En cada época se construyen maneras de pensar con estructuras, cualidades, contenidos y apariencias distintas. En algunos casos, esas características trascienden otras épocas y luego se degeneran, mutan o superan los modelos o cánones. Por ejemplo, en la Edad Media, el teocentrismo dominaba los debates del pensamiento y, en la modernidad, cambió su cualidad y su apariencia hacia el antropocentrismo o la razón humana. A este tema se refieren Michel Foucault, en el texto Las palabras y las cosas: una arqueología de las ciencias humanas (1997); Arthur O. Lovejoy, con su planteamiento en La gran cadena del ser: historia de una idea (1983); y Thomas S. Kuhn, en La estructura de las revoluciones científicas (2013), entre otros. Se nos ocurre reflexionar sobre cómo piensa y actúa el individuo posmoderno en su contexto. Para definirlo, debemos remitirnos a los pensadores que articulan un discurso con rasgos identitarios de la época, influido por manifestaciones disruptivas del pensamiento y de la forma de actuar del individuo y de las sociedades. Encontramos, entre tantos, a Bauman, Z.; Han, B.-C.; Jameson, F.; Lipovetsky, G.; y Lyotard, J.-F. Afloran los temas del pensamiento y la acción, marcados por el desencanto de los grandes relatos y la fragmentación de la identidad. Se vive en un mundo de escepticismo que rechaza las verdades absolutas y presenta una identidad fragmentada. El consumismo se convierte en un valor espiritual, en la búsqueda de una felicidad efímera. Las ansias de encontrarle sentido a la vida se dirigen hacia la materia, el objeto y las marcas. Como expresa Baudrillard (2009): “El consumo es un mito. Es decir, es un hablarse a sí misma de la sociedad contemporánea (…) Nuestra sociedad se concibe y se define a sí misma a través del consumo. Estas son sociedades segregadas y divididas, con los preceptos morales de la modernidad puestos en tela de juicio, que terminan por ser burlados y rechazados. Se juega con las formas y la esencia, y se desarraiga el pensamiento interior. La autorreflexión se asume entre el vacío y la ironía.
El juego de las formas y los signos
En la práctica posmoderna se disuelven las formas, las jerarquías y el orden propios del modernismo. Se construye una nueva realidad a partir de los signos y los ritmos cotidianos porque se experimenta una pérdida de referencia; se produce una desconexión entre la imagen, la interpretación de la realidad y la palabra. Se juega con las formas y las imágenes, construidas y no construidas; se invierten y se subvierten los sentidos de las cosas. Lo que antes ayer era bueno, hoy es malo y viceversa. Es que las rupturas y las caídas de redes y dominios espirituales han puesto en crisis los conceptos clásicos sobre la esencia. El juego de las formas se expresa en la arquitectura, en la ilusión de las curvas, donde el brasileño Oscar Niemeyer soñaba con la utopía de esos trazos, el vuelo de la libertad y la democracia. Ese rasgo inspirador no es posmodernista. Se toman del arte renacentista, del Art Déco y de otros elementos clásicos, como la burla decorativa, que prioriza la superficie y el espectáculo visual, tal como se postula en los fundamentos teóricos de Venturi et al. (1972/2011).
En la literatura
En la literatura posmodernista, el juego de las formas se aprecia tanto en la ruptura de la linealidad tradicional (inicio, nudo y desenlace) como en el cuestionamiento radical de la noción de realidad. Hay una ruptura de la estructura: esta se vuelve fragmentaria y el lector se convierte en un ente activo, como sucede en Rayuela, de Julio Cortázar, o en la metaficción borgiana a la que ya nos hemos referido. La literatura dialoga con la literatura, aunque no con criterios reflexivos y emancipadores. No lo hace para profundizar críticamente en la condición humana, sino para recordarle al lector, con un humor cínico o descreído, que todo es una simulación, un truco de magia y que no existe ninguna verdad profunda que rescatar tras las palabras [Baudrillard, 2009]. Siguiendo el orden de las ideas del autor citado anteriormente, los signos posmodernos son imágenes, representaciones o símbolos que no se refieren a una realidad real, sino a otros signos, lo que da como resultado la pérdida de referencia, el simulacro, el juego, la multiplicidad de significados y el pastiche, que es la imitación de géneros del pasado en la que se combina la cultura de las élites y la popular con el fin de parodiar o ridiculizar.
