha, generalmente de inconducta notoria y forastera, se acampó allí para gozar de las delicias de la vida desordenada que se inició. A poco Olivorio era motivo de preocupación para las autoridades locales por los individuos diversos que le rodeaban y que en un momento dado podían ser agentes de perturbación del orden público. Fue capturado y condenado a $5.00 de multa por ejercer indebidamente la medicina. Cuando fue puesto en libertad, su crédito se hizo más extenso y sus acompañantes aumentaron a favor de la intranquilidad pública reinante que les permitió gozar de impunidad. A raíz de la Ocupación, en los días del desarme, se adelantaron a desarmar a algunos campesinos y por su parte, se negaron a entregar las armas. Perseguidos y batidos, desde entonces Olivorio anda prófugo por las lomas con un pequeño grupo de adeptos que nunca le ha desamparado. Toda persecución ha sido inútil. Es el monarca de las escarpadas lomas que le brindan seguro asilo. Olivorio en sí es nadie. Un hombre que comúnmente está borracho y que al hablar con él da la impresión de un loco. Salvo algunos agravios al pudor femenino y cierta holgazanería fomentada, por algunos duchos que explotaban aquella agrupación fanatizada, bajo la dirección del santomero Juan Samuel, hábil en prácticas espiritistas, la influencia de Olivorio Mateo en nuestras masas rurales ha sido nula. Pero es un tipo curioso de nuestro medio, interesante por la multitud de personas que le ha rodeado, creyéndole un enviado de Dios.[1]

La creación de leyendas sobre Olivorio se ha extendido por toda el área donde él vivió y muchas veces estas narraciones difieren de un lugar a otro. Algunas están vinculadas a lugares y personas bien conocidas, mientras otras dan la impresión de haber sido copiadas de hechos bíblicos. Es, por lo tanto, una tarea delicada reconstruir una biografía de la personalidad real de Olivorio Mateo. La crónica verbal es al mismo tiempo contradictoria e inspirada en mitos y leyendas. Sin embargo, no hay dudas de que la crónica verbal tiene bases reales que pueden confirmarse en la escasa información que se encuentra en fuentes escritas.

4.2. Defensa de los campesinos desposeídos por Olivorio Mateo

Olivorio ofrecía prédicas a las personas que venían a visitarle. Garrido Puello sostiene que utilizaba un lenguaje soez[2], pero esta afirmación parece carecer de fundamentos creíbles. Testigos de la época hacen más bien hincapié en que su forma de expresión era correcta y que hablaba lentamente. En sus sermones no utilizaba el lenguaje cotidiano. Olivorio hablaba allá arriba en La Maguana de una forma extraña, pero abajo, en San Juan de la Maguana hablaba normalmente.

Seguidores de Olivorio Mateo en una de las tantas procesiones que se realizan en su honor en San Juan de la Maguana.

Un torrente de palabras brotaba de sus labios que producían una extraña e incomprensible impresión en algunos de sus oyentes. Estas palabras constituían un discurso inspirado, donde se mezclaban refranes, testimonios personales, fragmentos de himnos y de textos bíblicos, así como impresionantes descripciones de visiones extraordinarias confundidas con palabras dispersas y expresiones copiadas de las autoridades políticas.

Los tres castigos que recayeron sobre el Valle de San Juan, como fueron el cometa Halley, el terremoto San Bruno y la guerra civil de 1912, ya referidos más arriba, aumentaron su fama de adivino y fueron casi inmediatamente acogidas como prueba de su divinidad. Asimismo, personas de diferentes estratos sociales coinciden en señalar a Olivorio como una persona investida con poder sobrenatural que había vaticinado que el pueblo de San Juan se arruinaría si la electricidad era introducida; fue un hombre de los pobres y para los pobres, que volvería pronto y llevaría a éstos al poder; predijo inventos técnicos como el de los aviones, cuando dijo que la gente iba a volar por el aire; tenía el presentimiento de un inminente fin del mundo que impregnaba a la comunidad de La Maguana, ya que decía conocer cuándo llegaría el cambio, aunque nunca dijo la fecha exacta, pero que cada año era peor y nadie conoce a nadie. No obstante, tuvo un mensaje de esperanza para las generaciones venideras: “Para Dios nada es difícil.[3]

Entre los olivoristas existe consenso de que Olivorio era de los pobres y para los pobres. Predicaba que todos deben trabajar en comunidad y buscar medios para que los infelices mejoren su vida. El olivorismo es visto como una religión que induce a la esperanza de que un día Olivorio tomará el poder universal y que todas las cosas del mundo cambiarán de tal manera que la vida será mejor para todo el mundo.

El proyecto más positivo atribuido a Olivorio fue el de la distribución justa de la tierra. La mayoría del campesinado coincide en este asunto. Sin embargo, no hay ninguna evidencia de que Olivorio intentase quitar tierra a los ricos terratenientes, o ni siquiera de que él aludiera a esa perspectiva durante su vida. Los campesinos entienden que mediante su estilo de vida -el trabajo comunitario en los conucos y la distribución igualitaria de los alimentos- indicaba cómo debían ser las cosas y que actuando así lo que él hacía era predecir el futuro[4].

