La Universidad Autónoma de Santo Domingo -UASD- fue creada el 28 de octubre de 1538 mediante la bula “In Apostolatus Culmine” emitida por el Papa Paulo III, para desarrollar su accionar académico en Santo Domingo. Desde entonces, la primera universidad del Nuevo Mundo recibió el nombre de la Pontificia Universidad de Santo Domingo, como parte de las gestiones realizadas por los sacerdotes de la Orden de los Predicadores “Santo Domingo de Guzmán”, quienes iniciaron su labor religiosa y educativa a partir de 1510.
El 10 de noviembre de 1509 se le entregaron al padre fray Pedro de Córdoba, viceprovincial de la Orden de los Predicadores, siete mil cuatrocientos veinticinco maravedís, los cuales se utilizaron para la subsistencia que fuera menester para él y los otros tres frailes que vendrían a las Indias en compañía de los quince frailes y tres seglares de esta otra parte.
“Cédula del Rey Católico y pagos del Tesorero a los religiosos dominicos que pasaron a Indias en los años 1509-1511.
Traslado de una carta de su Alteza por la cual manda a los oficiales de esta Casa (de Contratación) que paguen el pasaje y mantenimientos de quince frailes de la Orden de Santo Domingo que pasan a las Indias:
EL REY — Nuestros oficiales de la Casa de la Contratación de las Indias que residís en la ciudad de Sevilla. La Orden de Santo Domingo envía a las dichas Indias quince religiosos de ella para las cosas del servicio de nuestro Señor. Por ende yo vos mando que a los dichos quince religiosos y a tres personas legas que llevan para su servicio les hagáis pagar su pasaje hasta llegar a la Isla Española y los proveáis de lo que hubieren menester para su mantenimiento hasta la dicha Isla; que con esta mi carta y con testimonio de lo que montare en lo susodicho mando que sean recibidos y pasados en cuenta a vos el Tesorero de la dicha Casa los maravedís que para ello diereis y pagareis. Fecha en Arcos a once días de febrero de 1509 años. Yo el Rey. Por mandado de su Alteza, Lope Conchillos.”[1]
Tras obtener la Real Cédula de fecha 11 de febrero de 1509, que concedía el pase a las Indias a 15 religiosos y 3 personas laicas, el grupo pionero de los dominicos arribó a Santo Domingo, a través del puerto del río Ozama, en La Española, en los últimos días de septiembre de 1510.
En sucesivas expediciones los dominicos llegaron a Santo Domingo hasta completar el número de 15 frailes. De inmediato procedieron a la fundación de la Casa de los Apóstoles, a la creación del Convento de los Dominicos y al establecimiento del Centro de Estudios Generales, lugar donde se registraron las primeras experiencias pedagógicas en estudios de mayor nivel que los elementales en La Española.
En el Centro de Estudios Generales se destacaron figuras de la talla de fray Pedro de Córdoba, como Vicario Provincial y creador del Primer Catecismo Cristiano para Indios, Fray Bernardo de Santo Domingo, Fray Domingo de Villamayor y Fray Antón de Montesinos, quien el 21 de diciembre de 1511 pronunció el Sermón de Adviento frente al Virrey Diego Colón, su corte y los encomenderos de la ciudad de Santo Domingo, en nombre de la Orden de los Predicadores, siendo algunas de sus palabras las siguientes:
“Voz del que clama en el desierto. Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquellos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine y conozcan a su Dios y creador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis, esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad, de sueño tan letárgico, dormidos? Tened por cierto, que en el estado que estáis, no os podéis más salvar, que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe en Jesucristo.”
Concluida la misa, el virrey Diego de Colón y los oficiales reales se dirigieron al convento de los dominicos para regañar al predicador por el escándalo sembrado en la ciudad, acusarlo de "desobediencia" al Rey y exigirle que se retractase en público el domingo siguiente. Siete días después, Fray Antón Montesino volvió a subir al púlpito y, lejos de desdecirse, se ratificó en las denuncias y afirmó que los encomenderos no podían salvarse si no dejaban libres a los indios y que irían todos al infierno si persistían en su actitud explotadora. El sermón provocó mayor alboroto que el del domingo anterior, y los oficiales reales enviaron al rey cartas de protesta contra los frailes.
Fray Antón Montesino fue enviado a España para que diera cuenta y razón de su Sermón al rey Fernando II, el Católico. Tras vencer múltiples obstáculos e impedimentos, Montesinos logró entrevistarse con el soberano, a quien expuso un largo memorial de los agravios de los conquistadores contra los indios: hacerle la guerra a gente pacífica y mansa, entrar en sus casas y tomar a sus mujeres, hijas, hijos y haciendas, cortarles por el medio, hacer apuestas sobre quién les cortaba la cabeza de un tajo, quemarlos vivos e imponerles trabajos forzados en las minas, entre otras malas acciones.
Aquel sermón, el inicio del cristianismo liberador, el reconocimiento de la dignidad de los indios y el respeto a la diversidad cultural y religiosa en la América nativa. Tres años después, Bartolomé de Las Casas renunciaba a su función de encomendero, se convertía en el defensor de los derechos de los indios y, según el filósofo Enrique Dussel, el Sermón de Adviento se constituiría en el germen de la Teología de la Liberación y la Filosofía de la Liberación, que él y otros filósofos y teólogos latinoamericanos han venido sustentando.
En 1512 los dominicos dieron el primer paso para la creación de otra unidad educativa en la Catedral de Santo Domingo, orientada a desarrollar la enseñanza media y algunas materias de nivel superior para clérigos, servidores de la iglesia y los diáconos que así lo desearan, por disposición del obispo Fray García de Padilla.
Por medio de una Real Cédula de febrero de 1513 se dispuso que “los hijos de caciques de La Española que muestren buena disposición sean enseñados en el arte de la gramática, entre otras cosas de ciencias, por el Bachiller Heruam Xuares”, que era un encomendero.
Todo apunta a que el aprendizaje de los “hijos de caciques de La Española”, iniciado por los dominicos tuvo gran éxito, ya que años más tarde los representantes de la Orden de Predicadores solicitaron a la monarquía que le fuera permitido enviar a la península Ibérica niños, indios de letras, para que, al retornar a La Española, ya mejor formados, contribuyeran a la enseñanza del apostolado cristiano entre sus etnias.
El resultado positivo de la labor educativa realizada por los dominicos en La Española motivó a que en 1518 el rey Carlos I de España y Carlos V de Alemania enviara al Monasterio de Santo Domingo seis frailes y estudiantes para “enseñar y tomar los hábitos”. El número de seis indica que la población de estudiantes aumentaba. De igual modo, en mayo de 1523 se instruyó que: “al que leyere Gramática en Santo Domingo le den los oficiales 30,000 maravedíes de salarios”.
Sin embargo, todo parece indicar, que la labor educativa de los dominicos no gozó del apoyo de las autoridades coloniales, ya que en marzo de 1530 el Presidente de la Real Audiencia y Obispo, Sebastián Ramírez Fuenleal, en lugar de apoyar los esfuerzos desplegados por los sacerdotes de la Orden de los Predicadores, en carta dirigida a la monarquía sugiere que: ¨(…) se podría fundar un colegio, donde fuesen enseñados en la fe los naturales y los hijos de los que han venido; también maestros de todas las ciencias¨.
Los dominicos tuvieron grandes diferencias con los franciscanos y con otras órdenes religiosas tanto en la isla La Española como en el resto de América, en relación con la política indigenista, que tuvieron que ser dirimidas en varias ocasiones, hasta en los mismos linderos de la Corte de Madrid, donde cada orden trató de imponer su control en la educación.