El lenguaje utilizado en el discurso literario también sufre cambios importantes. Se recuerda que el discurso barroco tenía sus propias características lingüísticas y estéticas, al igual que el romántico o el modernista.
El libro en formato digital o electrónico revoluciona la presentación de las obras literarias. Se ha originado una nueva estética de la exposición y de la manipulación del texto. Se pasa de inmediato a otra forma de aprehender y visualizar la creación artística mediante dispositivos tecnológicos que incorporan mecanismos de corrección, edición e impresión.
Les invito a que hagamos un ejercicio utilizando la inteligencia artificial (con intención pedagógica) para la producción de textos y, de esta manera, observamos las diferencias. Seleccionamos el párrafo anterior y lo presentaremos en distintos estilos.
Ejemplo 1. Estilo posmodernista: hiperconectado y líquido, inspirado en Zygmunt Bauman.
«El libro e-book o digital desmaterializa la rigidez de la obra literaria tradicional, diluyendo el objeto físico en una estética líquida de exhibición y consumo instantáneo. El texto ya no se posee; se experimenta de forma fragmentada en pantallas flotantes. Es un flujo constante en el que las tecnologías de edición inmediata borran la frontera entre el autor, el editor y el lector en tiempo real.»
Ejemplo 2. Estilo cínico o de simulacro (inspirado en Jean Baudrillard)
«Más que una revolución, el formato digital opera como un simulacro que fractura la sacralidad de la literatura. La obra muta en un archivo hackeable, maleable y efímero que se aprehende a través de interfaces táctiles. Aquí, los algoritmos de corrección automática y la autoedición perpetua convierten al texto en un objeto en constante metamorfosis, donde la impresión física es solo un eco del pasado.»
Ejemplo 3. Estilo de "Cultura del Burnout" o hiperestimulación (inspirado en Byung-Chul Han)
«La digitalización del libro acelera el ecosistema literario, transformando la lectura en un estímulo multitarea dentro del espacio virtual. La visualización se vuelve inmediata y algorítmica: los dispositivos portátiles introducen bucles de corrección y edición instantáneas, forzando al texto a existir en un estado de actualización permanente que desafía las nociones estables del tiempo y el espacio.»
Practicaremos con otro ejemplo: un poema escrito en varios estilos. El primero es de creación humana; los demás son productos de la inteligencia artificial.
Ejemplo 0. (Poema de origen humano)
«Posiblemente mañana caerán tus hojas
como espejos que se rompen
Posiblemente yo también eche raíces
y sorba de la tierra lo que no respiro en el aire
posiblemente esta pena no la compartamos
porque en vez de otoño
amanece un invierno trasnochado
Somos tan grandes que la tierra no nos basta
para sacudirnos el polvo
Somos tan amigos que no hacen falta brazos
para estrecharnos las manos.
Nos queremos tanto que para hablarnos
no hacen falta bocas…»
Ejemplo 1. Estilo posmodernista: hiperconectado y líquido, inspirado en Zygmunt Bauman.
(El mismo poema de origen producido con IA)
«Posiblemente mañana se borren tus perfiles
como pixeles que se desvanecen en la pantalla.
Posiblemente yo también eche raíces en la nube
y sorba de los datos lo que ya no respiro en el aire.
Posiblemente esta pena no la compartamos,
porque en vez de otoño,
amanece un invierno de notificaciones frías.
Somos tan globales que la tierra no nos basta
para sacudirnos el polvo analógico.