A través de lo que se ha conservado de las enseñanzas de Olivorio mediante la tradición oral fluye la fuerte convicción de que era un hombre escogido: “Estoy en una misión que durará hasta llegar al palo de la cruz. La palabra es oculta, pero aquellos que buscan a Olivorio se salvarán.[5] Obviamente, sus seguidores le consideraban un ser divino a quien ya, antes de que muriera, le cantaban salves.

Los olivoristas de hoy señalan que él se consideraba a sí mismo como un don nadie -un mero instrumento del Gran Poder de Dios. Pero tales expresiones no desvirtúan el hecho de que él se consideraba a sí mismo con un ser diferente -algo que se hacía evidente en la forma en que saludaba a los visitantes al asegurarles que un poder divino los había guiado hacia él. Obviamente, Olivorio tenía una personalidad fuerte y un carisma fuera de lo ordinario. 

4.3. La cura de enfermedades entre sus seguidores

Olivorio se asentó en La Maguana trabajando como curandero. Parece que muchas personas acudían donde él para ser curados de diversas enfermedades, para lo cual empleó diferentes técnicas. El uso que hacía del palo de piñón llegó a ser famoso. El palo era colocado sobre el enfermo, entonces Olivorio gritaba: “Salga el mal y entre el bien o Carajo, ven a tu Dios.[6] Si se percibía que la cura había sido exitosa, Olivorio entonces concluía la sesión con la frase: “Ya está curado.”[7]

El palo de piñón no fue el único método de curación empleado por Olivorio. En el interrogatorio de 1909, cuando fue hecho prisionero por no tener permiso para curar, dijo que empleaba sus manos para curar. También se dice que Olivorio hacía la señal de la cruz sobre la parte del cuerpo afectado por el dolor o la enfermedad después de haber mojado sus dedos en su propia orina. Algunas veces tocaba o frotaba con un paño o con sus manos la parte afectada del enfermo, método que con frecuencia usan los practicantes del vudú.[8]

Garrido Puello afirma que Olivorio recetaba diferentes tipos de cocimientos de yerbas. Esta es una práctica común entre los curanderos, pero no está claro si Olivorio en verdad hacía eso. Recuérdese que él fue descargado de la acusación de práctica de medicina ilegal, entre otras razones, porque había negado que administrase medicamentos o pócimas a quienes acudían ante él. Otra de las razones que motivaron su descargo fue el hecho de que no demandaba pago alguno por los servicios prestados a las personas que venían a verle. Olivorio curaba y no cobraba. Se considera aún virtud entre los olivoristas ofrecer comida a los visitantes sin pedir nada a cambio. Cuando se actúa de esta manera, con frecuencia se hace referencia al ejemplo del Maestro.[9]

4.4. Prácticas colectivistas implementadas

Hay una razón por la cual se hicieron acusaciones morales a los olivoristas. La mezcla de lo profano y lo sagrado que caracteriza a la religión del campo dominicano debe haber repercutido en las personas que no eran de allí, como una violación al buen gusto y a las buenas ·maneras. Los bailes populares se mezclaban con himnos religiosos. Hombres y mujeres bebían ron y algunos de los cantos sagrados contenían alusiones a la fertilidad y a la potencia sexual. Durante las velaciones prevalecía un ambiente festivo y el ánimo era eufórico como resultado de los cantos y bailes.

Los toques de palos y las salves eran parte de las actividades lúdicas que realizaban los seguidores de Olivorio Mateo en su honor.

La música y el baile jugaban un importante papel en la comunidad de La Maguana. Aún en la actualidad se canta un amplio repertorio de salves. Algunas parecen remontarse al tiempo en que Olivorio aún vivía y hacen alusión a las condiciones que prevalecían en ese tiempo. Se puede afirmar que la salve constituye el centro de las creencias y de las actividades religiosas olivoristas. Todos los olivoristas se saben una determinada cantidad de salves en honor a Olivorio. Cantar salves es una actividad comunitaria. A menudo los participantes están sentados o parados, uno aliado de otro, y mueven sus cuerpos rítmicamente. Generalmente se brinda comida y ron durante la actividad. En la actualidad, cuando se abre una botella de ron se rocía un poco en el suelo para dar de beber al espíritu de Olivorio y después se pasan la botella entre todos los reunidos, se toman sólo pequeños sorbos, el propósito no es emborracharse. Hasta los niños participan. La razón es que el ron es la bebida litúrgica del olivorismo.