A pesar de todas las dificultades, los esfuerzos de los dominicos orientados al desarrollo de la educación continuaron de forma sostenida. Fue así como, en el año 1532, de la mano del bachiller Álvaro de Castro, clérigo de la Orden y tesorero de la Catedral de Santo Domingo, se creó la Cátedra de Sagrada Teología en el monasterio de la Orden de los Predicadores de Santo Domingo. El regente de este monasterio, Fray Antón de San Martín, fue elegido para ocupar esa cátedra por cuatro años.
La fundación de una institución dedicada a la educación superior estuvo en correspondencia con el nivel de desarrollo socioeconómico de La Española y la trascendencia que tuvo la ciudad de Santo Domingo, en tanto puerto que sirvió de base a la expansión colonial de España por el Nuevo Mundo, lo que había sido consignado en una carta del Cabildo Secular del 20 de julio de 1538.
Ese honor lo obtuvieron los dominicos con la promulgación de la Bula In Apostolatus Culmine emitida por el Papa Pablo III el 28 de octubre de 1538, con la creación de la Pontificia Universidad de Santo Domingo, la cual obtuvo su reconocimiento oficial mediante la Real Cédula del 23 de febrero de 1558, en el reinado de Felipe II. A partir de lo cual se le otorgó formalmente el título de “Real y Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino”.
“LA BULA IN APOSTOLATUS CULMINE”[2] DEL PAPA PAULO III[3]
Pablo Obispo, Siervo de los Siervos de Dios.
Ad Perpetuam Rei Memoriam.
(Para perpetua memoria del asunto)
E X O R D I O
Colocados, por Divina disposición, en la cumbre del apostolado, si bien carentes de méritos proporcionados para ello, y considerando en lo íntimo de nuestro pecho, los frutos agradables, así a Dios como a la República cristiana, que nacen, como es cosa notoria, del estudio de las letras, queremos acudir a aquellos arbitrios, merced a los cuales se pueda atender, tanto a los fieles como a los religiosos de observancia regular consagrados al Altísimo (singularmente cuando así lo solicitan sus superiores), a fin de que prosiguiendo en sus estudios, les sea dable lograr los honores y premios correspondientes a sus faenas. Viendo pues en el Señor, como cosa que atañe a Nuestra Apostólica Misión, que es cosa harto conveniente y saludable, de buen ánimo se lo concedemos.
PETICIÓN Y EXPOSICIÓN DE MOTIVOS
En efecto, en una solicitud que nos fue recientemente presentada, por nuestros amados hijos, el Maestro Provincial de la Provincia de Santa Cruz (así denominada conforme a la usanza y costumbre de la Orden de los Hermanos Predicadores), por el Prior y los hermanos de la casa de Santo Domingo, se contenía lo siguiente: Que en tiempo atrás, mirando ellos que los habitantes de las islas del mar océano, en las que está la dicha ciudad, eran infieles y rendían culto de adoración a los ídolos; ganosos de extirpar radicalmente esta infidelidad y de plantar árboles que llevasen frutos sazonados; movidos por el deseo de iluminar la ciudad de los infieles con predicaciones y vida ejemplar, encaminaron (ayudados de la Divina gracia) a innumerables personas de ambos sexos, mediante el bautismo, al culto de la religión cristiana y pusieron empeño en convertirlos a la fe católica. Desde el tiempo de esa conversión, aun fuera de allí, predicando de manera incesante, cosecharon copiosísimos frutos de la heredad del Señor.
A la dicha ciudad, que es ya sobremanera insigne, situada en apartada región y de todo punto ignorante de las sagradas letras, suele afluir numerosa muchedumbre de gentes procedentes de las islas circunvecinas, así para avecinarse con ella, como para entender en negocios. Si en ella, donde ya florece un estudio general, recientemente erigido por autoridad apostólica, pero que carece de los privilegios e indultos apostólicos necesarios para promover a los grados que suelen concederse en las Universidades de Estudios Generales de los Reinos de España (a quien, como se sabe, están sujetas las dichas islas), sin en ella, para la dirección de dicho Estudio General, se erigiese y fundase, por manera perpetua, una semejante Universidad General de Doctores, Maestros y escolares, con sello, arca y demás insignias acostumbradas, con preeminencias, libertades, exenciones e inmunidades, al modo de la de Alcalá, en la diócesis de Toledo, esa ciudad, acrecentándose por esta causa sus moradores, vendría, sin ningún género de dudas, a ser realzada en gran manera.
Con la fundación de dicha Universidad General, serían, además, más fervientemente instruidos en la religión cristiana, los naturales y moradores tanto de la ciudad como de las mencionadas islas, y se .miraría en mucho, por el honor, comodidad y holgadura, del propio Provincial, del Prior y los Hermanos, quienes, estimulados, cobrarían mayores ánimos para entregarse a las obras de virtud y caridad.
Estos motivos indujeron al P. Provincial, al Prior y a los Hermanos, a suplicarnos humildemente, que fundásemos y erigiésemos, en forma perpetua, en dicha ciudad, la referida Universidad de Doctores, Maestros y Escolares al modo de la de Alcalá, que es la preferida, Universidad que ha de ser regenteada y gobernada por un Regente a quien ha de denominarse Rector. Requirieron pues, que por Benignidad Apostólica, Nos dignásemos otorgarle que los alumnos, tanto seculares como de cualquier Orden Regular, y aun los que allí acudiesen de cualquier otra región, con tal que hubiesen cursado y llevado a buen término sus estudios en una lícita facultad de letras, y se guardasen las debidas normas (como está en uso en las predichas Universidades), pudiesen ser promovidos a los grados de Bachilleres, de Licenciados, de Doctores y de Maestros, sujetándose al debido examen, asistiendo cuatro Doctores de la misma facultad, nombrados o delegados para ello, por el antedicho Prior y Rector de la Universidad de Santo Domingo; Doctores que, recibiendo las promesas juradas, puedan conferirle los dichos grados y entregarles las usuales insignias; y a falta de ellos (de los cuatro doctores) pueda promoverlos y entregarle las insignias el Regente de la Universidad o el Obispo de Santo Domingo en ese tiempo existente.
Solicitaron, asimismo, facultad para traer, cuando fuese menester, lectores de otras partes, señalarles lecciones, fijarles congrua remuneración si el tesoro de la Universidad lo sufre. Piden además poder, para trazar ordenanzas (como en las predichas Universidades), mudarlas, enmendarlas y reformarlas, y hacer cuanto fuese de lugar, de suerte que puedan estatuir y mandar exigiéndolo la necesidad y conforme, según su criterio, juzgasen oportuno.
CONCESIÓN DE LO PEDIDO
Nosotros, deseando honrar con singulares favores y gracias al sobredicho Prior y Hermanos, nos sentimos inclinados a acceder a dichas súplicas y absolviéndolos (únicamente para los fines que atañen al logro de esta petición), de cualquier excomunión, suspensión o entredicho, u otra cualquiera sentencia eclesiástica, absolviéndolos decimos, de censuras y penas sea “por derecho” sean “por el hombre”, en que hubiesen por cualquier causa incurrido, y teniéndolos ya por absueltos, en virtud de Nuestra Autoridad Apostólica y por tenor de las presentes, erigimos y fundamos en la dicha ciudad, una semejante Universidad de Doctores, Maestros y estudiantes, al modo de la Alcalá, la cual ha de ser regida y gobernada por un Regente a quien se denominara Rector.
Mandamos también y ordenamos que los alumnos, tanto seculares como de cualquier Orden Regular, y los que allí concurriesen de otras regiones, con tal que hayan cursado y terminado sus estudios en una lícita facultad de letras y se me ajusten a las debidas normas (como está en uso en las predichas Universidades), puedan ser promovidos a los grados de Bachilleres, de Licenciados, de Doctores y de Maestros, sujetándose al debido examen ante cuatro Doctores de la misma facultad, nombrados o delegados para ello, por ante dicho Prior y Rector de la Universidad de Santo Domingo; doctores que, recibiendo la promesa jurada, puedan conferirle los dichos grados y entregarles las acostumbradas insignias; y a falta de ellos (de los cuatro doctores) pueda promoverlos y entregarles las insignias el Regente o el Obispo de Santo Domingo. Les concedemos, por igual modo, asignarles las lecciones y fijarles congrua soldada, si así lo sufre el caudal de la Universidad de Santo Domingo.