Somos tan contactos que no hacen falta brazos
para estrecharnos las manos a través de la interfaz.
Nos queremos tanto en la distancia virtual
que para hablarnos…
no hacen falta bocas,
solo un doble clic en el vacío de la red…»
Ejemplo 2. Estilo cínico o de simulacro (inspirado en Jean Baudrillard)
(El mismo poema de origen producido por IA)
«Posiblemente mañana caduque tu interfaz,
como espejos de silicio que estallan en glitches.
Posiblemente yo también eche raíces en el servidor
y sorba del algoritmo lo que ya no respira el plano físico.
Posiblemente esta pena sea solo un sesgo no compartido,
porque en vez de otoño,
amanece el invierno artificial de un filtro trasnochado.
Somos tan hiperreales que la tierra es un concepto obsoleto
para sacudirnos el polvo de los datos.
Estamos tan proyectados que no hacen falta brazos
para simular el estrechar de manos en el vacío del código…»
Ejemplo 3. Estilo de "Cultura del Burnout" o hiperestimulación (inspirado en Byung-Chul Han)
(El mismo poema de origen producido por IA)
«Posiblemente mañana colapsen tus defensas,
como pantallas que se quiebran bajo la presión del rendimiento.
Posiblemente yo también eche raíces en la autoexplotación
y sorba de la productividad lo que mi cuerpo ya no respira en paz.
Posiblemente esta pena no la compartamos,
porque no hay tiempo para el duelo en la red;
en vez de otoño contemplativo,
amanece el invierno trasnochado del insomnio laboral.
Somos tan funcionales que el mundo no nos basta
para sacudirnos el polvo de la hiperactividad.
Somos tan transparentes y estamos tan cansados»
que no hacen falta brazos…
el aislamiento digital ya nos mantiene
lo suficientemente cerca…
Si se analiza el poema de origen humano presentado en este ensayo, desde sus primeros versos se aprecia que no encaja en el posmodernismo ni en el contexto descrito por los teóricos mencionados para caracterizar esta época. Los versos iniciales —«Posiblemente mañana caerán tus hojas / como espejos que se rompen»— producen una distorsión lógica y una influencia surrealista, relacionadas con la poesía de vanguardia de los siglos XIX y XX, no con la sencillez ni el desparpajo posmodernistas. En cierta forma, los nuevos lectores, con experiencias culturales y vivencias distintas, podrían no sentirse representados en el poema y, por consiguiente, no les gustaría este tipo de literatura. Un joven, en el contexto de la posmodernidad, preferiría una poesía que conectara con los sentimientos y las emociones actuales. Surge la pregunta: ¿será que la mayoría de los poetas y narradores de hoy no conecta con las sensibilidades del presente y ancla más del 90 % de sus textos en corrientes artísticas y estéticas del pasado?
En cierta medida, encontramos en la producción poética y en la prosa de hoy una mezcla de corrientes estéticas y de otros rasgos representativos de épocas pasadas. Es evidente cómo se entrecruzan el realismo, el romanticismo, el surrealismo, el existencialismo y, en menor medida, el posmodernismo. Se produce una especie de hibridismo o de eclecticismo estético. Pero eso no es poesía ni narrativa posmodernista. ¿Será este un indicador del poco interés por la lectura, en especial por la poesía, en la juventud de este tiempo? Habría que analizarlo sometiendo este juicio a validaciones científicas.
No se debe olvidar que toda manifestación estética tiene antecedentes que la sustentan y la enriquecen. El surrealismo no podría haberse producido sin la noción de realidad, ni la estética posmoderna sin el influjo de la estética modernista y de otras fuentes que generan la conocida intertextualidad y la continuidad histórica.
La genialidad del arte consiste en resumir la experiencia humana a través de versos, prosa o cualquier otra manifestación estética, logrando integrar lo terrenal con lo cósmico.
CONTINUARÁ
Domingo 27 de septiembre de 2026
Publicación para Acento No. 191
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