Durante el canto de una salve puede suceder que el cantor se monta en los luases. Por medio del canto, el cantor alcanza un estado de inspiración que puede llegar hasta la posesión. Todavía hoy día es frecuente que el espíritu de Olivorio descienda sobre los poseídos. Las personas mayores que recuerdan cómo actuaba Olivorio en su vida terrenal pueden verificar si los caballos están montados por El Maestro o no. Si es él, los poseídos hablan calmadamente, arrastrando ligeramente las palabras y pronunciando con énfasis determinadas palabras. A menudo ellos tienden a predecir el futuro. Es común que ellos repitan las mismas palabras que usaba Olivorio cuando saludaba a algún curioso escéptico que se apersonaba en La Maguana: “Dices que no crees en mí, pero ahora tú estás aquí”. Sin embargo, no siempre los cantos de salves estaban acompañados de bebidas o conducían a la posesión. La más de las veces el rito era simplemente una forma de estar juntos y de compartir determinados sentimientos.

Con el acompañamiento de tambora, güira y acordeón la gente bailaba carabiné, mangulina y merengue. Cantaban salves, pero nunca entonaban canciones. El canto de salve, la mayoría de las veces es seguido de baile. Lo era en tiempos de Olivorio y lo sigue siendo aún hoy día. Uno de los discípulos más conocidos de Olivorio era Benjamín García, cuyo nombre aparece en los informes de las fuerzas de ocupación de 1919. Le llamaban El músico del Maestro y era muy diestro en su arte. Garrido Puello menciona que uno de los ritos centrales de los olivoristas consistía en una especie de baile llamado Conrueda. Los devotos danzaban en círculos mientras Olivorio estaba colocado en el centro y dirigía los movimientos del grupo. El baile se acompañaba de cantos alternados, con genuflexiones y oraciones a la virgen y a Olivorio.

Los lunes de cada semana Olivorio recibía regalos de sus admiradores: ropas, zapatos, alimentos y dinero. Todo esto se repartía entre los fieles. En La Maguana, El Palmar, El Naranjo y en los otros lugares donde Olivorio fundó comunidades el principio comunitario de compartir era primordial. Todo se compartía entre los miembros de la comunidad. Esto no sólo se refería a los bienes y dinero, sino que también se compartía el trabajo. Los terrenos propiedad de los creyentes se sembraban en una forma de trabajo comunal denominada convite, que era muy frecuente en el suroeste en los tiempos de Olivorio.

El segundo principio económico era el de autosubsistencia. No era frecuente que Olivorio procurase alimentos en los comercios de San Juan de la Maguana. A menudo Olivorio y los suyos organizaban recuas. Antes de que los norteamericanos le persiguieran y cazaran, Olivorio condujo largas marchas por todo el suroeste. El acostumbraba a caminar entre dos hileras de sus seguidores quienes cantaban himnos por todo el camino. Detrás venía un grupo de hombres y mujeres a caballo cargando los alimentos. Sus seguidores le reservaban conucos en las montañas y la gente a lo largo del camino le ofrecía alimentos, los cuales repartía entre los pobres sin cobrar nada.

En sus andanzas Olivorio y su gente llegó a visitar los más remotos rincones del suroeste del país. A veces tenía cantidades de gente consigo, pero también podía llegar con tres o cuatro acompañantes. Cuando él llegaba la gente se arremolinaba a su alrededor. Él tenía también un palo cruz. Si alguien tenía un dolor, usaba su palo y de una vez se sanaba.

Olivorio podía estar en un lugar y al momento podía desaparecer. Él no quería que el mundo se diera cuenta hacia dónde había ido. Es evidente que Olivorio construía refugios y albergues y hasta sembraba conucos en lugares inaccesibles de la Cordillera Central, donde con frecuencia permanecía durante periodos largos y cortos.

A pesar del comportamiento nómada de Olivorio, La Maguana fue el centro espiritual de su movimiento mesiánico. En las salves, el lugar se presenta como la Jerusalén de los olivoristas. Los peregrinos iban a visitar a Olivorio a la ermita de Maguana Arriba. Cuando subían al lugar muchos cargaban piedras sobre la cabeza para depositarlas frente al calvario allí erigido como una forma de liberarse de sus pecados -como es la costumbre en otros calvarios rurales en toda República Dominicana. Olivorio bendecía las piedras antes de que fueran colocadas frente a las cruces y hacía la señal de la cruz en la frente a todos los visitantes antes de que éstos partieran. Al igual que lo que ocurre en la actualidad, los que acudían donde Olivorio además de buscar consejo es probable que también iban a visitar la fuente de San Juan Bautista y a rendir homenaje a los santos de la ermita.

El santo favorito de Olivorio era la protectora de República Dominicana, La Virgen de la Altagracia, en cuyo honor, con frecuencia, se celebraban velaciones en La Maguana, en múltiples ocasiones contando con la presencia de sacerdotes invitados. La presencia de estos sacerdotes en la ermita de La Maguana no era vista con buenos ojos por algunos de sus colegas sacerdotes. Por ejemplo, el padre Esteban Rojas, de Baní, escribió una carta al arzobispado protestando por esa condescendencia. 