Quedan también autorizados para hacer, libre y lícitamente, ordenanzas (como en las predichas Universidades), cambiarlas, enmendarlas y reformarlas, y cuanto fuere de lugar, de suerte que puedan estatuir y mandar, exigiéndolo la necesidad, y conforme a su criterio juzgasen oportuno.
A norma de lo solicitado, concedemos también por Nuestra Autoridad, al tenor de las presentes, que los promovidos en dicha Universidad de Santo Domingo a los grados de Bachilleres, de Licenciados, Doctores y Maestros respectivamente, posean, usen y gocen, libre y lícitamente, en cualquier modo en lo futuro, de todos y cada uno de los privilegios, indultos, inmunidades y favores, que poseen, usan y gozan, los que son promovidos a los mismos grados en las Universidades de Alcalá, de Salamanca o cualquier otra Universidad de dichos Reinos, según sus ritos y costumbres.
SE DEROGA CUANTO PUEDA HABER EN CONTRARIO
Esto pues concedemos sin que pueda sufrir menoscabo por lo que en contrario se acertase a hallar, en lo dictado en otras Letras Apostólicas, Provinciales o Concilios Sinodales, en constituciones generales o especiales, en ordenanzas y privilegios, en Letras Apostólicas concedidas a cada una de las universidades de dichos Reinos, en cualquier forma hayan sido formuladas, aún las concedidas a manera de “voluntad propia”, confirmadas por pragmáticas de dichos Reinos, por Estatutos Municipales, a despecho de que gocen de aprobación Apostólica o estén asegurados por otra cualquier fuerza.
Todo esto, por tanto, lo derogamos, sin que sea parte para impedirlo que en los referidos documentos se hubiese hecho constar que para ser derogado será preciso hacer de ellos y de su total contenido, mención específica, explícita y particular y no una mención contenida en cláusulas generales. Los derogamos (así en ellos se declarase expresamente que no podían ser invalidados o derogados), como si estuviesen aquí insertados letra por letra, en su propia forma y estilo, sin perjuicio de que conserven su vigor obligatorio con relación a otras cosas a las que puedan referirse; por lo que hace a lo presente quedan derogados, no importa todo lo que en contrario pueda haber.
PENAS CONTRA LOS QUE OSASEN OPONERSE
A nadie pues, absolutamente a nadie le sea lícito violar o temerariamente oponerse a estas Nuestras letras de absolución, de erección, de fundación, de estatuto, de concesión, de indulto, derogación y voluntad.
Si alguien intentase semejante cosa, sepa que incurrirá en la indignación de Dios Omnipotente y de los Bienaventurados Apóstoles San Pedro y San Pablo.
Dado en Roma, en San Pedro, el año mil quinientos treinta y ocho de la Encarnación del Señor, a veinte y ocho de octubre, año cuarto de Nuestro Pontificado.
Joan de Fidar. El M. Joan Mileti. Maximi Joanes Beregno. F. Balbano Rialdas. D. de Dam. sol. a Bavirino, etc., et rect. Sc. Oalis de Marie. Dedina Radienas.”
CÉDULAS REALES PARA PROFESORES, CÁTEDRAS Y COLACIÓN DE GRADOS EN LA ESPAÑOLA
A continuación se presenta el contenido de las Cédulas Reales sobre Profesores, Cátedras y Colación de Grados en La Española:
“Cédulas reales sobre profesores, cátedras y colación de grados en la Española
1.- Presidente e Oidores de la nuestra Audiencia real que reside en la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española y Justicia y Regimiento de la dicha ciudad. Bien sabéis como por nos está ordenado y mandado (por cédula real de 23 de febrero de 1558) que en esa ciudad haya un Estudio e Universidad de todas ciencias, e que las rentas que dejó Hernán Gorjón para un estudio e universidad y otras cosas sea e quede aplicada para la dicha universidad para que la tenga por dote e hacienda propia de que se paguen los salarios de las cátedras y fábrica de las escuelas y las otras cosas necesarias de ellas, después de haberse gastado lo necesario en las capellanías que el dicho Hernando Gorjón instituyó y en las otras obras pías que él mandó hacer; y cómo ansí mismo cerca del gobierno y orden que ha de tener el dicho estudio y las cátedras e salarios de ellas que han de tener de la hacienda del dicho Hernán Gorjón y otras cosas concernientes a la buena orden y administración de ella os está por nos dada licencia para que vosotros juntamente hagáis las ordenanzas que os pareciere e viéredes convenir, las cuales enviéis ante nos al nuestro Consejo de las Indias para que, si pareciere convenir se confirme, e si no, se provea lo fuéramos servido. Y ahora nosotros porque desde luego se comience a leer en esa universidad que así hemos mandado hacer ciencias convenientes, habremos acordado de enviar a ella a fray Joan de Bustamante y a fray Reginaldo de Salazar, de la Orden de Santo Domingo, los cuales son personas doctas y cuales conviene para el dicho efecto. Y como quiera que Baltasar García en nombre de dicha Justicia y Regimiento ha dado petición ante nosotros diciendo que el proveer de los dichos catedráticos y señalarles el salario que han de haber y hacer todo lo demás que convenga al dicho estudio pertenece a vosotros como a patrones, y que no os deberían entremeter vos el dicho nuestro Presidente e Oidores en cosa de ello, ha parecido que sin embargo de ello por ahora deben ir los dichos fray Joan de Bustamante y fray Reginaldo, y cometeros a los unos y a los otros lo que en ello se ha de hacer. Y así vosotros mando que, llegados que sean a esa ciudad, deis orden que entre tanto que por nosotros, vistas las ordenanzas estatutos que os está mandado que hagáis para el dicho estudio y universidad, nos las enviéis y se provea lo que convenga, sean recibidos en esa universidad por catedráticos, y que sirvan en ella leyendo teología y sagrada escritura. Y señalarles de los dichos bienes del dicho Hernán Gorjón el salario que os pareciere en cada un año por el tiempo que sirvieren las dichas cátedras; lo cual así haced y cumplid sin perjuicio de la posesión e propiedad que vosotros la dicha Justicia y Regimiento pretendéis tener de proveer las dichas cátedras y ser patrones del dicho estudio. Fecha en Toledo a 23 días del mes de diciembre de mil quinientos cincuenta y nueve años. Yo el Rey. Refrendada de Eraso. Señalada de Birviesca. Do. Vázquez. Agreda. Castro. Jarava.[4]
2.- Presidente e Oidores…. (reproducción de la cédula anterior, prosiguiendo luego): Y ahora nos somos informado que el dicho fray Reginaldo de Salazar, por impedimentos que ha tenido, no pasa ni puede pasar a esa isla; y hemos proveído que en su lugar vaya fray Ambrosio Merino, de la dicha Orden de Santo Domingo. Por ende, yo vos mando que veáis la dicha nuestra cédula que de su uso va incorporada, y yendo a esa isla el dicho fray Ambrosio Merino, proveáis que se haga con él lo que se había de hacer con el dicho fray Reginaldo, y que con el dicho fray Juan de Bustamante y con él se cumpla lo en la dicha nuestra cédula contenido, bien así como si fuera el dicho fray Reginaldo. Fecha en Aranjuez a diecinueve de mayo de mil quinientos y sesenta años. Yo el Rey. Refrendada de Eraso. Señalada de don Juan Sarmiento. Vázquez. Agreda. Valderrama.[5]
3.- El Rey. Presidente e Oidores de la nuestra Audiencia Real que reside en la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española.
Fray Andrés López, procurador general de la Orden de Santo Domingo, en nombre del prior, frailes y convento del monasterio de la dicha Orden de esa ciudad me ha hecho relación que en el dicho monasterio hay una bula que su Santidad Paulo III dió el año pasado de mil y quinientos y treinta y ocho por la cual su Santidad, a suplicación del provincial de esa Isla y del prior del dicho monasterio, erigió una universidad en la dicha ciudad, teniendo atención al bien común de ella; y que así desde su concesión y conforme a ella hasta agora en esa dicha ciudad se habían hecho los ejercicios de letras y dándose grados según y de la manera que se dan en las universidades de estos reinos. Y que ahora el Fiscal de esa Audiencia pidió cesase el dicho ejercicio y que se anulasen los grados que se hubiesen dado, pues no había cédula nuestra para poner en ejecución la dicha bula. Y me suplicó en el dicho nombre que, pues en todo el dicho tiempo no habían sucedido ningunos inconvenientes, sino mucho servicio de nuestro Señor y aumento de la dicha ciudad, por la comodidad que las personas dadas al estudio tenían para ejercitarse en él, y con los grados que hasta aquí se habían dado como en los demás que en adelante se diesen, y que se usase de la dicha bula según que lo habían hecho hasta el día que se lo había puesto el dicho impedimento, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo de las Indias juntamente con el traslado autorizado de la dicha bula y cierta información que en él fué presentada, porque yo quiero ser informado de lo que en lo susodicho pasa y si conviene que en el dicho monasterio se den los dichos grados como los han dado hasta aquí en virtud de la dicha bula y gracia de su Santidad, o si sería bien que cese de aquí adelante y se revoquen y anulen los grados que se han dado, o si de ello se seguirá algún inconveniente y por qué causa, vos mando que lo veáis y enviéis ante nos el dicho nuestro Consejo de las Indias relación particular juntamente con vuestro parecer de lo que se debe proveer, para que en él se vea y mandemos proveer cerca de ello lo que más convenga al servicio de Dios y nuestro. Fecha en el Bosque de Segovia a diecinueve días del mes de noviembre de mil quinientos setenta años. Yo el Rey. Refrendada de Antonio de Eraso. Señalada del Consejo.[6]
4.- El Rey. Presidente y Oidores de mi Audiencia Real que residen en la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española.
Por parte de la provincia de Santa Cruz de la Orden de Santo Domingo de esa isla se me ha hecho relación que por orden del emperador y rey mi señor que sea en gloria se fundó en esa dicha ciudad e isla universidad donde se leyesen gramática, cánones y leyes y se dotaron cátedras para ello, olvidándose la de mayor importancia, que era cátedra y lección de teología moral, la cual encargaba el santo Concilio (de Trento) en las iglesias catedrales, y que no la había en esa dicha ciudad, suplicándome que, pues tanto importaba al bien público y servicio de nuestro Señor y mío, mandase fundar la dicha cátedra y que la dotase con salario competente; y que no habiendo lo sobredicho lugar, mandase que el arzobispo de esa isla o esa mi real Audiencia convirtiese la renta que está situada para las dichas cátedras de cánones y leyes en salario para las de artes y teología, y que para reajustar los estudios se proveyese por oposición o nombramiento, como pareciese más conveniente al más digno.
Y visto por los de mi real Consejo de las Indias, porque quiero ser informado de lo que en esto pasa, y si hay necesidad de fundar la dicha cátedra y lección de teología moral, y habiéndola qué salario se podrá dar al catedrático que la leyere, y dónde se le podrá situar que no sea con costa de mi real hacienda, os mando me enviéis relación muy particular de todo lo sobredicho con vuestro parecer y de lo demás que cerca de ello se os ofreciere y ocurriere, para que, visto en el dicho mi Consejo, se provea lo que convenga. Fecha en San Lorenzo a veintiséis de agosto de mil quinientos noventa y cinco años. Yo el Rey. Refrendada de Juan de Ibarra y señalada del presidente y los del Consejo.
En el dicho día y año se despachó otra de la misma forma para el arzobispo de la Isla Española”.[7]
DISCIPLINAS QUE SE IMPARTÍAN Y TEXTOS RECOMENDADOS
Las disciplinas seleccionadas para la Universidad Primada de América en sus inicios fueron: Teología, Filosofía, Gramática, Matemática, Derecho y Artes. La Iglesia Católica y la monarquía española, con participación de las autoridades inquisitoriales, mantuvieron un control dogmático absoluto en cuanto a la orientación de la educación superior en la colonia, donde tanto los profesores como los estudiantes tenían que ceñirse exclusivamente a lo dicho en los textos.
Los libros de textos recomendados por los superiores dominicos y que eran utilizados en la enseñanza en la Universidad Santo Thomás de Aquino, durante casi doscientos años, eran los siguientes: En Filosofía, las doctrinas de Santo Tomás de Aquino recogidas en Summa Teológica, Summa Contra gentiles y otros, así como el Tratado de Lógica de Aristóteles; en Matemáticas, Los Elementos y la Geometría Sintética de Euclides; en Teología, selecciones de la Biblia, así como resúmenes de Santo Tomás de Aquino y Manuales de Sermones; en Gramática, el texto de Gramática Castellana de Elio Antonio de Nebrija; en Retórica, estudios de Quintiliano; en Medicina, los textos de Hipócrates, Galeno y Averroes. Esta última disciplina se comenzó a impartir en la Universidad Santo Thomás de Aquino a partir de los años finales del siglo XVIII. En la época colonial todas las cátedras, salvo la Gramática, se impartían en Latín, que muchas veces eran interpretaciones de los libros originales resumidos por el cuerpo docente de la academia.
LA INVASIÓN DE FRANCIS DRAKE A SANTO DOMINGO Y LA QUEMA DE LA BULA PAPAL ORIGINAL
La invasión del corsario inglés Francis Drake a la ciudad de Santo Domingo durante un mes, entre el 11 de enero y el 9 de febrero de 1586, fue un duro golpe para el desenvolvimiento económico, social, político y cultural de la colonia. Drake, además de pedir un rescate de 250 mil ducados, que finalmente debió reducirse a 25 mil ducados por la miseria imperante en la colonia, procedió a llevarse todas las campañas de bronce de las iglesias e incendió todas las edificaciones, lo que implicó la destrucción de todo el patrimonio documental alojado en los archivos coloniales.
Toda la documentación del siglo XVI relacionada con la génesis y evolución de la primera institución de educación superior de América fue devorada por el fuego, incluyendo el original de la Bula fundacional de la Pontificia Universidad de Santo Domingo, cuando los marinos que acompañaban al corsario inglés Francis Drake incendiaron la biblioteca del Real Convento de los Dominicos. De igual manera, su copia primigenia se extravió cuando Napoleón Bonaparte invadió Italia y ordenó el traslado de los tomos de Bulas del Archivo Vaticano a Francia, perdiéndose entre ellos el libro donde estaba la copia de la Bula In Apostolatus Culmine.
A pesar del hecho histórico e irrefutable de que el 28 de octubre de 1538 se fundó la Universidad de Santo Domingo, donde se formaron los residentes de la isla de Santo Domingo, de islas circunvecinas y de toda América, donde se expedían los títulos reconocidos tanto en España como en América, sin contradicción ni oposición por autoridad alguna, la pérdida de su documento fundacional contribuyó a que algunos historiadores y algunas universidades de América negaran su autenticidad y pusieran en tela de juicio su valor jurídico, entre ellas la Universidad de San Marcos de Lima y la Universidad Autónoma de México, las cuales reclaman de forma injustificada la primacía universitaria en América.