5.Enfrentamiento del profeta Olivorio Mateo con las tropas norteamericanas

 Una de las primeras disposiciones adoptadas por el gobierno de ocupación norteamericano en la República Dominicana, bajo la firma del Vicealmirante de la Marina de los Estados Unidos, Harry Shepard Knapp, fue prohibir “a todo individuo y a toda organización, con excepción de las Fuerzas de la Ocupación, el porte de armas de fuego o el tenerlas en posesión, lo mismo que las municiones para ellas y toda clase de explosivo.[10]

De igual manera, se les advirtió a los dueños de esos artículos prohibidos, que debían entregarlos a los oficiales de las Fuerzas de Ocupación designados al efecto, los cuales los recibirían y mantendrían bajo custodia, en caso de que fueran entregados de forma voluntaria. En tanto que los artículos que no fueran entregados voluntariamente serían confiscados. También se indicaba que el porte de armas de todo tipo, ocultadas, quedaba prohibido y que toda persona en conocimiento de esas órdenes y las violaran expresamente, podrían ser expuestas a castigos por el Gobierno Militar.[11]

Las tropas norteamericanas tras la persecución del profeta y líder guerrillero Olivorio Mateo.

No conforme con esa disposición, el 14 de septiembre de 1916 apareció en todos los periódicos de la República Dominicana, un aviso firmado por H. I. Bears, Mayor USMC, en el cual se decretaba que todos los permisos de porte de arma expedidos antes del 12 de agosto de ese año estaban revocados. Sin embargo, esta medida no logró el éxito que perseguía, ya que la indefensa población dominicana fue aterrorizada por bandidos de toda laya que pululaban por todos los campos y las ciudades del país, sin que el Gobierno Militar intercediera en su defensa.

La puesta en práctica de esta disposición militar estimuló los más irritantes incidentes tanto entre la población común como en los diferentes medios de prensa del país. Los constantes abusos cometidos por los marines de las fuerzas de ocupación de los Estados Unidos de América en los allanamientos practicados en los diferentes hogares dominicanos trajeron consigo duros ataques de la prensa. Estos llevaron al mayor Bears a dirigirse al gobernador provincial de Santo Domingo, Lic. Eladio Sánchez, para que hiciera que cesaran “los ataques desconsiderados de la prensa”. Sánchez le respondió que esa acción estaba fuera de sus funciones legales, puesto que la libertad de palabra y la libertad de prensa estaban consignadas en la Constitución, que, si se habían cometido o no abusos, ahí estaban los tribunales para dirimir la cuestión y establecer la verdad.[12]

Los norteamericanos confiscaron todas las armas que pudieron encontrar en manos de los dominicanos. Para mediados de 1922, cuando el gobierno provisional encabezado por el productor azucarero Juan Bautista Vicini Burgos tomó posesión, los Marines y la Guardia Nacional Dominicana habían recogido 53,000 armas de fuego, 200,000 unidades de municiones, y 14,000 armas cortantes, en una población total ascendente a 905, 100 habitantes.[13]

5.1. Persecución a Olivorio y sus seguidores

A inicios del año 1917, el mayor norteamericano Hiram Bears llegó a San Juan de la Maguana con un contingente de la Infantería de Marina, teniendo como misión fundamental establecer el orden en el distrito de la común, así como pacificar y desarmar al grupo que lideraba el dios mesiánico Olivorio Mateo. Es muy probable que la misión asignada a esta escuadra fuera una respuesta a la solicitud de protección que algunos comerciantes de San Juan hicieron al gobierno militar norteamericano en Santo Domingo, puesto que se habían levantado voces de protesta contra el comportamiento supuestamente desordenado que habían mostrado algunos olivoristas.

Las personas vinculadas a los sectores oligárquicos y a los grandes comerciantes de San Juan se sentían atemorizadas ante la presencia de grupos de olivoristas armados. Una comisión encabezada por el general José del Carmen (Carmito) Ramírez y el jefe de la policía de San Juan, Manuel de Jesús Rodríguez Barona, habían fallado en su intento de llegar a un acuerdo con Olivorio. Los miembros de la comisión sentían que habían sido tratados irrespetuosamente, ya que Olivorio les recibió con sus hombres armados y se comportó como si ellos hubiesen sido espías indeseables.[14]

A su llegada a San Juan de la Maguana, Bears convocó una reunión con todos los hombres de esa ciudad y les informó de sus planes, pues estaba bien consciente de las viejas relaciones que tenía Olivorio con la influyente familia Ramírez. Tomando en cuenta este factor, Carmito Ramírez se ofreció como guía de las tropas norteamericanas, probablemente para liberarse tanto él como su familia de la acusación de que apoyaban al supuesto bandido Olivorio.[15]

Bearss se reunió personalmente con Olivorio en La Maguana y a pesar de que los hombres de Olivorio sobrepasaban los suyos, él intentó convencer a los olivoristas de entregar sus armas. Fue probablemente la presencia de Carmito Ramírez la que influyó en Olivorio para que en esa ocasión tomara una actitud favorable hacia los norteamericanos. Sin embargo, los seguidores de Olivorio le aconsejaron no entregar las armas y seguir combatiendo a las tropas extranjeras.

Bears, quien logró hacerse popular entre los sanjuaneros, fue sucedido por otros oficiales norteamericanos, en su mayoría con rango de capitán, quienes sucesivamente estuvieron al frente de una fuerza militar dominicana llamada Policía Nacional Dominicana, PND. Aquellos dominicanos que ingresaron a las filas de la PND se hicieron impopulares entre sus compatriotas. Los mismos norteamericanos también estaban insatisfechos con los miembros de esta fuerza y protestaban por los problemas que tenían en reclutar miembros aptos entre los dominicanos: el reclutamiento se hizo aparentemente tomando más en cuenta el número que la calidad. Ser miembro de la PND se consideraba como una desgracia y ocurría que sólo los inescrupulosos -o muy pobres- eran atraídos por la promesa de quince dólares al mes, habitación, comida, ropa y servicio médico gratuito.

En San Juan de la Maguana, como en el resto del país, algunos miembros de la Policía Nacional abusaban de su autoridad para hostigar a la población civil y buscarse favores y dinero bajo amenaza de violencia. Este comportamiento se facilitaba por el hecho de que muchos de los reclutas provenían de otras partes de la República y lo que recibían no le alcanzaba para vivir decentemente. El sucesor inmediato del mayor Bears, fue un tal capitán James Fields.

Poco después de la visita de Bears a La Maguana (alrededor de las Pascuas de 1917), un gran contingente de soldados compuestos de marines norteamericanos y auxiliares dominicanos persiguieron a Olivorio en el área montañosa del norte de Maguana Arriba. Hubo una batalla entre los olivoristas y sus perseguidores. Aparentemente las tropas fueron una vez más guiadas por Carmito Ramírez. Sin embargo, esta vez las tropas gubernamentales fueron emboscadas. Desde las colinas cercanas alrededor de mil olivoristas abrieron fuego con sus armas y lanzaron piedras y rocas a sus perseguidores. Un oficial dominicano fue muerto y varios norteamericanos heridos.

Foto satelital de Maguana Arriba, territorio mítico de Olivorio Mateo (Papá Liborio).

Los olivoristas lucharon valientemente, pero tuvieron que replegarse a las montañas, teniendo que abandonar en su retirada a sus muertos y heridos. Parece ser que después de la batalla, Olivorio dividió el grueso de su grupo, conservando unos veinte hombres y mujeres armados, mientras se movía constantemente alrededor de la Cordillera Central. Probablemente le dejaron en paz por algún tiempo. Sin embargo, un pequeño grupo de la Policía Nacional Dominicana (PND) bajo el mando de un oficial dominicano nativo de San Juan de la Maguana, el teniente Esteban Luna, pronto se le encomendó una tarea especial: rastrear y capturar a Olivorio Mateo.

Los reportes sobre las actividades de Olivorio obligaron a los norteamericanos a hacer una investigación especial. Por más de dos semanas trataron de rastrear su presencia en las áreas donde había sido visto antes. Sin embargo, encontraron inmensas dificultades en obtener la información deseada de los habitantes de la zona. Muchos fueron apresados bajo los cargos de vagancia o de protección de criminales. Unidades de la PND registraban las casas de las familias conocidas como olivoristas, pero todo era en vano. Los guías nativos, obligados a conducir a las tropas hasta los escondites de Olivorio, lo hacían de tal forma que los vigías del Maestro eran capaces de verlos y así su legión de seguidores tenía tiempo de escapar antes de que llegaran sus perseguidores.

Los norteamericanos estaban convencidos de que estaban siendo burlados, pues una y otra vez ellos encontraban los campamentos desiertos algunas veces con cenizas aún calientes en los fogones. Las vacas y las provisiones que se sospechaban eran destinadas a los olivoristas eran confiscadas y los bohíos y cultivos desiertos eran destruidos y quemados. El lugar del culto de Maguana Arriba fue completamente destruido. Fue en el curso de estas operaciones que un tal teniente Lassiter entró finalmente en contacto con Olivorio y sus hombres en Yacahueque, al norte de las Matas de Farfán. Allí tenía lugar una especie de celebración y se había reunido mucha gente. Lassiter estaba acompañado de sólo tres hombres v cuando uno de ellos fue gravemente herido se vio forzado a retirarse.

Este fue el último gran esfuerzo durante más de un año para hacer prisionero a Olivorio, aunque pequeñas patrullas continuaron su rastreo con el propósito de capturarle. Él y sus seguidores se movieron en su montañoso territorio a lo largo de la Cordillera Central desde Bánica, en la frontera haitiana, hasta Constanza. En varias ocasiones Olivorio pudo haber ido más hacia el norte, al cruzar la cordillera y llegar hasta las llanuras de La Vega, donde tenía muchos seguidores; o también cruzar la frontera hacia Haití, donde se asegura tenía contactos con las tropas del líder rebelde nacionalista haitiano Charlemagne Péralte, quien combatía también en su país a las tropas norteamericanas, que habían ocupado a la República de Haití en 1915, el cual fue fusilado y crucificado de una forma similar a la del profeta y guerrillero dominicano Olivorio Mateo.