INVENTARIO DE BULAS PERPETUAS Y APARICIÓN DE LA COPIA DE LA BULA IN APOSTULATUS CULMINE
El investigador dominico Padre Vicente Beltrán de Heredia, catedrático de la Universidad de Salamanca, después de una búsqueda exhaustiva en los fondos del Archivo Vaticano, encontró en el año 1951, en el Inventario de Bulas Perpetuas del papa Paulo III, la partida o registro correspondiente a la Bula In Apostolatus Culmine, prueba de que ésta había sido aprobada y despachada. También encontró la solicitud de los dominicos dirigida al Papa para que su Estudio General del Real Convento de La Española fuera elevado a la categoría de Universidad.
En 1959, el historiador dominicano César Herrera encontró en el Archivo de Indias de Sevilla la copia legalizada de la Bula In Apostolatus Culmine, que data de 1542, la más antigua que se conserva. Una copia de esta última se exhibe en el Museo de la UASD. Los trabajos de esos investigadores han sido difundidos por toda América por Sor Águeda María Rodríguez Cruz, catedrática de la Universidad de Salamanca y Doctora Honoris Causa de nuestra Pontificia Universidad Autónoma de Santo Domingo, Primada de América, y, más recientemente, el investigador, cineasta y documentalista dominico-español Ángel Ruiz Bazán.
LAS DEVASTACIONES DE OSORIO Y LA DECADENCIA DE LA COLONIA
Una puñalada mortal al desarrollo de la Universidad de Santo Domingo fueron las Devastaciones de Osorio de 1605 y 1606, hecho que contribuyó a la paralización casi total del desarrollo de Santo Domingo, por cuanto trajo consigo la desolación y la miseria durante más de cien años, afectando en consecuencia todo el desenvolvimiento logrado en su incipiente ordenamiento educativo. Fue así como la ciudad de Santo Domingo fue abandonada por la mayor parte de sus pobladores con ciertas posibilidades económicas, quienes emigraron principalmente a Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Perú, Chile y México. La universidad redujo su enseñanza a las materias relativas a la formación sacerdotal. La academia recibió presiones del gobernador Osorio y de los sucesivos gobernadores, quienes lucharon por lograr su control y se plantearon designar a sus autoridades.
En un documento del 14 de abril de 1632, el padre Luis de San Miguel se dirigió a la Corona Española, en el cual pone de manifiesto la reducción de la educación superior en la colonia de Santo Domingo a su mínima expresión: “En este Convento leénse artes y dos secciones de Teología Escolástica y Moral… tiene por Bula particular las mismas preeminencias que la Universidad de Alcalá de Henares en España.”[8]
PRIMEROS ESTATUTOS DE LA REGIA Y PONTIFICIA UNIVERSIDAD SANTO THOMÁS DE AQUINO
Los primeros Estatutos de la Regia y Pontificia Universidad Santo Thomás de Aquino que se conocen fueron aprobados en 1754 y todo indica que estuvieron vigentes por espacio de varias décadas, pues se conserva una impresión realizada por el gobierno francés que encabezó Toussaint Louverture en 1801, los cuales fueron elaborados a partir de una adaptación de los Estatutos de la Universidad Alcalá de Henares de España.
Entre las cosas a destacar en esos Estatutos, además de la perspectiva escolástica que dominaba a la academia, se encuentra la oferta curricular: Derecho Civil y Canónico, Medicina, Artes, Matemáticas, Filosofía y Teología; las máximas autoridades eran electivas (Rector y Vicerrector), cuyas elecciones se celebraban anualmente y en el caso del Rector se alternaban las elecciones entre los religiosos de la orden de los dominicos y los demás maestros y doctores. Para ser Rector se requería tener 30 años o más y el grado de Doctor o de Maestro.
En la Real y Pontificia Universidad Santo Thomás de Aquino, en correspondencia con lo que ocurría con sus homologas de Europa, el Claustro Mayor era el máximo organismo de dirección, constituido por el Rector, Vicerrector, Cancelario, Decanos y Profesores. También existía un Claustro Menor, con atribuciones más bien administrativas, integrado tan sólo por el Rector, el Vicerrector y el Cancelario. Las cátedras se obtenían por oposición, salvo la de Teología y Escrituras, que proveían los prelados de la Orden de los Predicadores. La duración de la cátedra era de cinco años; pasado ese periodo volvía la oposición. El acto de graduación de un doctor era todo un acontecimiento en la ciudad de Santo Domingo.
MEJORÍA EN LA COLONIA DE SANTO DOMINGO Y AMPLIACIÓN DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR
En la década de 1760, al amparo de un intenso intercambio comercial con la zona francesa, Santo Domingo español tuvo una considerable mejoría en su economía. Esta situación favorable se reflejó en el dinamismo de los estudios superiores, tanto en la universidad como en los centros educativos religiosos: seminarios y conventos. En ese orden creció el número de alumnos y profesores, a la par que aumentó el prestigio de la enseñanza impartida en esos centros en toda la Cuenca del Caribe. Esto hizo que se ampliara el número de estudiantes procedentes de Cuba, Puerto Rico y Venezuela. Todo ello, muy a pesar de que para entonces se produjo el cierre del Colegio de Gorjón y la Universidad Santiago de la Paz de la Orden de los Jesuitas, en virtud de la expulsión de que fueron objeto los jesuitas en América dispuesta por el rey Carlos III en 1767, por estos haber asumido la defensa de los planteamientos filosóficos del sacerdote Francisco Suárez, quien propugnaba por la renovación del tomismo, al sostener la independencia de la filosofía con respecto a la teología.
En el año 1778 se ordenó mediante Cédula Real la apertura del Seminario Conciliar, al tiempo que se dispuso la creación de nuevos impuestos para su manutención. En 1779 se recomendó la elaboración de nuevos estatutos para la Universidad Santo Thomás de Aquino. En 1780 el fiscal de la institución de estudios superiores, en un documento oficial, enjuicia la conducta de los alumnos de la Universidad en los últimos dos años, quienes, con motivo de la fiesta de Santo Thomás, realizaban una serie de actividades que tildaban de “escandalosas”, ya que la burocracia terrenal y espiritual era del parecer de que violaban las normas que regían la sociedad de su época.
Las actividades criticadas y motejadas como “escandalosas” eran, entre otras, el uso de máscaras, la realización de paseos, el tocar música, el tomar refrescos y la realización de bailes durante varios días, lo que denota serios prejuicios -incluyendo los raciales- en esos sectores, el clima de inquietud existente en la juventud, la cual aprovechaba esas festividades religiosas para expresar de manera burlesca su desaprobación de las reglas sociales vigentes impuestas por una burocracia colonial hipócrita. En 1783, el Seminario pasó a funcionar en el lugar del antiguo Colegio de Gorjón. En 1786 se estimaba que el número de doctores que asistían con regularidad a la institución de estudios superiores de Santo Domingo era de 50 doctores y el número de estudiantes de todas las facultades ascendía a 200 personas.
IMPACTO DE LA GUERRA HISPANO-FRANCESA EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR DE LA COLONIA ESPAÑOLA
Tras una cruenta guerra entre España y Francia generada por la decapitación del antiguo rey de Francia, Luis XVI, pariente del rey Carlos IV de España como parte de la dinastía de los Borbones, la corona española cedió la parte oriental de la isla de Santo Domingo, que había ocupado durante tres siglos, mediante el Tratado de Basilea firmado el 22 de julio de 1795, a cambio de recibir de la Francia revolucionaria las regiones de Cataluña, Vascongada y Navarra, que habían sido ocupadas desde el estallido de las hostilidades en 1793.
En medio del conflicto, Toussaint Louverture, en mayo de 1794 se pasó al bando francés, al darse cuenta de que España había tomado a las denominadas Tropas Auxiliares Negras solo como fuerza de choque contra la Francia revolucionaria, pero que no estaba dispuesta de forma sincera y decidida a abolir la esclavitud, como erróneamente siguieron creyendo Jean François Papillon, George Biassou y Pablo Alí, entre otros, quienes se mantuvieron fieles a la Corona Española.