El líder rebelde nacionalista haitiano Charlemagne Péralte, murió crucificado el 1 de noviembre de 1919 del mismo modo que ocurriría con Olivorio Mateo en 1922.

Tratando de capturarlo vivo o muerto, los marines norteamericanos emboscaron a Olivorio Mateo en las inmediaciones del paraje Monte Colorao el 19 de enero de 1919, logrando el dios de los campesinos escapar del asedio constante de que fue objeto. El gobierno militar había ofrecido una recompensa a quienes capturaran a Olivorio, la cual elevaron a partir de la fallida operación. Los campamentos fueron una vez más quemados y arrasados; pero a la postre, como en la otra ocasión, sólo se logró destruir el asiento material. Olivorio, en el corazón de la cordillera, seguía dando vida a su religión, y, siempre, visitado por prosélitos fanáticos.

A partir de 1920, el gobierno de intervención consideró a Liborio el guerrillero más peligroso del país y agilizó los aprestos para darle muerte. Ese mismo año, Liborio y los soldados regulares bajo el mando de las tropas de intervención libraron un fuerte combate en el lugar conocido como La Peñita, el cual dejó un saldo de decenas de muertos y 67 heridos. En esa ocasión, Olivorio logró escapar con vida y se atrincheró con más de 200 hombres en la denominada Loma Sabrosa, en el noroeste de la República Dominicana, próximo a la frontera.

Los jefes militares que sirvieron en la plaza de San Juan de la Maguana no le dieron respiro a Olivorio. Tenía que mantenerse en errante peregrinaje buscando seguridad y protección para su persona y la de sus seguidores en las escarpadas serranías de la Cordillera Central. Continuamente salían destacamentos de la Policía Nacional Dominicana en su persecución, lo que obligaba a Olivorio a desalojar con mucha frecuencia sus refugios habituales.

5.2. Muerte y resurrección de Olivorio Mateo en el pueblo

Tras enormes esfuerzos por capturar a Olivorio Mateo, sin lograr los resultados esperados, en el mes de abril de 1922 fue designado como jefe de operaciones de San Juan de la Maguana el mayor George H. Morse. Este a su vez asignó al oficial Gregory A. Williams la tarea de perseguir a Olivorio Mateo y someterlo a la obediencia o quitarlo de en medio. El servicio de inteligencia de las tropas norteamericanas en San Juan de la Maguana recibió informaciones que daban cuenta de que Olivorio se ocultaba en la loma La Pelona, próximo al Pico Duarte en la Cordillera Central.

Hasta ese lugar fue enviada una compañía mixta de marines y de la Policía Nacional Dominicana, la cual tuvo un combate con el grupo guerrillero el 19 de mayo de 1922 en horas de la madrugada, donde resultaron muertas 23 personas, entre los cuales se encontraban varias mujeres y varios niños, según un despacho firmado por el sargento Gregory A. Williams, comandante de la patrulla atacante, donde se ofrecían detalles del ataque.[16]

En ese parte, el sargento norteamericano Williams dejaba entrever la posibilidad de que Olivorio Mateo estuviese herido y aseguraba que de todos modos logró escapar en medio del combate. Los partidarios de Olivorio, al verse acorralados, pelearon con vigor, pereciendo Benjamín García, uno de los cabecillas principales, así como otros, entre los que se identificaron a Marcelino Arias, José Adames, Ángel María y Feliciano Valenzuela[17]. No obstante, el sargento Williams dejó bastante claro en ese mensaje que la persecución contra el mesías de San Juan continuaría hasta lograr su captura.

El 27 de junio de 1922 Olivorio Mateo fue abatido en el Hoyo del Infierno, una zona montañosa ubicada entre los picos Pelona y Duarte, de la Cordillera Central. El mayor George H. Morse, comandante de las tropas invasoras presentó el cadáver del líder guerrillero Olivorio Mateo frente al local del Ayuntamiento de San Juan de la Maguana. El asalto tuvo lugar en el momento en que se hacían los oficios del culto y se disponían a abandonar la guarida, presumiblemente para internarse en las montañas de Haití. En el intercambio de disparos resultaron muertos Olivorio, su hijo Eleuterio Mateo, los veganos Máquina y Pañero, así como otros más de la misma cofradía[18]. El cuerpo del dios campesino fue presentado a la multitud curiosa envuelto en yaguas y amarrados con sogas en una litera o parihuela, lo que dejaba entrever que Olivorio era una especie de Cristo crucificado. Esto lo hicieron los norteamericanos para despejar cualquier duda en torno la muerte del carismático curandero, tal como lo evidencia una foto y una nota publicada en primera página en algunos periódicos de la época, entre los que destaca el Listín Diario.[19]

El Hoyo del Infierno, estribación de la Cordillera Central donde fue ultimado el profeta y guerrillero Olivorio Mateo (Satélite: https://mapcarta.com/es/19354512/Mapa).