Ya en 1798 Toussaint Louverture había logrado vencer a España en todos los territorios que él mismo había contribuido a ganar en favor de la corona española, al tiempo que logró derrotar a Inglaterra y a los realistas franceses, procediendo a partir de entonces a abolir la esclavitud en toda la isla.
Fue así como el 3 de enero de 1801, Louverture llegó a la ciudad de Santo Domingo, tras derrotar en varias batallas a las tropas realistas españolas. El gobernador haitiano fue recibido por el gobernador español Joaquín García y Moreno y las demás autoridades españolas de la colonia con un Tedeum en la Catedral de Santo Domingo, para luego recibir las llaves de la ciudad. La primera medida adoptada por Louverture fue abolir la esclavitud y, posteriormente, en una Asamblea Constituyente conjunta aprobar una constitución autonomista con respecto a Francia y el emperador Napoleón Bonaparte, en cuyo artículo tres se consigna: [9]
“Art. 3. — No pueden existir esclavos en este territorio; la servidumbre queda abolida para siempre. Todos los hombres nacen, viven y mueren libres…”
En ese contexto, las familias más poderosas económicamente de la parte oriental de la isla de Santo Domingo y que eran dueñas de una gran cantidad de esclavos iniciaron una precipitada migración hacia territorios españoles como Cuba, Puerto Rico y Venezuela. Igual actitud asumieron las máximas autoridades eclesiásticas, a cuya cabeza estaban el arzobispo Fernando Portillo y Torres y el Vicario General Francisco Javier Herrera Blandino, junto a los religiosos que impartían docencia en la Universidad Santo Thomás de Aquino y en el Seminario Conciliar, lo que motivó que ambos centros de estudios superiores cerraran sus puertas. No obstante, la mayor parte de los curas del interior de la colonia desobedecieron las órdenes impartidas por el Arzobispo y el Vicario General de abandonar la antigua colonia española.
Durante el dominio de Francia en Santo Domingo, primero con Toussaint Louverture y luego con los gobiernos de Antoine Nicolás Kerverseau, Louis Ferrand y Joseph Dubarquier, se produjo el cierre de los estudios superiores regulares y eclesiásticos, ya que casi todos los alumnos procedentes de los territorios de Santo Domingo, Puerto Rico, Cuba y Venezuela abandonaron el país.
EL PERÍODO DE LA ESPAÑA BOBA, LA INDEPENDENCIA EFÍMERA Y EL RESURGIR DE LA UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO
Cuando Santo Domingo volvió a ser una colonia española a partir de 1809, se realizaron grandes esfuerzos orientados a la reinstalación de los estudios preuniversitarios y universitarios. Varias solicitudes fueron elevadas por ante el Consejo de Regencia, que gobernaba España en ausencia del rey Fernando VII, quien fue hecho prisionero por José Bonaparte y el ejército francés desde 1808. Entre esas solicitudes destacan las del arzobispo Pedro Valera Jiménez en 1812 y la de Don Francisco de Mosquera, diputado de Santo Domingo ante las Cortes de Cádiz, ambas sin obtener resultados positivos.
El 31 de agosto de 1813 el gobernador de Santo Domingo, brigadier Carlos de Urrutia y Montoya, envió un interesante documento al Despacho de la Gobernación de Ultramar, de España, donde demandaba una mayor atención a la educación bajo su gobierno, ocasión en que describe la situación de miseria generalizada de la colonia y el desplome total del sistema de enseñanza. En 1814 el gobernador Urrutia recibió instrucciones para la reinstalación de la Universidad Santo Thomás de Aquino, que ya en ese momento era identificada en toda el área del Caribe como Universidad de Santo Domingo.
En el año 1815 abrió sus puertas la Universidad de Santo Domingo, con lo cual se han creado las bases para su desarrollo futuro y el de la patria. El Dr. José Núñez de Cáceres, destacado intelectual, catedrático y auspiciador de la primera independencia del país, pasó a ser su rector. Durante ese periodo fue vicerrector el filósofo y autor del primer libro de Lógica en el país, Andrés López de Medrano, quien tras consumarse la independencia efímera pasó a ser su rector hasta 1822.
LA DOMINACIÓN HAITIANA, LA INDEPENDENCIA NACIONAL Y EL DESTINO DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR
Con la ocupación haitiana iniciada el 9 febrero de 1822, encabezada por el presidente de la República de Haití, Jean-Pierre Boyer, la antigua Universidad de Santo Domingo cerró sus puertas, ya que la mayor parte de los profesores y alumnos se dispersaron y la actividad docente quedó totalmente paralizada por más de un año.
En 1822 el presidente Jean-Pierre Boyer integró una comisión especial encargada de estudiar la situación de la enseñanza, reorganizar la universidad y adaptar sus planes de estudio a los nuevos requerimientos del Estado. Esta comisión estaba compuesta por cuatro miembros recomendados por sus cualidades: el Gran Vicario, doctor José Gabriel de Aybar; el Decano del Tribunal Civil, Licenciado José Joaquín del Monte; el Juez de Paz de la Común, José de la Cruz García y el Comisario de Gobierno, Tomás Bobadilla y Briones.
En su discurso del primero de julio de 1822, López de Medrano habló del trabajo encomendado a los miembros de la Comisión:
“Señores, la comisión, obedeciendo puntualmente, como ella debe hacerlo, trabaja en sus deliberaciones, ella entregará rápidamente a S. E. que la espera ardientemente, el plan que elabora, con los datos que juzga necesarios: ese plan aprobado y ampliado. S.E. ordenó que sea instalada una cátedra de moral que no se enseñaba aquí; cátedra de los dos derechos, de medicina, de filosofía natural, de matemática, de medicina legal, etc. Que esta casa sea provista de todos los libros de los cuales los estudiantes tienen necesidad, y que los profesores sean pagados por el tesoro público.
La comisión ha recibido también el encargo de deliberar sobre el medio de proveer una instrucción primaria y secundaria para las escuelas comunales: sobre el sitio más conveniente para establecer el Colegio de la Capital; y sobre el estado de sus ingresos y sobre los medios de aumentarlos. Una comisión de sabios no puede jamás responder mejor que con entusiasmo a las sabias miras de un Jefe de Estado, que no busca más que hacer el bien, que no respira más que para la prosperidad de sus conciudadanos; ella marcha con un paso gigante hacia el término que se le ha fijado. Ella propondrá un proyecto en el cual no habrá nada de la pedantería de la antigua escuela, ni de esa rutina que embota el genio sin cultivar el espíritu; las ciencias y las artes van a ser enseñadas en su pureza; la juventud no perderá más sus momentos preciosos: la voz de los filósofos modernos va a hacerse oír en este santuario de la ciencia: una emulación laudable va a reinar entre ellos; y Ella se reposa en la confianza invariable que la solución debe corresponder a sus intenciones manifestadas.”[10]
En la ocasión fueron conferidos los grados de Bachiller, Licenciado y Doctor en Filosofía, así como el de Bachiller en Leyes, habiendo pronunciado el Rector un extenso discurso, en el que se aprecia el pensamiento filosófico e ideológico del Dr. López de Medrano en esa época de su vida.
El presidente Boyer, mediante decreto dictado el 12 de junio de 1823, dejó formalmente reinstalada la Universidad Central de Santo Domingo, nombrando a sus nuevas autoridades y al cuerpo docente. En esta nueva etapa universitaria, Andrés López de Medrano desempeñó la función de rector, encabezando el equipo de catedráticos que asumiría la enseñanza de las diversas ramas del saber bajo el nuevo plan de estudios. Poco después de la reapertura de la Universidad, el 3 de septiembre de 1823, López de Medrano solicitó y obtuvo del Presidente Boyer su retiro de la Rectoría y de la cátedra de Filosofía, aduciendo motivos de salud y de avanzada edad.