En los siguientes términos los investigadores suecos Lundius y Lundahl, describen la forma en que fue traicionado, capturado, asesinado, expuesto al público y finalmente enterrado el líder guerrillero y mesías del pueblo de San Juan de la Maguana, Olivorio Mateo:

Dos de los hombres de Olivorio, los hermanos Lalín y Enerio Romero, habían sido comprados por la Policía y guiaron a las tropas hasta el último escondite de Olivorio. Las tropas atacaron al amanecer cuando Olivorio y los suyos celebraban sus ritos matutinos, con sus mochilas listas para salir. En el tiroteo, Olivorio, uno de sus hijos y dos de sus hombres murieron. Algunos de sus seguidores lograron escapar hacia las montañas cercanas, muchos de ellos con heridas mortales. El cadáver de Olivorio fue atado a una parihuela y bajado a San Juan de la Maguana. La patrulla llegó a San Juan de la Maguana al mediodía del día siguiente. El cuerpo aún atado a la parihuela fue colocado bajo la sombra de un gran árbol en frente de la Comandancia de Armas, el cuartel general de la PND, en uno de los lados de la plaza central. La parihuela estaba inclinada contra la pared de la Comandancia, en la sombra de un árbol, y la gente decía que parecía como si Olivorio hubiera estado crucificado. Las escuelas cerraron, los alumnos y los maestros se unieron a la multitud de campesinos y gentes del pueblo que formaba un semicírculo alrededor del cadáver de Olivorio. El fotógrafo, Alejandro Suazo, fue traído de su estudio por orden de los norteamericanos y puso su gran cámara frente a Olivorio y le tomó varias fotografías. El cadáver de Olivorio estuvo expuesto bajo el árbol hasta la caída del sol, mientras moscas revoloteaban a su alrededor. Los norteamericanos y los miembros de la PND se mantuvieron alejados, en sus oficinas. Los espectadores estaban quietos y compuestos. Al atardecer Olivorio fue finalmente enterrado en el cementerio de San Juan de la Maguana.[20]

El mayor Morse manifestó que Olivorio Mateo murió en combate al enfrentar una patrulla bajo su mando en el Hoyo del Infierno, una zona montañosa ubicada entre los picos Pelona y Duarte, de la Cordillera Central. Sus restos fueron enterrados en el cementerio municipal de San Juan de la Maguana. Sin embargo, esa misma noche fueron exhumados por disposición del mayor Morse, quien además ordenó desaparecer el cadáver para evitar que la tumba de este dios carismático se convirtiera en un lugar de peregrinaje de sus devotos.[21]

Olivorio Mateo amarrado con soga como un Cristo crucificado en una parihuela, foto publicada en la primera plana de la edición Núm. 9936 de El Listín Diario del 29 de junio de 1922, tomada por el fotógrafo Alejandro Suazo.

El periódico local El Cable, que dirigía el periodista y escritor Emigdio Garrido Puello, a propósito de la muerte de Olivorio Mateo, escribió en forma de editorial, la siguiente opinión:

Con la muerte de Olivorio consideramos terminada para siempre su burda religión, la que constituía un oprobio para esta Común, aun cuando gran parte de sus adeptos eran elementos extraños a ella.[22]

Los días posteriores pudieron demostrar que el editor del periódico El Cable no pudo estar más equivocado. Las montañas circundantes de San Juan de la Maguana se hicieran eco de las leyendas acerca de la vida milagrosa, la muerte y la resurrección del Dios Olivorio Mateo, mejor conocido como Papá Liborio. Se oían sus salves y otras nuevas tonadas eran cantadas en su honor, como aquella que popularizó el destacado músico, compositor e investigador dominicano Luis Días:

Dicen que Olivorio ha muerto

Olivorio no ha muerto ná;

Lo que pasa es que Olivorio

Nunca comió pendejá.[23]

Olivorio resucitó en el pueblo llano del Valle de San Juan de la Maguana, en sus diferentes comunidades y parajes, como Palma Sola y Maguana Arriba, en la región Suroeste y en otros lugares de la República Dominicana. Por esa razón, sus rituales, sus salves, sus alabanzas, sus adoraciones a la Virgen, sus curaciones terrenales y divinas, su espíritu y sus enseñanzas de una vida plena en comunidad, donde se produce y distribuye todo de forma colectiva, se mantuvieron presentes entre los mellizos Romilio y León Ventura Rodríguez de Palma Sola.  Aún hoy día se mantienen vivas muchas de esas tradiciones entre sus seguidores, lo que deja ver con bastante claridad que su presencia parece ser omnisciente y perenne.

La acción guerrillera desarrollada por el mesías Olivorio Mateo y sus seguidores por más de cinco años entre 1917 y 1922 en las montañas de la ladera sur, oeste y norte de la Cordillera Central de la República Dominicana, trascendió el mero enfrentamiento con las tropas de ocupación norteamericana por la no entrega de las armas que desde años atrás poseían.