Con la salida de López de Medrano de la Universidad de Santo Domingo, se cierra una importante etapa de la historia intelectual dominicana, caracterizada por el esfuerzo de renovar la enseñanza e introducir el pensamiento ilustrado en el ambiente académico del país.
La Universidad interrumpió sus labores a causa de la imposición del servicio militar obligatorio a sus estudiantes y profesores, así como en virtud de la resistencia abierta de la Iglesia Católica al gobierno de Jean Pierre Boyer, ya que una parte importante de los docentes eran sacerdotes. La resistencia al gobierno de Boyer se expresó de forma abierta a través de la oposición del Arzobispo Pedro Valera y Jiménez, la Revolución de los Alcarrizos de 1824 y el apoyo que le dio la mayor parte de los sacerdotes de la parte oriental de la Isla de Santo Domingo al proyecto independentista de la Sociedad Secreta La Trinitaria, que se fundó el patricio Juan Pablo Duarte y Díez junto a ocho compañeros más, el 16 de julio de 1838, bajo el lema sacrosanto de Dios, Patria y Libertad.
Con la proclamación de la Independencia Nacional el 27 de febrero de 1844 y el advenimiento de la Primera República, resurgieron las aspiraciones de reorganizar la Universidad de Santo Domingo, aunque los intentos iniciales de 1852 y 1859 fracasaron en poco tiempo.
EL INSTITUTO PROFESIONAL Y LA HABILITACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO
El 31 de diciembre de 1866, los intelectuales José Gabriel García y Emiliano Tejera crearon el Instituto Profesional, que fue el predecesor inmediato de la Universidad de Santo Domingo en su etapa más reciente. Se iniciaron allí los estudios con cátedras de Matemáticas, Filosofía, Jurisprudencia, Medicina y Sagradas Letras.
En este instituto de educación superior, el apóstol de la educación dominicana, Eugenio María de Hostos, impartió las asignaturas de Derecho Constitucional, Sociología y Moral Social. En el año 1907 asumió la rectoría del Instituto Profesional el Dr. Ramón Báez Machado y en el año 1914, en su condición de presidente provisional, le devolvió a esta institución el nombre original de Universidad de Santo Domingo, de la cual pasó a ser también su rector hasta el año 1924.
Figuras estelares de la intelectualidad y la política dominicana encabezaron la rectoría y las diferentes facultades. Entre ellas, los doctores Federico Henríquez y Carvajal, Apolinar Tejera, Jacinto B. Peynado, Salvador B. Gautier, Fernando A. Defilló, Arístides Fiallo Cabral, Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, Manuel de Jesús Pellerano, Diógenes Mieses Lajara, Manuel A. Machado, entre otros.
Una vez reabierta la Universidad de Santo Domingo empezó de inmediato a expedir títulos de Doctor en Medicina y Doctor en Derecho. Las facultades que se pusieron en funcionamiento fueron: Derecho y Ciencias Políticas, Medicina y Ciencias Naturales, Farmacia y Ciencias Químicas, Físicas y Matemáticas. Muy a pesar de la intervención militar norteamericana de 1916 y sus nulos propósitos de promover la educación superior, nuestra universidad continuó haciendo historia cuando Evangelina Rodríguez se convirtió en la primera mujer graduada en medicina por la Universidad de Santo Domingo.
TRUJILLO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA MODERNA CIUDAD PARA LA UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO
Con la llegada de la tiranía trujillista al poder, se utilizó la estrategia de conquistar lo mejor de la intelectualidad para ponerla a su servicio, simulando transformaciones, reformas importantes y proclamando un supuesto respeto a las instituciones democráticas. Fue así como intelectuales de la talla de Federico Henríquez y Carvajal, Francisco Henríquez y Carvajal, Max Henríquez Ureña, Pedro Henríquez Ureña, Andrés Avelino, Carlos Sánchez y Sánchez, Pedro Troncoso Sánchez, Juan Francisco Sánchez, Francisco Prats-Ramírez, Tomás Hernández Franco, Manuel Arturo Peña-Batlle, Joaquín Balaguer, Ramón Emilio Jiménez, Ramón Marrero Aristy, Emilio Rodríguez Demorizi, Pedro L. Vergés Vidal, Manuel Antonio Machado, Héctor Incháustegui Cabral y César Herrera, entre otros, fueron cooptados e integrados al Gobierno.
Algunos de ellos recapacitaron a tiempo y se fueron del país, como fue el caso de Pedro Henríquez Ureña, quien contribuyó a la reorganización de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Santo Domingo a partir de 1931 desde la Superintendencia de Educación de la República Dominicana, mientras que otros se constituyeron en intelectuales orgánicos de la dictadura.
En 1947 el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina inauguró la Ciudad Universitaria de la Universidad de Santo Domingo, lo que le permitió alcanzar mayores niveles de desarrollo, ya que antes funcionaba en un lugar muy pequeño en la Zona Colonial.
Entre el 19 de junio de 1949 y el 14 de junio de 1959 arribaron al país las expediciones de Luperón y de Constanza, Maimón y Estero Hondo, integradas por destacados profesores, estudiantes universitarios y jóvenes solidarios de varios países latinoamericanos, con la intención de derrocar a la oprobiosa tiranía trujillista, la cual finalmente terminó la noche del 30 de mayo de 1961 y tan solo dos meses más tarde, el 13 de julio de ese mismo año nace la Federación de Estudiantes Dominicanos-FED-, el más combativo instrumento de lucha que han tenido los estudiantes en la República Dominicana.
Después de 31 años de terror y control absoluto impuestos por la dictadura trujillista y los cuerpos de seguridad del Estado, la Universidad de Santo Domingo entró en una nueva etapa. Acosado por las crecientes protestas, el presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer, se vio obligado a otorgar la reclamada autonomía de la universidad estatal, mediante la promulgación de la Ley 5778, del 31 de diciembre de 1961.
LA LEY DE AUTONOMÍA UNIVERSITARIA Y EL MOVIMIENTO RENOVADOR
Mediante esta ley, la Universidad de Santo Domingo pasó a llamarse Universidad Autónoma de Santo Domingo -UASD-, en la cual se le define como un “organismo autónomo, descentralizado del Estado, con amplia capacidad jurídica”. Es importante destacar que la Ley 5778 también consigna que la academia está protegida por el fuero universitario y que su recinto no puede ser violado por autoridad alguna, sin autorización de su Claustro Mayor, del Consejo Universitario o del Rector.
El derrocamiento del presidente Juan Bosch en 1963 provocó que, dos años más tarde, la joven oficialidad democrática y constitucionalista iniciara la Guerra de abril de 1965 por el retorno al poder de este gobierno legítimo y por la vuelta de la constitución democrática del 29 de abril de 1963, sin elecciones. Con un amplio respaldo de los diversos sectores del país, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) volvió a desempeñar un rol determinante en la consecución de la libertad y la democracia, ya que profesores, estudiantes y servidores administrativos uasdianos se sumaron militantemente a la lucha contra la ominosa segunda intervención militar norteamericana, ocurrida el 28 de abril de 1965.
En 1966, como una herencia directa de la contienda bélica de abril de 1965, surge el Movimiento Renovador Universitario, el cual fue el resultado de la acción político-académica de profesores, estudiantes y empleados de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), que cuestionó los fundamentos filosóficos, la política, la metodología y la organización de la Universidad que existía hasta entonces, tomando como punto de partida la reforma universitaria realizada por la Universidad de Córdoba, Argentina, en 1918.
Desde ese momento, la UASD desarrolló una nueva estructura de gobierno universitario, asumió una postura filosófica de identificación plena con el pueblo dominicano, con el método sociocrítico, su visión antimperialista y su política de puertas abiertas. Asumió una visión, una misión, unos objetivos y unos valores orientados hacia la democratización interna y la democratización de la República Dominicana, la libertad de pensamiento y la libertad de cátedra, la implementación de la justicia social, al tiempo de garantizar la equidad étnica, de género y política, el desarrollo de la solidaridad y los valores ciudadanos y patrióticos.