Un mosaico de imágenes que recoge el genocidio cometido por el gobierno del Consejo de Estado presidido por Rafael F. Bonelly en 1962 contra seguidores de Olivorio Mateo y Los Mellizos en la comunidad de Palma Sola, San Juan de la Maguana.

Lo que estaba en juego para el gobierno militar de los Estados Unidos era destruir el contrapoder que lo retaba y enfrentaba, el poder alterno y colectivista que desde hacía casi una década venían ensayando y construyendo en el Valle de San Juan de la Maguana y sus diferentes comunidades el dios Olivorio Mateo y sus seguidores. Esto se puso en evidencia claramente en los convites campesinos que se organizaban para el cultivo, recolección de los frutos y la distribución de los alimentos que se obtenían en los conucos de propiedad comunal. Asimismo, en los espacios colectivos que se crearon para curar a los enfermos, para compartir la alegría mediante las salves, las mangulinas, los merengues, los carabiné, los bailes sinuosos, los rituales, el anuncio del fin del mundo, la esperanza en un mundo mejor tanto en la tierra como en el cielo entre todos los miembros de la legión que lideraba, así como de todas aquellas personas que constantemente se sumaban en pos de una vida en comunidad, en libertad y en hermandad.

[1] Valenzuela, Edgar (Editor). Perlas de las plumas de los Garridos. Víctor Garrido. Común de San Juan (Situación, historia, raza, carácter, religión, fiestas, costumbres, industriales, lenguaje, etc.). Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2009, pp. 288-289.

[2] Garrido Puello, Emigdio. Olivorio. Un ensayo histórico. Santo Domingo: Librería Dominicana, 1963, pp. 34.

[3] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Santo Domingo: Estudios Sociales Año XXII, Número 76, abril-junio 1989, p. 27.

[4]Ibidem, p. 28.

[5] Ibidem.

[6] Garrido Puello, Emigdio. Olivorio. Un ensayo histórico. Librería Dominicana, Santo Domingo, 1963, p.19.

[7] Ibidem.

[8] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Estudios Sociales Año XXII, Número 76, Santo Domingo, abril-junio 1989, pág. 19.

[9] Garrido Puello, Emigdio. Olivorio. Un ensayo histórico. Librería Dominicana, Santo Domingo, 1963, págs.20 y 22.

[10] Gobierno de Concentración Nacional. Colección de Leyes, Decretos y Resoluciones de los Poderes Legislativo y Ejecutivo de la República 1916-1918, Tomo 24, Gaceta Oficial No. 2758. Santo Domingo: Impresora ONAP, 1983, p. 6.

[11] Ibidem.

[12] Knight, Melvin M. Los americanos en Santo Domingo. Ciudad Trujillo: Universidad de Santo Domingo, 1939, pp. 90-91.

[13] Fuller, Stephen M. & Cosmas, Graham A. Marines in the Dominican Republic 1916-1924. Washington, D.C.: History and Museums Division Headquarters, U. S. Marine Corps, 1974, p. 57.

[14] Garrido Puello, Emigdio. Olivorio. Un ensayo histórico. Santo Domingo: Librería Dominicana, 1963, pp. 33-36.

[15] Garrido, Víctor. En la ruta de mi vida, 1886-1966. Santo Domingo: Impresora Arte y Cine, 1970, pp. 103-104.

[16] RG 38 Military Government of Santo Domingo. Chief Naval Operations 1917-1924. Washington, D.C.: Government Printing Office, 1922.

[17] Garrido Puello, Emigdio. Perlas de las plumas de los Garridos. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2009, p. 96.

[18] Ibidem, pág. 97.

[19] El Listín Diario, en su primera plana del 29 de junio de 1922, Núm. 9936, informa la muerte de Olivorio Mateo.

[20] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Santo Domingo: Estudios Sociales Año XXII, Número 76, abril-junio 1989, p. 46.

[21] Novas, José C. Los Gavilleros. La lucha nacionalista contra la ocupación 1916-1924. Santo Domingo: Argos, 2016, p. 105.

[22] EI Cable, 11 de julio de 1922, San Juan de la Maguana.

[23] Parte de la salve cantada en honor de Olivorio Mateo, integrada a una canción interpretada por el cantautor, investigador musical y creador del Grupo Músico-Vocal Convite, Luis -Terror- Días.

Juan De la Cruz

Historiador y profesor universitario

Juan de la Cruz. Doctor en Historia Contemporánea y Máster Universitario en Filosofía en el Mundo Global, Universidad del País Vasco, España. Doctorado en Ciencias de la Educación, Universidad de Ciencias Pedagógicas “Enrique José Varona” de Cuba y Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Maestría en Educación Superior, Universidad Iberoamericana (UNIBE). Licenciado en Historia, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Docente de la Escuela de Historia y Antropología de la UASD. Comunicador Social. Premio Anual de Historia 2017 “José Gabriel García”, Ministerio de Cultura de la República Dominicana. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Autor de más de una docena obras de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía. delacruzjuan508@gmail.com

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