La institución, impulsada por el Movimiento Renovador, construyó su Estatuto Orgánico, redefinió sus facultades, eligió a su Rector, a sus Vicerrectores, Decanos y Directores de Departamentos Académicos -hoy denominados Escuelas-, elaboró todos sus reglamentos académicos y administrativos, definió todos sus procesos docentes, de evaluación del rendimiento académico estudiantil y sus manuales de procedimientos internos.
A partir de entonces, la UASD inició un proceso de renovación profunda, pasando a ser el ejemplo vivo de lo que es la democracia participativa en todas sus expresiones y niveles, con participación activa de los estudiantes -que constituyen el centro y la razón de ser de su quehacer-, los docentes que juegan un rol trascendente en el proceso de enseñanza-aprendizaje, su personal administrativo que realiza una labor de apoyo fundamental en la sostenibilidad de la academia y el liderazgo de sus autoridades, que son quienes tienen sobre sus hombros la conducción efectiva y eficiente de la institución en el día a día y en su perspectiva estratégica.
El Movimiento Renovador fue impulsado por diversos sectores de la intelectualidad progresista, integrada por los docentes Hugo Tolentino Dipp, Tirso Mejía-Ricart, , Jottin Cury, Rafael Emil Kasse Acta, Andrés Avelino García Ramón, Andrés Aybar Nicolás, Julio César Castaño Espaillat, Luis Álvarez Vicioso, Rafael Calventi, Antonio Zaglul, Rubén Suro, Fernando Morbán Laucer, Antonio Ballester Hernández, Marcio Mejía-Ricart, Gustavo de León, Víctor Pizano Thomen, Jesús Álvarez Vicioso, Elsa Vallejo de Saint Amand, José Armando Namís, Pedro Mir, Tulio H. Arvelo, Darío Solano, Jesús de la Rosa y José Espaillat, entre otros; por los estudiantes Amín Abel Hasbún, Virgilio Bello Rosa, Romeo Llinás, Franklin Almeida Rancier, Asdrúbal Domínguez y Carlos Dore Cabral, así como por el empleado Teobaldo Rodríguez.
EL COMPROMISO DE LA UASD CON LA SOCIEDAD DOMINICANA Y LA CALIDAD
Desde el momento mismo de su surgimiento y durante su dilatada presencia en la vida republicana, la UASD se ha constituido en una entidad fundamental para la movilidad social en la República Dominicana, ocupando un lugar cimero entre las instituciones que mayores aportes han realizado y realizan al desarrollo económico, social, cultural y político del país.
Ese hecho, sumado a la presencia de la academia en casi todas las provincias del país con su Sede Central en Santo Domingo; con 4 Recintos, instalados en Santiago de los Caballeros, San Francisco de Macorís, Barahona y San Juan de la Maguana; con 18 Centros Regionales, 4 Subcentros y 12 extensiones de aulas distribuidas en todo territorio nacional, con una matrícula que supera los 200 mil estudiantes y con un claustro profesoral que sobrepasa los 4 mil docentes activos, le convierten en el eje fundamental del desarrollo, transformación y crecimiento sostenido e integral de la República Dominicana.
A partir de la década del 70, en las gestiones rectorales que lideraron Rafael Emil Kasse Acta, Jottin Cury, Hugo Tolentino Dipp, Guarocuya Batista del Villar, Antonio Rosario, José Joaquín Bidó Medina, Fernando Sánchez Martínez, Franklin Almeyda Rancier, julio Ravelo Astacio, Roberto Santana, Edylberto Cabral Ramírez, Miguel Rosado Montes de Oca, Porfirio García Fernández, Roberto Reyna, Franklin García Fermín, Mateo Aquino Febrillet, Iván Grullón Fernández, Emma Polanco Melo, Editrudis Beltrán Crisóstomo y la que en la actualidad encabeza Jorge Asjana David, la UASD ha tenido grandes cambios y transformaciones, que le han permitido elevar de forma progresiva su calidad académica, gestión administrativa y niveles de transparencia, al tiempo de consolidar su bien ganado prestigio nacional e internacionalmente.
En las diferentes evaluaciones quinquenales realizadas por el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT), la UASD ha cumplido satisfactoriamente con los diferentes estándares e indicadores de calidad que se contemplan, al tiempo que han implementado planes de mejora que le han permitido superar en una espiral ascendente las oportunidades de mejora detectadas. Como parte de ese proceso de superación permanente, la UASD fue la única institución del país que logró su Acreditación Institucional Internacional con la Red Internacional de Evaluadores -RIEV- en diciembre del año 2015 en Tamaulipas, México, luego de haber sido sometida con gran rigor a un proceso de evaluación por espacio de dos años.
La UASD ha ganado más del 50% de los proyectos de investigación y desarrollo del Fondo Nacional de Innovación y Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDOCYT) del MESCYT desde que fue instituido por la Ley 139-01 del 13 de agosto del 2001; asimismo, como parte integrante de las 11 instituciones de educación superior que tienen escuelas de medicina en la República Dominicana, disfruta de la comparabilidad con las escuelas de medicina de los Estados Unidos, lograda por el MESCYT como resultado de la evaluación realizada por el National Committee on Foreign Medical Education and Accreditation (NCFEAM) del Departamento de Educación de los Estados Unidos, que traducido al español significa: Comité Nacional de Acreditación y Educación Médica Extranjera.
Actualmente la UASD está inmersa en un interesante proceso de reforma y transformación universitaria, rediseño curricular, desarrollo al máximo de las funciones de investigación y posgrado, donde cerca del 20% de los docentes tiene doctorado y otra cantidad similar está en proceso de obtenerlo, al tiempo que la mayor parte de ellos ha publicado artículos científicos en revistas indexadas.
De igual manera, se ha procedido al establecimiento de una cultura de la calidad en todas sus instancias docentes y administrativas a través de la implementación de un sistema integral de gestión y garantía de la calidad.
Todo este proceso le permitirá a la UASD avanzar firmemente hacia su modernización, profundizar su fortalecimiento institucional, liderar los procesos de investigaciones sociales, humanísticas y desarrollo a través del estudio sistemático de la realidad social dominicana y de la obtención de patentes de invención, al tiempo de lograr una vinculación permanente con la sociedad e intervenir oportunamente en el escenario nacional e internacional en el debate de aspectos claves del desarrollo sostenible integral de la República Dominicana y del mundo global.
[1] Libro de copias de Cédulas Reales de diciembre de 1508 a noviembre de 1511, pág. 32. Archivo General de Indias, Contratación, 5089.
[2] «En la Cumbre del Apostolado»
[3] La presente traducción fue tomada de la edición quinquelingüe publicada por la Universidad de Santo Domingo: "La Bula 'In Apostolatus Culmine' del Papa Paulo III", vol. XXVII, Ciudad Trujillo, 1944.
[4] Archivo General de Indias — Audiencia de Santo Domingo: Registro de Partes, años 1555-1583; E 78-3-8, Libro primero (1555-1566), fol. 149.
[5] Id. ib., fol. 163v.
[6] Id. ib. Libro segundo, fol. 189.
[7]Id. ib. Est. 78-3-9 (años 1583-1625), libro quinto, fol. 184.
[8] Pedro Alonso Marañón. “Los estudios superiores en Santo Domingo durante el período colonial: Bibliografía crítica, metodología y estado de la cuestión”, Revista Estudios de Historia Social y Económica de América, volumen 11 (1994), pp. 65-108.
[9] Constitución Haitiana de 1801 de Toussaint Louverture, promulgada en Cabo Francés el 3 de julio de 1801.
[10] Julio Genaro Campillo Pérez. Dr. Andrés López de Medrano y su legado humanista. Santo Domingo: Academia Dominicana de la Historia, 1999, pp. 169-170.
Compartir esta nota
